Juventud estudiantil juega un papel de primera línea en la lucha contra el TLC

San José, 9 de octubre de 2006
JMR-JFFA-0319-2006

Compañeros/as
Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica
Directorio

Estimados compañeros y compañeras:

Recibí su carta pública el pasado jueves en la que solicitan mi opinión sobre diversas cuestiones relacionadas con la lucha contra el TLC, que paso a contestar de inmediato.

Yo también les envío un saludo respetuoso y fraternal, y aprecio mucho su interés en profundizar un diálogo que contribuya a unificar criterios y fuerzas para derrotar el TLC.

Me parece que lo mejor sería que nos pudiéramos reunir y hablar el tiempo que sea necesario, para abordar el análisis de la coyuntura que vivimos en toda su intensa y amplia complejidad. No obstante, les adelanto algunos criterios sobre las principales preocupaciones que ustedes expresan en su carta, sin pretender dar ninguna lección, sino para expresarles con la mayor honestidad y modestia posibles algunas opiniones, con el mayor respeto a la autonomía de la FEUCR y a jóvenes inteligentes y comprometidos como ustedes que piensan y actúan con cabeza propia, y que tanto me recuerda los compromisos que yo mismo asumí desde joven, que podrían resumirse en el consejo que el Che les diera a sus hijos poco antes de su caída en combate: “ser capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.

1. Efectivamente, el gobierno ha dicho que quiere ver el TLC dictaminado, y si es posible votado, antes de que finalice este año. Al mismo tiempo está en marcha una campaña de intoxicación y provocación, con el objetivo de criminalizar la protesta y debilitar a las fuerzas opositoras.

El intento más reciente de tratar de vincular burda y perversamente nuestra lucha patriótica, con una delirante conspiración orquestada desde el exterior, muestra hasta dónde está dispuesta a llegar esta oligarquía vendepatria, su grado de abyección y de sumisión al gobierno de Bush.

No hay en ese sentido ningún espacio de diálogo abierto, por el contrario crece la prepotencia y la amenaza de represión, en una clara e inquietante regresión democrática, a la que deberá responder y asumir responsabilidades el presidente Arias.

Esta situación obliga al ancho y diverso movimiento de resistencia, a actuar con creatividad, inteligencia y firmeza para impedir que el TLC sea votado en diciembre, y para enfrentar la estrategia de provocación del gobierno y sus aliados.

El espacio de la lucha parlamentaria sigue abierto y sería un gravísimo error ignorarlo o dar por un hecho irreversible que el TLC ya tiene los votos para aprobarse; hay que coordinar el accionar político en los ámbitos parlamentario y extraparlamentario, donde el eje fundamental de la lucha sea la movilización social democrática y pacífica en las calles, en los centros de trabajo, de estudio, de residencia; el arte de nuestra política es combinar dialécticamente lucha popular y lucha parlamentaria, y nuestro éxito dependerá, en última instancia, de la generación de un estado de conciencia que permita que la mayoría social del país exprese un rechazo consciente y militante al TLC; esa mayoría social estaría en condiciones de hacer retroceder cualquier mayoría mecánica que se produjera en el parlamento.

Eso no significa ubicarse hoy en Costa Rica en una perspectiva “violenta” o “insurreccional”, como la derecha trata de afirmar o de insinuar, sino en una perspectiva de resistencia democrática, de defensa de la Constitución y de sus mejores valores, frente a un TLC que amenaza con destruirlos.

En ese mismo terreno se construye la alternativa, donde es posible respetar tantas voces y propuestas como la misma diversidad que existe en el campo de las fuerzas progresistas.

Hay que defender la movilización popular en las calles como un derecho democrático, y rechazar enérgicamente la “guerra psicológica” de la derecha, que trata de colocar un signo de igualdad entre la calle y la violencia, esto es vital para que los sectores más avanzados en la lucha contra el TLC no se vean separados de otros sectores sociales, que rechazan el tratado pero que son el objetivo de la “política del miedo” que se desarrolla desde el poder.

Es necesario también articular la movilización con la intensificación del trabajo de divulgación y educación, sería un error pensar que esa tarea ya terminó, parece más bien que, entre otras razones, la prisa de la derecha es porque a medida que la gente participa en foros, charlas, reuniones… va disminuyendo el apoyo al TLC; esa pedagogía liberadora, no la podemos abandonar nunca.

2. Unidad en la diversidad es ahora, más que una consigna, el alfa y el omega del éxito de nuestra lucha común. El respeto a la diversidad me parece esencial, pues no sólo es el reflejo de la variedad de las fuerzas que participan en la oposición al TLC, sino parte de un proceso de construcción de una cultura política que supere los enfrentamientos cainitas, las descalificaciones gratuitas y destructoras, las adjetivaciones difamatorias y un largo etcétera que han marcado tan dramáticamente las permanentes divisiones y desencuentros de las fuerzas populares.

La diversidad es tanto una fuente de fortalezas como de problemas, y la separación entre lo político y lo social sólo puede ser útil con fines analíticos, pues en los hechos la política desde los partidos y desde los movimientos sociales no admite fronteras artificiales, forma parte de un proceso único necesariamente conflictivo y cargado de contradicciones

¿Cómo trabajar por la unidad?¿ Cómo construir colectivamente las respuestas? Desde la coordinación, como acertadamente se concibió desde hace algún tiempo. Se tiene que dar una necesaria lucha de ideas, y es legítimo luchar también porque las ideas de cada cual traten de ganar el mayor espacio en la orientación y definición de las luchas.

Entiendo que eso pasa, como es lógico, en la Coordinadora. Cualquier intento de imponer un criterio sería un fracaso, sin embargo es necesario y urgente “unificar algunos criterios”, ¿cuáles? y ¿cómo? Las jornadas acordadas para los próximos 23 y 24 ya es un logro importante, pero hay que seguir proponiendo y debatiendo.

En ese contexto surge la iniciativa del referéndum consultivo por un grupo muy estimable de personas, sobre las que no tengo ninguna duda en cuanto a sus honestas intenciones y su compromiso en la lucha contra el TLC; no estoy de acuerdo con esa iniciativa por razones de oportunidad y condiciones, además porque no está contribuyendo a reforzar la unidad y la confianza, tan necesarias y urgentes en estos momentos; eso no significa que el movimiento popular deba menospreciar esas herramientas de democracia participativa, por muy mutiladas que estén, igual que no deberíamos menospreciar los espacios de lucha institucional, por muy limitados que sean.

Nuestra estrategia sería estrecha y finalmente equivocada, si al análisis de la construcción de nuestras propias fuerzas, no agregáramos la deliberación de cómo neutralizar las fuerzas del adversario.

3. Estoy dispuesto a involucrarme, como de hecho ya lo vengo haciendo, en cualquier esfuerzo que permita el amplio y democrático encuentro de los sectores populares, que discuta y acuerde acciones unitarias para derrotar el TLC.

Aquí de nuevo, me parece esencial que la democracia horizontal sirva para escuchar todos los criterios y adoptar una política común unitaria y eficaz, encontrando formas asamblearias que concilien adecuadamente la democracia ciudadana, cada persona un voto, con la representación real de las fuerzas sociales en presencia; quizás debíamos pensar en una red de asambleas locales y regionales, con elección de delegados a la asamblea nacional popular que expresara cierto tipo de poder constituyente desde abajo, de construcción de hegemonía social, política, cultural, ideológica del sujeto popular, alrededor de un proyecto estratégico alternativo al modelo neoliberal.

Claro tenemos el problema de los tiempos y otros que podríamos comentar oportunamente. Cada fuerza llevaría a esa asamblea sus propuestas y lógicamente el debate, si es fructífero, tendría que desembocar en alguna forma de voluntad organizada.

En cuanto a mi respecta, tengo la certeza de que podemos derrotar el TLC, si logramos desarrollar con firmeza, respeto e inteligencia, la más amplia unidad de conciencia y de acción de nuestro pueblo.

Nuestra vía es la democrática, tanto para derrotar el TLC, como para desalojar a los neoliberales del gobierno, lo que debemos lograr en la urnas electorales, y del poder, mediante el cambio de la correlación de fuerzas políticas y sociales a favor de las clases trabajadoras y de todas las fuerzas democráticas y patrióticas.

Como diputado de la República cumpliré con honor y sin claudicación, todos los compromisos asumidos por mí y por nuestro partido ante nuestro pueblo.

Reciban un saludo fraternal y estoy a su disposición para que nos encontremos en el menor tiempo posible.

José Merino del Río
Diputado Asamblea Legislativa
Fracción Frente Amplio

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