La Guerra Fascista de la OTAN

Ni siquiera los líderes fascistas de Alemania e Italia fueron tan sumamente descarados a raíz de la Guerra Civil Española desatada en 1936, un episodio que muchos tal vez hayan recordado en estos días.

Han transcurrido desde entonces casi exactamente 75 años; pero nada que pueda parecerse a los cambios que han tenido lugar en 75 siglos, o si lo desean, en 75 milenios de la vida humana en nuestro planeta.

A veces parece que, quienes serenamente opinamos sobre estos temas, somos exagerados. Me atrevería a decir que más bien somos ingenuos cuando suponemos que todos debiéramos estar conscientes del engaño o la colosal ignorancia a que ha sido arrastrada la humanidad.

Existía en 1936 un intenso enfrentamiento entre dos sistemas y dos ideologías aproximadamente equiparadas en su poder militar.

Las armas entonces parecían de juguete comparadas con las actuales. La humanidad tenía garantizada la supervivencia, a pesar del poder destructivo y localmente mortífero de las mismas. Ciudades enteras, e incluso naciones, podían ser virtualmente arrasadas. Pero jamás los seres humanos, en su totalidad, podían ser varias veces exterminados por el estúpido y suicida poder desarrollado por las ciencias y las tecnologías actuales.

Partiendo de estas realidades, son bochornosas las noticias que se transmiten continuamente sobre el empleo de potentes cohetes dirigidos por láser, de total precisión; cazabombarderos que duplican la velocidad del sonido; potentes explosivos que hacen estallar metales endurecidos con uranio, cuyo efecto sobre los pobladores y sus descendientes perdura por tiempo indefinido.

Cuba expuso en la reunión de Ginebra su posición respecto al problema interno de Libia. Defendió sin vacilar la idea de una solución política al conflicto en ese país, y se opuso categóricamente a cualquier intervención militar extranjera.

En un mundo donde la alianza de Estados Unidos y las potencias capitalistas desarrolladas de Europa, se adueña cada vez más de los recursos y el fruto del trabajo de los pueblos, cualquier ciudadano honesto, sea cual fuere su posición ante el gobierno, se opondría a la intervención militar extranjera en su Patria.

Lo más absurdo de la situación actual es que antes de iniciarse la brutal guerra en el Norte de África, en otra región del mundo a casi 10 000 kilómetros de distancia, se había producido un accidente nuclear en uno de los puntos más densamente poblados del planeta tras un tsunami provocado por un terremoto de magnitud 9 que a un país laborioso como Japón ha costado ya casi 30 mil víctimas fatales. Tal accidente no habría podido producirse 75 años antes.

En Haití, un país pobre y subdesarrollado, un terremoto de apenas 7 grados en la escala de Richter ocasionó más de 300 mil muertos, incontables heridos y cientos de miles de lesionados.

Sin embargo, lo terriblemente trágico en Japón fue el accidente en la planta electronuclear de Fukushima, cuyas consecuencias están todavía por determinarse.

Citaré solo algunos titulares de las agencias noticiosas:

“_ANSA.- La central nuclear de Fukushima 1 está difundiendo “radiaciones extremadamente fuertes, potencialmente letales”, dijo Gregory Jaczko, jefe de la Nuclear Regulatory Commission (NRC), el ente nuclear estadounidense_.”

“_EFE.- La amenaza nuclear por la crítica situación de una central en Japón tras el sismo, ha disparado las revisiones de la seguridad de las plantas atómicas en el mundo y ha llevado a algunos países a paralizar sus planes._”

“_Reuters.- El devastador terremoto de Japón y la profundización de la crisis nuclear podría generar pérdidas de hasta 200.000 millones de dólares en su economía, pero el impacto global es difícil de evaluar por el momento._”

“_EFE.- El deterioro de un reactor tras otro en la central de Fukushima siguió alimentando hoy el temor a un desastre nuclear en Japón, sin que los desesperados intentos para controlar una fuga radiactiva abrieran un resquicio a la esperanza._”

“_AFP.- Emperador Akihito expresa preocupación por el carácter imprevisible de la crisis nuclear que golpea a Japón tras el sismo y el tsunami que mataron a miles de personas y dejaron a 500.000 sin hogar. Reportan nuevo terremoto en la región de Tokio._”

Hay despachos que hablan de temas más preocupantes todavía. Algunos mencionan la presencia de yodo radiactivo tóxico en el agua de Tokio, que duplica la cantidad tolerable que pueden consumir los niños más pequeños en la capital japonesa. Uno de los despachos habla que las reservas de agua embotellada se están agotando en Tokio, ciudad ubicada en una prefectura a más de 200 kilómetros de Fukushima.

Este conjunto de circunstancias determinan una situación dramática para nuestro mundo.

Puedo expresar mis puntos de vista sobre la guerra en Libia con entera libertad.

No comparto con el líder de ese país concepciones políticas o de carácter religioso. Soy marxista-leninista y martiano, como ya he expresado.

Veo a Libia como un miembro del Movimiento de Países No Alineados y un Estado soberano de los casi 200 de la Organización de Naciones Unidas.

Jamás un país grande o pequeño, en este caso de apenas 5 millones de habitantes, fue víctima de un ataque tan brutal por la fuerza aérea de una organización belicista que cuenta con miles de cazabombarderos, más de 100 submarinos, portaaviones nucleares, y suficiente arsenal para destruir numerosas veces el planeta. Tal situación jamás la conoció nuestra especie y no existía nada parecido hace 75 años cuando los bombarderos nazis atacaron objetivos en España.

Ahora, sin embargo, la desprestigiada y criminal OTAN escribirá una “_bella_” historieta sobre su “_humanitario_” bombardeo.

Si Gaddafi hace honor a las tradiciones de su pueblo y decide combatir, como ha prometido, hasta el último aliento junto a los libios que están enfrentando los peores bombardeos que jamás sufrió un país, hundirá en el fango de la ignominia a la OTAN y sus criminales proyectos.

Los pueblos respetan y creen en los hombres que saben cumplir el deber.

Hace más de 50 años, cuando Estados Unidos asesinó a más de cien cubanos con la explosión del mercante _“La Coubre_”, nuestro pueblo proclamó “_Patria o Muerte_”. Ha cumplido, y ha estado siempre dispuesto a cumplir su palabra.

“_Quien intente apoderarse de Cuba_ exclamó el más glorioso combatiente de nuestra historia _solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre_”.

Ruego se me excuse la franqueza con que abordo el tema.

Monseñor Romero: Iglesia y las organizaciones políticas populares

Un sacerdote que estuvo junto a su pueblo y no junto al dinero.
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Además:
La ONU declaró el 24 de marzo como el Día Mundial por el derecho a la Verdad “Moseñor Oscar Arnunlfo Romero”

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Tercera Carta Pastoral de
Monseñor Oscar A. Romero
Arzobispo de San Salvador

Y Primera de
Monseñor Arturo Rivera y Damas
Obispo de Santiago de María

A nuestros queridos hermanos y hermanas:
El Señor Obispo Auxiliar de San Salvador;
los Presbíteros,
los Religiosos,
las Religiosas
y el Laicado de la Arquidiócesis de San Salvador y de la Diócesis de Santiago de María.

Para ustedes y para todos los hombres de Buena Voluntad.

LA PAZ DE JESUCRISTO, NUESTRO DIVINO SALVADOR.
IGLESIA Y ORGANIZACIONES POLÍTICAS Y POPULARES

A la luz de la transfiguración y del recuerdo de Pablo VI.

Ya habíamos pensado, el Arzobispo de San Salvador y el Obispo de Santiago de María, dirigir a nuestras Diócesis esta Carta Pastoral, al regresar de nuestra visita “ad limina apostolorum” y como un homenaje al Divino Salvador en la fiesta patronal de la Transfiguración.

Pero nunca nos imaginamos que la sorpresiva muerte de Su Santidad Pablo VI, ya de feliz memoria, vendría a avalar con resplandores de nuevas motivaciones una y otra circunstancia.

En efecto, quien hubiera imaginado esta expresiva coincidencia de la pascua de Pablo VI con nuestra fiestas titulares de la Transfiguración. Por eso el último mensaje de su luminoso magisterio, la breve alocución que había escrito para leerla en el “ángelus” del 6 de agosto –se nos ocurre una querida herencia de familia, pues se la inspiró el Divino Patrono de El Salvador: “Aquel cuerpo que se transfigura ante los ojos atónitos de sus discípulos –comentó Su Santidad- es el Cuerpo de Cristo –nuestro hermano, pero es también nuestro cuerpo llamado a la gloria. Aquella luz que lo inunda es y será nuestra parte de herencia y esplendor. Estamos llamados a compartir esta gloria porque somos participantes de la naturaleza divina”. Y tras el éxtasis de la trascendencia que iluminó el último día de su vida mortal, la mirada del Pontífice volvía a la tierra en angustiosa preocupación por los pobres y en un reclamo de justicia social al mundo, al pensar que las circunstancias económicas y sociales no permiten a muchos disfrutar el merecido descanso de las vacaciones anuales festivas.

También nuestra reciente con el Pastor Supremo de la Iglesia y sus sabios consejos pastorales, recobran con su muerte el carácter solemne de una despedida y un testamento. Las mismas perspectivas de trascendencia hacia lo definitivo y eterno y la misma preocupación por las necesidades concretas de nuestro pueblo “confirmaron” nuestro servicio episcopal cuando, aquel inolvidable 21 de junio, nos hablaba con la ternura de un padre que ya presiente cercana la muerte, pero con la firmeza y luminosidad de un profeta que conoce, desde hace mucho tiempo y muy de cerca, la situación histórica de El Salvador y exhorta a sus pastores a guiarlos y confortarlo por los caminos de la justicia y del amor del Evangelio.

Sentimos pues, que la luz con que nuestra carta quiere iluminar el camino de nuestras Diócesis, es la luz auténtica del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia. Sentimos que la Transfiguración de Cristo que en la hora suprema de un gran Pontífice iluminó la vocación divina de los hombres y descubrió las desigualdades injustas de la tierra, tiene claridades y energías muy válidas para ofrecer –desde el análisis de los acontecimientos que nos anegan en un mar de amarguras y confusiones- una respuesta eficaz a los serios interrogantes que se nos hacen acerca de un posible camino de salida para el difícil momento que atraviesa el país.

En la línea del Magisterio Universal.

Por eso el Padre nos ofrece al Divino Transfigurado como Hijo de sus complacencias y nos ordena escuchando como Salvador y Maestro del mundo.

La Iglesia, que es prolongación de la enseñanza y de la salvación de Cristo, nunca se ha callado ante situaciones concretas. Los testimonios del Concilio Vaticano II, que siempre fue el punto de referencia del Magisterio de Pablo VI; su aplicación a América Latina en los Documentos de Medellín; los últimos Papas, numerosos episcopados latinoamericanos y la propia tradición de la Iglesia salvadoreña, nos manifiestan que la Iglesia ha estado siempre presente cuando la situación de una sociedad aparece claramente como “situación de pecado” (Med. Paz, 1) y necesita de la iluminación de la Palabra de Dios y de la palabra histórica de la Iglesia. Esta misión profética de la Iglesia en defensa de los pobres, que siempre han sido los privilegiados del Señor g(Pablo VI E.N. I2), cuenta en América Latina apóstoles como Fray Antonio de Motesinos, Fray Bartolomé de las Casas, el Obispo Juan del Valle y el Obispo Valdivieso asesinado en Nicaragua por oponerse al terrateniente y gobernador Contreras.

A estos elocuentes testimonios de la Iglesia Universal y local, unimos hoy nuestra modesta voz. Esperamos que sirva, como nos recomendó Su Santidad, de orientación y de aliento al querido pueblo que servimos como pastores.

La verdad de nuestra intención.

Comprendemos el riesgo de ser mal interpretados o de ser juzgados, por malicia o por ingenuidad, como inoportunos o necios. Pero la verdad de nuestra intención es colaborar a sacudir la inercia de muchos salvadoreños indiferentes a la miseria de nuestro país, sobre todo en el campo. Porque es cierto que hay alguna sensibilidad social acerca de los obreros, o de los pequeños comerciantes que sufren las consecuencias de criminales incendios, y hasta de las densas zonas de mesones y tugurios. Pero nos preocupa la indiferencia que en muchos sectores urbanos se siente ante la miseria campesina. Parece que se ha aceptado ya como destino inevitable que la mayoría de nuestro pueblo sea presa del hambre y del desempleo y que sus sufrimientos, violencias y muertes, principalmente en el campo, se conviertan en rutina y hayan perdido la fuerza para interrogarnos ¿Por qué ocurre eso? ¿Qué tenemos que hacer todos para evitarlos? ¿Cómo podemos responder a la eterna pregunta del Señor a Caín: “¿Qué has hecho a tu hermano?” (Gen. 4, 9)?.

Deber y riesgo de hablar.

También es nuestra intención esclarecer una vez más la posición de la Iglesia ante situaciones humanas que, por su naturaleza, implican problemas económicos, sociales y políticos. Se repite que “la Iglesia se mete en política”, como si eso fuese ya prueba irrefutable de que se ha desviado de su misión. Pero aún más, se la tergiversa y calumnia con el fin de desprestigiarla y enmudecerla porque los intereses de algunos son contrarios a las consecuencias lógicas que de la misión religiosa y evangélica de la Iglesia en el mundo alude también nuestra fiesta patronal cuando Pedro, testigo de la Transfiguración la compara con “la lámpara que luce en la noche” y a la que deben atender los cristianos para no ser seducidos por “Fábulas artificiosas” y opiniones del mundo (2Pedro 1, 19).

Sabemos pues, que lo que tenemos que decir, como toda siembra del Evangelio, correrá la suerte de la semilla de la parábola del sembrador: habrá quienes, aun con buena voluntad, no comprenderán por qué la miseria de los pobres y sobre todo de los campesinos les está lejana y trágicamente forma parte de una historia de su propio país a la que se han acostumbrado. Habrá también quienes “oyendo no entiendan y mirando no vean” (Mt. 13, 14). Habrá también quienes prefieran las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas (Jn. 3, 19). Pero, gracias a Dios, estamos seguros también de contar con quienes honesta y valientemente aceptan acercarse a la luz, no adaptarse a este mundo (Rom. 12, 2) y quieran cooperar a “los dolores de parto” de una nueva creación (Rom. 8, 22).

Dos Temas: Organizaciones Populares y violencia.

La realidad de nuestro país y la continua interrogación de nuestros cristianos, especialmente de los campesinos, nos impulsa a iluminar urgentemente y hasta donde sea posible estos dos problemas: el de las llamadas “organizaciones populares”, y que podrían quizá recibir calificativos más precisos de acuerdo con su naturaleza y sus objetivos; y el problema de la violencia que cada día necesita más las distinciones y clasificaciones de una prudente moral cristiana.

Dividiremos pues, nuestra Carta Pastoral en tres partes:

1. Situación de las “organizaciones populares” en El Salvador.
2. Relación entre la Iglesia y las “organizaciones populares”.
3. Juicio de la Iglesia sobre la violencia.

Nuestra limitación llama al Diálogo.

Ante la novedad de estos problemas se comprende la inquietud con que muchos, principalmente campesinos, preguntan: ¿Cómo juzgar las “organizaciones populares “ independientes del gobierno, sobre todo cuando paralelamente y en un cruel antagonismo crecen organizaciones gubernamentales…? ¿Si para ser cristiano hay que enrolarse necesariamente en alguna “organización popular” que busque cambios radicales en nuestro país…? ¿Cómo se puede ser cristiano y aceptar las exigencias del Evangelio sin inscribirse en organizaciones por las que no sienten credibilidad ni simpatías…? ¿Cómo debe un cristiano resolver el conflicto que surge entre la lealtad al Evangelio y las exigencias no evangélicas de una organización…? ¿Cuál es la relación entre la Iglesia y las organizaciones…?

Y acerca de la violencia se pregunta ¿cuáles son, en la situación del país, los límites de lo lícito y de lo ilícito a la luz de la ley de Cristo?.

Los pastores del pueblo tenemos el deber de dar una respuesta cristiana y eclesial a estos problemas que inquietan a tantas conciencias. Pero somos también conscientes de nuestra limitación. El mismo Concilio la reconoce cuando aconseja a los laicos que “no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surja” (G. S. 43b). Porque, aunque estos problemas que vamos a tratar son antiguos, muchas de sus expresiones son nuevas en la historia reciente de nuestro país.

Por eso, por lo nuevo del tema y por la natural limitación de los pastores, nuestra Carta Pastoral es muy consciente de que sólo va a ofrecer los principios cristianos de solución y con ellos llamar a todo el Pueblo de Dios a reflexionar desde sus comunidades eclesiales y en común con sus pastores y con la Iglesia Universal sobre estos temas a la luz del Evangelio y desde auténtica identidad de nuestra Iglesia.

Esto no significa una evasión de la gravedad del problema sino seguir el espíritu del Magisterio de la Iglesia que Pablo VI definió así en la carta “Octogesima Adveniens”: “Incumbe a las comunidades analizar con objetividad la situación propia de su país esclarecida mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de
Reflexión, norma de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia… y discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los obispo responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y con todos los hombres de buena volutad, las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que aparezcan necesarias con urgencia en cada caso…” (n. 4).

Para facilitar esta reflexión comunitaria ofrecemos, en un folleto separado, trenzotas aclaratorias (que por tanto no son partes integrantes del texto de nuestra Carta, sino simples notas auxiliares para suscitar opiniones y estimular el estudio). 1- La realidad nacional en que la Iglesia desarrolla su misión; 2- La Palabra de Dios ante la miseria humana; y 3- La doctrina más reciente de la Iglesia. A pesar de los defectos que se puedan encontrar en estas notas, creemos muy conveniente su estudio para entender mejor los problemas de esta Carta en el conjunto de nuestra situación nacional y desde las orientaciones bíblicas y eclesiales. Pues sólo escuchando, por una parte, a partir de los datos y de sus análisis, el clamor de nuestro pueblo y oyendo, por otra parte la Palabra de Jesús y de su Iglesia, podemos encontrar la solución y la respuesta pastoral para los problemas que vamos a tratar.

También recomendamos tener muy en cuenta, para dicha reflexión, las dos primeras Cartas Pastorales del Arzobispo de San Salvador: “Iglesia de la Pascua” y “La Iglesia, Cuerpo de Cristo en la Historia” ya que ellas enfocan ex profeso la naturaleza misma de la Iglesia de las cuales –naturaleza y misión- aquí sólo haremos las referencias necesarias para nuestro tema central.

PRIMERA PARTE
SITUACIÓN DE LASORGANIZACIONES POPULARES” EN EL SALVADOR

En el marco de nuestra realidad nacional, la proliferación de “organizaciones populares” es uno de los acontecimientos a que alude el Concilio cuando, llamando a reflexión y discernimiento a los cristianos, dice: “El Pueblo de Dios movido por la fe… procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios”. (G. S. 11).

No es intención ni competencia de esta Carta Pastoral estudiar los orígenes, la historia y los objetivos de tales “organizaciones”. Solamente queremos, en la primera parte, recordar el derecho humano de organización y denunciar su violación entre nosotros; y, en una segunda parte, confrontar las relaciones entre la Iglesia y las organizaciones populares.

1. El derecho de organización.

La Declaratoria Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de la cual nuestro país es signatario, y el artículo 160 de nuestra Constitución Política proclaman el derecho de todos los ciudadanos reunirse y a asociarse.

Este derecho, cuya proclamación es un logro de nuestra civilización, ha sido también repetidamente proclamado por la Iglesia: “De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de reunión y de asociación”, dijo el Papa Juan XXIII en la Encíclica “Pacem in terris” (n. 23). El Concilio Vaticano II volvió a recordar que “entre los derechos fundamentales de la persona debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador” (G. S. 68). Y Medellín recordó para nuestro continente que “la organización sindical campesina y obrera, a la que los trabajadores tienen derecho, deberá adquirir suficiente fuerza y presencia en la estructura intermedia profesional” (Justicia n. I2).

2. Su violación en el país.

Lamentablemente entre las declaraciones jurídicas y la realidad concreta de nuestro país, hay una enorme distancia. Es cierto que existe en el país diversas asociaciones políticas, sindicales, obreras, campesinas, culturales, etc. Algunas de estas asociaciones tienen personería jurídica, otras no; algunas de ellas pueden –con o sin personería jurídica- actuar libremente y otras no. Pero ahora no queremos concentrar nuestra atención en el aspecto legal de la personería jurídica. “Nos interesa más bien ver la capacidad real que tiene todo grupo humano de ejercer su derecho natural de asociarse y el apoyo y fuerza coordinadora con que cuenta de parte de una autoridad de auténtico bien común para lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” (Concilio G. S. 74). Es aquí, ante este vacío de la realidad, donde tenemos que denunciar la violación del derecho humano de asociación proclamado por nuestra Carta Magna y por un compromiso internacional de nuestro país.

En concreto observamos, sobre este particular, las siguientes tres anomalías:

a) Se discrimina a los ciudadanos.

Lo primero que resalta en un análisis imparcial del derecho de asociación, es que las agrupaciones consonantes con el Gobierno o protegidas por él, funcionan como tales; mientras que las organizaciones que representan una voz discordante a la del Gobierno, ya sea encauzada a través de partidos políticos, de sindicatos industriales, u organizaciones gremiales o campesinas se ven, de hecho, dificultadas o simplemente imposibilitadas de ejercer su derecho a organizarse legalmente, a trabajar por sus objetivos, aunque éstos sean justos.

Es pues, una realidad que viola el derecho fundamental enunciado.

b) Se daña a las mayorías.

Y esta discriminación resulta aún más violatoria de nuestra estructura democrática –no olvidemos que el origen griego de esta palabra “demos” designa la totalidad de los ciudadanos- el hecho, comprobado a diario, de que las minorías económicamente poderosas pueden organizarse en defensa de sus intereses minoritarios y, muchas veces, con desprecio de los intereses de la mayoría del pueblo.

Ellos pueden montar campañas publicitarias hasta de oposición al Gobierno; ellos pueden influir en piezas importantes de la legislación como en el caso de la transformación agraria y de la ley de defensa y garantía del orden público. Mientras que otros grupos, en la base del pueblo, sólo encuentran dificultades o represión, cuando quieren defender organizadamente los intereses de las mayorías.

Esta situación trae a nuestro pueblo por lo menos estos dos grandes daños: el desprecio a su dignidad, a su libertad, y a su igualdad en la participación política; y la falta de protección a los más necesitados.

“La aspiración a la igualdad y la aspiración a la participación son dos formas de la dignidad del hombre y de su liberad”, dijo Pablo VI en la “Octogesima Adveniens” (n. 22).

En efecto, salta a la vista, en este estado de cosas, la enorme desigualdad en que quedan los ciudadanos a nivel de participación política según pertenezcan a las minorías poderosas o a las mayorías necesitadas y según goce o no de la aprobación oficial.

Y, en cuanto a la desprotección de los necesitados, recordemos, como lo hicimos en nuestro mensaje del 1º de enero, que en el origen histórico de las verdaderas leyes está la protección de los más desvalidos, de aquellos que sin la ley son más fácilmente presa de los poderosos. Así también la protección hacia los más desvalidos es el origen histórico de las diferentes agrupaciones de las mayorías, de los sindicatos modernos de obreros y campesinos. Lo que las ha forzado a asociarse en primer lugar no es meramente el derecho cívico de participar en la gestión de la política y economía del país, sino la simple necesidad vital de subsistir, de ejercer sus derechos para que sus condiciones de vida se hagan, al menos, tolerables. Así, en la necesidad vital es donde coinciden la necesidad de legislación y la necesidad de organización. Y por ello resulta tan absurdo el que sin discernir lo falso de lo verdadero, se repriman indiscriminadamente como fuerzas clandestinas de subversión las luchas de quienes realmente quieren mejorar la sociedad y sus leyes para que sus beneficios e ideales no marginen a quienes también contribuyen a producir la riqueza –mucha o poca- del país.

c) Se provoca el enfrentamiento de los campesinos.

Tampoco podemos ignorar, aún sin entrar en mayor detalles, el trágico espectáculo que se está ofreciendo, en el país, entre organizaciones fundamentalmente integradas por campesinos y campesinas que luchan entre sí y que últimamente están en pugna violenta.

Lo más grave es que no son –únicamente o fundamentalmente- ideologías las que han logrado desunirlas y enfrentarlas. No es que los miembros de estas organizaciones piensen en su mayoría de forma distinta sobre la paz, sobre el trabajo, sobre la familia. Lo más grave es que a nuestra gente del campo la esté desuniendo precisamente aquello que la une más profundamente: la misma pobreza, la misma necesidad de sobrevivir, de poder dar algo a sus hijos, de poder llevar pan, educación, salud a sus hogares.

Lo que pasa es que, para salir de la misma miseria, unos se dejan seducir por ventajas que les ofrecen organizaciones progubernamentales en las que, a cambio, se les utiliza para distintas actividades de represión que incluyen con frecuencia, delatar, atemorizar, capturar, torturar y, en algunos casos y situaciones, asesinar a sus mismos hermanos campesinos. Otros militan en organizaciones independientes del Gobierno u opuestas a él en busca de cambios más eficaces de su precaria situación. Finalmente merecen especial atención los grupos de comunidades cristianas a las que muchas veces se ha querido manipular y mal interpretar. Estos grupos se reúnen a reflexionar sobre la Palabra de Dios que, si es una palabra encarnada en la realidad, siempre despierta la conciencia cristiana del deber de trabajar por un país más justo según las opciones concretas políticas que le inspiren su misma fe y su conciencia.

3. ¿Por qué el derecho de organización?; y ¿Por qué pensamos preferentemente en los campesinos?

Es muy doloroso tener que presentar al Divino Patrono de la Nación en sus fiestas titulares, un campesinado que paradójicamente se organiza para dividirse y destruirse. Por eso, al recordar aquí, pensando esta vez preferentemente en los campesinos, el derecho fundamental que todos los hombres tienen para organizarse, queremos invitarlos a elevar las mentes y los corazones hasta nuestro Divino Salvador. El es la explicación suprema de todos los derechos y de todos los deberes que regulan las relaciones de los hombres.

El no es Dios de muerte ni de enfrentamientos fratricidas. El nos hizo de naturaleza social no para destruirnos en organizaciones antagónicas, sino para que complementáramos nuestras limitaciones con la fuerza de todos en el amor. Bajo la ley de su justicia y su mandato nuevo del amor deben usarse los derechos humanos para que no se conviertan en fuerzas fraticidas. La organización no es un derecho absoluto que legitime fines o métodos injustos, sino un derecho de aunar esfuerzos para lograr por medios honestos finalidades también honestas y de bien común.

La organización es un derecho que debe realizarse sobre la base de la organización de la persona. El criterio de organización en cualquiera de sus niveles políticos, culturales o gremiales es la defensa de los legítimos intereses, estén éstos o no en una determinada legislación o interpretación de ella.

Por esto mismo declaramos, a propósito del derecho de organización, nuestra conformidad con la Constitución cuando recuerda los límites de lo moral y el repudio de doctrinas anárquicas en el uso de los derechos. Efectivamente nuestra intención al defender el derecho de asociación de todos los salvadoreños, enfatizado sobre nuestro campesinado, no es amparar agrupaciones de terror ni afiliaciones a fuerzas anárquicas o ideológicas irracionales subversivas. Muchas veces hemos denunciado ya todo fanatismo de la violencia o del odio de clases y hemos repetido el principio de nuestra moral cristiana de que el fin no justifica los medios criminales y de que no existe una libertad para perpetrar el mal.

Pero, por eso, defendemos el derecho de las justas reivindicaciones y denunciamos que, con un simplismo peligroso y mal intencionado, se las quiera confundir y condenar como terrorismo o subversión ilícita.

Nadie puede, por tanto, privar a los hombres del derecho de organización y menos a los pobres porque proteger a los débiles es la razón principal d las leyes y de la organización.

Por eso, hemos dicho que queremos subrayar en esta Carta el derecho de organización de los campesinos porque son hoy los que más dificultades tienen para ejercer ese derecho.

Históricamente son los campesinos por quienes menos se ha preocupado la sociedad. Juan XXIII, que nunca se avergonzó de su origen campesino, abogó por los cambios necesarios para que los campesinos “no padezcan un complejo de inferioridad” (Mater et Magistra n. 125) y aconsejó que “eran muy conveniente que se asociaran…, porque, como se ha dicho con razón, en nuestra época las voces aisladas son como voces dadas al viento” (ibid n. 146). El Concilio Vaticano II recordó que los campesinos no sólo quieren mejores condiciones de vida sino también “participar activamente en la ordenación de la vida económica, social, política y cultural” (G. S. 9). Y Pablo VI en su viaje a Colombia afirmó solemnemente ante los campesinos de Mosquera: “Habéis tomado conciencia de vuestras necesidades y de vuestros sufrimientos y, como otros muchos en el mundo, no podéis tolerar que estas condiciones perduren siempre sin poner solícito remedio”. Y les recordó que debían pertenecer a la familia humana sin discriminaciones, en un plano de hermandad (Disc. A los camp. Agosto 1968).

Por ello Medellín recalcó este derecho (Justicia nn. 11 y 12) y desde diversos Episcopados Latinoamericanos lo han repetido (por ejemplo: Colombia, Julio de 1969. Honduras 8 de Enero de 1970. Perú 4 de diciembre de 1975, etc). También nuestra Conferencia Episcopal se pronunció ya claramente en defensa del derecho de asociación de los campesinos. Consecuentes con esa posición de nuestro Episcopado, no dudamos en reafirmar el derecho de organización para los hombres y mujeres del campo e incluso animar a que existan esas organizaciones, no lo hacemos, al hablar como pastores con una visión política determinada, sino con la visión cristiana de que los pobres tengan la suficiente fuerza para no ser víctimas de los intereses de unos pocos, como lo demuestra la historia (Medellín Paz nn. 20 y 27).

SEGUNDA PARTE
RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y LAS ORGANIZACIONES POPULARES

Un problema nuevo.

Ya no se trata de la posición de la Iglesia ante los diversos partidos políticos, pues ésta ya ha sido estudiada y es conocida. Se trata de cómo la Iglesia debe mirar y cumplir sumisión específica en este proceso de organización que está surgiendo tan notoriamente en nuestro pueblo, principalmente entre los campesinos. Se podría pensar con razón que esta proliferación de organizaciones populares constituye, entre nosotros, uno de esos “signos de los tiempos” que retan a la Iglesia a desarrollar su capacidad y su obligación de discernimiento y orientación a la luz de la Palabra de Dios que se le ha encomendado aplicar a los problemas de la historia.

Se trata pues, como ya lo dijimos, de un problema nuevo tanto para la Iglesia, como para las mismas organizaciones y para la sociedad en general. Por eso, la reflexión de todos, con la ayuda del Espíritu Santo y en comunión con los obispos responsables, tal como nos aconseja la Carta “Octogesima Adveniens” de Pablo VI, ya recordada arriba, será aquí un camino seguro de compresión y equilibrio evangélico entre la identidad y el deber de la Iglesia y las inquietudes sociales y políticas de los sectores populares.

Haremos, en primer lugar, tres declaraciones de principios (I) y después las aplicaciones a nuestra situación (II).

I- TRES DECLARACIONES DE PRINCIPIOS

Desde dos niveles se pueden considerar las relaciones de la Iglesia con las organizaciones populares: a niveles más concretos y a nivel más fundamental.

A niveles más concretos y que dependen mucho de Coyunturas y procesos históricos, es decir, cuando tiene que asesorar o dar consejos a quienes le pidan orientación evangélica acerca de compromisos políticos concretos, la Iglesia debe estudiar pastoralmente la situación en cada caso, respetar un legítimo pluralismo de soluciones, sin identificarse con ninguna de ellas porque debe también respetar la autonomía que tienen las Opciones políticas más concretas.

Por lo que toca al nivel fundamental de la relación de la Iglesia con cualquier tipo de organización humana que tiene objetivos de Reivindicaciones sociales y políticas, queremos declarar estos tres principios relacionados con nuestro problema:

1. La Naturaleza propia de la Iglesia.

El primer principio que queremos recordar lo tomamos textualmente del concilio Vaticano II (G. S. 42): “La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”.

En las dos primeras Cartas Pastorales del Arzobispo de San Salvador pueden estudiarse estos aspectos más religiosos del misterio eclesial que no son el objeto directo de esta Carta, pero que los tenemos muy en cuenta para mantener la verdadera naturaleza y misión de la Iglesia en sus relaciones con otras organizaciones humanas.

Pablo VI en la exhortación “Evangelii Nuntiandi” (nn. 13 y 23) describe los dos principales vínculos religiosos que dan cohesión y estilo muy propio a la comunidad Iglesia: “Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen en le nombre de Jesús para buscar juntos el Reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora… Tal adhesión, que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles. Así pues, aquellos, cuya vida se ha transformado, entran en una comunidad, que es en sí misma signo de la transformación, signo de la novedad de vida: la Iglesia signo visible de la salvación. Pero a su vez, la entrada en la comunidad eclesial se expresará a través de muchos otros signos que prolongan y despliegan el signo de la Iglesia. En el dinamismo de la evangelización, aquel que acoge el Evangelio como palabra que salva lo traduce normalmente en estos gestos sacramentales: adhesión a la Iglesia, acogida de los sacramentos que manifiestan y sostienen esta adhesión, por la gracia que confieren”.

No se debe pues perder de vista esta tarea específica de la Iglesia: la evangelización que por la Palabra de Dios crea una comunidad-Iglesia unida entre sí y con Dios mediante signos sacramentales, siendo el principal de ellos la Eucaristía. Por eso el Concilio sintetiza: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (L.G. 1).

Pero, al aceptar esta Palabra de Dios, los hombres experimentan que se trata de una Palabra que concientiza y exige, es decir, los hace conscientes de lo que es el pecado y de los que es gracia, de lo que hay que combatir y de lo que hay que construir en la tierra; es una Palabra que exige a la conciencia y a la vida no sólo juzgar al mundo con los criterios del Reino de Dios sino a actuar de conformidad. Es una Palabra de Dios que no sólo se debe escuchar sino también realizar.

Esto es lo que ha venido haciendo la Iglesia en sus planes de pastoral: congregar a los hombres en torno de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Y no podemos renunciar a este derecho que es también un deber exigido por la misma naturaleza y misión de la Iglesia. A estos planes de pastoral pertenece nuestro esfuerzo por crear y fomentar las “Comunidades Eclesiales de Base” (CEB). Es el tipo de comunidad organizada que surge alrededor de la Palabra de Dios que convoca, concientiza y exige; y alrededor de la Eucaristía y demás signos sacramentales para celebrar la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, celebrando a la vez el esfuerzo humano por abrirnos al don de una humanidad mejor. De estas “Comunidades Eclesiales de Base” dijo Pablo VI, “…nacen de la necesidad de vivir todavía con más intensidad la vida de la Iglesia; o del deseo y de la búsqueda de una dimensión más humana que difícilmente pueden ofrecer las comunidades eclesiales más grandes… Estas comunidades son un lugar de evangelización, en beneficio de las comunidades más vastas, especialmente de las Iglesias particulares, y una esperanza para la Iglesia Universal” (E. N. 58).

Estas comunidades se deben mantener y fortalecer porque son células vitales de la Iglesia. Ellas mismas realizan el concepto de Iglesia y su misión específica. Los pastores y sus colaboradores deben cuidar de mantener esa identidad y esa misión en toda su pureza y autonomía para que no se confunda con otras organizaciones ni mucho menos se deje manipular por ellas.

Por esto es muy conveniente que los pastores y demás agentes de la pastoral tengan en cuenta las oportunas advertencias que el mismo Pablo VI y los obispos sinodales de 1974 hicieron al señalar los peligros muy posibles que pueden desvirtuar la naturaleza eclesial y los objetivos evangelizadores de estas comunidades. Entre estas advertencias queremos destacar, a propósito de nuestro tema, la de “no dejar aprisionar por la polarización política o por las ideologías de moda, prontas a aprovechar del inmenso potencial humano de estas comunidades” (E. N. 58).

Pero la Iglesia sabe por su experiencia histórica que la comunidad típicamente eclesial puede también suscitar vocaciones cristianas explícitamente políticas. Hemos dicho que la Palabra de Dios que alimenta la comunidad eclesial es una palabra concientizadora y exigente, que no debe sólo escucharse sino también realizarse. Y esa exigencia y realización puede despertar en un cristiano el compromiso político. Más aún, el mismo Concilio recomienda: “hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin e que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegarán a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejecutarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal” (G. S. 75).

En el caso en que surjan vocaciones políticas en la comunidad eclesial, la Iglesia ya no tiene un rol específico en cuanto a los medios concretos que se elijan para alcanzar una sociedad más justa. Respetando la autonomía de la política seguirán manteniéndose ella misma en su fisonomía específicamente eclesial tal como queda descrita.

2. La Iglesia al servicio del Pueblo.

El segundo principio que debemos declarar es que la Iglesia tiene una misión de servicio al pueblo. Precisamente de su identidad y misión específicamente religiosa “derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidarla comunidad humana según la ley divina” (G. S. 42).

A la Iglesia le compete recoger todo lo que de humano haya en la causa y lucha del pueblo, sobre todo de los pobres. La Iglesia se identifica con la causa de los pobres cuando éstos exigen sus legítimos derechos. En nuestro país, estos derechos, en la mayoría de los casos, son apenas sólo derechos a la supervivencia, a salir de la miseria.

Esta solidaridad con los objetivos justos no está condicionada a determinar organizaciones. Llámense cristianas o no, están protegidas, legal o realmente, por el Gobierno o sean independientes u opuestas, a la Iglesia sólo le interesa una condición: que el objetivo de la lucha sea justo para apoyarlo desde afuera de su Evangelio. Así como también denunciar con sincera imparcialidad lo que es injusto en cualquiera organización donde se detecte. En virtud de este servicio que la Iglesia debe prestar, desde su fe, a la sed de justicia de los hombres, se pronunció en Medellín, como línea de pastoral latinoamericana, “alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, por la reivindicación y consolidación de su derechos y por la búsqueda de una verdadera justicia” (Paz n. 27).

La Iglesia no ignora la complejidad de la actuación política; ella –lo reiteramos nuevamente- no es ni debe ser experta en ese tipo de actuación, pero puede y debe dar un juicio sobre las intenciones globales y los mecanismos concretos de los partidos y organizaciones precisamente por su interés en una sociedad más justa, ya que las esperanzas económicas, sociales, políticas y culturales de los hombres no son ajenas a la liberación definitiva por Jesucristo, que es la esperanza trascendente de la Iglesia. (Cfr. Pablo VI E. N. 29-36).

A esta opción tampoco puede renunciar la Iglesia: a defender la causa del débil y objetivamente necesitado, cualesquiera que sean los grupos o personas que reivindiquen esas justas causas.

“Es bien sabido –comentaba Pablo VI- en qué términos hablaron numerosos Obispos de todos los continentes, durante el Sínodo (de 1974), con un acento pastoral en el que vibraban las voces de millones de hijos de la Iglesia que forman tales pueblos. Pueblos, ya lo sabemos, empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que los condena a quedar al margen de la vida: hambre, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales y, especialmente, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo económico y cultural, a veces tan cruel como el político, etc. La Iglesia, repitieron los Obispos, tienen el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización” (E. N. 30).

En este servicio de solidaridad con las causas justas de los pobres, no hemos descuidado los reclamos de sus deberes y las exigencias de respeto a los derechos ajenos. En las mediaciones de conflictos, en las denuncias de atropellos a la dignidad, a la vida o a la libertad y en otras actuaciones de este servicio al pueblo, hemos tratado de ser justos y objetivos y jamás nos ha movido ni hemos predicado el odio o el resentimiento, sino que hemos llamado a conversión y hemos señalado la justicia como base indispensable de la paz que es el verdadero objetivo cristiano. La Iglesia cuenta también, entre sus tareas de servicio al pueblo, incontables obras de beneficencia, de promoción y de educación cristiana de los pobres, obras que desmienten a quienes la culpan de sólo instigan y no hacer.

3. Inserción de las esfuerzos liberadores en la Salvación Cristiana.

Este es el tercer principio que, a nivel fundamental, orienta nuestra reflexión sobre las relaciones entre la Iglesia y las organizaciones populares.

Estas organizaciones son esfuerzos de reivindicaciones sociales, económicas y políticas del pueblo, especialmente de los campesinos. La Iglesia, hemos dicho, alienta y fomenta los anhelos justos de organización y apoya, en lo que tienen de justo, sus reivindicaciones. Pero no estaría completo el servicio de la Iglesia a estos esfuerzos legítimos de liberación si no los ilumina con la luz de su fe y de su esperanza cristiana, enmarcándolos en el designio global de la salvación operada por el Redentor Jesucristo.

El designio global de liberación que la Iglesia proclama:

a) Abarca al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al absoluto que es Dios. Va, por tanto, unido a una cierta concepción del hombre… concepción que no puede sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo;

b) Está centrado en el Reino de Dios; no circunscribe su misión al sólo terreno religioso, pero “reafirma la primacía de la vocación espiritual del hombre” y anuncia la salvación en Jesucristo;

c) Procede de una visión evangélica del hombre, se apoya en motivaciones profundas de la justicia en la caridad, entraña una dimensión verdaderamente espiritual y su objetivo final es la salvación y la felicidad en Dios;

d) Exige una conversión de corazón y de mente y no se satisface con sólo cambiar estructuras;

e) Y excluye la violencia, la considera “no cristiana ni evangélica”, ineficaz y no conforme con la dignidad del pueblo (Cfr. E. N. 33-37).

Si la Iglesia, por apoyar a cualquier grupo en sus esfuerzos de liberación temporal, perdiera esta perspectiva global de la salvación cristiana, entonces “la Iglesia perdería su significación más profunda, su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado… no tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación…” (E. N. 32).

En cambio, cultivando en el corazón de los hombres la fe y la esperanza de ese designio global de la salvación en Cristo, la Iglesia predica las verdaderas razones de vivir y pone las motivaciones más sólidas para sentirse libre de verdad y para trabajar con serenidad y confianza en la verdad y para trabajar con serenidad y confianza en la verdadera liberación del mundo. Haciéndolo así, la Iglesia “suscita cada vez más cristianos que se dediquen a la liberación de los demás; a estos cristianos “liberadores” les da una inspiración de fe, motivación de amor fraterno, una doctrina social a la que el verdadero cristiano no sólo debe prestar atención sino que debe ponerla como base de su prudencia y de su experiencia para traducirla concretamente en categoría de acción, de participación y de compromiso” (Pablo VI E. N. 38).

Fue un carisma de Pablo VI.

Al finalizar esta declaración de principios, de donde podemos con menos dificultad derivar aplicaciones a las relaciones entre Iglesia y organizaciones de reivindicación social, nuestro pensamiento se detiene reverente y agradecido ante la memoria inmortal del Papa Pablo VI. Agradecimiento por la carismática luminosidad de su magisterio doctrinal y por el amor pastoral que explicitó para nuestro pueblo salvadoreño.

Su magisterio, dotado de una maravilloso carisma al exponer la teología de la Iglesia y sus relaciones con el mundo, ha iluminado la reflexión de nuestro tema y puede seguirnos guiando, con sus numerosos documentos eclesiológicos y sociales, en la reflexión a que hemos invitado a toda la comunidad de nuestra Diócesis para ir precisando más la doctrina, los compromisos y actuaciones en este delicado campo.

Y el amor pastoral que el Papa nos explicó como un encargo testamentario para El Salvador, estimula nuestros sentimientos pastorales hacia una comprensión y apoyo equilibrado a las justas reivindicaciones que con angustia y esperanza busca nuestro pueblo.

II- APLICACIÓN A LOS PRINCIPIOS

Con estos tres criterios eclesiológicos que acabamos de declarar, podemos juzgar las relaciones de la Iglesia con los grupos sociales que se organizan para luchar por la justicia en el campo político. Desde estos principios podemos deducir qué pueden las organizaciones esperar y aún exigir a la Iglesia, porque es su misión, y también que no deben esperar de ella porque no es de su competencia.

Prosigamos pues, nuestro diálogo haciendo una aplicación de principios a varios problemas que presentan las relaciones de la Iglesia con las organizaciones populares.

1. Una relación de origen.

Hay organizaciones populares que se reconocen de inspiración cristiana y hasta se denominan como tales. Su origen histórico se entrelaza con la vida y actividad de alguna comunidad cristiana. Este hecho, que no es exclusivo de nuestro tiempo ni de nuestro país, se ha tratado aquí de distorsionar calumniosamente hasta querer identificar a la Iglesia con algunas organizaciones populares y atribuirle la responsabilidad de las opciones concretas que dichas organizaciones han tomado para sus reivindicaciones con plena autonomía y bajo su responsabilidad.

Ya explicamos, como es posible y natural esta relación de origen cuando nos referimos a la fuerza concientizadora y exigente de la Palabra de Dios que alimenta la fe cristiana de la comunidad eclesial. En muchos campesinos esa Palabra hizo crecer paralelamente la toma de conciencia de la fe y de la dimensión de justicia exigida por la fe, la cual puede conducir también a una vocación política.

2. Fe y Política: Unificación pero no Identificación.

Y aquí surge el problema: fe y política deben estar unidas en el cristiano que tiene vocación política, pero no identificarse. La Iglesia desea que ambas dimensiones estén presentes en la vida total de los cristianos, por eso ha tenido que recordar que no es verdadera fe la que vive separada de la vida. Pero también advierte que no se puede identificar la tarea de la fe y una determinada tarea política. El cristiano con vocación política debe procurar lograr una síntesis entre la fe cristiana y la acción política; pero sin identificarlas. La fe debe inspirar la acción política del cristino pero sin confundirse.

Esto es necesario tenerlo muy claro en el caso en que las mismas personas que pertenecen a comunidades eclesiales pertenecen también a organizaciones políticas populares. Si estas personas no tienen en cuanta la distinción entre su fe cristiana y su organización política, pueden caer en estos dos errores: o sustituir lo típico de la fe y de la justicia cristiana por lo típico de una determinada organización política; o afirmar que sólo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia cristiana de justicia que proviene de la fe.

3. Lo que se puede y no se puede exigir a la Iglesia.

Por ello, cuando los cristianos se organizan en cualquier tipo de asociación: partido político, gremio u “organizaciones populares”, deben ser conscientes de lo específico de la dimensión de la fe y de la dimensión política, y deben respetar por lo tanto, la autonomía de ambas dimensiones. Como organizador políticamente, deben tener idea muy clara de lo que pueden pedir y aun exigir a su Iglesia y también de lo que no le pueden pedir porque le pedirán lo que no les puede dar y porque comprometerían seriamente la legítima autonomía de la dimensión política.

En todo lo que hemos dicho al precisar la naturaleza y la misión de la Iglesia, queda dicho también lo que las organizaciones –sena o no de inspiración cristiana- pueden pedir a la Iglesia. Incluso pueden pedirle que recuerde los derechos cívicos, como el de la organización, la huelga, la manifestación y libre expresión.

Pero ninguna organización, aunque sea de inspiración o nombre cristiano, puede exigir que la Iglesia como tal o sus símbolos más claramente percibidos como símbolos eclesiales (como las ceremonias, la predicación, las procesiones, etc.) se conviertan en mecanismos concretos de propaganda para fines políticos. Ya hemos dicho que la Iglesia por su parte siempre estará dispuesta a hacer uso del único poder que posee, el de su Evangelio para iluminar cualquier tipo de actividad que mejor instaure la justicia.

4. Lealtad del cristiano político a su Fe.

Esto nos lleva a otro problema que queremos plantear con toda sencillez. Para luchar por la justicia en una “organización popular” no es necesario ser cristiano ni reconocer explícitamente la fe en Cristo. Se puede ser un buen político o trabajar bien por la realización de una sociedad más justa sin ser cristiano, con tal que se respete y se tenga en cuenta el valor humano y social de la persona.

Pero los que se profesan cristianos y como tales se organizan, tienen la obligación de confesar su fe en Cristo y de usar, en su actividad social y política, aquellos métodos que están de acuerdo con dicha fe.

Comprendemos que a veces es difícil deslindar lo que es específicamente cristiano de lo que no lo es, pues también la fe cristiana, por ser histórica, debe confrontarse con nuevas situaciones que exigen nuevas respuestas. Comprendemos, por lo tanto, la confusión que puede originar una nueva situación. Pero una cosa debe quedar bien clara: que lo último y absoluto de un cristiano, integrado también en una actividad política, debe ser la fe en Dios y la exigencia a realizar la justicia según el Reino de Dios.

Comprendemos también que la actividad política tiende a absorber e incluso a monopolizar el interés de las personas. Es éste un fenómeno normal de entusiasmo humano, y de ahí que surja a veces la tensión entre dos lealtades: la lealtad a la fe y la lealtad a la organización. A veces no será fácil vivir esa tensión y aquí también, como en todo lo nuevo, habrá que ir aprendiendo a vivir en ella. Pero es nuestro deber pastoral, aun comprendiendo las dificultades expuestas, recordar que cualquiera que sea esa tensión entre las dos lealtades, la lealtad definitiva y última de un cristiano no puede ser a una organización por más ventajas que ofrezca sino a Dios y a los pobres que son “los hermanos más pequeños” de Jesucristo.

5. Autenticidad, no Instrumentalización.

Por ello, estimulamos a los cristianos pertenecientes, de derecho o de hecho, a cualquier organización de justas reivindicaciones sociales, políticas y económicas, a mantener explícita su fe, a que ella sea su último marco referencial y a que crezca en ella. Pero en sus convicciones teóricas y en los mecanismos y detalles concretos no caigan en la tentación del orgullo y de la intransigencia, como si la legítima opción política que su fe les inspiró fuera el único modo de realizar con intensidad el trabajo por la justicia.

Les recordamos también el deber de explicar su fe mediante una leal solidaridad con la Iglesia y la apertura a la trascendencia de Dios mediante los signos sacramentales de su gracia, la oración y la meditación de la Palabra de Dios. Sólo así se puede garantizar que crezca paralelamente la dimensión del compromiso por la justicia y de la vocación política cristiana. Esta mutua interacción entre la explicitación de la fe y de la dedicación a la justicia, será la garantía de que su fe no es vacía, sino que va acompañada de obras, y a la vez de que se busca en verdad la justicia del Reino de Dios y no otra.

Pero si algunos cristianos, habiendo sido motivados en un principio por su fe cristiana para tomar un compromiso a favor de los pobres, lamentablemente perdieron aquella fe y, la consideran ahora sin valor, los exhortamos a la sinceridad y a no utilizar una fe, que ya no tienen, para conseguir sus objetivos políticos por más justos que fueren.

6. No se puede empujar a todos a la “organización”.

No se puede empujar a un cristiano a participar en un partido u organización política concreta. Hay que tener en cuenta, por una parte, que toda acción humana tiene y no puede evadir una repercusión política en sentido amplio, y por ello es imprescindible cierta política, cierta capacitación de discernir entre unas y otras opciones políticas y sobre todo mucho sentido crítico. Por otra parte, hay que tener en cuenta que no todo cristiano tiene vocación política, es decir, cualidades y deseos para luchar por la justicia desde el campo de la acción específicamente política.

Existen otras cauces para canalizar esta lucha: por ejemplo, una educación liberadora (Medellín), una evangelización no ajena a los derechos humanos ni al proceso de liberación de los pueblos (E. N. 30 y 31).

La política como vocación y dimensión legítima del hombre y del cristiano no tiene derecho a considerarse la única vocación posible para el ineludible deber de todo salvadoreño de trabajar por establecer un orden más justo en el país.

Pero esto lo decimos no para amparar una evasión o una pereza, sino para que cada uno reflexione en la vocación de su vida al servicio de los demás.

7. Sacerdotes y Laicos es colaboración jerárquica.

Ahora queremos dirigirnos a nuestros queridos sacerdotes y a nuestros estimados laicos que como los sacerdotes prestan a la Iglesia un servicio más cerca no a su jerarquía y que, por eso necesita una misión o encargo autorizado por el cual tienen, en la medida de esa misión, cierta función representativa del magisterio y del ministerio de la Iglesia ante el pueblo.

Con gran alegría constatamos que el trabajo de nuestros presbíteros y laicos es cada vez más encarnado y comprometido con las causas del Divino Pastor y de nuestra realidad; cada vez nuestra pastoral va teniendo más en cuenta la liberación integral que nos exige el Evangelio y el magisterio jerárquico de la Iglesia Universal y del Episcopado Latinoamericano reunido en Medellín; cada vez es más claro que el llamamiento a la conversión dirigido a todos los hombres tiene más eficacia y autenticidad cuando sigue la estrategia del Evangelio en dar la Buena Noticia de la salvación a partir de los pobres a quienes también recuerda las exigencias de su conversión (Lucas 4, 18).

Esta es nuestra línea pastoral que encuentra su respaldo más autorizado y más actual en la Exhortación “Evangelii Nuntiandi” de Pablo VI y su aplicación concreta a nuestra Diócesis en la semana de Pastoral en San Salvador (5-10 de enero de 1976). Y de esta línea no podemos apartarnos sin ser infieles a nuestra conciencia y a las esperanzas del pueblo y sobre todo a la Palabra del Señor.

Por eso encarecemos a todos los queridos sacerdotes y laicos cuidar la pureza evangélica de esa línea y, cuidándola así, no tener miedo a la audacia que muchas veces nos exigirá. Comprendemos bien los riesgos que supone esta pureza y esta audacia. Es normal y frecuente que los mismos sacerdotes y sus más íntimos colaboradores laicos, precisamente por interesarse en una evangelización encarnada y comprometida, sientan al vivo los problemas políticos, y, como personas y ciudadanos sientan más simpatías por un partido u “organización popular” que por otros; incluso es comprensible que cuando se les pida, colaboren en orientar cristianamente la dirección de actividades políticas de los cristianos a favor de la justicia.

Pero es nuestro deber recordarles y pedirles que en cualquier trabajo sacerdotal, en cualquier labor pastoral que les pidan las personas, partidos u organizaciones, tengan siempre, como primer objetivo, ser animadores y orientadores en la fe y en la justicia que la fe exige, según los grandes principios cristianos que aquí hemos recordado.

Este es el servicio inapreciable, necesario e insustituible que podemos prestar al mundo. Sobre los problemas concretos que origina la actividad cotidiana política, normalmente habrá políticos y expertos más capacitados para su análisis y sus encauzamientos. En cualquier caso, lo que el sacerdote le toca, es la animación que da el Espíritu del Señor, no una animación desencarnada ciertamente, pero auténtica animación en la fe. Al sacerdote corresponde principalmente mantener viva la norma evangélica de pensamiento y acción, recordar, como Jesús, el amor del Padre a los hombres y urgir el seguimiento de Jesús hacia la implantación del Reino de Dios entre los hombres. El inspirar y acompañar en esta tarea –cuya concreciones siempre serán parciales y limitadas- será de incalculable valor para la fe de toda la Iglesia, para unificar, sin identificaciones ni reduccionismos, la dimensión de la fe y la exigencia de justicia y también –así lo creemos como cristianos- para que los avances reales en la justicia sean según el plan de Dios, sin lo cual ningún mejoramiento social puede ser auténtico ni duradero.

Si, en un caso excepcional, a un sacerdote concreto se le pidiera una mayor colaboración en los mecanismos concretos del quehacer político, además de considerarle como caso excepcional porque actuaría en un papel supletorio, que no le corresponde como algo normal a la vocación y ministerio sacerdotal, tocaría al Obispo, en diálogo sincero con ese sacerdote a la luz de la fe, hacer un discernimiento cristiano sobre el valor apostólico de dicho trabajo.

Los laicos que han sido asumidos al servicio de la Iglesia para una especial misión jerárquica, como los catequistas, celebradores de la Palabra, etc., no deben olvidar esta circunstancia que los constituye representantes conspicuos de la jerarquía, de su ministerio y de su magisterio. Son, como debe ser la jerarquía y el Presbiterio, signo de la unidad de todos los hijos de la Iglesia particular y universal. Esta responsabilidad que los coloca en la dirigencia y en la fuerza unitiva del Pueblo de Dios, los debe hacer muy prudentes al simpatizar o inscribirse en una organización popular. Si la militancia en una organización quita, al agente de pastoral ante el Pueblo de Dios, credibilidad o eficacia, hay una fuerte razón pastoral para optar por una de las dos dirigencia, después de hacer un serio discernimiento ante el Señor.

8. Organizaciones no Cristianas.

Hasta aquí nuestra reflexión acerca de las relaciones de la Iglesia con las organizaciones populares, ha tenido en cuenta principalmente a las organizaciones que se profesan cristianas. Pero no hemos olvidado que muchos otros hermanos salvadoreños militan en organizaciones que se profesan cristianas. Las relaciones de la Iglesia no tienen mucho que cambiar con estas últimas pues tanto para ellas como para las otras su criterio fundamental es lo que ya queda dicho: apoyo al derecho humano de asociación, sobre todo cuando en las circunstancias del país, se considera la “organización popular” como uno de los medios más importantes para la implantación de la justicia; apoyo también a la libertad que cada uno tiene en sus opciones concretas de modo que a nadie se puede obligar a inscribirse en determinado grupo: apoyo a los objetivos justos de cualquier organización; respeto a la autonomía del quehacer político y social de las organizaciones así como ella, la Iglesia, también exige a cualquier persona u organización que le respeten la propia autonomía de su naturaleza y de su misión y que por tanto, no se le use o subordine a ninguna finalidad de la organización. También tiene la Iglesia, el deber y el derecho de ejercer ante cualquier organización, aunque no se profese cristiana, su función profética de animar lo que está conforme con la revelación de Dios en el Evangelio y denunciar todo lo que está en desacuerdo con esa revelación y constituya pecado del mundo.

Existe otra relación más de fondo y de fe entre la Iglesia y las “organizaciones populares” aunque no se profesen cristianas. Y es que la Iglesia cree que la acción del Espíritu que resucita a Cristo muerto en los hombres es más grande que ella misma. Más allá de los límites de la Iglesia hay mucha fuerza de la redención de Cristo; y los intentos libertarios de los hombres y de los grupos, aun sin profesarse cristianos, son impulsados por el Espíritu de Jesús; y la Iglesia tratará de comprenderlos así para purificarlos y animarlos e incorporarlos –al igual que los esfuerzos de los cristianos- en el proyecto de la redención cristiana.

Nos damos cuenta de que, a pesar de nuestra buena voluntad y de nuestro esfuerzo por dar una orientación adecuada a la dimensión política de la fe de nuestros hermanos, principalmente campesinos, todavía flotan muchas interrogantes. Queda pues, por delante un largo camino de reflexión que juntos, Pastores y Pueblo de Dios, y nunca separados de nuestra comunión en Cristo tenemos que recorrer a la luz de nuestra fe y de la realidad social de nuestro país.

TERCERA PARTE
JUICIO DE LA IGLESIA ANTE LA VIOLENCIA

Motivo y esquema de esta parte.

Junto al tema de las organizaciones populares surge espontáneamente el problema de la violencia porque en el esfuerzo por las reivindicaciones sociales, políticas y económicas de estos grupos es natural que ocurra también el recurso a la violencia como una fuerza reivindicativa. Por eso nuestra misión pastoral nos obliga ahora a ofrecer estos elementos de juicio de la moral de la Iglesia para orientar la reflexión de nuestras comunidades.

En esta reflexión ofrecemos:
1. Diversas clases de violencia;
2. Juicio moral de la Iglesia acerca de la violencia; y
3. Aplicación a la situación de El Salvador.

I- NUESTRA REALIDAD Y NUESTRO IDEAL.

Porque, en efecto, qué penoso es tener que ofrecer a nuestro Divino Salvador, junto con la plegaria esperanzada de su pueblo, congregado bajo la luz de la Transfiguración, el horroroso panorama de nuestra realidad nacional manchando de tanta sangre y atropellos a la dignidad, a la libertad y a la vida misma de los salvadoreños. Vivimos en una realidad nacional explosiva, fértil de frutos de violencia. Con frecuencia vemos manifestaciones populares que terminan en derramamiento de sangre de los manifestantes y, a veces, también de miembros de cuerpos de seguridad. Últimamente, en muchos lugares, sobre todo en el campo, se ha venido sucediendo conflictos violentos , que llegan incluso a tomar forma incluso de operativos militares, desplegados en zonas enteras del campo salvadoreño. Son muchos los hogares que lloran víctimas del secuestro, del asesinato, de la tortura, de la amenaza, del incendio criminal, etc.

Ante esta situación que puede llegar a insensibilizar las conciencias, tenemos que volver a repetir aunque sea voz que clama en el desierto, la voz de la Iglesia: “no a la violencia, si a la paz”.

Este ideal de la Iglesia es bien claro por más que la calumnia y la persecución hayan tratado de distorsionarlo:
“Reafirmamos con fuerza nuestra fe en la fecundidad de la paz –fue también la voz del Episcopado Latinoamericano en Medellín- . Ese es nuestro ideal cristiano… no ponemos nuestra confianza en la violencia (Paz nn. 15 y 19).

Hoy cumplimos también, en esta Carta Pastoral, encargo testamentario que nos hizo Pablo VI en la audiencia de nuestra visita “ad limina” el 21 de Junio al recomendarnos la solidaridad pastoral con nuestro pueblo, mencionó el esfuerzo que éste está haciendo por sus justas reivindicaciones y nos encareció orientarlo por el camino de una paz justa y prevenirlo contra la fácil tentación de la violencia y el odio.

1. Diversos tipos de violencia.

Pero si es fácil formular el ideal de la paz, es muy difícil enfrentarse a la realidad de la violencia que históricamente perece inevitable mientras no se eliminen sus causas reales. Pues normalmente y salvo en casos patológicos, la violencia no es una cualidad de hombres que se realizan sometiendo a otros hasta el extremo de humillarlos, herirlos, secuestrarlos, torturarlos o matarlos. La violencia tiene otras raíces que es necesario descubrir. Para ello debemos analizar las diversas formas de violencia, siguiendo un camino abierto por los Obispos de América Latina en Medellín.

a) La “violencia institucionalizada”.

La forma más aguda que presenta la violencia en nuestro continente y también en nuestro país, es la que llamaron los Obispos en Medellín “violencia institucionalizada” (Paz n. 16), producto de una situación injusta en la que la mayoría de los hombres y mujeres –sobre todo de los niños- en nuestro país se ven privados de lo necesario para vivir.

Se expresa esta violencia en las organizaciones y en el funcionamiento diario de un sistema socioeconómico y político que acepta como normal y corriente que el progreso no es posible sino mediante la utilización de las mayorías como fuerza productiva manejada por una minoría privilegiada. Encontraremos históricamente esta clase de violencia siempre que la maquinaria institucional de la vida social funcione en beneficio de una minoría o sistemáticamente discrimine a los grupos o personas que defiendan el verdadero bien común.

Son responsables de esta violencia hecha institución, además de las estructuras internacionales injustas que la condicionan, los que acaparan el poder económico sin compartirlo, “los que retienen celosamente sus privilegios y, sobre todo… los que los defienden empleando ellos mismos medios violentos; y todos los que no actúan a favor de la justicia con los medios de que disponen, y permanecen pasivos por temor a los sacrificios y a los riesgos personales que implica toda acción audaz y verdaderamente eficaz” (Medellín Paz nn. 17 y 18).

Esta “violencia institucionalizada” se da dramática y establemente en nuestro país.

b) Violencia represiva del Estado.

Paralela a la “violencia institucionalizada” suele surgir la violencia represiva, es decir, la empleada por los cuerpos de seguridad del Estado en la medida en que el Estado trate de contener los anhelos de aquellas mayorías, sofocando violentamente cualquier manifestación de protesta ante la injusticia que acabamos de mencionar.

Es una verdadera violencia y es injusta porque con ella el Estado defiende, por encima de todo y con sus poderes institucionales, la pervivencia del sistema socio-económico y político que está vigente, impidiendo toda verdadera posibilidad de que el pueblo, en uso de su derecho primordial de autogobernarse –como sujeto último de la voluntad política-, puede hallar un nuevo camino institucional hacia la justicia.

c) Violencia sediciosa o terrorista.

Existe otra clase de violencia peligrosa que algunos llaman “revolucionaria” pero que preferimos calificarla como terrorista o sediciosa, ya que el término “revolucionaria” no siempre tiene un sentido peyorativo como el que aquí deseamos definir. Se trata de aquella violencia que Pablo VI llamó “las revoluciones explosivas de desesperaciones” (Bogotá, 23-VIII-68, citado en Paz n. I7). Esta violencia suele organizarse e intentarse en forma de guerrilla o terrorismo y equivocadamente es pensada como último y único modo eficaz para cambiar la situación social.

Es una violencia que produce y provoca estériles e injustificables derramamientos de sangre, lleva la sociedad a tensiones explosivas, racionalmente incontrolables y desprecia por principio toda forma de diálogo como posible instrumento solución para los conflictos sociales.

d) Violencia espontánea.

Llamamos violencia espontánea a la que reacciona espontáneamente ano de forma calculada ni organizada, y surge de parte de grupos o persona, cuando son atacadas violentamente al hacer uso de sus derechos legítimos como son: reclamos, manifestaciones, huelgas justas, etc. Por ser espontáneos y no buscada, esta violencia tiene las características de la desesperación y de la improvisación y por eso no puede tener eficacia en el reclamo de los derechos ni en las soluciones justas de los conflictos.

e) Violencia en legítima defensa.

Se da también la violencia en legítima defensa cuando una persona o un grupo repelen por la fuerza una agresión injusta de que han sido objeto. Esta violencia busca anular o por lo menos lograr un control eficaz –no necesariamente la destrucción- del peligro inminente y efectivo que injustamente amenaza.

f) Violencia de la no violencia.

Para completar esta clasificación de la violencia es conveniente agregar la fuerza de la no violencia que encuentra hoy conspicuos estudiosos y seguidores. La recomendación del Evangelio de volver la otra mejilla ante un injusto agresor, lejos de ser pasividad o cobardía, es la manifestación de una gran fuerza moral que deja moralmente vencido y humillado al agresor. “El cristiano es capaz de combatir pero prefiere la paz a la guerra”, se dijo en Medellín aludiendo a esta fuerza moral de la no violencia (Paz n. I5).

II- JUICIO MORAL DE LA IGLESIA SOBRE LA VIOLENCIA

Cuando hacíamos nuestra “visita ad limina”, L’Observatore Romano, vocero oficioso del pensamiento de la Santa Sede, publicaba un valioso artículo sobre la violencia titulado en italiano: “Lo Stato democrático e la violenza” (23-VI-78). Creemos muy oportuno valernos de sus conceptos para actualizar la tradicional doctrina católica sobre la violencia que también recordaron los Obispos en Medellín.

“El recurso a la violencia –comenta L’Observatore- es un triste resabio de las generaciones humanas y una de las señales más evidentes, tanto de la imperfección que acompaña al hombre en cualquier latitud y bajo cualquier régimen, como de la necesidad de recomenzar siempre desde el principio la obra de perfeccionamiento personal y del bien social a fin de contener y disciplinar los instintos que siempre renacen en el hombre y lo conducen a la lucha del hombre contra el hombre”.

Pero a pesar de que la Iglesia considera cualquier tipo de violencia como una señal de “la imperfección que acompaña al hombre”; y, a pesar de recalcar siempre su preferencia y su amor por el ideal de la paz, la Iglesia a cada tipo de violencia da un juicio distinto que va desde la prohibición y condenación hasta la licitud bajo ciertas condiciones:

Enunciamos a continuación unos cuantos principios morales que debe respetar la conciencia de cualquier hombre honrado:

a) La Iglesia ha condenado siempre la violencia buscada en sí misma o usada abusivamente en contra de algún derecho humano, o como primero y único medio para defender y alcanzar un derecho humano. No se puede hacer un mal para alcanzar un bien.

b) La Iglesia permite la violencia en legítima defensa, pero bajo las siguientes condiciones:

– que la defensa no exceda el grado de la agresión injusta (por ejemplo, si basta defenderse con las manos no es lícito disparar un balazo al agresor);

– que se acuda a la violencia proporcionada sólo después de agotar los medios pacíficos posibles;

– y que la defensa violenta no traiga como consecuencia un mal mayor que el que se defiende: por ejemplo una mayor violencia, una mayor injusticia.

c) Por ser raíz de mayores males, la Iglesia ha condenado la violencia institucionalizada, la violencia represiva del gobierno, la violencia terrorista y toda la violencia que pueda provocar una legítima defensa también violenta.

d) El documento de Medellín sobre la paz y citando un texto de la Encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI (n. 31), menciona la legitimidad de una “insurrección” en el caso muy excepcional “de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase peligrosamente el bien común del país, ya provenga de una persona ya de estructuras evidentemente injustas”. Pero inmediatamente advierte el peligro de engendrar con ello “nuevas violencias… nuevas injusticias… y nueva ruina, lo cual haría condenable también esta insurrección”.

e) Por eso también ha enseñado la Iglesia –y las circunstancias actuales dan una trágica actualidad a esta enseñanza- que un gobierno debe usar su fuerza moral y coactiva para garantizar un Estado verdaderamente democrático, basado en un orden económico justo en el cual se defiendan la justicia y la paz y el ejercicio de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Así el Gobierno logrará hacer “cada vez más hipotético e irreal el caso en el cual el recurso a la fuerza por parte de los individuos y grupos pueda ser justificado por la existencia de un régimen tiránico en el cual las leyes, las instituciones y el gobierno en vez de reconocer y promover, conculcan las libertades fundamentales y los demás derechos del hombre, reduciendo los súbditos a la condición de oprimidos” (L’Observatore Romano, artículo citado).

f) La Iglesia prefiere el dinamismo constructivo de la no violencia: “El cristiano es pacífico y no se ruboriza de ello. No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir, pero prefiere la paz a la guerra. Sabe que los cambios bruscos y violentos de las estructuras serían falaces, ineficaces en sí mismos y no conformes ciertamente a la dignidad del pueblo” (Paz n. 15).

III- APLICACIÓN A LA SITUACIÓN DE EL SALVADOR

Entresacamos de la doctrina general de la Iglesia sobre la violencia, estas breves aplicaciones y orientaciones para la realidad de nuestra Diócesis.

• Crecer en la Paz.

Proclamamos la supremacía de nuestra fe en la paz y hacemos un llamamiento a todos a hacer esfuerzos positivos en su construcción.

No podemos poner toda nuestra confianza en métodos violentos si somos cristianos de verdad o simplemente hombres honrados.

• Trabajar por la Justicia.

Pero la paz en la que creemos en fruto de la justicia: “opus institiae pax”. Los conflictos violentos como lo muestra un simple análisis de nuestras estructuras y lo confirma la historia, no desaparecerán hasta que no desaparezcan sus últimas raíces. Por lo tanto, mientras se mantengan las causas de la miseria actual y se mantenga la intransigencia de las minorías más poderosas que no quieren tolerar mínimos cambios, se recrudecerá más la explosiva situación y, si se requiere seguir usando la violencia represiva, desgraciadamente no se hará más que aumentar el conflicto y “hacer menos hipotético y más real el caso en el cual el recurso a la fuerza, como legítima defensa, podrá ser justificado”. Por eso creemos que ésta es la tarea más urgente: La construcción de la justicia social.

Todo hombre tiene un potencial de sana agresividad con que la naturaleza lo ha dotado para superar los obstáculos de la vida. El valor, la audacia, el no tener miedo a los riesgos, son virtudes y valores notables de nuestro pueblo, que han de ser incorporados, en la vida de la sociedad, no para segar vidas sino para construir derecho y justicia para todos pero especialmente para quienes hoy parecen marginados de esos bienes.

• Repudio a la Violencia Fanática.

Está haciendo mucho mal a nuestro pueblo esa violencia fanática que casi se hace “mística” o “religión” de algunos grupos o individuos. Endiosan la violencia como fuente única de justicia y la propugnan y practican como método para implantar la justicia en el país. Esta mentalidad patológica hace imposible detener la espiral de la violencia y colabora a la polarización extrema de los grupos humanos.

• Agotar los Medios Legítimos.

Aun en los casos legítimos, la violencia siempre debe ser el último recurso. Antes hay que agotar los medios pacíficos. La hora es explosiva y se necesita mucha cordura y serenidad. Invitamos fraternalmente a todos, pero especialmente a las “organizaciones” que se empeñan en la lucha por la justicia, a que prosigan sin desánimo y con honradez, a tener siempre objetivos justos, y a que hagan uso de los legítimos medios de presión y a no poner toda su confianza en la violencia.

CONCLUSIÓN.

Violentos junto a Cristo.

Queremos terminar nuestra reflexión mirando la espléndida visión de paz que es el Señor Transfigurado. Es notable que los cinco personajes escogidos para acompañar al Divino Salvador en aquella teofanía del Monte Tabor, hayan sido cinco hombres te temperamento y hechos violentos. De Moisés, Elías, Pedro, Santiago y Juan se puede decir lo que dijo Medellín de los cristianos: “no son simplemente pacifistas porque son capaces de combatir, pero prefieren la paz a la guerra”. Jesús encauzó hacia una labor de construcción, de la justicia y de la paz en el mundo, la agresividad de aquellos ricos temperamentos.

Pedimos al Divino Patrono de El Salvador que transfigure también en el mismo sentido el rico potencial de este pueblo con el que quiso compartir su propio nombre.

Ser un instrumento para que realice esta transfiguración de nuestro pueblo es la razón de ser la Iglesia. Por eso hemos tratado de reafirmar su identidad y su misión a la luz de Cristo, porque sólo siendo como El la quiere, podrá prestar, con mejor comprensión y eficacia, su servicio y apoyo a las justas aspiraciones del pueblo.

Este es mijo Amado: ¡Escúchelo!

La voz del Padre en aquella Santa Montaña es el mejor aval de la misión de la Iglesia entre los hombres: señalar a Cristo como el Hijo predilecto de Dios y único Salvador de los hombres y recordar a los hombres el supremo deber de escucharlo si quieren ser de verdad libres y felices.

Escuchémoslo! Tiene mucho que decir al verse rodeado por nuestro pueblo que lo mira con confianza en una de las horas más trágicas e inciertas de su historia.

Creemos interpretar su palabra divina si al terminar esta Carta Pastoral, nos dirigimos:

– A todos nuestros católicos ya a los hermanos de otras iglesias y a todos los hombres de buena voluntad para recordarles que el Señor está presente y que su voz proviene también de la miseria de nuestro pueblo: Oigámoslo: “lo que hagan con uno de estos mis hermanos pequeños conmigo lo hacen” (Mt. 17, 5).

– A los que tienen en sus manos el poder económico les dice el Señor del mundo que no cierren sus ojos en forma egoísta a esta situación y comprendan que sólo compartiendo en justicia y hermandad con los que no tienen pueden cooperar al bien del país y gozar aquella paz y felicidad que no pueden dar la abundancia amontonada a costa de la miseria ajena. Escúchenlo!

– A la clase media que ya tiene asegurada su vida con un mínimo decoro, Jesús les recuerda que queda una mayoría que aún no tiene lo suficiente para vivir, que se solidaricen con los pobres y campesinos y no se contenten con asegurar lo que ya han conseguido. Escúchenlo!

– A los gremios profesionales y a los intelectuales el Divino Maestro, que es la luz de todas las inteligencias, les pide que usen de su saber técnico y de su ciencia para esclarecer nuestra realidad nacional y cumplan sus juramentos profesionales para buscar soluciones a esa realidad; que definan en público su interés para el bien del país y no se refugien en un saber y en una ciencia sin compromisos; en una evasión y tranquilidad que está más allá del dolor de los pobres. Óiganlo!

– A los partidos políticos y a las “organizaciones populares” que han ocupado el pensamiento principal de esta Carta Pastoral, Cristo conductor de la historia y de los pueblos les exige que sepan poner la preocupación por las mayorías pobres por encima de sus propios intereses y que usen positivamente con eficiencia y justicia los mecanismos y sepan presionar con honradez y valentía para que la transformación deseada se lleve a cabo. Obedézcanlo!

– Y a los poderes políticos, que tienen el sagrado deber de gobernar para el bien de todos, Cristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores, les reclama un sentido de verdad y justicia, de sincero servicio al pueblo y que, por tanto:

1. legislen teniendo en cuenta las mayorías del campo donde surgen graves problemas de tierra, de salario, de asistencia médica, social y educativa;

2. abran realmente el reducido espacio político y den entrada legal y real a las diversas voces políticas del país;

3. den oportunidad de organizarse legalmente a quienes injustamente se les ha privado de ese derecho humano, especialmente a los campesinos;

4. atiendan al repudio del pueblo a la ley de defensa y garantía del orden público y en cambio promulguen otras leyes que realmente garanticen los derechos humanos y la paz, y pongan cauces eficientes al diálogo cívico y político, sin que nadie tenga porqué temer al expresar sus ideas que puedan ser de servicio al bien común aunque signifiquen una crítica al Gobierno;

5. cesen ya de amedrentar al campesinado y pongan fin a esa trágica situación de enfrentamiento entre campesinos, explotando su pobreza para organizar a unos al amparo del Gobierno y perseguir a otros por organizarse para buscar su subsistencia y sus derechos en independencia de él;

6. abran la confianza del pueblo con unos gestos inteligentes y generosos como serían: una amnistía para todos los presos acusados de haber violado la ley de defensa y garantía del orden público, la libertad de tantos presos por motivos políticos que no han sido consignados a los tribunales, sino que han desaparecido después de haber sido capturados por los cuerpos de seguridad; y la posibilidad de regresar al país los expulsados o aquellos a quienes se les impide volver a nuestra Patria por motivos políticos.

Creemos que todo esto es la voluntad del Divino Salvador del Mundo. Y que el Padre ordena: Hay que escucharlo!

La Iglesia promete trabajar y orar.

Por su parte, la Iglesia que ha reafirmado en esta Carta su identidad y ha explicado su misión, se compromete a aportar al bien común de la Patria su fe en Jesucristo y su colaboración con todos los que están dispuestos a hacer reinar la justicia como base de una paz que sea dinamismo de nuestro verdadero progreso.

Acudimos con filial confianza a la intercesión de nuestra Reina y Madre, la Santísima Virgen de la Paz, Patrona también de El Salvador, para que nos alcance del Divino Salvador del Mundo abundancia de gracias y buena voluntad para la transfiguración de nuestro pueblo.

Con nuestra bendición.

San Salvador, fiesta de la Transfiguración del Señor, seis de agosto de mil novecientos setenta y ocho.

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Se cumplen 35 años del Golpe de Estado en Argentina

Sentencia contra el fascista Videla

Nuevamente un 24 de marzo. Es el número 35 de esta nueva era, la que comenzó con el último golpe de Estado que sacudió a la Argentina, el más brutal y sanguinario de su historia. Lo que dejó la dictadura es conocido por todos: 30.000 detenidos desaparecidos, 500 niños apropiados, exiliados políticos, persecuciones y silenciamientos, complicidad de muchos sectores sociales, políticos y religiosos, instauración definitiva del modelo neoliberal, entre otras tantas consecuencias en medio de las cuales seguimos viviendo. Es una herida abierta que no cierra porque no queremos que cierre, porque consideramos que la memoria es la única arma que tenemos para que el “Nuca Más” tenga un verdadero sentido. 35 años más tarde nos emocionamos con cada juicio reabierto después de las leyes del perdón, con la cara de felicidad de cada nieto recuperado y con la cara de cada abuela que siente, más que nunca, que la frase del Che Guevara sigue vigente, y que realmente la única lucha que se pierde es la que se abandona.

Para FOCO la preservación de la memoria se realiza con un permanente alerta en la defensa y protección de los Derechos Humanos, por esta razón, importa destacar que el 22 de marzo se cumple un año del reconocimiento por Naciones Unidas del agua como un derecho humano. Según la UNESCO, el objetivo del Día Mundial del Agua para el 2011 es centrar la atención internacional sobre el impacto del rápido crecimiento de la población urbana, la industrialización y la incertidumbre causada por el cambio climático, con el objeto de alentar a los gobiernos, las organizaciones, comunidades y personas a participar activamente para responder al desafío de la gestión del agua urbana.

De este modo, queremos reivindicar la lucha por la preservación y la defensa de los Derechos Humanos en todos los ámbitos de acción, para poder construir una sociedad justa, participativa y solidaria.

FOCO – Foro Ciudadano de Participación
por la Justicia y los Derechos Humanos

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El Golpe de Estado fascista
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El Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 se produjo bajo los propósitos declarados de restablecer el orden social y económico, afirmando la imposibilidad de la recuperación por vías naturales. El Golpe de Estado Militar en Argentina se presentó como una medida de defensa de los intereses de la Nación argentina y de sus ciudadanos, que fue autodenominada como “Proceso de Reorganización Nacional”.
El Plan Cóndor: la coordinación con otras dictaduras

En la década de los 90, las organizaciones de derechos humanos fueron conscientes de la coordinación que se había llevado a cabo entre las diferentes dictaduras de América Latina, a través de lo que se denominó “Plan Cóndor”. Constituyó una operación represiva obra de distintas dictaduras latinoamericanas con el fin de acabar con sus oponentes ideológicos tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales.

El Plan Cóndor tomó forma en 1975, como consecuencia de la formación de la Dirección de Inteligencia Nacional chilena, llevada a cabo por el dictador Augusto Pinochet, y en la que participaron también los Gobiernos de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina.

Argentinos desaparecidos durante la dictadura

La cifras de muertos y desaparecidos revelan el caos político que arrasó Latinoamérica desde los años 60.

En Argentina la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (Conadep) documentó en 1984 casi 9.000 casos de personas desaparecidas en la dictadura, sin embargo, las asociaciones de derechos humanos y familiares de desaparecidos elevan la cifra a 30.000 entre 1976 y 1983. Estas diferencias cuantitativas pueden ser debidas a la gran cantidad de desapariciones que nunca fueron denunciadas como consecuencia miedo social existente, que perduró a lo largo de los años.

Por su parte, en Chile fueron 102 los desaparecidos y 2.095 chilenos fallecieron durante la dictadura chilena entre 1973 y 1989. Aproximadamente fueron 2.000 los muertos y desaparecidos en Paraguay (1954-1989), 157 desaparecidos y 131 muertos en Uruguay (1973-1984) y, por último, en Brasil 152 personas desaparecieron y casi 200 fallecieron entre 1958 y 1976.

Baltasar Garzón, investigaciones desde España

En noviembre de 1988 fueron entregadas al juez Baltasar Garzón casi cinco toneladas de documentos con el fin de facilitar la investigación desde España. La voluntad política de los países latinoamericanos de proceder a una investigación exhaustiva de los hechos ocurridos durante las dictaduras y de perfilar el desarrollo y consecuencias del conocido Plan Cóndor no llegaba a materializarse. Baltasar Garzón supuso pues, el nuevo impulso para la lucha por los derechos humanos y la condena a los autores del movimiento.

El pasado mes de Agosto de 2010 Baltasar Garzón acudió al Juicio de los autores del Golpe en Córdoba (Argentina), donde fue insultado y abucheado por muchos de los seguidores del exdictador argentino Jorge Rafael Videla.

El miércoles 22 de diciembre de 2010 se emitió en la Televisión Pública argentina la lectura de la Sentencia contra Jorge Rafael Videla, Luciando Benjamín Menéndez y otros represores, mediante la que fueron condenados a prisión perpetua en cárcel común, por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura (1976-1983), tras un histórico juicio.

Argentina 35 años después

La dictadura militar argentina iniciada con el Golpe de Estado del 76 fue la última en su historia, ya que pese a haberse observado varias revueltas militares en los años posteriores a la caída de la dictadura, no consiguieron derrocar a los Gobiernos democráticos.

La Constitución de la Nación argentina, que fue reformada en 1994, proclama la democracia en su artículo primero que manifiesta que “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana, federal, según la establece la presente Constitución”, protegiendo al pueblo argentino de futuros conflictos introduciendo en su artículo 36 que “esta Constitución mantendrá su imperio aun cuando se interrumpiere su observancia por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático. Estos actos serán insanablemente nulos”.

Actualmente, el pueblo argentino se encuentra unido, y los movimientos sociales se orientan a la subsanación de una economía debilitada, y la búsqueda de redes alternativas por el desarrollo de una nueva economía sin fisuras, promoviendo la generación de empleos y la recuperación político-económica de un país castigado desde 1998 por una fuerte depresión y una reducción del 28% de la economía, con una tasa de pobreza que creció del 25,9% en 1998 al 38,3% en 2001, y al 57,5% en 2002.

Fuente: suite101.net

Danza macabra de cinismo

Mientras los precios de los alimentos se triplican, las fortunas inmobiliarias y los tesoros de la minoría aristocrática se elevan a millones de millones de dólares.

El mundo arábigo, de cultura y creencia musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen, a partir del orden colonial existente hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en virtud del cual las potencias victoriosas crearon la ONU e impusieron el comercio y la economía mundiales.
Gracias a la traición de Mubarak en Camp David el Estado árabe palestino no ha podido existir, pese a los acuerdos de la ONU de noviembre de 1947, e Israel se convirtió en una fuerte potencia nuclear aliada a Estados Unidos y la OTAN.

El Complejo Militar Industrial de Estados Unidos suministró decenas de miles de millones de dólares cada año a Israel y a los propios estados árabes sometidos y humillados por éste.

El genio ha salido de la botella y la OTAN no sabe cómo controlarlo.
Van a tratar de sacarle el máximo provecho a los lamentables sucesos de Libia. Nadie sería capaz de saber en este momento lo que allí está ocurriendo. Todas las cifras y versiones, hasta las más inverosímiles, han sido divulgadas por el imperio a través de los medios masivos, sembrando el caos y la desinformación.

Es evidente que dentro de Libia se desarrolla una guerra civil. ¿Por qué y cómo se desató la misma? ¿Quiénes pagarán las consecuencias? La agencia Reuters, haciéndose eco del criterio de un conocido banco de Japón, el Nomura, expresó que el precio del petróleo podría sobrepasar cualquier límite:

“‘Si Libia y Argelia suspenden la producción petrolera, los precios podrían llegar a un máximo por encima de 220 dólares por barril y la capacidad ociosa de la OPEP sería reducida a 2,1 millones de barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los 147 dólares por barril en el 2008’, aseveró el banco en una nota.”

¿Quiénes podrían pagar hoy ese precio? ¿Cuáles serían las consecuencias en medio de la crisis alimentaria?

Los líderes principales de la OTAN están exaltados. El Primer Ministro británico, David Cameron, informó ANSA, “…admitió en un discurso en Kuwait que los países occidentales se equivocaron en apoyar gobiernos no democráticos en el mundo árabe.” Se le debe felicitar por la franqueza.
Su colega francés Nicolás Sarkozy declaró: “La prolongada represión brutal y sangrienta de la población civil libia es repugnante”.

El canciller italiano Franco Frattini declaró “‘creíble’ la cifra de mil muertos en Trípoli […] ‘la cifra trágica será un baño de sangre’.”

Hillary Clinton declaró: “…el ‘baño de sangre’ es ‘completamente inaceptable’ y ‘tiene que parar’…”

Ban Ki-moon habló: “‘Es absolutamente inaceptable el uso de la violencia que hay en el país’.”

“…‘el Consejo de Seguridad actuará de acuerdo a lo que decida la comunidad internacional’.”

“‘Estamos considerando una serie de opciones’.”

Lo que Ban Ki-moon espera realmente es que Obama diga la última palabra.

El Presidente de Estados Unidos habló en la tarde de este miércoles y expresó que la Secretaria de Estado saldría para Europa a fin de acordar con sus aliados de la OTAN las medidas a tomar. En su cara se apreciaba la oportunidad de lidiar con el senador de la extrema derecha de los republicanos John McCain; el senador pro israelita de Connecticut, Joseph Lieberman y los líderes del Tea Party, para garantizar su postulación por el partido demócrata.

Los medios masivos del imperio han preparado el terreno para actuar. Nada tendría de extraño la intervención militar en Libia, con lo cual, además, garantizaría a Europa los casi dos millones de barriles diarios de petróleo ligero, si antes no ocurren sucesos que pongan fin a la jefatura o la vida de Gaddafi.

De cualquier forma, el papel de Obama es bastante complicado. ¿Cuál será la reacción del mundo árabe y musulmán si la sangre en ese país se derrama en abundancia con esa aventura? ¿Detendrá una intervención de la OTAN en Libia la ola revolucionaria desatada en Egipto?
En Iraq se derramó la sangre inocente de más de un millón de ciudadanos árabes, cuando el país fue invadido con falsos pretextos. ¡Misión cumplida! proclamó George W. Bush.

Nadie en el mundo estará nunca de acuerdo con la muerte de civiles indefensos en Libia o cualquier otra parte. Y me pregunto: ¿aplicarán Estados Unidos y la OTAN ese principio a los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis y los soldados de esa organización matan todos los días en Afganistán y Pakistán?
Es una danza macabra de cinismo.

Fidel Castro Ruz
Febrero 23 de 2011
7 y 42 p.m.

Política y la cultura del miedo

Cuando se implanta en nuestro país la táctica de meter miedo a todo el mundo para lograr los objetivos que se quieren conseguir, se inicia una época de oscurantismo que nos ha llevado a las más distintas situaciones de carácter pernicioso para el buen vivir y el buen ser del ciudadano costarricense.

Cuando el miedo invade todos los estratos de la sociedad, esta se vuelve violenta, irreflexiva, desconsiderada, incapaz de dar soluciones y cae en la desesperanza y la falta de fe, descalificando cuanta iniciativa de recomposición se presente.

Si aunado a lo anterior el sistema político-administrativo pierde el rumbo, los objetivos y la capacidad de tomar decisiones, la tragedia está a la vuelta de la esquina.

Esta es la situación de Costa Rica en estos momentos y el panorama del futuro se presenta nublado, desconcertado y propio para permitir la entrada de enemigos que quieran destruir nuestras conquistas socio-económicas, socio-políticas y socio-laborales.

La capacidad de depredación humana a que hemos llegado en el Siglo XXI es difícil que haya existido en otra época, sobre todo por la sofisticación destructiva que el hombre actual ha logrado haciendo uso de la herramienta tecnológica.

Las obras de infraestructura dadas en concesión han sido planteadas, concebidas y adjudicadas a base de una actitud miedosa, de temor a los desafíos que presentaban y han sido vigiladas y desarrolladas a base del temor permanente de unos y otros, explicándosenos así, las barbaridades técnicas y constructivas con ausencia total de ingeniería, sentido de la responsabilidad profesional y de servicio a que está obligado cualquier profesional dentro de la función pública y privada.

Cuando algún político y administrador publico inventa que no somos capaces de construir obras mayores para la infraestructura, que no tenemos recursos económicos para realizarlas, que no tenemos posibilidades de nada, saca a la luz pública la genial idea de que la solución es dar en concesión las obras y así solucionar el problema.

El miedo y el temor que invadió a estos administradores públicos, hizo posible que los resultados de sus decisiones estén causando tanto daño al país, al prestigio de sus profesionales y al erario público, empobreciendo cada vez más a nuestra Nación y dificultando, finalmente, el poder llegar a la solución correcta.

Pasar del miedo a la confianza en sí mismo, a creer en las capacidades de los profesionales nacionales no es cosa fácil después de muchos años en que la práctica del “dejar hacer y del dejar pasar” ha calado hondo en las mentes e inteligencias de los responsables de la administración pública, debilitando en su proyección, a muchos excelentes profesionales.

Estamos seguros que pronto, sacando experiencias de lo sucedido, tendremos de nuevo a valiosos colegas haciéndole frente al diseño y construcción de grandes obras en nuestro país.

Las organizaciones serán lo que las personas que las dirigen, quiere que sean.

Fuero Sindical: Histórica sentencia a favor de Delegado Sindical en Correos de Costa Rica

El viernes 11 de Febrero de 2011 se ordenó, por parte de la Gerencia de Correos de Costa Rica, la reistalación del delegado sindical Kendal Campos quien laborará en Correos de Puntarenas en acatamiento del fallo del tribunal,el trabajador no se reicorporará a su puesto por decisión propia ya que cuenta con otro trabajo al haberse graduado com enfermero.

Acá lo importante es que todo Delegado Sindical es cubierto por el “fuero sindical” de acuerdo a este fallo.

Ante esta extraordinaria noticia, felicitamos al equipo de trabajo de la Unidad de Asesoría Jurídica, UAJ, de la ANEP, por cuanto esta sentencia marca un precedente histórico en materia de Fuero Sindical protector para delegados y para delegadas sindicales de base de la organización en los centros de trabajo.

La sentencia completa la puedes leer en ARCHIVOS ADJUNTOS en la columna derecha.

FSM Dakar: Declaración de la Asamblea de los Movimientos Sociales

FSM Dakar (Senegal)

Nosotras y nosotros, reunidos en la Asamblea de Movimientos Sociales, realizada en Dakar durante el Foro Social Mundial 2011, afirmamos el aporte fundamental de África y de sus pueblos en la construcción de la civilización humana. Juntos, los pueblos de todos los continentes, libramos luchas donde nos oponemos con gran energía a la dominación del capital, que se oculta detrás de la promesa de progreso económico del capitalismo y de la aparente estabilidad política. La descolonización de los pueblos oprimidos es un gran reto para los movimientos sociales del mundo entero.

Afirmamos nuestro apoyo y solidaridad activa a los pueblos de Túnez y Egipto y del mundo árabe que se levantan hoy para reivindicar una real democracia y construir poder popular. Con sus luchas, muestran el camino a otro mundo, libre de la opresión y de la explotación.

Reafirmamos con fuerza nuestro apoyo a los pueblos de Costa de Marfil, de África y de todo el mundo en su lucha por una democracia soberana y participativa. Defendemos el derecho a la autodeterminación y el derecho colectivo de todos los pueblos del mundo.

En el proceso del FSM, la Asamblea de Movimientos Sociales es el espacio donde nos reunimos desde nuestra diversidad para juntos construir agendas y luchas comunes contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo y todo tipo de discriminación.

En Dakar celebramos los 10 años del primer FSM, realizado en 2001 en Porto Alegre, Brasil. En este periodo hemos construido una historia y un trabajo común que permitió algunos avances, particularmente en América Latina donde logramos frenar alianzas neoliberales y concretar alternativas para un desarrollo socialmente justo y respetuoso de la Madre Tierra.

En estos 10 años vimos también la eclosión de una crisis sistémica, expresada en la crisis alimentaria, ambiental, financiera y económica, que resultó en el aumento de las migraciones y desplazamientos forzados, de la explotación, del endeudamiento, y de las desigualdades sociales.

Denunciamos el rol de los agentes del sistema (bancos, transnacionales, conglomerados mediáticos, instituciones internacionales etc.), que, en búsqueda del máximo lucro, mantienen con diversos rostros su política intervencionista a través de guerras, ocupaciones militares, supuestas misiones de ayuda humanitaria, creación de bases militares, saqueos de los recursos naturales, la explotación de los pueblos, y manipulación ideológica. Denunciamos también la cooptación que estos agentes ejercen a través de financiamentos de sectores sociales de su interés y sus prácticas asistencialistas que generan dependencia.

El capitalismo destruye la vida cotidiana de la gente. Pero a cada día nacen múltiples luchas por la justicia social, para eliminar los efectos que dejó el colonialismo y para que todos y todas tengamos una digna calidad de vida. Afirmamos que los pueblos no debemos seguir pagando por esta crisis sistémica y que no hay salida a la crisis dentro del sistema capitalista!

Reafirmando la necesidad de construir una estrategia común de lucha contra el capitalismo, nosotros, movimientos sociales:

Luchamos contra las trasnacionales porque sostienen el sistema capitalista, privatizan la vida, los servicios públicos, y los bienes comunes, como el agua, el aire, la tierra, las semillas, y los recursos minerales. Las transnacionales promueven las guerras a través de la contratación de empresas militares privadas y mercenarios, y de la producción de armamentos, reproducen prácticas extractivistas insostenibles para la vida, acaparan nuestras tierras y desarrollan alimentos transgénicos que nos quitan a los pueblos el derecho a la alimentación y eliminan la biodiversidad.

Exigimos la soberanía de los pueblos en la definición de nuestro modo de vida. Exigimos políticas que protejan las producciones locales que dignifiquen las prácticas en el campo y conserven los valores ancestrales de la vida. Denunciamos los tratados neoliberales de libre comercio y exigimos la libre circulación de seres humanos.

Seguimos movilizándonos por la cancelación incondicional de la deuda pública de todos los países del Sur. Denunciamos igualmente, en los países del Norte, la utilización de la deuda pública para imponer a los pueblos políticas injustas y antisociales.

Movilicémonos masivamente durante las reuniones del G8 y G20 para decir no a las políticas que nos tratan como mercancías!

Luchamos por la justicia climática y la soberanía alimentaria. El calentamiento global es resultado del sistema capitalista de producción, distribución y consumo. Las transnacionales, las instituciones financieras internacionales y gobiernos a su servicio no quieren reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Denunciamos el “capitalismo verde” y rechazamos las falsas soluciones a la crisis climática como los agrocombustibles, los transgénicos y los mecanismos de mercado de carbono, como REDD, que ilusionan a poblaciones empobrecidas con el progreso, mientras privatizan y mercantilizan los bosques y territorios donde han vivido miles de años.

Defendemos la soberanía alimentaria y el acuerdo alcanzado en la Cumbre de los Pueblos Contra el Cambio Climático y por los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba, donde verdaderas alternativas a la crisis climática han sido construidas con movimientos y organizaciones sociales y populares de todo el mundo.

Movilicémonos todas y todos, especialmente el continente africano, durante la COP-17 en Durban, Sudáfrica, y la Río +20, en 2012, para reafirmar los derechos de los pueblos y de la Madre Tierra y frenar el ilegítimo acuerdo de Cancún.

Defendemos la agricultura campesina que es una solución real a la crisis alimentaria y climática y significa también acceso a la tierra para la gente que la vive y la trabaja. Por eso llamamos a una gran movilización para frenar el acaparamiento de tierras y apoyar las luchas campesinas locales.

Luchamos contra la violencia hacia la mujer que es ejercida con regularidad en los territorios ocupados militarmente, pero también contra la violencia que sufren las mujeres cuando son criminalizadas por participar activamente en las luchas sociales. Luchamos contra la violencia doméstica y sexual que es ejercida sobre ellas cuando son consideradas como objetos o mercancías, cuando la soberanía sobre sus cuerpos y su espiritualidad no es reconocida. Luchamos contra el tráfico de mujeres, niñas y niños.

Defendemos la diversidad sexual, el derecho a autodeterminación de género, y luchamos contra la homofobia y la violencia sexista.

Movilicémonos todos y todas, unidos, en todas las partes del mundo contra la violencia hacia la mujer.

Luchamos por la paz y contra la guerra, el colonialismo, las ocupaciones y la militarización de nuestros territorios. Las potencias imperialistas utilizan las bases militares para fomentar conflictos, controlar y saquear los recursos naturales, y promover iniciativas antidemocráticas como hicieron con el golpe de Estado en Honduras y con la ocupación militar en Haiti. Promueven guerras y conflictos como hacen en Afganistán, Iraq, la República Democrática del Congo y en varios otros paises.

Intensifiquemos la lucha contra la represión de los pueblos y la criminalización de la protesta y fortalezcamos herramientas de solidaridad entre los pueblos como el movimiento global de boicot, desinversiones y sanciones hacia Israel. Nuestra lucha se dirige también contra la OTAN y por la eliminación de todas las armas nucleares.

Cada una de estas luchas implica una batalla de ideas, en la que no podremos avanzar sin democratizar la comunicación. Afirmamos que es posible construir una integración de otro tipo, a partir del pueblo y para los pueblos y con la participación fundamental de los jóvenes, las mujeres, campesinos y pueblos originarios.

La asamblea de movimientos sociales convoca a fuerzas y actores populares de todos los países a desarrollar dos acciones de movilización, coordinadas a nivel mundial, para contribuir a la emancipación y autodeterminación de nuestros pueblos y para reforzar la lucha contra el capitalismo.

Inspirados en las luchas del pueblo de Túnez y Egipto, llamamos a que el 20 de marzo sea un día mundial de solidaridad con el levantamiento del pueblo árabe y africano que en sus conquistas contribuyen a las luchas de todos los pueblos: la resistencia del pueblo palestino y saharaoui, las movilizaciones europeas, asiáticas y africanas contra la deuda y el ajuste estructural y todos los procesos de cambio que se construyen en América Latina.

Convocamos igualmente a un día de acción global contra el capitalismo el 12 de octubre donde, de todas las maneras posibles, rechazaremos ese sistema que destruye todo a su paso.

Movimientos sociales de todo el mundo, ¡¡avancemos hacia la unidad a nivel mundial para derrotar al sistema capitalista!!

¡¡¡Nosotras y nosotros venceremos!!!

FSM Dakar (Senegal) – 10 de febrero de 2011

Fuente: Movimientos.org
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Concluye el Foro Social Mundial de Dakar
“Un significatico paso adelante para los movimientos sociales africanos”

Sergio Ferrari
Rebelión

“Superamos las expectativas más optimistas”, “Muchos presidentes africanos hoy tiemblan”, afirman organizadores.

Una multitudinaria movilización popular en la apertura el domingo 6 de febrero; la diversidad de centenares de talleres y asambleas temáticas; las mini-movilizaciones a favor de causas específicas dentro del recinto de la universidad capitalina Diop; y el clima festivo y al mismo tiempo reflexivo marcaron la tonalidad de la edición del Foro Social Mundial (FSM) de Dakar.

En la que sobresalieron tres grandes protagonistas: las mujeres con sus organizaciones y redes; los campesinos en su lucha contra el flagelo cada vez más asfixiante del acaparamiento de tierras; y, muy particularmente, los migrantes.

En síntesis, los encuentros de varios mundos en un mismo espacio. Signos todos de un Foro Social Mundial que a pesar de los problemas organizativos de arranque concluyó en alza este viernes 11. Y que excedió, a nivel de resultados, las perspectivas más optimistas de los coordinadores africanos.

“Significa una gran sorpresa para nosotros mismos, en particular por la movilización que ha engendrado y por la participación desbordante, que duplica nuestros cálculos iniciales que eran de entre 40.000 y 50.000 participantes”, subraya Taoufik Ben Abdallah, militante e intelectual tunecino que integra el Comité Africano de Organización.

Sin esconder en su balance la autocrítica por los “problemas organizativos graves del primer día” (ndr. que paralizaron parcialmente las actividades al no haber aulas libres para realizarlas) y “por las fallas técnicas que en algunos casos no logramos superar totalmente”.

“Lo que mejor funcionó desde el inicio mismo fueron las aldeas internas (carpas) de las mujeres, los campesinos, los migrantes y sindicatos”. En síntesis, la parte impulsada por los movimientos sociales, quienes en la tarde del jueves 10 aprobaron la Declaración de Dakar, una radiografía-extracto de una parte importante de los debates de este Foro, de sus prioridades de movilizaciones futuras y de la agenda común de acción para 2011.

Si se trata de evaluar el impacto de la sesión de Dakar en la vida interna del proceso iniciado en Porto Alegre en 2001 que celebra su primera década de existencia, las pulsaciones vitales son de continuidad más que de cambios conceptuales bruscos.

“El FSM es un espacio abierto. No nos proponemos reunir a todos los actores participantes para imponerles una voluntad política única. Una declaración final en vez de abrir el espacio arriesgaría dividirlo, debilitarlo… Lo que no impide que los movimientos, redes y campañas que trabajan juntos puedan producir sus propias declaraciones comunes, como ha sucedido en ediciones anteriores” enfatiza Taoufik Ben Abdallah.

El FSM de Dakar y África

Los levantamientos populares en Túnez y Egipto de las últimas semanas estuvieron omnipresentes en los debates del FSM. “Es una coyuntura política que no se veía desde hace años. Son países del África, son naciones árabes… y lo que se vive allí tiene un impacto directo en todo el continente y en el mundo árabe”, explica el intelectual senegalés Demba Moussa Dembélé, director del Foro Africano de Alternativas y también miembro del Comité Africano de Organización.

“Muchos otros presidentes de Estados africanos hoy están temblando al ver lo que pasa allí. Y el mensaje es claro: los pueblos siempre tienen la última palabra”, enfatiza Moussa Dembélé. Quien no duda de que lo que acaba de vivirse en Dakar, “significará un aporte directo a la consolidación de los movimientos sociales africanos”.

La mayoría de los cuales –sigue reflexionando- están representados dentro del Foro Social Africano (FSA), y llegaron a Dakar con sus programas y reivindicaciones propias de luchas específicas en sus países y regiones.

“Será una de las tareas del FSA, que federa la mayoría de esos movimientos, una vez concluida la cita de Dakar, ver como sistematiza las ideas, propuestas y campañas, para pensar como se refuerzan donde ya están presentes. Y sobre todo cómo extender el concepto del Foro en aquellos países o regiones del continente donde su inserción es aún débil”.

Los objetivos en el marco de este largo proceso de acumulación de fuerzas son dos según Moussa Dembélé: reforzar la fuerza de los movimientos para articular sus propias reivindicaciones a favor de la población africana y aumentar su capacidad de interlocución con el poder público en todo el continente”.

Para el intelectual senegalés, “el gran debate que se dio en este FSM, tocó los temas esenciales de los desafíos totales que confrontan África y el mundo. Pudimos poner sobre la mesa las preguntas de fondo que atraviesan al continente: la temática agraria, la soberanía alimentaria, los recursos naturales, la nueva democracia, la soberanía de los pueblos, la crisis profunda del capitalismo”.

En ese sentido la edición de Dakar, “aportó una reflexión seria y profunda más allá del componente de la protesta habitual de los movimientos sociales contra la guerra, contra el cambio climático, contra las crisis financieras y el acaparamiento de tierras”.

En Dakar, “África afirmó su conciencia. Lo habíamos soñado y lo ratificamos como un logro: que esta edición marque una etapa mayor en el desarrollo del movimiento social africano y, de igual forma, del movimiento altermundialista mundial”.

Para Moussa Dembélé, “Dakar marca una ruptura y una nueva etapa. Ruptura con respecto al acento puesto en la protesta y en la separación que se vive a veces entre los movimientos sociales y el mundo político”.

Los cambios en América Latina son posibles “por la aproximación estrecha entre esos movimientos y el poder político. La reflexión del debate de Dakar nos lleva a pensar que todo cambio de sociedad implica tanto a los movimientos sociales como al mundo político. Y exige una nueva voluntad política común”, concluye.

“Ganamos la batalla informativa”

Cientos de periodistas y comunicadores, particularmente de África, cubrieron el FSM de Dakar. Muchos de ellos pertenecen a medios alternativos.

La prensa local senegalesa aseguró una cobertura de proximidad. El periódico “Le Quotidien” publicó en separata diaria la “Flamme d’Afrique”, publicación propia del Foro y sus organizaciones africanas.

Fue llamativa, también, la cobertura sistemática del evento por parte de la BBC y la Radio Francia Internacional, quienes le brindaron espacios relativamente amplios en sus programaciones diarias.

“Fue uno de los logros principales de esta edición de Dakar en relación a la información” enfatiza Bernard Bokodjin, sociólogo de la comunicación togolés, militante del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) en su país, quien desde hace tres semanas llegó a Dakar para reforzar, en tanto que benévolo, el pequeño equipo de Prensa del Foro, y en especial la relación directa entre los organizadores y los periodistas.

“Pienso que a pesar de nuestras limitaciones, el FSM ganó la batalla mediática, particularmente en África”, subraya Bokodjin. “Es ahora un desafío para el Consejo Internacional y los organizadores africanos dar continuidad a este trabajo. Deben apropiarse realmente de esos contactos para seguir informando y asegurar así que el proceso del Foro siga teniendo el impacto mediático que le corresponde”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://rebelion.org/noticia.php?id=122236

Juanito Mora: Héroe continental

Lea también: ““Juanito Mora Porras, A 150 años de su asesinato
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Para los venezolanos es motivo de orgullo, que la misma tierra que nos vio nacer, haya parido hombres y mujeres de la estatura del Padre de Nuestra América El Libertador Simón Bolívar; Francisco de Miranda, héroe de tres revoluciones; Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho; José Antonio Páez; Rafael Urdaneta; Ana María Campos; Simón Rodríguez; Andrés Bello; José Félix Rivas; entre muchos otros.

Pero en un pequeño recinto de Centro América –parafraseando a un diplomático neogranadino- nació el 8 de febrero de 1814, un costarricense, un latinoamericano ejemplar, un Héroe Continental: Don Juan Rafael Mora Porras. (Cabal Antillón: 2011)

“Don Juanito”, como le nombra su Pueblo, fue Presidente de Costa Rica durante el mayor período expansionista estadounidense, a mitad del siglo XIX, cuando los esclavistas del sur y algunos potentados del norte, bajo los principios doctrinarios del “Destino Manifiesto” pretendieron anexarse a Centroamérica para acrecentar la hegemonía política de la ambiciosa nueva potencia mundial: Los Estados Unidos de Norteamérica.

Los filibusteros, al mando del norteamericano William Walker lograron invadir y controlar militar y políticamente a Nicaragua. Ya Don Juanito presentía el peligro y no dudo en organizar un ejército miliciano nacional y convocar alrededor de él al Pueblo de Costa Rica, al decir en su primera proclama: “¡Alerta pues costarricenses! No interrumpáis vuestras nobles faenas, pero preparad vuestras armas. Yo velo por vosotros, bien convencido de que en el instante del peligro, apenas retumbe el primer cañonazo de alarma, todos, todos os reuniréis en torno mío bajo nuestro libre pabellón nacional.” (Mora Porras, Juan Rafael. Primera Proclama, 1 de marzo de 1856. Boletín Oficial.)

Pronto, los hechos posteriores le dieron la razón y un ejército de hombres y mujeres, la mayoría gente sencilla, campesinos y labriegos, acostumbrados al trabajo del campo, pero con un amor inconmensurable por su Patria, derrotaron sucesivamente al invasor yanqui, en la batalla de Santa Rosa (20 de marzo de 1856), en el puerto lacustre de La Virgen (7 de abril), en Sardinal (10 de abril), en Rivas (11 de abril de 1856) y en la brillante “campaña del Tránsito” en el río San Juan (diciembre de 1856 a febrero de 1857).

Los centroamericanos tuvieron que superar el predominio numérico, la mayor experiencia, equipamiento y recursos económicos del opresor y la peste del cólera que por ese tiempo atacaba las insalubres ciudades arrasadas por la avaricia de los opresores del norte.

Derrotado el facineroso, acabada la guerra, Don Juanito llamó a sus hombres a seguir en sus labores de hacer producir una tierra exuberante, fértil, bendecida por Dios, pero también a estar pendiente de si de nuevo “esa pestífera canalla” intentare mancillar la Patria costarricense, “…la tosca herramienta en arma trocar”. (Cabal Antillón: 2011)

Don Juanito, siguiendo el ejemplo de Bolívar, ofreció a Costa Rica para realizar un acto similar al “congreso anfitriónico de Panamá”, tal y como lo señala el Ilustre Historiador Armando Vargas Araya, “…tomó la osada decisión diplomática de reunir en Costa Rica un Gran Congreso Iberoamericano, «realizado ya una vez por el pensamiento del ilustre Libertador de las Américas». La iniciativa era continuación del Congreso Anfictiónico de Panamá. La convocatoria explicaba que las primeras escenas de la agresión filibustera habían comenzado a bosquejarse en la anexión de Tejas, en la invasión de México y en la ocupación de California. La presencia en el istmo de tropas procedentes de Estados Unidos, despertaba «el más noble entusiasmo en defensa de la independencia y libertad de todas las naciones que pueblan el continente Hispanoamericano». (Vargas Araya: 2010)

Don Juanito fue derrocado por la oligarquía de aquel entonces. Expulsado de su país, fue víctima de un engaño y al volver, fue fusilado en un crimen de Estado terrible, el 30 de septiembre de 1860. La Asamblea Legislativa de Costa Rica, a los 150 años de su muerte, lo declaró Libertador y Héroe Nacional.

El “Destino Manifiesto” no respetaba fronteras ni nacionalidades, ya lo había demostrado en México y en Nicaragua, sólo lo detuvo la férrea voluntad de un Pueblo que siguió a su gran Presidente. Entonces surge la pregunta para todos los suramericanos: ¿Qué hubiera pasado con nuestros Pueblos si no se hubiese detenido al Imperio Filibustero justo al iniciar su camino de conquista del Sur? En la respuesta a esta interrogante se encuentra la grandeza e importancia de Don Juanito Mora, un Héroe Continental.

Como dijo Neruda en su canto a Bolívar, el Libertador_ “…despierto (a) cada 100 años cuando despierta el Pueblo” con el también despiertan los héroes de toda nuestra América que en el caso de Juanito Mora nos llama a la solidaridad y a la unión pues como él lo señaló en su momento: “Al pelear por la salvación de nuestros hermanos (los nicaragüenses) combatiremos también (…) por nuestra patria idolatrada y la independencia de Hispanoamérica.”_ (Mora Porras, Juan Rafael. Primera Proclama, 1 de marzo de 1856. Boletín Oficial.)

Fuente: Aporrea.org

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Dionisio Cabal reinvindica a Juanito Mora y Pancha Carrasco en obra de teatro

Exaltar la figura del expresidente costarricense Juan Rafael Mora Porras como un prócer latinoamericano, precursor incluso del político, periodista, filósofo y poeta cubano José Martí: ese es el objetivo que persigue el folclorista y cantautor Dionisio Cabal con una nueva publicación.

  • Estudio retrata a ‘Juanito’ Mora como el precursor de José Martí
  • ‘El vuelo a la libertad’ narra la vida de ‘Pancha’ Carrasco y la muerte de Mora
  • Ofrece una lectura alternativa sobre los motivos que llevaron a su fusilamiento


En el marco del 197.° aniversario del natalicio de Mora –el 8 de febrero de 1814– , Cabal completó una indagación histórica sobre Mora y se decidió a compartir lo encontrado sobre él a través de una pieza teatral titulada El vuelo a la libertad.

“Don Juanito es un prócer continental, precursor de movimientos contemporáneos que reinvindican la nacionalidad, la identidad y la soberanía. Es el primero en desafiar victoriosamente la Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, preconizado como derecho natural del expansionismo estadounidense”, recalcó el investigador costarricense.

“La historiografía costarricense ha abordado el tema de la Campaña Nacional de 1856 de forma deficitaria y tendenciosa, y en algunos casos complaciente y cómplice, de modo que tanto la figura de Mora como la de Pancha Carrasco han carecido de la relevancia que merecen”, agregó Cabal, justificando su nueva obra.

Mora y ‘Pancha’ Carrasco. El nuevo estudio está escrito en forma de drama. La obra se desarrolla en cinco actos y 12 escenas, en las que se desgranan los episodios más sobresalientes de la vida de Francisca Pancha Carrasco –a quien Cabal describe como “una mujer adelantada a su tiempo”–. Esta, a su vez, narra la muerte de don Juanito Mora.

¿Por qué Carrasco? Cabal la considera como una mujer valiente, visionaria y fiel a sus convicciones, que debió enfrentarse sola a un difícil panorama político, a una sociedad rígida que limitaba el campo de acción de la mujer a la maternidad y el hogar. “Fue una mujer notable. Sin amparo de ninguna teoría, actuó a partir de la realidad, vivió como pensó que debía vivir. En su historia se subraya la incidencia de la sexualidad. Fue una mujer que quiso ser libre y lo intenta con el mayor desparpajo, en aquel mundo plagado de prejuicios sociales”, opinó el investigador.

Así, entrelazando ambas figuras (Mora y Carrasco), la nueva publicación intenta desgranar las razones de los asesinatos de don Juanito y del general José María Cañas; los entretelones de la Campaña Nacional de 1856-1857; así como explorar la verdadera razón detrás de la escogencia de Juan Santamaría como héroe nacional oficial y hasta detallar las anécdotas amorosas de Pancha Carrasco.

Cabal incorpora elementos tomados de la memoria colectiva y rescatados mediante la tradición oral. Por ejemplo, el fusilamiento de Mora – eje central de la obra– reproduce el relato del pescador puntarenense Santos Juárez Juárez, el cual se ha transmitido de generación en generación.

También incluye un amplio apartado con 134 citas bibliográficas “que respaldan mi planteamiento sobre los acontecimientos, pues la obra aspira ser reflejo de la verdad histórica”, dijo.

Quienes deseen conocer mejor este estudio, pueden asistir hoy a partir de las 7 p. m. al Instituto de México, en Los Yoses, San Pedro de Montes de Oca, donde se presentará la obra El vuelo a la libertad.

Fuente: LN.S.A.
Andrea Solano B.

Triquiñuelas tributarias

¿Qué porción de ese 40% es lo que se dice realmente rica? Y cuando digo rica, es rica: mansión en Escazú; casa de playa; yate privado; auto del año para cada miembro de la familia; viajes frecuentes a Estados Unidos y Europa, trajes fifth avenue New York, etc. No lo sabemos, pero ha de ser una fracción muy pequeña ¿1 de cada mil? Seguramente menos. Váyase a saber. Luego vendrán los que son relativamente ricos, pero no ricos-ricos. Y a lo poco que bajemos unos cuantos escalones empezamos a entrar claramente en lo que uno identifica como grupos o clase media. Parte de esta algo más acomodada, pero basta que usted descienda un poquillo más por la escalera, y comienza a toparse con gente que la suda, y con ganas, para medio mantener un status que más o menos coincida con sus aspiraciones clasemedieras.

El caso es que, si uno deja de lado por un ratito las artificiosas taxonomías oficiales sobre pobreza, se da cuenta que, en general, la mayor parte del pueblo tico tiene que pulsearla, y bien duro, para sobrevivir. Si no son exactamente pobres, como mínimo se ven forzados a vivir al día. Y, la pura verdad, esa es la realidad de la mayor parte de nuestra clase media y, por lo tanto, de una porción sustancial de ese “40% (presuntamente) privilegiado” de que habla el Ministro de Hacienda.

Agreguemos un detalle importante: la asfixia presupuestaria a que el neoliberalismo reinante somete a los servicios públicos. De ahí que una parte sustantiva de esos grupos medios se la juegan recurriendo, hasta donde pueden, a los servicios privados de educación y salud. Ello es seguramente más claro en este segundo caso y resulta un fenómeno comprensible. Piénsese nada más en las citas que el Seguro Social pospone por muchos meses, incluso tratándose de enfermedades tan serias como el cáncer.

La secuencia es más o menos así: 1) debilitar (y en esas siguen) los servicios públicos; 2) poner la mesa para el negocio privado con esos mismos servicios (una tarea a cuyo favor el TCL aporta “contribuciones” de grandísimo alcance); 3) atornillar a los grupos medios a los que han compelido a recurrir a esa onerosa oferta privada. Perdón si esto caricaturiza la situación, pero a veces la caricatura es una forma eficaz de representar la realidad.

El tema tiene, sin embargo, otras aristas igualmente problemáticas.

Por ejemplo, la aplicación del impuesto del 15% sobre ingresos provenientes de intereses o alquileres. El problema aquí está en el criterio indiscriminado con arreglo al cual se aplicaría el tributo. Este lo mismo sería pagado por la viuda que recibe una extrita de 125 mil colones con la casita que alquila o el potentado dueño de un “mall” que percibe miles y miles de dólares por concepto de alquiler de locales comerciales. Y el 15% lo pagará igual el maestro de primaria que, en sus cincuentas, se esfuerza por ahorrar a plazo en un banco público en prevención de su ya cercano retiro y la no tan lejana vejez, que el súper rico cuyas inversiones financieras se tasan en millones de dólares, y a quien nada lo ata a los humildes y aburridos (aunque confiables) instrumentos de inversión que ofrecen nuestros bancos. Él tiene a sus pies el mundo, para invertir, si así lo desea, en Nueva York, Londres o Frankfurt.

El asunto tiene que ver con lo que la jerga tributaria llama “carácter cedular” de esos impuestos, es decir, el hecho de que ingresos como los provenientes de alquileres o intereses se gravan por aparte, a una tasa fija y uniforme. Lo ideal es, por supuesto, que se sumen como parte del ingreso total y, entonces, se graven con arreglo a una tasa progresiva: más alta conforme más alto el ingreso. Si así fuera, posiblemente la señora viuda del cuento no tendría que pagar impuesto alguno (obviamente eso sería lo justo y equitativo) y el ricachón dueño del “mall” pagaría el monto debido, según los muchísimos millones que le pagan las boutiques, bares, cines y supermercados que le alquilan.

Y si además se aplicara –que no se está haciendo- el concepto de “renta mundial”, entonces el millonetas que invierte en las bolsas de París o Tokyo, deberá pagar por lo que ahí gana, cosa que hoy no hace. Con lo cual decimos que, en la práctica, este señorito de plata puede no tener que pagar nada por sus ingresos provenientes de inversiones financieras, muy diferente del ahorrativo maestro de nuestra historia que, sin escapatoria posible, deberá cubrir el 15% que la Presidenta Chinchilla quiere recetarle.