Tratado de Budapest y la vida humana: Posición de ANEP, UNDECA y ASDEICE

ANEP ASDEICE UNDECA

San José, 4 de diciembre de 2007.

Excelentísimos señores obispos
Conferencia Episcopal de Costa Rica
Monseñor José Francisco Ulloa Rojas, Presidente, Obispo Diocesano de Cartago
Monseñor Hugo Barrantes Ureña, Vicepresidente, Arzobispo Metropolitano de San José
Monseñor Oscar Fernández Guillén, Secretario General, Obispo Diocesano de Puntarenas
Monseñor Ángel San Casimiro Fernández., Obispo Diocesano de Alajuela y Administrador Apostólico de Sede Vacante de Ciudad Quesada
Monseñor Vittorino Girardi Stellin, Obispo Diocesano de Tilarán
Monseñor Guillermo Loría Garita, Obispo Diocesano de San Isidro de El General
Monseñor José Rafael Quirós Quirós, Obispo Diocesano de Limón
Presente

Asunto: Tratado de Budapest – Posición de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR)
-Posición de la Congregación para la Doctrina de la FE – Relaciones de la CECOR con el Grupo Empresarial Sama – Planteamiento a la Iglesia Católica desde los sectores sociales opuestos al TLC.

Vuestras Honorables Excelencias:

Hemos tenido la oportunidad de conocer, leer y estudiar el comunicado de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR), publicado en Diario Extra del martes 27 de noviembre de 2007, sobre la aprobación del proyecto de ley “Adhesión de Costa Rica al Tratado de Budapest sobre el reconocimiento del Depósito de Microorganismos a los fines del Procedimiento en Materia de Patentes”.

Sin duda alguna, se trata de un proyecto tan nefasto para la vida humana y tan trasgresor del concepto de vida a la luz de la filosofía del humanismo cristiano que, enhorabuena que vuestras autoridades eclesiásticas alerten al pueblo costarricense y, particularmente, a la feligresía católica y, porqué no decirlo, a la evangélica que también es cristiana.

Sinceramente les felicitamos por pronunciar a viva voz su esclarecedora palabra en tan grave situación; aunque sí lamentamos que la misma no se haya manifestado durante la discusión nacional en el marco del referéndum sobre el TLC, del 7 de octubre anterior.

No obstante, el tema es de tanta profundidad sobre la concepción de la vida misma que nos ha inspirado para, desde una perspectiva sindical, dejar constancia para la historia de cuál fue la naturaleza de la oposición laboral y social del Movimiento Patriótico del NO al perverso tratado de “libre” comercio (TLC) y su “agenda de implementación”; particularmente en torno a este proyecto, émulo maligno de los experimentos del Dr. Mengele en la Alemania Nazi.

Para hacer todavía más énfasis en esta perturbación a las convicciones cristianas del noble pueblo costarricense que este proyecto significa, hacemos nuestras las conclusiones al respecto, de un estimable grupo de honorables ciudadanos costarricenses; quienes tuvieron la extraordinaria sensibilidad para tocar a las puertas de la no menos honorable Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) y pedir de ésta la iluminación precisa.

Opinión ésta de enorme trascendencia en momentos en los cuales este proyecto, como todos los de la “agenda de implementación”, se debaten en el seno del parlamento costarricense, a hurtadillas, a golpe de tambor, de espaldas a la ciudadanía, en medio de las más flagrantes violaciones al proceso legislativo jamás vistas antes y desde que se promulgó la Constitución Política de 1949

Estamos hablando de las inquietudes y exhortaciones enviadas a la CECOR, por parte del Dr. Carlos Agustín Páez Montalbán, del Dr. Arnoldo Mora Rodríguez, de la Licda. Olga Marta Mena Pacheco, del Dr. Hernán Collado Martínez, del Lic. Fernando Soley Soler y del Ing. Arturo Robles Coronas. Estas destacadas personas, enviaron una nota dirigida al Excelentísmo Monseñor José Francisco Ulloa Rojas, con fecha 13 de noviembre de 2007, adjuntamos a la misma un documento analítico denominado precisamente “Tratado de Budapest”, del cual obra copia en nuestro poder.

Estos distinguidos costarricenses, con una sensibilidad humanista profunda y honesta, indican que _“El Tratado de Budapest constituye una de las agresiones a la ética y la moral más monstruosas y aberrantes que la sociedad comercial corporativa multinacional le haya impuesto a la población mundial. El Tratado de Libre Comercio de Centroamérica, República Dominicana y los Estados Unidos (TLC) sirvió para abrirnos los ojos en relación con los alcances a los que se ha llegado en la mercantilización de toda materia y sujeto existentes, incluyendo el ser humano_”.

Nos ilustran los distinguidos compatriotas en que los objetivos básicos del Tratado de Budapest, “son depositar microorganismos para fines de patente y eliminar las restricciones a la importación y exportación de esos microorganismos,…”; agregando, además, que el término “microorganismo” no se define en el tratado; lo cual, por ejemplo, “legitima” los cultivos de tejidos y plásmidos (especie de moléculas de ADN), abriéndose el pérfido camino del patentamiento de la vida y su tráfico, comprometiendo la propia vida y dignidad humanas.

Los indicados patriotas avanzan en su planteamiento al plano del discernimiento teológico, afirmando de manera categórica que el Tratado de Budapest es “intrínsecamente incompatible con los principios fundamentales de la ética cristiana en esa materia”. Agregan, además, que_ “es incompatible en forma total con la enseñanza de la Iglesia en materia bioética”,_ mencionando importantes documentos emanados del Magisterio Eclesiástico al respecto.

Dentro de tales aportaciones eclesiales en defensa de la vida, hemos tenido oportunidad de conocer el documento “Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación”, emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el año 1987, firmada por el entonces Joseph Card. Ratzinger, hoy nada más y nada menos que Su Santidad, el Papa Benedicto XVI. (Este documento está acreditado desde la Tipografía Políglota Vaticana, Ciudad del Vaticano, 1987).

Impactante es este documento que, por supuesto, para vuestras autoridades eclesiásticas es de conocimiento profundo. En su apartado de conclusiones, se indica, por ejemplo, que “La difusión de técnicas de intervención sobre los procesos de la procreación humana plantea gravísimos problemas morales, relativos al respeto debido al ser humano desde su misma concepción y a la dignidad de la persona, de su sexualidad y de la transmisión de la vida”. El Tratado de Budapest representa un atropello frontal a esta concepción de la vida y de la dignidad humanas.

El tratado de Budapest y su concepción laxa, completamente laxa, de que se entiende por “microorganismos”, abre las aberrantes posibilidades “de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y genético”; intentos que, “no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades prefijadas”. Así consta en el documento del, en su momento, Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI.

Siempre en el marco del más absoluto respeto para la Conferencia Episcopal de Costa Rica, deben sus ilustres autoridades disipar la especie que anida en gran parte de los sectores sociales y cívicos organizados, de que la actividad financiera de la CECOR (aunque entendemos la necesidad lógica de la misma), haya permeado, de alguna manera, las posiciones eclesiales sobre el TLC y, particularmente, en el caso del Tratado de Budapest, cuya denuncia no se hizo como era necesario antes del referéndum.

Nos estamos refiriendo a la participación de la CECOR en el Grupo Empresarial Sama, del cual es “el mayor accionista”, según se expone, así textualmente, en el oficio GES/225/2007, fechado 8 de noviembre, 2007; que es dirigido al presbítero Guido Villalta Loaiza, Vicario General de la Arquidiócesis de San José, por parte del señor Víctor Oconitrillo C., Presidente del Grupo Sama; carta de la cual tenemos una copia.

Por otra parte, entendemos que las estipulaciones incluidas en la “Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación”, emanadas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la rúbrica de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, en su momento Joseph Card. Ratzinger; son de acatamiento obligatorio para toda la comunidad eclesial, particularmente para sus dignatarios, de tal suerte que encontramos suficiente justificación como para habernos dirigidos a vuestras dignidades en tal sentido.

Vistas así las cosas en su intensa gravedad, de la manera más respetuosa para Vuestras Ilustres Excelencias, como entidades laborales y sociales, específicamente, como organizaciones sindicales; por este vía les venimos a pedir lo siguiente:

Primero: Debe intensificarse ante la feligresía católica, la denuncia pública que la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) ha hecho pública, acerca de la perversidad y malignidad del Tratado de Budapest, uno de los más nefastos proyectos contenidos dentro de la “agenda de implementación” del TLC; proyecto que como todos los demás que integran esa “agenda”, no fue votado ni aprobado por la ciudadanía en el violentado y manipulado referéndum sobre el TLC del pasado 7 de octubre.

Segundo: La concepción filosófica del humanismo cristiano sobre la vida y sobre la dignidad humanas, no se protege con reforma constitucional alguna. La CECOR debe ser mucho más enfática y exigir con la inmensa autoridad moral que tiene ante el pueblo costarricense, el rechazo absoluto del Tratado de Budapest, por contravenir todo el sistema de valores en que nos hemos fundado como pueblo cristiano de Dios.

Tercero: Vuestras autoridades deben promover, en el menor corto plazo posible, un diálogo con las organizaciones sociales costarricenses que a bien lo tengan y con aquellos ciudadanos expertos, especialmente quienes inspiran sus vidas en el humanismo cristiano; con la finalidad de profundizar sobre este delicadísimo asunto y cómo, en protección de la vida, impedimos su aprobación.

Quedando en espera de vuestra respetuosa, les reiteramos nuestro mayor respeto y consideración,

Fabio Chaves Castro
Presidente
Asociación Sindical de Empleados del
Instituto Costarricense de Electricidad
ASDEICE

Luis Chavarría Vega
Secretario General
Unión Nacional de Empleados de la Caja
y de la Seguridad Social
UNDECA

Albino Vargas Barrantes
Secretario General
Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados
ANEP

cc.: Su Santidad Papa Benedicto XVI.
cc.: Su Excelencia Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga
cc.: Sectores sindicales, laborales, cívicos y políticos de la sociedad costarricense.
cc.: Medios de Comunicación Colectiva.
cc.: Juntas directivas ANEP, ASDEICE y UNDECA.
cc.: Archivo.

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