Mora en su sitio

La venturosa decisión estremece las fibras más íntimas de la costarriqueñidad y augura fructuosos efectos. Ahora, la niñez y la juventud podrán estudiar las virtudes cívicas encarnadas por el más completo Presidente de la República en casi dos siglos de vida autónoma, aquel empresario transformado en estadista que dirigió al pueblo en armas por la conquista de la segunda independencia nacional.

Este es un momento único de memoria y reconciliación. El Poder Legislativo ha tenido la entereza de pedir perdón por sendas culpas contra don Juanito, como el Papa pidió perdón por los errores de los hombres de la Iglesia a través de milenios. Son elocuentes el mea culpa y la rectificación justiciera: “Al cumplirse 150 años de su muerte, nosotros, los representantes de la nación, decidimos enmendar ambos errores que menoscaban la dignidad de la República”. Desagraviar, ennoblece.

El acto legislativo llama Guerra Patria a las épicas acciones militares y las eficaces iniciativas diplomáticas de 1856 y 1857 encabezadas por el Presidente Mora, porque fue la fragua que fusionó los factores de la identidad nacional. A la vez, destaca la dimensión externa de la epopeya, realizada para salvaguardar la libertad de Costa Rica, de Centroamérica y de Hispanoamérica. Justipreciar la estatura del Libertador exige investigar el complejo y multifacético conflicto en el contexto del desarrollo íntegro de Costa Rica y Centroamérica, dentro del vasto movimiento de la emancipación iberoamericana y los designios de la potencia hegemónica para el Mundo de Colón.

La representación popular reconoce la eficacia del liderato del Presidente Mora. La estructura de la sociedad y la arquitectura del Estado cambiaron bajo su conducción civilizatoria de una década. El suyo no fue liderazgo patriarcal ni tiránico sino carismático, en el cual la relación interpersonal con el pueblo se sustenta en el amor y en el afecto. Su idearium y su praxis deben escudriñarse a fondo y así superar la tergiversación esparcida por sus adversarios al correr del tiempo.

El diputado Juan Carlos Mendoza habló con verdad al decir: “Bolívar no fue un sobrehumano, San Martín no fue perfecto, Martí alguna vez erró y Juárez, O’Higgins o Washington no fueron ángeles sino personas que acumularon en sus vidas un récord de luz y de sombra… En la antigüedad, los héroes eran semidioses y se creía que eran perfectos; en la actualidad, los héroes son personas de carne y hueso, con virtudes y defectos, que en el cumplimiento del deber se sobreponen a desafíos enormes. Los héroes no bajan del cielo sino que suben del suelo. La heroicidad se forja entre el pueblo, cuando un adalid convoca a la gente que lo sigue, para afrontar juntos una misión extraordinaria”.

El Presidente Mora fue derrocado porque estableció el Banco Nacional de Costa Rica. Sus antiguos amigos, competidores o socios no le perdonaron que la nueva institución financiera les privara del agio y de la usura. En el rompimiento del orden constitucional confluyeron diversos motivos pero una fue la causa eficiente, reñida con el interés general de la nación. El sabio Rodrigo Facio escribió que con la sola creación del banco, “sobrepuso su amor a la patria y sus anhelos democráticos, a los intereses de su propia clase, faz brillantísima y aún no estudiada de la vida del gran Presidente”.

La comunidad internacional no reconocía al régimen golpista. Don Juan Rafael era recibido como Presidente Constitucional en Guatemala y en El Salvador. La cuartelada se sostenía por los fusiles y la traición pagada. Muchos estaban inconformes con la Asamblea Constituyente y las elecciones de la autodenominada “nueva era”. El ex mandatario cometió el más grave error de su existencia al prestar oídos a los malcontentos. Desembarcó, inerme, en Puntarenas pero pronto fracasó la insurrección. Ya el régimen había decidido quitarle la vida. Un tribunal de farsa lo condenó al último suplicio. Por siglo y medio se ha hablado de “fusilamiento”. El Poder Legislativo decide hoy calificar el delito como un crimen de Estado.

¿Por qué mataron al Libertador y Héroe Nacional? Don Cleto González Víquez escribió que el homicidio “obedeció en mucho más que a conveniencias del Estado y a necesidades de gobierno, a venganzas de agravios personales”. La Asamblea Legislativa establece que fue “motivado por choques de intereses materiales y personales ajenos al bien común de la patria”.

Las rectificaciones históricas habrán de continuar. La justicia y la verdad claman por la vindicación del general José María Cañas, víctima de un asesinato de Estado dispuesto no ya por un remedo de tribunal sino por el mismísimo Presidente de la República y sus propios ministros reunidos en Consejo de Gobierno. ¡Qué barbarie! El general Cañas merece ser declarado Héroe Nacional y Héroe Centroamericano. Asimismo, es justo legalizar los títulos tradicionales de Héroe Nacional a Juan Santamaría y de Heroína Nacional a Francisca Carrasco.

La Asamblea Legislativa gana la gratitud de los costarricenses por reparar dos desatinos que vulneraban el decoro de la nación. Las señoras y los señores diputados obtienen el agradecimiento de sus compatriotas por declarar Libertador y Héroe Nacional a don Juan Rafael Mora. Honrar, honra.

El escritor Manuel Argüello Mora profetizó, en 1861: “La muerte le abrió las puertas de la historia, donde aparecerá un día, tanto más grande cuanto pequeños y raquíticos sus innobles enemigos”.

*Académico y escritor, autor del libro “El lado oculto del Presidente Mora” (edición corregida, revisada y aumenta: Eduvisión, 2010).

Fuente: Página Abierta
Diario Extra
28 de setiembre de 2010

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