“PARA EL LIBRE COMERCIO NO SE NECESITA EL TLC”

Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez

Juan José Sobrado, experto en materia legal, decidió estudiar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos hasta conocerlo al dedillo porque es partidario de que para que la democracia funcione deben tomarse las decisiones basadas en la verdad y el conocimiento.

De su estudio concluye que se creó un espejismo para confundir a la ciudadanía y no hablarle con la verdad sobre las implicaciones de aprobar o no el famoso TLC.

“No debe confundirse el TLC con el libre comercio; estoy de acuerdo con el libre comercio pero no con lo que viene oculto en el TLC. Propongo que se alcance el libre comercio por una ley unilateral; así como Estados Unidos por ley rebajó los aranceles a los productos para ingresar en Costa Rica, nosotros podemos hacer lo mismo, dejando los productos sensibles sin necesidad de un tratado”
, explicó.

Insiste en que su decisión es de carácter intelectual y no en representación de ningún grupo porque su único propósito es informar a las personas sobre los alcances del tratado para que tengan bases para decidir.

¿Por qué decide involucrarse en esta discusión? – Para ofrecer bases a los ciudadanos para decidir. Porque para lograr el libre comercio no es necesario enajenar políticamente al país con un TLC que no es necesario y más bien tiene muchos aspectos perjudiciales, como el tema de los medicamentos, que se van a encarecer por las patentes. También los productos frescos, los que compramos en la feria van a encarecerse por los plaguicidas, los abonos y la maquinaria que utilizan, ya que van a tener que pagar más para producir. Además la generación de electricidad será mucho más cara por los cogeneradores privados, así como los servicios de los colegios profesionales.

¿Se excedieron los negociadores en el tema de patentes? – Completamente, incluso 15 senadores norteamericanos han denunciado al contralor de ese país que los negociadores de los tratados de libre comercio han violado la ley y los términos del “fast track” imponiéndoles a estos países condiciones que la ley norteamericana no permite. Aquí los negociadores dieron más de lo que Estados Unidos da y permite. Eso es solo una muestra de que no es necesario un TLC para lograr el libre comercio.

¿Por qué no se ha dicho esto antes? – En Costa Rica porque no hay ocasión de hacerlo. No han realizado debates. Todo ha sido satanizar una cosa o la otra. Se toman posiciones sin analizar o conocer. Es como los fanáticos de la Liga y Saprissa, que no se detienen a escuchar razones. Pero en Estados Unidos se denunció desde octubre pasado ante el contralor general de Estados Unidos por el senador Edward Kennedy y el representante Henry Waxman por considerar que van en contra de las reglas establecidas a la administración para la negociación de los TLC en la Trade Promotion Act de 2002 o ley del “fast track”, así como de los intereses políticos de Estados Unidos, de que la población de los países en desarrollo sea sana y pueda así desarrollar su país, como parte de un desarrollo global que beneficie a Estados Unidos. En el mismo sentido, tales representantes y 14 más desde junio del año pasado habían protestado ante la encargada del Comercio Exterior, señora Schwab, por estos actos contrarios a la ley y a los intereses de Estados Unidos. Por eso resulta inexplicable y absurdo que aquí el gobierno defienda tales actos lesivos a la salud pública y a la seguridad social, y que el pueblo de Costa Rica tenga que ser defendido por los representantes populares de Estados Unidos.

¿Entonces la discusión del TLC en Costa Rica es como un clásico de fútbol? – Es peor. Es la manada humana “jueteada” con imágenes que se le han dado haciéndole creer cosas que no son ciertas y la democracia no funciona sin la verdad; las decisiones deben tomarse con las cartas sobre la mesa porque si no la decisión de la mayoría está viciada. Como decimos los abogados, tiene vicio en el consentimiento.

¿Es necesario el TLC para darle seguridad a la relación comercial entre Estados Unidos y Costa Rica, que actualmente depende solo de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que es unilateral? – Falso, todo lo contrario. La Ley de la Cuenca del Caribe (CBI) brinda más seguridad que el TLC porque este convenio puede ser denunciado por Estados Unidos con solo dar un aviso de seis meses, según el artículo 22.7 del Tratado, no tiene plazo ni condiciones de salida. La denuncia es un acto discrecional y político del presidente que no necesita justificación alguna, de modo que por esa vía Estados Unidos puede desligarse del TLC en cualquier momento. Mientras para desinscribir a un país de los beneficios de la Cuenca del Caribe existen reglas y solo se puede hacer si un país incumple con los puntos acordados. Costa Rica cumple mejor que ningún otro país del TLC con los estándares laborales que les interesan a los demócratas que controlan ahora el Congreso, y por supuesto, con todas las demás condiciones, aparte de que se oponen a los aspectos lesivos de los países en desarrollo contenidos en los TLC.

¿Costa Rica es el único país que podría quedar fuera de los beneficios de la Cuenca del Caribe si no aprueba el TLC? – Eso no es cierto, es políticamente impensable dado que la CBI ahora es parte de la Trade Promotion Act desde el año 2000, cuando extendió esos beneficios y más a 45 países del África subsahariana, compuesta por los más pobres. Entonces quedarían, además de Costa Rica, los 17 países más pequeños de las islas del Caribe, que si son rechazados se irían inmediatamente bajo la órbita y ayuda del eje Venezuela-Irán. Aparte de que todos juntos son 62 votos en la ONU y los caribeños 17 en la OEA.

¿Se puede lograr el libre comercio entre Costa Rica y Estados Unidos sin el TLC? – Hay una alternativa obvia al TLC para establecer el libre comercio con Estados Unidos, sin los inconvenientes de aquel instrumento. Además todo lo que tiene de malo el TLC es lo que no se refiere a libre comercio. Planteo en sustitución del TLC que Costa Rica por ley unilateral, igual que lo hace la CBI, paralelamente otorgue libre comercio a los productos norteamericanos, con las pocas y necesarias salvedades del caso, supeditado, en cualquier caso, al mantenimiento de los beneficios de la CBI. De esta manera se alcanza el libre comercio que es lo positivo y necesario porque así se le agrega la vía faltante a aquél, que es una calle de dos vías. Esto además es fácil porque, gracias al proceso de desgravación arancelaria iniciado desde hace años, los aranceles existentes no son muy altos. Por otra parte, todas las reglas complementarias, como el trato nacional, protección a la propiedad intelectual, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio, reglas de origen, defensa comercial, contratación pública, etc., ya existen en el tratado de la Organización Mundial de Comercio (OMC), ratificado por Costa Rica, o en la legislación nacional.

Los promotores del TLC dicen que cuando se apruebe habrá más empleo y eso sin duda será un gran beneficio. ¿Esto es correcto?
– Las condiciones para que se haya producido y se siga produciendo la inversión extranjera están dadas desde hace mucho, y además por la apertura de la cuenta de capitales, de modo que las ganancias y el capital se pueden reexportar libremente, por lo que nada de eso se va a incrementar. También es falso que un modelo como el del TLC más oneroso para el país sede produzca más desarrollo. El caso idéntico del Nafta en México lo ilustra ampliamente, ya que luego de más de diez años de aplicación el PIB de México ha aumentado en promedio apenas un 1,3% anual, menos que ese país en años anteriores, y menos que otros países sin TLC, de modo que la conclusión es que el TLC no es opción de crecimiento para México. Así lo establecieron en noviembre pasado en un seminario en la UNAM autoridades tan indiscutibles y tan poco sospechosas de parcialidad o de izquierdismo como el Banco Mundial, el Centro de Altos Estudios Latinoamericanos David Rockefeller de la Universidad de Harvard y un prestigioso especialista en desarrollo de la Universidad de Stanford.

¿La agenda complementaria corregirá los perjuicios que pueda ocasionar el tratado a algunos sectores? – Eso es falso. Costa Rica tiene cuando menos 20 años de no invertir, o no hacerlo en forma suficiente, en infraestructura esencial como carreteras, puertos, electricidad, educación, no por falta de recursos sino en virtud de una ideología contraria a la inversión pública. Tal rezago hace que la tarea ahora sea muy grande y de gran volumen económico. No obstante se pretende que, mediante préstamos, dicho costo recaiga sobre las espaldas de un pueblo al que, conforme a lo dicho antes, se pretende además explotar indebidamente en su salud y en su alimentación. A diferencia de lo que sucedió en la Unión Europea, en que los países más desarrollados ayudaron económicamente mediante donaciones y subsidios a los menos desarrollados para compensar rápidamente su rezago. Por eso la agenda complementaria propuesta no solo no es suficiente sino que resulta gravosa en el contexto del TLC ya que a unos perjuicios une otros y porque si la agenda de desarrollo la tiene que pagar íntegra el país, mejor que lo haga entonces dentro de la fórmula obvia y mucho mejor de libre comercio que proponemos. De esta manera el país se insertaría en la globalización y el desarrollo, sin los inaceptables inconvenientes de la fórmula del TLC, contraria tanto al libre comercio y sus objetivos como a la libertad del país.

Usted conoce el texto del TLC al dedillo, ¿existe alguna diferencia con el documento enviado al Congreso para discusión?

– A la Asamblea no se enviaron las 11 cartas paralelas que recogen otros tantos acuerdos bilaterales con Estados Unidos, ni la enmienda de San Salvador aprobada por Costa Rica, de enorme importancia en cuanto al reconocimiento e incorporación en el texto multilateral de la “certificación” unilateral mencionada. Algunas de esas cartas contienen aspectos esenciales, como la que distribuye el espectro electromagnético. Tales cartas son por definición parte del acuerdo o tratado y no se pueden sustraer al conocimiento y consideración de la Asamblea Legislativa, so pena de nulidad del trámite.

Fuente:DiarioExtra

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