En el XL aniversario de la promulgación del Código de Trabajo

Es más que evidente la insistencia de ciertas corrientes de poder político y económico que, de una manera u otra, abierta o veladamente, muestran su “molestia” por la preservación en el tiempo de este importante instrumento jurídico que norma las relaciones laborales en Costa Rica; pese a que, como es muy notorio, las infracciones a sus postulados son cuestión de todos los días, en los distintos niveles del desenvolvimiento de las relaciones productivas.

La pretensión central de estos sectores es revertir algunos de sus principales contenidos, para dar paso a la instauración de la pretendida “competitividad”, con base en la reducción de los estándares laborales que establece esta crucial legislación. Sobran indicadores de esa estratregia de reversión de los postulados de nuestro todavía vigente Código de Trabajo. Veamos algunos:

La férrea resistencia, ya clásica, de una buena parte del empresariado nacional, de marcada conducta antidemocrática, por impedir el libre ejercicio de la Libertad Sindical para sus respectivos obreros;

La propuesta de la denominada “flexibilización” de la jornada de trabajo (ya de por sí impuesta ilegalmente en ciertas actividades productivas a exigencias empresariales, fundamentalmente transnacionales);

El descarnado ataque al que debería ser el mecanismo estrella de las relaciones obrero-patronales: la Convención Colectiva de Trabajo (más allá de ciertos errores y algunos abusos que se han dado en el Sector Público que, por supuesto, se pueden corregir mas nunca obstaculizar su utilización); mecanismo que, por cierto, debería estar plenamente extendido en el Sector Privado de la economía, pues no existe ni el menor asomo de duda jurídica para que no fuera así.

Por otra parte, el planteamiento para incluirnos en un tratado de “Libre Comercio” con la mayor potencia económica y militar del planeta, marca la trascendencia de la vigencia del Código de Trabajo. Si al final nuestra clase gobernante se entrega a esa pretensión imperial, sin duda alguna que la conflictividad laboral será alta y multifacética.

Jamás aceptaremos que ese “libre comercio” expolie a nuestra clase trabajadora al punto de cuasiesclavizarla; fundamentándose en la desgraciada desventura de los restantes países centroamericanos incluidos en tal proceso, de tener rasgos laborales de menor tradición y alcance jurídico; así como costos de producción mucho menores, incluyendo salario y las mal llamadas “cargas sociales”.

La triste realidad latinoamericana, con su espantosa pobreza y ese proceso injusto e insano de acelerada acumulación de riqueza, nos han dado la pauta para que, en Costa Rica, una amplia gama de sectores productivos de distinta naturaleza, hayamos tenido la virtud de plantearnos grandes interrogantes sobre la realidad actual y futura de nuestro país y hayamos tenido la “osadía” de pensarnos una sociedad diferente.

Este esfuerzo inédito, dentro del cual, afortunadamente participa cierto sector empresarial que todavía se resiste a la propuesta neoliberal descarnada y totalmente deshumanizada, con toda la terrible secuela de violencia, de inestabilidad y de exclusión que conlleva; ha posibilitado que el país sepa de una propuesta para el desarrollo de una estrategia de producción laboral, social y ambientalmente limpia.

Ese esfuerzo, comúnmente denominado “Tercera República”, ha sido vilipendiado precisamente por los sectores que han venido abogando por la reversión de las conquistas jurídico-sociales plasmadas en nuestro Código de Trabajo.

Sin embargo, poco a poco, va ganando adeptos y más tarde que temprano, se convertirá en una gran necesidad nacional que nos lleve a enfrentar los desafíos de la tal globalización, desde nuestras particularidades sociohistóricas; permitiendo eso sí, una verdadera tutela de aquellos derechos que consagrados en el Código de Trabajo, son escamoteados unas veces, cumplidos a medias en otras, y/o abiertamente violados en la más vergonzosa impunidad.

En ese sentido, es una imperiosa necesidad avanzar en la reforma procesal laboral, así como en la instauración de un verdadero Sistema Nacional de Promoción de la Producción Laboral, Social y Ambientalmente Limpia.

Finalmente, no podíamos terminar estas breves reflexiones a propósito de ocasión tan especial, sin plantear la imperiosa necesidad de que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), tenga un rol estratégico en las actuales circunstancias; dándole el rango que se merece. Esas fuerzas revisionistas de los postulados del Código de Trabajo, han querido que tenga una categoría secundaria, más bien terciaria, dentro del conjunto de las entidades que definen política pública para la producción, para el empleo y para los salarios.

Rendimos homenaje a los ilustres costarricenses que la historia oficial destaca como los adalides patrióticos que en esa época tuvieron mucho que ver en la promulgación del Código de Trabajo: El Dr. Rafael Angel Calderón Guardia, Presidente de Costa Rica en esos cruciales momentos; el ilustre prelado de la Iglesia Católica, Monseñor Vïctor Manuel Sanabria Martínez; y el líder del entonces Partido Vanguardia Popular, Partido Comunista, el Lic. Manuel Mora Valverde.

Pero junto a ellos, también rendimos homenaje a los ignorados: la Clase Trabajadora de ese entonces, organizada en sindicatos, que en las calles, por cientos y cientos de personas en acción militante, entendieron el mensaje de sus dirigentes y supieron crear la base social y política para arrancarle a los oligarcas de la época, ese cúmulo de derechos laborales consagrados en nuestro Código de Trabajo.

Tenemos el compromiso férreo de que esa herencia no debe perderse y hay que preservarla a cualquier costo.

San José, 27 de agosto del 2003.

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