¿De qué tipo de empleo público quieren hablar?

El aparentemente liquidado expediente legislativo No. 19.923, número que pasará a la historia como uno de los episodios político-parlamentarios más detestados en cuanto a un proyecto de ley determinado, comprende dos partes, ambas de igual naturaleza complicada, abusiva, explosiva y provocadora.

La primera parte de tal iniciativa legal que es la de las reglas fiscales tipo ajuste a lo “terapia de choque” fondomonetarista, ha sido desechada pues se dieron cuenta de su inviabilidad política, al constatarse de que representaba un verdadero barril de pólvora social identificado con el número 19.923. ¡No va esta parte ya! Sus promotores mismos, la denominada alianza opositora del parlamento, así lo han anunciado. Ahora discutirán las reglas fiscales que propone el Gobierno y ya veremos qué dicen éstas para poder tener un criterio responsable y serio al respecto.

La segunda parte del proyecto “maldito”, el 19.923, es también “material inflamable”. Es el tema del empleo público. Pero, ¿cuál empleo público? Habrá en próximos días un proyecto de ley específico para tal fin, con base en un expediente legislativo ya en trámite, el 19.506, al que se la han realizado muchos cambios y cuya versión final todavía se desconoce.

Ahora bien, para todos esos grupos político-económicos y mediático-corporativos con un interés más que subjetivo en el tema (para decirlo de manera “elegante”), la interrogante que debe lanzárseles es de cuál tipo de empleo público quieren hablar.

Especial énfasis en este emplazamiento hay que hacerles a varios señores diputados y varias señoras diputadas cuya enfermiza posición en contra del empleo público, cargada de odio, ya todos tenemos identificada.

Por ejemplo, ¿podrían pasar un día laboral limpiando caños, recogiendo basura y aseando parques con escoba incluida, esas personas que tan virulentamente han atacado el empleo público en los últimos meses? ¡Este es un empleo público de carácter municipal! No le vemos “privilegio” alguno.

Por ejemplo, ¿podrían estas personas político-empresariales que con tanta saña han atacado el empleo público, subirse a un fortín de vigilancia carcelaria, permanecer doce horas continuas en él y sin poder hacer sus necesidades fisiológicas pues no hay personal que le releve para las mismas? ¡Es éste un empleo público de tipo policial! ¿A dónde está el “privilegio”?

Por ejemplo, ¿qué les parece señores anti-empleo público, irse a un CEN-CINAI, cocinar, atender y asear durante 10 horas seguidas a 60 niñitos y niñitas, de hogares pobres dirigidos por una mujer jefa de hogar que tiene que irse a trabajar por un salario que, por lo general, ni siquiera es el mínimo de ley? Este es un empleo público del sector social estatal. ¿Y el “privilegio”?

Por ejemplo, ¿alguno de ellos se subiría a un poste de electricidad de cuatro o cinco metros de altura, con fuerte aguacero incluido, para reparar una avería surgida súbitamente cerca de las 11 de la noche? Este es un empleo público típico de una empresa pública suministradora de servicios eléctricos y con altísimo riesgo de vida y de salud. ¿Cuál privilegio hay aquí?

Por ejemplo, ¿así con su vestidito “limpiecitico” podría una señora diputada muy enemiga de los empleados públicos, estar en un turno de 8 horas como de asistente de pacientes en un hospital público, aseando al enfermo en cama que ni puede levantarse por su severa dolencia para realizar sus mínimas necesidades corporales? Éste es, también, un tipo de empleo público en el campo de la salud y, ¿creerá usted que es “privilegiado”?

Por ejemplo, ¿podrían este tipo de personas participar en un operativo de seguridad ciudadana en una comunidad marginal, muy penetrada por el comercio narco y cargada de violencia producto de la exclusión social? Este es un tipo de empleo público y no creemos que sea de “privilegio”.

Por ejemplo, ¿podrían asistir a dar una lección a una escuelita rural de una zona empobrecida del país, cuyos alumnos llegan con hambre o mal alimentados, a lo mejor víctimas de agresión; y la educadora debe transformarse, por tanto, en madre, tía, psicóloga, nutricionista, enfermera? Este es un empleo público y no creemos que sea “privilegiado”.

Por ejemplo, ¿podrían estas personas pasar la noche en un puesto de vigilancia fronteriza, compartiendo la precariedad laboral y ocupacional del respectivo personal migratorio, sintiendo la impotencia de la pobreza institucional de este tipo de empleo público, nada “privilegiado”?

Por ejemplo, ¿podrían acompañar a una profesional de Ciencias Sociales a una visita domiciliar en un barrio urbano-marginal para liberar de agresión doméstica a una madre reiteradamente violentada o a un infante víctima constante de golpes; presenciando así cómo se vive el rechazo no menos violento a la intervención institucional? Este es un tipo de empleo público en el área de los servicios sociales y por ningún lado le vemos lo “privilegiado”.

Por ejemplo, ¿por qué no conforman una pequeña delegación político-diputadil y durante toda una mañana se van a repartir recibos por servicios públicos; calle por calle, acera por acera, para que experimenten las más diversas reacciones posibles de gente que se estresa porque llegó el recibo y no hay plata para pagarlo? Este es un tipo de empleo público y no creemos que sea “privilegiado”.

Por ejemplo, vayan a ciertas oficinas de tramitación documental en las cuales sutanito fue despedido, menganito (dichosamente) se pensionó, hubo un “suertudo” que logró un mejor empleo y otro está incapacitado. Ya no hay sustituciones, están congeladas las plazas o eliminadas; y, entonces, los dos o tres que quedaron, a “apechugar” con el trabajo propio y el de los que ya no están, sin posibilidad de reconocimiento de horas extras, porque tampoco hay presupuesto. Es este un tipo de empleo público y no vemos su “privilegio” por ningún lado.

Hay más, muchos más ejemplos. Esto es apenas una pincelada de situaciones sociolaborales y psicoemocionales negativas que se están viviendo en, prácticamente, muchísimos segmentos laborales de la Administración Pública costarricense.

Y todavía, la situación se agrava porque se responsabiliza al empleo público del déficit fiscal; la situación se agrave porque la ciudadanía que recibe este tipo de servicios públicos, se enoja por la pobre calidad de prestación de los mismos por causas ajenas a quienes los brindan; la situación se agrava porque, por lo general, en este tipo de empleo público el alto endeudamiento salarial es generalizado.

Entonces, ¡digan!, ¡destápense!, ¡pongan las cartas sobre la mesa!: ¿de cuál empleo público quieren hablar?; ¿cuál es el empleo público que les molesta? Puntualicen, caso por caso, sector por sector, los empleos públicos “privilegiados”… Así demostraremos la naturaleza infame de haber realizado juicios sumarios contra todo el empleo público, agraviando miles y miles de conciencias obreras honestas. ¿Se puede comprender ahora cómo están dadas varias condiciones para una Huelga General? ¡Ojalá lo entiendan bien!

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