La Ley de la jungla

Nos endilga además, a quienes reclamamos desde la “calle”, justicia social, distribución de riqueza y respeto a la institucionalidad, ser los culpables del estancamiento económico, político y social en el que se encuentra el país; absolviendo por lo visto, de toda culpa y resposabilidad al bipartidismo y a la clase económica que aplicando los postulados neoliberales, han gobernado a nuestro país en las últimas dos décadas.

Esto quizá, porque el movimiento social costarricense tuvo la osadía, desde la “calle”, de enterrar el negociado de la venta del ICE y con ello, frenar las ansias neoliberales de hacerse de los todos los bienes, servicios y empresas públicas, que son de la nación (el país).

Por otra parte, se infiere del artículo en comentario, que al señor Jaime Gutiérrez, le duele que el poder “ande suelto” entre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y la Contraloría; pero le faltó mencionar que el poder ahora también camina, por la Corte Suprema de Justicia, la Defensoría de los Habitantes, los medios de comunicación y las organizaciones sociales.

Para nuestra dicha, su opinión es una verdad. Hoy por hoy en Costa Rica, el poder esta un poquito repartido, lejos de esa ansiada concentración de poder que el Sr. Gutiérrez Góngora reclama y reciente.

Debe entender don Jaime que, precisamente, la institucionalidad y la vida en democracia, es contraria a toda concentración de poder y, por tanto, esa concentración de poder que usted lamenta es más bien una característica de ideologías extremas, tanto de derecha como de izquierda.

En estas ideologías, como usted bien lo sabe, el poder lo ostentan unos pocos y en casi todos los casos, el poder y el mando está en una única persona. No aceptar la sana distribución de poder, que debe darse en una sociedad democrática, es asumir poses autoritarias. Para fortuna ciudadana, esperamos que la sabiduría popular siempre nos mantenga alejados de esos postulados y formas de gobierno.

Nuestra organización, a la que me digno en representar, tiene como postulado la defensa de la institucionalidad y de la vida en democracia; entendida ésta como un cuerpo vivo, donde los diferentes sectores e intereses sociales interactúan, se enfrentan y colaboran en la consecución de lo que bien usted señala en su artículo cuando dice “enriquecer al pueblo costarricense debe ser la meta”.

Pero precisamente don Jaime, esto no es posible cuando el modelo económico neoliberal nos niega el derecho a la participación en democracia y a compartir la riqueza; nos condena a la exclusión económica y social y los gobiernos tienen como único “proyecto” el desmantelamiento del Estado, la venta de activos públicos y la concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

Tampoco es posible “enriquecer al pueblo”; cuando y sobre todo, los gobernantes y los sectores económicos que representan, insisten, en no escuchar a su gente y siguen por la senda neoliberal que nuestro pueblo ha rechazado tajantemente, al constatar, una vez más sabiamente, la realidad de las naciones hermanas latinoamericanas sometidas a la dictadura económica del mercado totalitario.

Tampoco, cuando los gobiernos, el Estado y los grupos de poder económico son incapaces de tutelar y respetar el sagrado derecho humano de los trabajadores y trabajadoras a organizarse en sindicatos. Tampoco, cuando se niega la participación real de la ciudadanía y de sus organizaciones sociales en la toma de decisiones,

Cuando esto ocurre, los ciudadanos, las organizaciones sociales y los pueblos, tenemos el sagrado y legítimo derecho humano a salir a las calles a demandar respeto a la institucionalidad democrática, participación en la toma de decisiones y tutela efectiva y real por parte del Estado y sus gobernantes, de los derechos fundamentales.

Esto es verdad don Jaime. La vida en democracia es contraria a la concentración del poder absoluto en manos de un gobernante o grupo de poder económico, y requiere de quienes ostentan el poder, conocimiento, sabiduría, humildad para escuchar, tolerancia al pensamiento ajeno; y, por sobre todo, una gran capacidad, destreza, habilidad y liderazgo, para hacer concurrir en el gobierno, el sentir y los intereses de todos los grupos que conforman una sociedad, en aras de asegurar la justicia social y la riqueza de todos sus ciudadanos.

Sepa don Jaime, que estamos trabajando para defender la institucionalidad, la soberanía patria y la justicia social desde la calle, si es necesario; pero también, y aunque usted lo ignore, trabajamos y participamos, con nuestras humildes capacidades, en diferentes mesas, donde concurren sectores sociales de todo tipo (hasta empresariales), los que compartimos la imperiosa necesidad de elaborar políticas, económicas, productivas y sociales en función del bien común. Un ejemplo de esto es el trabajo que ha realizado responsablemente, la Tercera República, en la Comisión Mixta Legislativa para el Pacto Fiscal.

Trabajamos don Jaime, por una Costa Rica cuya visión de desarrollo va en función del bien común en armonía con el ambiente; por una Costa Rica de oportunidades para todos y todas sin exclusiones sociales y sin la odiosa concentración de la riqueza y de poder a que conlleva la implementación del modelo neoliberal en nuestro país; modelo que por su carácter concentrador de poder y de riqueza, es contrario a la vida en democracia y por lo tanto, repudiado por nuestro pueblo, enemigo sempiterno de los extremos económicos y políticos.

Para terminar, sinceramente, en ANEP, desde su Secretaría General que compartimos con el compañero Albino Vargas Barrantes, como toda su estructura dirigente y sus bases, al igual que el suscrito, compartimos con usted que “hay que terminar con la ley de la jungla”, con la ley del más fuerte, con la ley de la concentración de poder y de riqueza y de empobrecimiento social que promueve la ideología neoliberal.

Edgar Morales Quesada
Secretario General Adjunto
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

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