El discreto encanto de la neutralidad

I*Aqui va el texto en negrita*ncluso desde su posición editorial, La Nación nos advierte acerca de la importancia de que ciertas instituciones sepan ser ejemplo de comedimiento y circunspección en todo aquello que tenga que ver con TLC y referéndum. Y en primer lugar aquellas que, por su especial posición, tienen mayor incidencia en la educación ciudadana. Fácilmente se colige que esto incluye a la Iglesia católica, así como a las universidades públicas.

Universidad que se pronuncia, nos ilumina el editorialista, deviene foro de “pensamiento único” e irrespeto. Universidad equidistante de todo compromiso explícito es, todo lo contrario, ejemplo de moderación y crisol de virtudes cívicas.

Ya en su ocasión el turno les había tocado a los sacerdotes católicos de las diócesis de Alajuela y Tilarán cuando tuvieron la osadía de expresar sus interpelaciones éticas al TLC. En la cúspide de todo posible cuestionamiento, el señor Rodríguez, el de tres veces por semana, fue quien le puso el cascabel al gato frente a tal destemplanza pastoral: ¿Se habrán siquiera leído estos curas el TLC?, preguntaba alarmado el cultísimo señor. Pregunta relevante por partida doble, teniendo en cuenta que el propio señor Rodríguez ratifica, cada vez que se refiere al tema, no saber ni jota del TLC. Esto podría deberse a que nunca lo leyó o a que, habiéndolo leído, nunca entendió nada. Recordando su autobombo como voraz lector, habría que suponer que sí lo leyó. En cuyo caso, queda en pie la segunda hipótesis propuesta, la cual cobra visos de mayor certitud tan solo con que recordemos el estilo usual de las columnas de tan distinguido personaje. Ahí no es posible reconocer –ni siquiera si usted la busca con microscopio– una sola idea de medio respeto. Claro, son abundantes las descalificaciones ofensivas, las tergiversaciones y las mentiras. Pero, como sabemos, esa es porquería de otro costal. Que la inteligencia, rectamente entendida, es muy otra cosa.

Pero volvamos a la cosa de la neutralidad, tan amorosamente recomendada por La Nación a instituciones como las religiosas y las universitarias. Sentado tan loable principio, una primera pregunta cae estrepitosa sobre la cabecita del editorialista nacionil: ¿Pero no sería válida la misma recomendación para los medios de comunicación, en especial aquellos de mayor poder económico? Tengamos en cuenta que estos son vías privilegiadas por donde circula la información y poderosos centros de formación de opinión y difusión de ideología. Tanto como la Iglesia Católica y mucho más que las universidades. Por lo tanto, ¿No deberían los medios informar con cuidadoso equilibrio y abrir espacios equitativos para que se expresen todos los puntos de vista? La salsa recomendada para prelados, curas y rectores universitarios parece absolutamente válida para diarios y telenoticieros.

Pero no. Un ejemplo reciente lo ilustra con especial patetismo. El jueves 10 de mayo La Nación publica un artículo de la Viceministro de Comercio Exterior, Amparo Pacheco. Es la respuesta a un escrito previo del Monseñor Trejos del pueblo, el cual, desde una pespectiva ética, cuestionaba la ideología anti-vida del TLC. El escrito del obispo circuló en Internet y de mano en mano por parte de muchas personas que lo reprodujeron por su propia cuenta. Pero jamás apareció en La Nación adonde oportunamente fue enviado. No obstante lo anterior, en cambio si publica la réplica de la señora Pacheco. Nada novedoso. Lo mismo han hecho muchas veces. Solo que esta vez se metieron con un personaje de inmensa autoridad moral.

¿Neutralidad, equilibrio informativo? Si tan solo fuera tomar posición –como con pleno derecho y sobradísimos argumentos lo han hecho tres consejos universitarios– la cosa no sería tan preocupante. Pero esto es otra cosa: aquí hay manipulación descarada e irrespeto abierto al derecho de los costarricenses de recibir información veraz. O sea, y en breve, privatización de la libertad de expresión y pensamiento y, en consecuencia, afrenta y corrupción sobre los más elementales derechos ciudadanos.

Pero esto ilustra adicionalmente la falacia que se esconde detrás de posiciones que se pretenden neutrales. Intento explicarlo por referencia al principio de la discriminación positiva, conforme al cual resulta fundamentalmente injusto tratar igual a quienes son desiguales. A ello responden las legislaciones en materia de género, las cuales reconocen la situación social desventajosa en que se encuentran las mujeres. También quienes sufren algún tipo de discapacidad física. Afrentada, olvidada y disminuida por el neoliberalismo y los tratados comerciales, a la misma idea responde la legislación laboral, en virtud de la posición asimétrica de quien trabaja respecto del patrono.

En el debate alrededor del TLC, y sobre todo con vistas al próximo referéndum, esto cobra especial relevancia. Las posiciones en pugna no movilizan volúmenes comparables de recursos ni disponen de plataformas de difusión similares. La del sí se sustenta en muchos millones de dólares, cuya existencia es tan real como dispendiosa la publicidad en que se materializa y gasta. Además, cuenta a su favor con la abierta complicidad de todas las corporaciones mediáticas más poderosas, con La Nación a la cabeza. Los del no trabajamos con las uñas, con base en la organización ciudadana autónoma, el desprendimiento de la gente, el voluntariado, el trabajo de hormiga. No solo tenemos vedado el acceso a los medios poderosos, sino que enfrentamos la manipulación alevosa que éstos realizan en nuestra contra.

En un contexto de asimetrías tan violentas, ¿qué papel juegan las posiciones neutrales? El mismo que las escaleras para una persona sin piernas o las reglas únicas de participación para hombres y mujeres en contextos políticos de arraigado machismo. Legitiman las diferencias y consolidan las desigualdades. La “neutralidad” desconoce un imperativo ético fundamental: aquel que proclama que es fundamentalmente injusto permitir que el más fuerte atropelle sin limitación ni cortapisa al más débil.

La Nación lo sabe y por ello ahora es promotora de la “neutralidad”. Pregúntele usted a la Conferencia Episcopal si va a seguir prestándose al juego.

Mayo 12, 2007

Fuente: Tribuna Democrática

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>