Costa Rica solitaria

*El Nuevo Diario (Managua)

En nuestro caso el Cafta no generó un debate profundo, ni medio profundo, tampoco fue un dispositivo aglutinador de las organizaciones de la sociedad civil, ni se generaron discusiones que trascendieran a las instituciones y altas esferas del poder.

¿Pero qué ocurre en ese país vecino con el que siempre tenemos fantasmas pero al que migran cientos de nicaragüenses y, por tanto, al que estamos irremediablemente unidos? ¿Por qué la resistencia de una sociedad organizada y con clara capacidad de movilización no suscita interés o al menos debate en Nicaragua, siendo que el desenlace afecta a muchas familias de este país?

Quizás hay un sentimiento de que “ya nada puede hacerse” y “mañana veremos qué pasa”, muy a tono con la baja autoestima del país y el “éxito” de las políticas de promoción del analfabetismo y el desconocimiento como resultado directo de la nula inversión en la educación. El legado más eficiente en materia de política pública de los últimos tres gobiernos.

Muy distinto, el tema del TLC ha creado en la sociedad tica una polarización nacional que ha paralizado la capacidad de toma de decisiones en algunas esferas. La sociedad entiende la importancia de firmarlo o no, y por eso se resisten. Lo han leído, estudiado y analizado con sus propios anteojos y no con los del poder económico y la clase política, es decir, de manera independiente y honesta.

Saben que con él están en juego las mismas bases del modelo de desarrollo que los ha llevado a donde están, y por eso, en palabras del Rector del estatal Tecnológico (TEC) y principal organizador de las últimas marchas, se pide el retiro del TLC de la Asamblea, para que se “abra un espacio de diálogo profundo de cómo debe ser el modelo de desarrollo y rechazando agendas de implementación que venden el país”.

Es muy interesante y alentador que las universidades públicas, ésas a las que muchos nicaragüenses eligen para estudiar, debido a su mejor calidad frente a las nuestras, son quienes están dando la cara en estas marchas. La razón es sencilla: funcionan. En ellas todavía hay académicos intelectualmente honestos, movimientos estudiantiles, administradores comprometidos y espacios de discusión integrados a la realidad social y económica del país.

A diferencia de Nicaragua, el cuerpo universitario tico asume su rol social y científico frente a la comunidad y es activo. Por eso, nuestro vecino ha logrado construir una clase media educada y socialmente conectada e identificada con el país, como ha quedado demostrado con el tema del TLC.

Esto ha provocado la censura política feroz y represiva del poder, que ha girado su artillería contra los dirigentes sociales y, sobre todo, estudiantes. Según una carta hecha pública por el Movimiento Estudiantil Alternativo y después por la Comisión Nacional de Enlace, “la criminalización de la protesta social, la represión policíaca, la descalificación, el arresto y el juicio a dirigentes sociales y organizaciones, incluyendo a sacerdotes que apoyan nuestra causa, es un signo evidente de violencia política del sistema que quiere por todos los medios acallar la protesta”.

La violencia verbal y la intimidación son siempre las mismas: la sociedad civil cuando se opone es agitadora, comunista, izquierdista trasnochada, terrorista antidemocrática, manipulada, ignorante, irracional. Y la juventud es sinónimo de criminales cuando está contra el TLC en la campaña parcializada de los medios de comunicación, en concubinato con el gobierno, para crear un clima de confrontación y de inseguridad, y mostrar una cara agresiva en lugar del carácter cívico de las protestas.

¿Por qué los estudiantes universitarios, sindicatos, académicos prestigiosos, campesinos, ambientalistas, intelectuales, diputados y hasta ex presidentes y ex candidatos marchan contra el TLC? Tres razones: en Costa Rica hay un Estado que provee servicios públicos de gran cobertura y aplica políticas e instituciones para la inversión pública y distribución de la riqueza.

Segundo, esto ha permitido el desarrollo de una gran clase media (a diferencia del resto de Centroamérica), con mejor calidad de vida, movilidad y equidad social. Tercero, esta clase media está hoy golpeada económicamente debido a que los mecanismos de solidaridad se han debilitado con la apertura, la pobreza está aumentando y esto causa preocupación y alerta. El TLC es percibido como un tratado que beneficia a una minoría en detrimento de la mayoría. Por eso no se consulta con la sociedad, se impone. Como dijo un político, “preguntarle a la gente es peligroso, pues podría decir que no”.

¿Resistirá Costa Rica solitaria? Desde Nicaragua y demás países centroamericanos la resistencia de la sociedad civil costarricense la observemos lejana. Pero es muy importante por las cosas en juego, más allá del resultado final.

Las protestas contra el TLC le dejan al país una firme noción de colectividad, capacidad de movilización y reivindicación de las calles, síntomas sanos de una democracia. Pero, sobre todo, es un firme recordatorio de que la democracia como sistema (o cualquier otro régimen) no otorga derechos, éstos son productos de luchas sociales y hay que salir por ellos.

(www.elnuevodiario.com.ni/2007/03/05/opinion/42884)

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