EE.UU. no tomará represalias contra Costa Rica por no ratificar TLC

Montes de Oca, 1 febrero 2007
PAC-OS-004-2007

Dr. Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República

Estimado señor Presidente:

Gracias por atender positivamente mi solicitud para que nos reuniéramos. Me interesa que usted conozca la verdad sobre un asunto de la mayor importancia para la decisión que el país debe tomar en relación con el TLC.

Como usted sabe, señor Presidente, Costa Rica gana muy poco acceso adicional al mercado norteamericano con el TLC, básicamente porque ya tenemos acceso casi total a ese mercado. En materia de comercio el TLC es en una sola vía, pues lo que hace es profundizar la apertura de nuestro mercado a las importaciones de ese país (además, el TLC dañaría nuestro sistema de salud pública por las reglas excesivas de protección a la propiedad intelectual, amenaza a los pequeños y mediados agricultores ante las importaciones de productos subsidiados, dotaría de poderes inconvenientes al inversionista extranjero, debilitaría el modelo costarricense de acceso universal en telecomunicaciones, entre otras deficiencias).

Ante este hecho, algunos defensores del TLC procedieron a argumentar que si Costa Rica no ratificaba el TLC entonces Estados Unidos nos quitaría los beneficios de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), los cuales han permitido un acceso privilegiado de una parte de nuestra producción a ese país. Estas afirmaciones, las cuales han generado preocupación en algunos costarricenses, han sido reforzadas por colaboradores suyos, como el Embajador de Costa Rica en Washington y el Ministro de Comercio Exterior, así como por la ex-Jefa del equipo negociador del TLC.

Sin embargo, la campaña de miedo basada en que no existe ambiente político en Washington para que Costa Rica continúe con los beneficios de la ICC es uno de los más grandes engaños a que se ha sometido el pueblo costarricense. No creemos que usted quiera que su presidencia sea asociada con este gran engaño.

Durante la semana del 21 al 27 de enero viajé a Washington, acompañado por la Jefa de Fracción del Partido Acción Ciudadana , la Dra. Elizabeth Fonseca Corrales y por los empresarios Román Macaya y Gabriela Saborío. Con el fin de clarificar este asunto tan importante en la discusión nacional sobre el TLC, procedimos a preguntar sobre esta materia a algunos Miembros del Congreso y a asesores legislativos especialistas en comercio, incluyendo los asesores de la Representante Nancy Pelosi , líder de la Cámara de Representantes, del Representante Steny Hoyer, líder de la mayoría parlamentaria de la Cámara de Representante y del Senador Harry Reid, líder del Senado. Conversamos ampliamente con el Representante Sander Levin, Presidente del Subcomité de Comercio de la Comisión de Medios y Arbitrios. Como usted sabe esta es la persona más poderosa en materia de comercio del Congreso Norteamericano. También, le hicimos la misma pregunta a altos funcionarios del Departamento de Estado.

Señor Presidente, absolutamente en todos los casos nos respondieron que este no era tema en Washington y que no existe ninguna intensión de eliminar los beneficios de la ICC a Costa Rica si no ratifica el TLC. En el Departamento de Estado preguntamos también si la relación estratégica entre Estados Unidos y Costa Rica se vería afectada si Costa Rica no ratificaba el TLC, a lo que respondieron que de ninguna manera.

Le transmito esta información con el deseo de que usted la valore, en un análisis final, que respetuosamente le solicito, sobre la conveniencia del TLC. La democracia requiere de transparencia y honestidad con la opinión pública. Es urgente que el TLC se discuta en sus propios méritos y no en el marco de una nefasta campaña de miedo. No es correcto conducir a un pueblo por una ruta de temor y menos cuando las razones para ese temor son falsas. Necesitamos un país alegre, optimista, comulgando con decisiones porque las considera buenas y no porque se le pone contra la pared amenazándolo con peligros inexistentes.

Agradeciendo la reunión y la atención a la información que traemos para aclarar las falacias que se promueven sobre el TLC, le saluda,

Atentamente,
Ottón Solís

¿Para qué la Vía Rápida?

El diputado José Merino del Río cuestionó los propósitos que se esconden detrás de la reforma que se quiere aprobar al artículo 41 Bis del Reglamento de la Asamblea Legislativa, ya que se podría aplicar no sólo a los tratados comerciales como el TLC, sino también a los que tienen que ver con la integridad territorial o la organización política del país.

Según explicó el legislador del Frente Amplio uno de los cambios que se propone es eliminar del inciso c) del artículo 41 Bis, la parte que excluye de este procedimiento a los proyectos “referidos a la aprobación de los tratados regulados por el artículo 7 de la Constitución Política” y el segundo párrafo del artículo mencionado de la Carta Magna dice que “Los tratados públicos y los convenios internacionales referentes a la integridad territorial o la organización política del país, requerirán aprobación de la Asamblea Legislativa, por votación no menor de las tres cuartas partes de la totalidad de los miembros, y la de los dos tercios de los miembros de una Asamblea Constituyente, convocada al efecto”.

Para Merino del Río: “Se puede observar que la intención del constituyente fue establecer un trámite reforzado, con el fin de que cualquier cambio se construya a través de una búsqueda sistemática y reposada del consenso y nunca “aceitando máquinas” para convertir a la Asamblea Legislativa en una fábrica de tratados o leyes”.

  • ¿Si la intención es intentar aprobar por esta vía rápida el TLC con los Estados Unidos, por qué no se limita la reforma al reglamento a los tratados comerciales sin eliminar, como se está haciendo, la exclusión de los proyectos que afecten la integridad del territorio o la organización política del país?”, se preguntó el diputado Merino.
  • ¿Más allá del TLC, qué intenciones se ocultan detrás de esta reforma al artículo 41 Bis?” continuó preguntándose y solicitó a la ciudadanía mantenerse vigilantes frente a esta atropellada reforma del Reglamento de la Asamblea Legislativa.

Estados unidos contra Washington

Mientras la estrategia de la Casa Blanca para la América subriograndense es la de presionar a estos estados para suscribir tratados de libre comercio bilaterales (TLC), reiterando el postulado ricardiano que sostiene que el comercio beneficia a todos, cada vez más países enfrentan a Washington por el propio proteccionismo que la nación más poderosa aplica a su sector agrícola. Porque el citado postulado dice que el intercambio es beneficioso sólo si es mutuo. Si Estados Unidos cierra el acceso al mercado de la producción agropecuaria extranjera –único sector donde el Tercer Mundo es más eficiente que el Primero- ¿dónde está el libre comercio?

Canadá había presentado una queja contra la política agrícola de su vecino del sur ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) debido a los subsidios que Washington aplica a la producción de maíz, aduciendo –con razón- que esta política perjudica a sus productores. Esta petición de consulta –tal cual su nombre técnico- continúa con su procedimiento normal, pero lo destacable es que a Ottawa se les han sumado Argentina, Australia, Brasil, Guatemala, Nicaragua y Uruguay como querellantes entre el viernes y lunes pasados.

¿Qué solicitó Canadá? Una petición de consulta, mecanismo previsto en la OMC, que permite a los miembros negociar una solución entre ellos, con un plazo máximo de hasta tres meses. De no arribarse a buen puerto, los litigantes pueden exigir la formación de un grupo de expertos para arbitrar entre ellos y adoptar una solución satisfactoria.

Las autoridades del país más grande de América afirmaron en la documentación presentada que Estados Unidos provoca un “trastorno significativo” en el precio del maíz en Canadá a causa de los casi 9.000 millones de dólares entregados en subsidios para la producción de esa oleaginosa. E incluso van más allá: acusan a Washington de extender esta ayuda a la producción triguera, azucarera, sojera y otras con montos superiores a los permitidos por la OMC.

Las consecuencias son harto conocidas: los granjeros estadounidenses pueden ofrecer su producción maicera en el mercado mundial a precios menores a la que pueden ofertarla aquellos productores de naciones que no subsidian su agricultura. Esto es lo que los canadienses definen como “trastorno significativo”.

Además, Estados Unidos no es un actor menor en esta controversia. Ese país es el mayor productor mundial de zea mays –tal es su nombre científico- con más de 250 millones de toneladas anuales, y es responsable por el 60 por ciento de las ventas mundiales de este cereal nativo de América. El Tesoro estadounidense transfirió la friolera de 37.000 millones de dólares a los productores maiceros entre 2000 y 2005, por lo cual la superficie sembrada se incrementó en tres millones de hectáreas.

El segundo exportador mundial de maíz es Argentina, con el 15 por ciento del comercio global, motivo por el cual se sumó a la queja canadiense. Según reflejó la prensa en Buenos Aires, la Cancillería estima que la mitad del valor de la producción estadounidense se debe a subsidios estatales.

Cabe destacar que el maíz ha pasado de ser un cultivo importante a considerárselo estratégico. ¿El motivo? Hasta ayer, el principal destino de este cereal cultivado por los aztecas y mayas hace siglos era servir de alimento al ganado porcino, aviar y vacuno, y para la producción de aceite; salvo en México y América Central, los demás países no lo destinan en demasía al consumo humano. Pero en los últimos años se lo ha comenzado a utilizar para producir etanol, un alcohol que puede utilizarse como combustible biológico de automotores tanto puro como mezclado con las naftas. Se espera que en los próximos años la producción maicera se extienda aún más de los actuales 880 millones de toneladas anuales.

Según estudios econométricos, la eliminación de los subsidios podría significar una reducción del 13 por ciento en la producción de maíz dentro de Estados Unidos y una disminución del 63 por ciento en las exportaciones de ese país. Esa caída en las ventas externas norteamericanas podría impulsar el precio del grano en un 10 por ciento.

En declaraciones al diario argentino LA NACION, Martín Fraguío, gerente de la Asociación Maíz Argentino (Maizar), sostuvo que el consumo del biocombustible en Estados Unidos es tan grande que existe una gran probabilidad de que la nueva política agraria de ese país cambie el subsidio del maíz, uno de los insumos del etanol, por un subsidio directo al etanol.

Esta situación es la que más atemoriza a Brasil. La otra gran fuente de etanol es la caña de azúcar, y la economía vecina es la mayor productora mundial de alcohol a partir de ese insumo. Por ello es que Brasilia se sumó a la queja que originariamente presentó Canadá.

Brasil ya había presentado una queja similar ante la OMC, pero contra la Unión Europea (UE) y sus ayudas a la producción azucarera en el Viejo Continente. El organismo rector dio lugar a la demanda, y la UE debió acatarla. Desde entonces, el precio internacional del azúcar se duplicó.

“Esto no se refiere sólo al maíz”, dijo Clodoaldo Hugueney, representante brasileño ante la OMC. “Brasil es el mayor exportador mundial de etanol, de modo que este asunto es importante para nosotros”. El gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva estableció como objetivo que ese país adquiera una mayor autonomía energética, con especial énfasis en la producción de biocombustibles como el etanol.

Los demás países mencionados coinciden en definir a los subsidios aplicados por las potencias a su producción interna como opuestos al libre comercio que esos mismos países pregonan en cuanta exposición concurran. Estas quejas recurrentes no le impiden a la Casa Blanca presionar a todos los países del hemisferio para establecer TCL bilaterales, aunque los estados más débiles del acuerdo no puedan vender lo que producen con eficacia.

Si David Ricardo viviera…

*Redactor de APM

Fuente: Agencia Periodística del Mercosur

Nosotros “a la tica”, ustedes… ¿a la fuerza?

Los variados sentidos del “a la tica”. Desde que vine por primera vez a Costa Rica me explicaron que acá las cosas se hacen “a la tica”. Y claro, como en todo, hay varias maneras de entenderlo: desde sinónimo del país sin ejército, de gente tranquila, con desarrollo social, hasta como maravillosa invención de una realidad que nunca ha sido tan así. Lo que hasta ahora nunca había escuchado es que el “a la tica” fuera algo malo que debemos superar.

El “a la tica” como disvalor. De acuerdo con Julio Rodríguez “proceder a la tica es una combinación de hacerse el tonto (o el chancho, en la jerga popular), de dejar hacer y dejar pasar…” (La Nación, 19/01/07, página 31ª). Es esperable que lo diga: la descalificación de casi todos los demás es el sello personal de su columna, de por sí bastante “poco tica”.

Lo complementa la diputada libertaria Arguedas para quien Costa Rica es un país lleno de gente con “neofobia”, adonde el miedo al cambio se ha vuelto parte de la identidad. Muy esperable su argumento también: neofobia es un término fashion para una realidad cruda como el cambiar islas del golfo por votos a favor del TLC. Si poco tica es esa realidad mucho menos lo sería para ella decirlo.

Finalmente el diputado liberacionista Fernando Sánchez nos explica que las soluciones a la tica son “soluciones a medias” en un país repleto de “aldeanismo”, “mito de singularidad” y “exaltación de la ignorancia”, que da lugar a una “imagen retorcida de la realidad” (La Nación, 19/01/07, página 31ª). En este caso y viniendo de un politólogo, tal vez tenga razón.

El aldeanismo de Stanford University. El artículo de Sánchez no puede llegar en mejor momento. Y es que hace unos meses esta prestigiosa universidad hizo gala del último grito del aldeanismo. En blanco y negro y con tapa dura Marc Edelman argumentó que durante los últimos 50 años Costa Rica construyó un estilo socialdemocrático de desarrollo “Tico style”. La heterodoxia de las reformas económicas, sociales y políticas de las últimas décadas, antes y después del ajuste, hicieron y hacen de estos pocos kilómetros cuadrados un lugar bastante singular. Si Cornell University no se había dado cuenta de “la imagen retorcida de la realidad” que produce uno de sus más conocidos investigadores, después del artículo de Sánchez ya no tiene excusa. Y ni qué decir de Naciones Unidas: en pleno siglo veintiuno el estudio de países aldeanos, ignorantes y neofóbicos ha corrido como reguero de pólvora y agencias como PNUD y OIT comparan a Costa Rica con otros pocos países periféricos debido a su singularidad.

El efecto contagio del aldeanismo. En el último tiempo casi toda disidencia con el gobierno y sus aliados se catalogó como “sindicalista”, como si la palabra resumiera la peor práctica humana –peor que robarle al Estado, que usar la política para fines personales, y que violentar las reglas institucionales. Pero el epíteto no ha dado resultado y ahora es evidente, como lo reconoce el propio Sánchez, que la disidencia con el gobierno “ha alcanzado a los grupos más influyentes de la sociedad”, entre ellos, a políticos, intelectuales y dirigentes gremiales.

Uno de los dos caminos que nos queda es precisamente buscar soluciones “a la tica”. Dada la poca valoración que interlocutores del gobierno tienen del término, ojalá no haya que decir que nos quedaba…

Enero 23, 2007

Fuente: Tribuna Democrática

Comunidades se organizan para el 26 de febrero

El próximo sábado 27 de enero, a partir de las 9 am y durante todo el día se realizará una reunión de la Coordinadora Nacional con los Frentes y Coordinadoras Regionales con el fin de definir el plan de acciones y la movilización prevista para febrero. Esta reunión se llevará a cabo en el Auditorio Guillermo Padilla frente a la Clínica Carlos Durán.

Próximamente, a finales de mes, se realizará un encuentro convocado por la Coordinadora Nacional conjuntamente con el Frente Nacional de Apoyo a la lucha contra el TLC para reactivar el Frente Agrario. Para más información sobre esta actividad pueden comunicarse con Gastón Leal al tel. 267-7255 o con Oscar Campos.

El próximo viernes 26 de enero, a las 10 am en ANDE se hará una reunión de la Comisión Legal de la Coordinadora Nacional para ver temas relacionados con este tema. Para más información pueden comunicarse con Lic. Mario Ramírez al tel. 357-5130.

La Red de Comunicación Alternativa de la Coordinadora Nacional, conformada el pasado sábado en APSE y cuya sede estará en Anttec, solicita que las organizaciones y personas le envíen todo tipo de material escrito, fotográfico o de video relacionado con posiciones y declaraciones de sectores contra el TLC. (cuñas, volantes, entrevistas, fotos, videos, etc…). Comunicarse para ello con Leonardo Umaña al 842 3516.

Se les reenvía el documento TLC, Campesinado e Iglesia elaborado por el Padre Miguel Picado para la Comisión Nacional de Enlace con el fin de que lo reproduzcan y difundan. Por favor utilizar esta última versión y desechar la anterior ya que a esta última se le adicionó la fuente dos datos que el primero no la contenía.

Saludos y gracias.

Rosario Incer

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Documento: EL TLC, EL CAMPESINADO Y LA IGLESIA

Violencia

Esto no implica renunciar a una visión de mediano y largo plazo, pero si tener presente que procesos sociales tan complejos, son por ello mismo muy volubles y, en consecuencia, demandan flexibilidad e imaginación. Pero, además, esto conlleva tener presente que la lucha que se plantea exige tratar de no dejar espacios vacíos: el parlamento y la calle; el ámbito nacional y el internacional; los mecanismos de la formalidad instituida y los de la creatividad civil y la informalidad popular. Todos son espacios de lucha, aunque en diferentes momentos, unos u otros podrían ser más o menos importantes.

Eso sí, empecemos por tomar nota de lo obvio: la estrategia que aplican quienes promueven el TLC es de violencia sistemática e indiscriminada. Este es un dato básico que debe ser examinado a la hora de sopesar posibles respuestas. Recordemos que violencia es un concepto complejo, ya que hace referencia a prácticas sociales de muy diversa índole. Y, por cierto, la violencia no solamente es física y corporal. También puede ser verbal, simbólica y sicológica. Los promotores del TLC han combinado todas estas formas de violencia y, con el paso de los meses, se vuelven más recalcitrantes y calenturientos. Más y más violentos.

Hay violencia en las columnas de Rodríguez que, sin un solo argumento de fondo (es obvio que el señor no entiende ni jota del TLC), descalifica e insulta. Hay violencia en medios de comunicación sistemáticamente devenidos propagandistas, los cuales, perdida toda sutileza y hasta el último gramo de prudencia, manipulan y toman partido de forma desembozada. Hay violencia en las diatribas matinales de Panorama, convertido en trinchera de intolerancia. Hay violencia en la intransigencia absoluta del gobierno Arias, sordo como pared de granito ante cualquier voz de disenso. Hay violencia en el concubinato parlamentario Liberación-Libertarios-Unidad-Echandi-Massey, que impone la regla de “pa’ eso tenemos poder” como grito destemplado que acalla todo debate, mientras intercambian proyectos, fraguan mega-negocios y venden, literalmente dilapidan, el país entero.

Y, a veces, como si se tratara de prevenirnos de lo que podrían hacer, también han aplicado su dosis de violencia casi, casi física. En el hostigamiento contra las muchachas y muchachos del Movimiento Estudiantil Alternativo. En el “cordón preventivo” de policías, pistolas y mecates; patrullas y bastones con que rodean el edificio legislativo e impiden el paso a cualquier transeúnte. O la violencia aplicada por la prensa en entusiasta colaboración con las fuerzas policiales. Con los fogonazos de las fotos y el poder intimidatorio de sus cámaras de video, hostigan mientras amenazan: vamos a identificar ante las fuerzas de la represión a quiénes se atreven a protestar.

Desde este punto de vista, la estrategia arista –que parece ser la propia de las oligarquías telecistas– es sorprendentemente similar a la de los halcones del gobierno Bush. Estos creen que mostrarle al mundo un garrote enorme con el cual golpear de forma estridente la mesa, es la mejor forma de recomponer la maltratada y decadente hegemonía estadounidense. En la práctica, se han lanzado en un lodazal político-militar que ha cercenado gravemente –quizá de forma irrecuperable– el prestigio e influencia mundial de ese país. Así con los telecistas. Les ha parecido que para lograr sus objetivos de transnacionalización radical de la economía costarricense, lo mejor es aplicar una estrategia del “big stick”: dura, intransigente… despiadada. A la espera de darle más pensamiento al asunto, de momento tan solo diré que, a mi juicio, estos señores y señoras no perciben de qué forma tan grave están minando a futuro su posición como clases dominantes.

Innecesario insistir más en la cuestión. La estrategia telecista ha sido diseñada y está siendo aplicada por verdaderos halcones. Halconcillos criollos, digámoslo así. Tal nivel de violencia permite prever que, llegado el momento, si querrán hacer lo que Rodríguez no se atrevió durante las jornadas ciudadanas del “Combo ICE”: aplicar violencia física directa contra la población. Frente a eso, posiblemente el mejor antídoto es la denuncia internacional. Hay que empezar ya: que el mundo conozca que el premio-Nóbel-Arias conduce este país con intransigencia pinochetista y violencia sistemática. Y que el mundo sepa que está dispuesto a reprimir con gases y bastones. Y que se entere también que aquí la prensa es por completo servil a los grandes intereses económicos y totalmente irrespetuosa con los más elementales principios de libertad de expresión y pluralismo. Y que se sepa que desde la Asamblea Legislativa se fragua contra el pueblo costarricense un golpe idéntico al que Menem y Salinas de Gortari asestaron en su día contra los pueblos argentino y mexicano.

Vuelvo a lo que mencioné al inicio, tan solo para decir que en mi próximo artículo intentaré algunas reflexiones sobre las posibles respuestas e iniciativas que podría desarrollar el Movimiento del No al TLC.

Enero 21, 2007

EL TLC, EL CAMPESINADO Y LA IGLESIA

Introducción

El documento se ordena en tres partes.

En la primera parte se informa sobre el impacto que una eventual aprobación del TLC implicaría para las personas que conforman los diversos sectores del agro costarricense, es decir, los medianos y pequeños propietarios campesinos muchos agrupados en cooperativas y organizaciones propias, los que trabajan la tierra de otros, las empresas agrícolas y ganaderas nacionales y, como grandes beneficiadas, ciertas empresas transnacionales afincadas en nuestro territorio. Como se demuestra más adelante, el TLC vendría a destruir el intrincado entramado que constituye la cultura campesina, base de la nacionalidad costarricense, de la cual muchos somos parte y nos sentimos orgullosos, y base social de la Iglesia Católica.

En la segunda parte, se exponen los efectos que la desintegración de esa cultura, proceso ya iniciado desde la aplicación de los PAE (Programas de Ajuste Estructural), tendría sobre la Iglesia Católica como institución.

En la tercera parte se presentan criterios para la acción.

Primera parte: seis pasos hacia el abismo

Introducción a la primera parte

La primera parte consta de seis pasos. En el primero, se indica La falta de adecuada representación, es decir, el procedimiento de baja o nula moralidad que se utilizó durante la negociación del TLC. Abundaron la confidencialidad, el secretismo y la técnica de la incertidumbre. A la ciudadanía se la mantuvo desinformada. Algo se comunicó al final de las conversaciones, cuando nada se podía corregir. Igualmente antidemocrática y desleal fue la tesis de que sólo los técnicos del Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) debían negociar. Así se amputó la representatividad, especialmente de las y los pequeños y medianos productores.

En el segundo paso, se describen los Antecedentes y situación actual del sector agropecuario nacional sobre el cual va a incidir el TLC.

En el tercer paso, titulado Los contenidos (acuerdos) mal negociados, se describe el nefasto y en todo caso cuestionable desempeño de los representantes de Costa Rica y lo que propone para el sector agropecuario el texto actual del TLC en materia de aranceles, salvaguardias, contingentes, subsidios y otras ayudas. Asimismo, se señalan las previsibles consecuencias de ciertos contenidos del TLC que inciden sobre el agro: medio ambiente, propiedad intelectual y patentamiento de la biodiversidad, insumos o agroquímicos, conocimiento científico-tecnológico. También se indican otros factores que afectan duramente a todos habitantes rurales: las telecomunicaciones, la banca, los seguros, las relaciones laborales, la educación y la salud.

Y en los pasos cuarto a sexto, se ponen ejemplos concretos de lo que ocurrirá, si nos dejamos.

Primer paso: La falta de adecuada representación

Solo una de las trece sesiones para negociar el TLC se dio en territorio nacional, las demás se celebraron en EEUU. En ninguna fue posible una verdadera participación de delegados del sector de los medianos y pequeños propietarios rurales y de los campesinos tradicionales, parceleros o minifundistas, y de una gran cantidad de asalariados que conforman el sector de las subsistencias orientado, hacia el autoconsumo y el mercado interior. Entre todos suman unos 260.000 productores y trabajadores directos.

No hubo representación adecuada de intereses de estos actores porque otros se arrogaron el derecho de pactar a sus espaldas. Esto, además, se hizo en secreto, sin actas ni información confiable sobre lo negociado. Es evidente que hubo una grave falla ética que se tradujo en total indefensión y completa pérdida de control sobre el TLC y el destino económico-social que ese Tratado impondría para los así excluidos. La falta de transparencia vicia todo el proceso negociador. Sólo unos pocos grandes empresarios agropecuarios, afiliados a las cámaras pudieron viajar, cubrir costos y participar de las conversaciones, que quedaron en manos de COMEX y de unos pocos empresarios influyentes. La técnica no lo es todo, también importan la ética y la justicia.

Segundo paso: Antecedentes y situación actual del sector agropecuario

El sector agropecuario es quizás el menos preparado para enfrentar el impacto del TLC, debido al desmantelamiento de la estructura estatal de incentivos y apoyos. En efecto:

– FRIJOLES: En 1994 Costa Rica producía el 90% de los frijoles e importaba solo el 10%. Nueve años después, en 2003, produjo sólo el 34% e importó el 66%. El área sembrada de frijoles se redujo de 56.856 Has. en 1994 a 20.267 en 2003. Las importaciones crecieron desde 3.989 toneladas métricas™ en 1994, hasta 28.894 en 2003, un crecimiento del 724%.

– ARROZ: En 1994 el país produjo 61% del arroz e importó el 39%. Diez años después produjo el 44% del arroz e importó el 56%. Actualmente produce el 53% e importa el 47%.

– Lo anterior explica que el área sembrada de arroz apenas aumentara de 51.867 Has. en 1994 a 53.163 en 2004, y que las importaciones crecieran desde 122.255 TM en 1994, a 281.274 en 2004, una subida del 230%.

– En el 2002 se consumieron 458.690 TM de maíz, de las cuáles sólo 11.600 fueron producidas en el país.

– En 1995 el sector agropecuario obtuvo un 13.6% del crédito bancario total, en el año 2003 la cifra apenas llegó al 4.4%.

– El total de los ocupados en el agro bajó de 21.6% en 1995 a 15.8% en 2002.

– A ello hay que agregar la falta de asistencia técnica y transferencia tecnológica, el menor acceso al crédito para pequeños y medianos productores agrícolas, orientados al consumo interno, y para la pequeña producción campesina familiar.

– En los últimos diez años se aceleró el desmantelamiento del MAG y demás entes del sector. Pero en los EEUU las cosas se encaminaron en sentido contrario: se disparó el monto de los subsidios al sector rural mediante la ley llamada Farm Hill de 2002, que un giro $180.000 millones en 10 años, por encima de los abultados fondos gratuitos del presupuesto del US Agricultural Dept. que superan los $50.000 millones anuales.

– Al mismo tiempo, la política de subsidios y ayudas del Gobierno de EEUU ha estimulado dumping o exportaciones a precios por debajo del costo. He aquí algunos datos:

  • El trigo fue exportado a un precio medio 43% por debajo del costo de producción.
  • El frijol de soya fue exportado a un precio medio 25% por debajo del costo de producción.
  • El maíz fue exportado a un precio medio 13% por debajo del costo de producción.
  • El algodón fue exportado a un precio medio 61% por debajo de su costo de producción.
  • El arroz fue exportado a un precio medio 35% por debajo de su costo de producción.

– Como si la realidad externa no fuera suficientemente negativa, en el nuevo Ministerio de la Producción (MIPRO) se han insertado de modo improvisado, los entes del sector, para mayor incertidumbre. Es notoria la carencia de recursos para reconversión y otros fines de apoyo, que hará imposible que el sector pueda competir frente a la más poderosa economía agraria subsidiada del planeta. Tampoco se podrá competir con productores de Centroamérica, que pagan salarios bajos y no les importa la seguridad social. Ocurrirá un completo desastre, muerte anunciada a plazos fijos.

– Hay más todavía. La cuestionable estrategia neoliberal –que ha provocado gran inseguridad y pérdida de soberanía alimentaria- favoreció sólo a los grandes importadores de alimentos y a la agricultura de exportación, en especial al sector de los llamados productos no-tradicionales, en manos principalmente de firmas transnacionales que exportan libres de impuestos a EEUU, destruyen el ambiente y quieren seguir haciéndolo bajo el TLC. Algunos de los productos de este comercio son: melón, piña, banano, sandía, tubérculos, minivegetales, flores y plantas ornamentales.

– El resultado: cinco transnacionales estadounidenses concentran más del 70% de toda la exportación agrícola costarricense, a saber: Corporación de Desarrollo Agrícola del Monte (BANDECO), Compañía Bananera Atlántica (COBAL-CHIQUITA), Diversificados de Costa Rica (DICOR), Standard Fruit Company de Costa Rica (DOLE) y Frutas Tropicales Venecia. (Es difícil aceptar que esas transnacionales se irán de Costa Rica si no se firma el TLC; nadie se retira de los buenos negocios).

– Otro resultado lo plantea el Dr. José Calvo, un estudioso de nuestro agro, así: “Desde el Consenso de Washington en los años de 1990, ha ido disminuyendo aceleradamente nuestra producción alimentaria y aumentando el éxodo de agricultores campesinos a los anillos de miseria de la ciudad. Producimos menos de la mitad de lo que nos comemos. Casi nada de maíz, nada de sorgo, nada de soya, menos de la mitad del arroz, y menos de la mitad de los frijoles, además de que el trigo importado sustituye mucho a todos esos granos. Nuestra producción lechera ha mantenido su área, pero ha disminuido mucho el número de productores. Nuestra producción avícola está cada día en menos manos, igual que la lechera, y es muy poco probable que nuestra producción porcina sobreviva los efectos del TLC” (charla del 17 de marzo de 2005 en la sede de UPANACIONAL).

Luego de revisar someramente los antecedentes y el contexto del sector agrícola, pasemos ahora enfocar el TLC por el fondo (el contenido) de lo negociado.

Tercer paso: Los contenidos (acuerdos) mal negociados

Las anteriores desventajas para el sector rural o campesino en general se agravan porque, hecho insólito, los negociadores nacionales aceptaron no excluir a ningún producto del agro de los efectos del TLC. Es falso lo que dijeron acerca de la exclusión de la papa y cebolla, ya que quedaron sujetas a cuotas de importación. Aprobaron rebajas unilaterales de aranceles para nuestra producción agropecuaria, pero le permitieron a los EEUU mantener intacta toda su estructura de subsidios, ayudas y protecciones para su sector agropecuario transnacionalizado. Esto último sucede porque, para Costa Rica, el TLC es un tratado internacional que está por encima de todas las leyes vigentes y, por tanto, deroga todas las que lo contradigan, mientras EEUU con la venia del COMEX aprobó solo un simple “acuerdo comercial” de menor rango a un tratado, llamado Congressional-Executive Agreement; lo que le permite mantener y reforzar libremente todas sus leyes (nacionales o federales, estatales y municipales), incluyendo las leyes que protegen su economía y su agro de la libre competencia. Así nuestros agricultores jamás podrán competir y quedan –al igual que el país entero- como “burro amarrado frente a tigre suelto”.

Esto hace a los productores de Costa Rica muy vulnerables, pues los deja casi en completa desprotección legal frente a tribunales internacionales (sean de la Organización Mundial del Comercio –OMC- o del Banco Mundial) y sin condiciones para poder competir adecuadamente con las grandes corporaciones agropecuarias de EEUU. No se les ha preparado (ni se les preparará) para soportar lo imposible: una apertura tan radical, con plazos cortos de desgravación, luego de los cuales no hay compromiso alguno de los EEUU de retirar subsidios y apoyos a sus productores. Esto alterará cada vez más los precios y términos del intercambio en contra de nuestras empresas, cuando ya no podremos interponer barreras arancelarias ni salvaguardas temporales. Por el contrario como ya se dijo últimamente EEUU aumentó sus subsidios y demás ayudas a niveles astronómicos.

Encima de lo anterior, el TLC implica la amenaza de eliminar, contra los intereses de nuestros agricultores, la llamada “salvaguarda agrícola especial” de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La Defensoría de los Habitantes y varias organizaciones del sector agropecuario nacional, como UPANACIONAL, la Unión Nacional de Agricultores (UNAG), la Mesa Nacional Campesina y la Corporación Arrocera Nacional, entre otras, han denunciado que COMEX renunció sin consultar en el Capítulo 3, inciso 5 del TLC, al derecho de aplicar esa salvaguardia que se halla en el artículo 5 del tratado firmado con la OMC sobre agricultura. Se perdió de ese modo un arma contra importaciones lesivas que, por su volumen o calidad, dañan al sector. Todo ello se hizo a espaldas de los productores.

Así, de repente, los más débiles perderán un mecanismo de protección que hoy les sirve para atajar la competencia desleal de las importaciones subvencionadas provenientes de EEUU y otros países, ya que no podremos imponer alzas de aranceles por encima del mínimo acordado en el TLC. Es decir, no podremos superar el arancel que se tiene a la hora de aprobar el tratado. Por ejemplo, en el caso del arroz, el arancel sólo podría ser del 35%, mientras en años anteriores ha estado por encima del 50%, para defender a nuestros productores. Nada de esto se podrá hacer a futuro, ni con el arroz ni con otros productos que nos manden subsidiados desde EEUU.

Engañosamente, COMEX ha declarado que los productos subsidiados que se importarán de EEUU no se producen en Costa Rica (como la avena, el trigo o la cebada) y, por tanto, nos conviene recibirlos a precios subsidiados o por debajo de su costo. Esto es falso. Los productos que invadirán nuestro pequeño mercado serán, además de los granos básicos, muchos otros de origen agropecuario y llegan a un 40% de todos los importados de los EEUU. Nos referimos a algunos tan sensibles como frutas y hortalizas cuyos excedentes frescos en ciertas épocas o procesados y empacados en cualquier momento podrán importarse desde EEUU a mitad de precio o menos, dañando aún más a nuestros productores.

Igualmente COMEX ha negado que el TLC afecte el agua, el principal insumo de producción para el agro. La verdad es que ese Tratado la considera como un bien comercial, no un bien social ni de dominio público. Tampoco la considera un derecho ligado a la vida misma. Por tanto, el agua podrá ser explotada, vendida localmente y exportada para uso humano, de acuerdo a la normativa sobre bienes y empresas privadas del TLC, sin restricciones efectivas al libre comercio, que no aparecen en el TLC. Recordemos, además, que la legislación nacional sobre el agua tendría rango legal inferior al Tratado, incluida la Ley del Recurso Hídrico en discusión, si se llega a aprobar.

Pero eso no es todo. El TLC traería otros perniciosos efectos sobre la agricultura y los productores. Por eso debe verse en conjunto y no sólo en lo relativo a la materia de acceso a mercados o comercio de mercadería, como se explica en el paso siguiente.

Cuarto paso: Algunos impactos directos en la producción agrícola con la entrada en vigencia del TLC

FRIJOLES: Al frijol importado de EEUU se le irá reduciendo el impuesto a razón de 1,25% cada año, pero llegará a cero después de 12 años de vigencia del TLC. En ese momento entrará libre, aunque subsidiado y terminará por eliminar del mercado a los últimos productores nacionales. Y esto, o algo parecido, se repetirá en el caso de otros productos.

ARROZ: Al entrar en vigencia el TLC, los EEUU podrán vender en Costa Rica anualmente 50 mil TM de arroz en granza y 5.250 TM de arroz pilado, sin pagar impuestos. En los siguientes años estas cuotas de arroz se irán elevando. El arancel del arroz pilado es ahora de 35% y se mantiene por 10 años, pero del año 11 al 15 se baja un 40% y entre el 16 y el 20 un 60% hasta quedar en 0, sin que EEUU nos garantice que eliminará sus subsidios para tener competencia leal. Otro producto local a la ruina.

LECHE: Tiene aranceles de protección de 65%. Con el TLC se eliminarían progresivamente entre los años 11 y 20. Este sector es el más subsidiado en los Estados Unidos y lo seguirá siendo con o sin TLC, por lo que difícilmente se podrá competir allí y menos en el mercado de Centroamérica; un mercado en el cual, al entrar los productos subsidiados de EEUU, perderemos un 40%, según estudios de la economista norteamericana, Amy Angel. Esto traerá una enorme desocupación en el agro y la industria.

AZÚCAR: La desgravación arancelaria sería en 15 años y se aumentaría la cuota actual de 15 mil TM, con un crecimiento del 2% anual hasta llegar a 28 mil toneladas. Pero Estados, Unidos que no elimina su arancel, sólo para la cuota, sí podrá exportar a Costa Rica su azúcar de remolacha y otros, después del año 15, sin impuestos.

CARNE DE RES: La eliminación de impuestos a la carne de res será en 15 años, y algunos tipos de carne entrarán sin pagar impuestos desde el primer día de vigencia del TLC. Esto prácticamente acabará con el sector nacional.

CARNE DE CERDO: Durante los primeros 5 años los productores de Estados Unidos podrán vender 1.100 TM sin impuestos. Después, este volumen irá creciendo hasta llegar en el año 15 al libre comercio.

CARNE DE POLLO: El pollo entrará a EEUU libre de impuestos desde el inicio, mientras el pollo norteamericano tendrá una cuota libre de aranceles inicial de 330 TM, que irá creciendo a un 10% anual hasta el año 17, cuando quedará libre. En el futuro, entonces, el pollo de EEUU desplazará al nacional. El precio de los muslos de pollo en Centroamérica varía entre 0.75 y 1 dólar por libra, mientras Estados Unidos puede exportar estas partes a 0.20 centavos por libra. Con estos precios se quebraría al productor nacional.

PAPA Y CEBOLLA: Se planteó durante la negociación que estos productos quedaban excluidos del TLC. Pero no es cierto, pues en el “Anexo de Contingentes” se lee que Estados Unidos tendrá acceso libre de aranceles para un volumen de 300 TM desde el primer año, hasta llegar a un máximo de 384 TM en el año 15 y después podrá aumentar el exceso de las 384 TM a un ritmo del 2% anual, hasta sacar del mercado a nuestros productores.

Según criterio de varias organizaciones de Agricultores, las grandes pérdidas para nuestros productores tendrán las siguientes consecuencias:

– Al ser desplazados de la producción, los productores se verán obligados a vender sus propiedades, lo que redundará negativamente contra la cultura campesina e indígena.

– Pérdida de la genética criolla (semilla).

– Pérdida de nuestra biodiversidad por el impacto de la agricultura intensiva, como la piña y los siembros con semillas transgénicas o genéticamente alteradas.

– Invasión en el conocimiento campesino a través de la comercialización transnacional del uso de nuestras plantas.

– Fuerte competencia con toda la producción transgénica.

– Fuertes recortes a la seguridad social (salud, educación, etc.).

– Obligatoriedad de aprobación del Convenio UPOV 91 que permite patentar de seres vivos (flora y fauna).

– Incremento de la tendencia a la baja de los salarios reales de la fuerza laboral ubicada en el agro, más pérdidas de empleos y mayor emigración campesina a las ciudades y anillos de miseria.

Y agrega la UNAG, que “el Instituto Nacional de Seguros no podrá financiar con sus utilidades, el Fideicomiso Agropecuario que en los últimos tres años aportó ¢16,569 millones para pagar deudas de pequeños y medianos productores.”

Quinto paso: Impactos colaterales del TLC sobre el agro desde otros sectores

Los sectores más débiles del agro quedaron en orfandad debido a que COMEX negoció un TLC contrario a los intereses nacionales, en materias estrictamente agrarias y también en las siguientes:

a) Inversiones y servicios: las normas de los Caps. 10 y 11 se aplicarán por igual a la agricultura y a actividades complementarias, como los servicios agropecuarios, los ambientales y la bioprospección, que deberán desarrollarse en sistema de competencia de mercado abierto y global. Esto no toma en cuenta el carácter particular de la agricultura, que no permite a los agricultores reaccionar positivamente ante los mercados inestables, donde cuentan sólo la oferta y la demanda para la formación de precios y oportunidades. Otros sectores más versátiles (como la industria o la banca) sí pueden adaptarse en plazos más cortos y por eso tienen mejores posibilidades de sobrevivir a los embates de la competencia global.

b) Propiedad intelectual (Cap. 15): Desde hace varias décadas las grandes transnacionales farmacéuticas a la vez las grandes firmas productoras de agroquímicos han venido haciendo ingentes esfuerzos por apropiarse y patentar sus productos, para mantener elevadísimos precios monopólicos por períodos de 20 años o más. Con el TLC se anotaron un triunfo, pues consiguieron ampliar los plazos para la protección de medicinas e insumos agropecuarios claves de 20 a 25 y 30 años, respectivamente. En consecuencia, se denegará el acceso de insumos y tecnologías avanzadas, o se encarecerá enormemente, a los agricultores locales. Al no disponer de los productos genéricos, tendrán que pagar a veces hasta 7 o 10 veces más por los de marca.

Junto con lo anterior, en el TLC las farmacéuticas – entendiéndose con COMEX- obtuvieron normas a favor del patentamiento de las semillas, la biodiversidad y el conocimiento humano por medios y plazos muy abusivos, que nos dejan en manos de la biopiratería. Igualmente, se mercantilizan los bancos de genes y el patrimonio natural y cultural del agro. Esto se ve reforzado por la aprobación forzosa del Convenio UPOV 2001 sobre obtenciones vegetales como parte del TLC. Ambos someterán a nuestros agricultores a barreras de precio y oportunidad que les impedirán desarrollar sus propias semillas (monopolización de las semillas por transnacionales contra fitomejoramiento local) y disfrutar libremente de otros medios de vida y producción generados por la naturaleza, la sociedad y los sectores públicos, como las universidades e institutos de investigación. Hay cultivos, como el algodón, donde la monopolización de las semillas por firmas como Monsanto llega a un 85%, aparte de la necesidad de comprarlas junto con los abonos, herbicidas y otros insumos industriales. Afirma la investigadora Silvia Rodríguez: “En resumen, la UPOV y las patentes sobre formas de vida, sí favorecen, es cierto, a un tipo de agricultura: la comercial, especialmente la corporativa, y sí favorecen a quienes lucran con el monopolio que otorgan los certificados de obtentor y de patentes, incluyendo algunas universidades públicas; pero NO favorece al sector campesino o indígena, a los agricultores sin tierra, al medio ambiente, ni a la sociedad en general.” En María E. Trejos y otros, Tratado de Libre Comercio: estrategia de tierra arrasada, San José: Euned, 2005, p. 368).

c) Telecomunicaciones, seguros, servicios profesionales, ambientales y transportes (Caps 12, 13,15 y Anexos 1 y 2): los precios de todos estos servicios aumentarían bajo un sistema de libre competencia formado por unos pocos operadores privados, capaces de presionar a entes reguladores (incluida ARESEP) para que aprueben tarifas que generen sustanciales ganancias. Dichos entes obligarán a los proveedores públicos a eliminar subsidios a favor de los consumidores nacionales de menores ingresos. Tampoco podrán cobrar tarifas más altas a los ricos para ofrecerlas a menos precio a los pobres, especialmente a los de zonas rurales. Sin duda, los agricultores de menores ingresos se verán perjudicados.

d) Ferias del agricultor y afines: a pesar de que se regulan mediante ley y no por reglamento, el TLC estará por encima de cualquier medida interna que las favorezca. En efecto, los importadores y grandes comerciantes ligados al sector transnacional (como Wal Mart que es ahora la transnacional de EEUU dueña de Más X Menos, Hipermás y maximercados) podrán definirlas como una actividad que atenta contra el libre comercio y la afecta negativamente en sus ventas y ganancias. Wal-Mart podría pedir, bajo la norma del TLC llamada “trato nacional” y la de “expropiación indirecta” (Art. 10.7), que el gobierno elimine las ferias o que permita que la firma pueda vender allí sus productos comprados a más bajos precios en los EEUU o en Centroamérica. En cualquier caso, un atentado contra nuestra población de menores recursos.

Lo mismo sucedería con la nueva Ley sobre Agricultura Orgánica aprobada este año, respecto de la cual ya temen con razón muchos productores y exportadores nacionales que termine siendo denunciada y anulada por los extranjeros si se ratifica el TLC, pues contiene exenciones y otros beneficios especiales que el libre comercio. El TLC permite derogar, ahora o más adelante, cualquier protección dada por ley a los agricultores locales. Con el TLC el país renuncia a dar incentivos a sus productores, a no ser que los extienda por igual a los extranjeros bajo la norma de_ “trato nacional”_.

e) Sector cooperativo y de economía social: un caso especial lo constituye este sector, en vista de que hay numerosas empresas cooperativas y asociativas en el sector agropecuario, que se verían afectadas por el TLC. Tanto el Sr. Félix Cristiá, director ejecutivo de la Confederación de Cooperativas del Caribe y Centroamérica como el Sr. Harys Regidor, presidente del Consejo Nacional de Cooperativas, han reconocido que son vulnerables. Este último declaró: Prácticamente no vislumbramos en ninguna parte del Tratado una salvaguarda para las empresas de economía social, ya lo dijimos en la Comisión de Internacionales; se nos pone a competir en igualdad de condiciones sin tomar nunca en cuenta las asimetrías (Semanario Universidad, 23/11/2006, pág. 10). Se reporta desde Guatemala la posibilidad de que el 75% de las 1.600 cooperativas de ese país quiebre por competencia desleal derivada de la aprobación del TLC en los sectores agrícola, vivienda y financiero (Idem).

7. Sexto paso: El impacto de nuevas regulaciones imparables como barreras no-arancelarias

Sobre este tema ha llamado la atención el XII Informe del Estado de la Nación al señalar, mediante un estudio de la especialista Susan Rodríguez, que se percibe una tendencia a renovar obstáculos arancelarios al comercio agropecuario, pero seguido eso de la introducción de otros no-arancelarios, derivados de regulaciones especiales que EEUU, Europa y otros países poderosos han venido imponiendo unilateralmente; lo cual invalida la llamada liberalización de los mercados y establece un sistema de comercio administrado con altos costos en nuestra contra, que los agricultores deben absorber sin remedio, entre ellos mejoras en bodegas, equipos y sistemas de almacenamiento, registros de costos, controles especiales, y capacitación.

Dos claros ejemplos son la Ley contra el Bioterrorismo de EEUU y la normativa EurepGap de la UE. Ambas establecen requisitos de inocuidad, calidad, empaque y distribución, control, numeración y codificación, así como de “buenas prácticas agrícolas” (BPA) que obligan a recurrir a carísimos y complejos procesos de certificación y cambio tecnológico, muy fuera del alcance de medianos y pequeños productores, inasistidos por el sector público y obligados a competir globalmente con los otros países que se disputan el acceso a los mercados del norte.

Evidentemente, EEUU y la UE aman y protegen a sus campesinos, Costa Rica algunos quieren que desaparezcan y lo esta logrando, a menos que recuperemos la solidaridad activa y propositiva.

SEGUNDA PARTE: EL AGRICIDIO Y LA DESTRUCCIÓN DE
LA BASE SOCIAL DE LA IGLESIA CATÓLICA

En la PRIMERA PARTE se demostró, con acopio de datos e información no rebatida por los defensores del TLC, que aprobarlo acarrearía la disgregación del campesinado costarricense, forzado a competir con agricultores subsidiados por el gobierno de EEUU con sumas galácticas. Las empresas agropecuarias, pequeñas, medianas, grandes, al igual que las cooperativas, ahora en manos costarricenses, pasarían a ser propiedad de transnacionales. Se cerraría el último eslabón de una cadena de hierro que comenzó con el primer Programa de Ajuste Estructural (PAE), en 1983. Las transnacionales agrícolas no siembran para satisfacer las necesidades de nuestra población. Producen frutas, plantas ornamentales y verduras para mercados extranjeros. La pérdida de la soberanía alimentaria sería total.

Es fácil decir la palabra campesinado, pero ese sonido representa miles de mujeres y hombres. Con el TLC se verían obligados a emigrar, sea a las ciudades del país, sea a los EEUU y otros países. Los EEUU no desean más emigrantes, a juzgar por el muro que se construye en la frontera con México. Las consecuencias del TLC EEUU-México son aleccionadoras: miles de campesinos se quedaron sin trabajo, pero ahora en EEUU les rechaza como indeseables. Los cereales se importan de los EEUU a precios realmente bajos, pero el pueblo mexicano no come tortillas más baratas, la diferencia de precio es ganancia para las transnacionales.

La migración conlleva desintegración familiar, resquebrajamiento de proyectos de vida. Pero no son solo sufrimientos personales. La migración forzada, masiva y acelerada implica la destrucción de la cultura campesina. Todo un elenco de valores forjado por la evangelización de la Iglesia entra en riesgo mortal. La cultura de los forzados a migrar se pulveriza, caen en la anomia, es decir, la pérdida de orientación, de sentido de la vida. En los últimos once años, la población de la Gran Área Metropolitana se duplicó (La Nación 29 nov. 2006), debido fundamentalmente a la desintegración del agro. Es la llamada descampesinizacion del agro, con el agravante que ahora el campesino desarraigado no tiene otro lugar a donde ir. Esta tendencia se aceleraría de aprobarse el TLC. Eso significa amplios anillos de miseria, hacinamiento en tugurios, más prostitución, mendicidad y drogas, servicios públicos educativos, de salud, de comunicaciones y telecomunicaciones saturados. Desaparece la Costa Rica solidaria y se abre paso la Costa Rica de la competencia, con su ya engrosado saldo de exclusión y pobreza.

En situaciones humanas de migración forzada y acelerada, pierden vigencia los valores y preceptos éticos tradicionales, fuente de dignidad. Las costumbres rurales se desvanecen, excepto las que poseen interés turístico, que sobreviven pero deformadas ahora como remedos culturales. La religiosidad popular se esfuma, la práctica sacramental disminuye. Hay grave peligro de caer en la degradación sin vuelta de hoja.

El campesino, que sabe ganarse la vida en labores agropecuarias, se siente inútil e inadaptado en la gran ciudad, donde pierde muchas de sus seguridades y puede ser fácil presa de las nuevas tentaciones. Así, desarraigado de su ámbito comunitario y destruido su vínculo con la tierra, es fácil víctima de la cultura homogenizante global. Peón en la tierra que antes fue suya, como ya sucede en los latifundios de banano, cítricos, piña o melón. La familia campesina será extranjera en su propia tierra.

Para la iglesia este planeado agrocidio se expresará en eucaristías con los templos vacíos, ferias o turnos sin voluntarios ni comunidad reunida, sacramentos sin presencia comunitaria, filiales despobladas. El TLC que ahora está en la Asamblea Legislativa destruye la base social tradicional de la Iglesia. Los pastores tienen la obligación de impedir, como el Buen Pastor, que se disperse su rebaño.

La confusión y pérdida del sentido de la vida incita a los campesinos y campesinas a buscar alternativas religiosas. Entonces asoma aprovechador el mercadeo religioso de las sectas fundamentalistas, de cuño pentecostal. La Iglesia Católica, que se esfuerza por formar a sus presbíteros con todo rigor, difícilmente compite con los improvisados lanzados a la calle, luego de cursos cortos e insuficientes, pero dispuestos a hacerse de una feligresía para cobrar el diezmo. Todo eso ya se sufre en la Gran Área Metropolitana, con consecuencias nefastas.

El TLC sería la gota que derrama el vaso ya colmado por la aplicación de la política de apertura que generó la pobreza y la enorme y creciente inequidad social. La Costa Rica democrática y solidaria, en buena mediada creación de la Iglesia, corre grave peligro de ser sustituida por la Costa Rica de la competencia, de los ganadores y perdedores anunciados de antemano, donde el Credo Católico es sustituido por el credo neoliberal.

No nos oponemos a un TLC sino a este TLC como fue negociado. Panamá está renegociando su tratado, ¿por qué Costa Rica debe ser parte del montón si siempre ha sido original?

  • Los señores Obispos de Costa Rica han levantado la bandera de la Agenda Nacional de Desarrollo (El proyecto país), no la complementaria (paliativa) para subsanar las heridas mortales que dejará el TLC. Es cierto que con TLC o sin él, el país necesita una agenda amplia de desarrollo nacional, pero esa necesidad no debe ser utilizada para impedir que el campesinado nacional defienda su derecho existir.
  • La forma como fue negociado el TLC, a espaldas de los campesinos y contra sus intereses, arroja fuertes dudas sobre su legitimidad y los procesos subsiguientes de aprobación.
  • Nuestro marco de vida, costumbres y valores será transformado en 15 años más o menos de modo irreversible. No se trata de que un sector social será perjudicado, se trata de que una clase social, la base de la nacionalidad costarricense y de la Iglesia Católica, será borrada del mapa.
  • Para lograr que el campesino permanezca en el agro, con su estilo de vida y bajo la dirección espiritual y moral de la Iglesia Católica, no debe el clero dar su apoyo a este TLC. Para la Iglesia, hacerse de la vista gorda o asumir una postura de “dejar hacer, dejar pasar” puede constituir una actitud perversa ante los peligros que se ciernen, en la medida que daría luz verde al gobierno para que siga adelante con un proyecto en el cual ganan las minorías y pierden las mayorías.
  • No basta un simple cuestionamiento ético y quedarse sin hacer nada. Si hay una carencia o transgresión ética insuperable a estas alturas en la naturaleza del TLC, como lo ha afirmado la Conferencia Episcopal, debe darse y profundizarse un compromiso mayor con la tesis de que debe haber una renegociación o un rechazo de ese Tratado.
  • Como el gobierno de Costa Rica y los demás firmantes han insistido en que ya NO es posible, ni desean, renegociar este TLC, entonces no caben medias tintas: hay que rechazarlo y relanzar una negociación comercial bajo premisas éticas y técnicas que superen las deficiencias de esta negociación del COMEX, hecha sin conciencia social ni moral. De otro modo, una de las principales víctimas será la Iglesia y la mayoría de su base social, afectadas frontalmente en lo material y no-material por un mal paso dado por gobernantes elitistas, insensibles y obcecados en aprobarlo, incapaces de defender los más elevados intereses de nuestra Nación y de las mayorías.
  • Se recomienda dar a conocer este documento a las fuerzas vivas de la comunidad y dialogar acerca de las mejores vías prácticas.
  • La fuente de la indignación es ética, no todos los que se molestan son éticos…pero todos los éticos se indignan. No a ESTE TLC.

“La Iglesia costarricense, acogiendo las orientaciones del Magisterio Social, y ante las políticas estatales orientadas a favorecer a las grandes empresas, responde al clamor de los campesinos e indígenas, se solidariza con ellos y le recuerda al Estado su función de garantizar el bien común de toda la sociedad, lo cual significa el bien de todos y el bien de cada uno”. Mensaje de los Obispos de Costa Rica sobre la situación de los campesinos y los indígenas, 2 de agosto de 1994.

Miguel Picado G., Pbro.
Coordinador Comisión redactora
Para la Comisión Nacional de Enlace-enero 2007

Qué vergüenza nacional

Soy testigo de la absoluta libertad de expresión que había en su programa, pues muchas veces fui invitado a opinar, sin cortapisa alguna, a sabiendas que muchas veces, ella no estaba de acuerdo con mi opinión; pero eso es democracia y verdadera libertad de expresión.

Lo que más indignación produce es que todavía, los testaferros y plumarios al servicio de esos intereses, vayan a la Asamblea Legislativa a intimidar a temblorosos diputados, que temen al poder de la prensa; para que les otorguen una ley de libertad de expresión que solo los favorece a ellosŠa los que niegan esa libertad¡¡¡. Que quieren convertir la libertad de expresión en “ libertad de difamación”, aprobando la reversión de la prueba; es decir, actualmente quien acusa debe probar lo que dice, con la “ reformita” el acusado por una prensa de este tipo que estamos viviendo, debe demostrar su inocencia¡¡¡¡, pero aquí no decimos nada y diputados acobardados, nos quieren confirmar con esta ley, la dictadura mediática.

Hoy escuché por la radio, que uno de los achichinques de la oprobioso Sociedad Interamericana de Prensa ( SIP ), anda por Uruguay comprobando el grado de libertad de prensa que hay en aquel país. Me pregunto, por qué no viene aquí la tan cacareada SIP, a analizar casos como este?, pero en cambio se hace presente para acuerpar a sus jefes de las grandes empresas de medios de comunicación por la “ ley de libertad de expresión”; eso me recuerda aquella vieja canción que se titula: La bien pagá¡.

Todo es una doble moral; pero no hay que temerles. Esa es la institucionalidad que dicen defender, pero le quitan los derechos esenciales a los ciudadanos, como es la verdadera libertad de expresión. No hay peor dictadura que la de la mente, esa es la que estamos viviendo, adormecidos en los “ chinamos”, o con las exhibiciones siliconianas en los periódicos, o con pseudos programas de opinión en los que sí “ filtran” a los participantes y “ analistas” aunque digan lo contrario y lo juren dándose de golpes enŠlos pechos.

Debemos buscar medios alternativos; por eso este comentario puede ser circulado al libre criterio de ustedes.

Educación y TLC (I)

Contexto y antecedentes

Pero eso jamás responderá preguntas fundamentales acerca de sus implicaciones económicas, sociales, políticas, culturales y ambientales. Para ello se requiere hacer teoría, pero hacerla con los ojos abiertos frente a la historia y los pies sobre el terreno mismo de la realidad nacional y mundial en cuyo contexto surge este TLC.

Esto es válido en general. Y, por supuesto, lo es si uno se centra específicamente en sus implicaciones para la educación. Al respecto, recordemos lo obvio: la educación es un servicio. Esto nos lleva a la categoría correspondiente dentro del Tratado, esto es, el así designado comercio de servicios. Volveré sobre esto último en un segundo artículo. En cambio, me interesa aquí resaltar algunas evoluciones importantes registradas durante los últimos decenios en relación con el comercio de servicios a nivel mundial.

En los años cuarenta del siglo XX, junto con el FMI y el Banco Mundial, se estableció el llamado_ “Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles”_, mejor conocido como GATT por sus siglas en inglés. En los marcos de esta última organización han tenido lugar varias rondas de negociación, cuyo propósito era reducir los aranceles (impuestos) y otros obstáculos al comercio. O sea, y en sencillo, buscaban la liberalización comercial. La ronda Uruguay –la octava– tuvo lugar entre 1986 y 1994. Ella dio lugar al llamado GATT 1994 y los acuerdos de fundación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la cual empezó funciones en 1995. Actualmente está en curso –pero entrampada en grandes contradicciones– una novena ronda: la de Doha.

Por comparación con las que la antecedieron, la Ronda Uruguay fue peculiar en muchos sentidos. Sobre todo porque hicieron aparición temas por completo novedosos: la protección a las inversiones y la propiedad intelectual, entre otros. También el comercio de servicios. Por muchas razones estos son temas extremadamente polémicos y su debut en la escena negociadora tan solo ilustra –y es resultado– de procesos de transformación que la economía mundial vivía desde los setentas, los cuales se aceleraron en los ochentas y noventas. Tal es la llamada globalización.

Generalmente este término hace referencia a la expansión del comercio y los flujos de capital en una economía mundial liberalizada. Se adicionan referencias más bien alucinadas acerca del desarrollo de la tecnología y una abundancia material al parecer ilimitada, donde el Estado y la política habrían desaparecido. Sin entrar en mucho detalle, subrayemos que esto es vulgar propaganda y, en el mejor de los casos, un rotundo exabrupto de frivolidad. En realidad, la globalización solo es el aspecto aparente y superficial de procesos mucho más complejos y fundamentales.

Estos últimos arrancan de la crisis de los años setenta y comportan una reestructuración de gran envergadura, aún inconclusa según lo ratifican los agudos desequilibrios actuales en la economía mundial. Ha sido como al modo de un abanico de transformaciones: económicas y tecnológicas; culturales e ideológicas; políticas e institucionales. Se resumen en una modificación de la correlación de fuerzas a favor del capital y, en particular, el capital transnacional. Ello se observa en los desarrollos de las tecnologías –que sistemáticamente propician la automatización y la reubicación de puestos de trabajo– como también en los desarrollos institucionales, que de forma consistente tienden a favorecer la libertad irrestricta de los capitales para invertirse donde mejor les convenga, gozando de todo tipo de privilegios. Esto impacta en los sistemas tributarios y debilita financieramente a los Estados, con lo que, entre otras implicaciones, se socavan los aparatos de bienestar y protección social. Es una fórmula nítidamente pro corporativa que propicia la concentración de la riqueza, la polarización y, en consecuencia, la descomposición social y política. En general, esa es la realidad de nuestra América Latina en los últimos dos decenios. Y, con sus diferencias, también la de los Estados Unidos de G. Walker Bush.

El ascenso de los intereses corporativos transnacionales –inclusive, y especialmente, en su variante financiera/especulativa– ha traído consigo un viraje cultural e ideológico violento. Lo constatamos en la voracidad sin límites que muestra el capitalismo actual y en la arrogancia absoluta de los representantes (p.e. Zoellick) del capital transnacional. Perdido todo escrúpulo y hasta el último resabio de prudencia, se quiere que todo –literalmente todo– pase a ser objeto de negocio. De ahí los “temas nuevos” que introdujo la Ronda Uruguay. Por ejemplo: normas privilegiadas de protección a las inversiones que violentan la capacidad soberana de pueblos y Estados; normas de propiedad intelectual que consolidan monopolios privados sobre el conocimiento y pretenden inclusive la apropiación de la vida. Y también la sujeción de los servicios a lo mercantil, incluyendo educación, salud y agua.

En germen, todo esto ya está en los acuerdos de la Ronda Uruguay aprobados en 1994. Luego ha habido varios intentos por ampliar y profundizar esos privilegios excepcionales a favor de las grandes corporaciones. Así con el llamado Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) y, en nuestro ámbito continental, la propuesta estadounidense para el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Los movimientos ciudadanos se han encargado de abortar ambos proyectos. Como estrategia alternativa se ha recurrido a los tratados de libre comercio. Expresado en apretadísima síntesis: estos últimos constituyen un violento asalto en procura de imponer una racionalidad mercantil y de peculio inclusive en aquellos ámbitos fundamentales para la vida, que, por el hecho de serlo, deberían constituir derechos universales y no mercancías a las que se tiene acceso tan solo si se posee capacidad adquisitiva. Ese es, valga enfatizarlo, el predicamento que se nos presenta en relación con la educación. También con la salud o el agua.

Enero 06, 2007

Fuente: Tribuna Democr’atica

NOTA DE LOS EDITORES. Don Luis Paulino publicó recientemente el libro Entre la vida y el mercado. TLC-EUCARD: implicaciones para la educación (Editorial UNED).

TLC impide al gobierno controlar los precios

Lunes 11 Deciembre 2006, 12:12 am

TEGUCIGALPA.-“El gobierno quedó atado por el TLC y atado por las leyes que aprobaron en la administración anterior para sacar al gobierno del control de precios que antes lo tenía”, expresó.

“Si nosotros como gobierno le exigimos a una empresa que baje los precios, nos demandan y nos publican internacionalmente y nos salimos de todo el esquema y en consecuencia se viene abajo y se ahuyenta toda la inversión”, manifestó.

Precisó que por la vigencia del TLC todos los productos están en el libre mercado porque el Estado no impone precios ni produce absolutamente nada.

“Lo que se debe hacer es averiguar las causas del incremento de cada producto, por ejemplo el maíz este año está subiendo en el mercado internacional. Así que en ese rubro hay que hablarle a Estados Unidos para que no le venda a China y también que deje de destinar unos 50 millones de toneladas métricas para generar biodiesel”, sugirió.

Reconoció que el control de precios lo puede decretar el Poder Legislativo, pero no es una medida saludable para el crecimiento económico y anunció que se apoyará a Banasupro para que venda y distribuya a nivel nacional 14 mil quintales de frijol y 50 mil quintales de maíz.

“Más bien la acción de fortalecer Banasupro son acciones prohibidas en libre mercado, pero las estamos haciendo para que no digan que uno no se preocupa…”, reiteró tras manifestar sentirse satisfecho con el reconocimiento que hiciera la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el sentido de que en Honduras ha bajado el desempleo

“El país dijo que está en un periodo de crecimiento económico pero lógicamente las fuerzas internas y políticas no lo quieren aceptar porque todavía están pensando de que no deberían perder las elecciones”.

“Lo que pasa es que no están acostumbrados a que el presidente les miente la madre…y eso no es más que decir lo que está pasando porque la cultura que ha persistido es controlar los medios para que el gobierno no tenga que hablar, pero como ahora yo le he dado libertad a los medios entonces también yo tengo que defenderme”, justificó.