Golpe a la democracia

Nota del Autor: El presente artículo no es otra cosa que un parangón del Editorial de La Nación del día 15 de junio, en el que se cuestiona fuertemente al Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.
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La empobrecida democracia costarricense, cada vez más asediada por los arreglos espurios, los ímpetus autoritarios, el asalto a la institucionalidad y los objetivos continuistas del presidente Oscar Arias Sánchez y su hermano, acaba de sufrir otro serio y burdo golpe, que ensombrece aún más el futuro del país.

Esta vez se trata de una decisión que agrede, directamente, el derecho de los ciudadanos a ejercer su capacidad soberana en la decisión de los asuntos trascendentales para el país; es decir, un disparo al centro neurálgico de la democracia y el Estado de derecho.

Las víctimas directas son todos los comités patrióticos, organizaciones sociales y partidos políticos independientes que se encuentran hastiados de la corrupción, turbiedad, verticalismo e ineficiencia de Arias y la camarilla que lo acompaña, incluyendolos demás partidos políticos tradicionales.

Utilizando subterfugios totalmente espurios, el Tribunal Supremo de Elecciones, dominado por la turbia política de los Arias, resolvió desestimar la solicitud de llevar a referemdum la aprobación de las leyes UPOV, para el cual las organizaciones sociales recolectaron cientos de miles de firmas que lo respaldan. Pocos días antes, los mismos Magistrados del Tribunal eximieron de toda responsabilidad al Vicepresidente de la República Kevin Casas por su autoría del nefasto memorandum, hecho verdaderamente insólito, que la historia patria recogera en sus anales como uno de los actos de mayor agresión a nuestro sistema democrático y Estado de derecho.

Esto implica que la figura constitucional del referendum no podrá utilizarse sino cuando al presidente Arias le interese y cuando, claro está, él pueda controlar o alterar sus resultados. La medida cierra todo espacio participativo a la sociedad civil no organizada en partidos políticos, y aunque antaño la Sala Constitucional resolvió conocer sobre decisiones emanadas del órgano electoral mediante el recurso de amparo, hoy día tal cosa no es posible, además de que resultaría una acción totalmente estéril si se toma en cuenta que el Poder Judicial también adolece de las mismas ingerencias políticas de que es es víctima el Tribunal Supremo de Elecciones.

Hasta ahora, lejos de aquilatar debidamente el curso dictatorial hacia el que se encamina Costa Rica, y la posibilidad de debilitar la imágen democrática que goza el país ante la comunidad internacional, Oscar Arias se ha aferrado a la política autoritaria. Peor aún, ni siquiera ha dado la cara abiertamente. Su grave mensaje es que las vías de rectificación y entendimiento permanecen cerradas.

Mientras tanto, la frustración ciudadana crece, pero el El Gobierno tílda de extemistas de izquierda a todos los que critiquen las medidas antidemocráticas. Tal amenaza, sin embargo, no solo debe ser rechazada; lo que se impone, más aún, es una intensa presión sobre los Arias para frenar sus peligrosas tendencias dictatoriales. Entre las cartas a utilizar debe contemplarse, la acción directa de la ciudadanía para pedir la salida a los Magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones, pues de lo contrario llegaremos al próximo proceso electoral guíados por un órgano electoral que no merece ninguna confianza lo que puede poner en peligro la paz electoral del país.

Los sectores democráticos costarricenses, activos, dignos, mayoritarios y valientes, tienen que fortalecerse con la unión y comprender que divididos no podrán ser capaces de frenar la arremetida dictatorial de los Arias, que ya se proyecta en el gobierno por otros cuatro años. Mientras tanto, los Arias seguiran preparando, junto con los partidos tradicionales y turecas, el guion del continuismo, la repartición y la incompetencia gubernamental. ¿Qué más revelador de esto último que el índice concentración de riqueza que ya muestra el país?

Hay, por todo lo anterior, razones de sobra para una enorme inquietud sobre el futuro de Costa Rica, cada vez más lejos de su pasado glorioso y más cerca de compartir un futuro con los países más desiguales de américa latina .

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