Armando Guardia Sasso, ANFE y las camarillas antidemocráticas

Armando Guardia anota y se vanagloria en su comentario de la “insuficiente” representación que tenemos los sindicatos, alegando que apenas un 1% de los trabajadores de los sectores Público y Privado, están organizados en sindicatos.

En lugar de vanagloriarse por tal situación, el señor Presidente de ANFE debería sonrojarse de vergüenza. ¿Cómo es posible que en Costa Rica, esfinge de la democracia del continente, a los trabajadores y trabajadoras que laboran en el Sector Privado, se les niegue el derecho humano y universalmente reconocido, de agruparse en sindicatos para defender sus derechos económico sociales?

Como usted lo sabe muy bien, don Armando, la palabra sindicato está proscrita, en este sector laboral y la guillotina del despido, pende sobre la cabeza de quien se atreva a demandar el ejercicio de este legítimo derecho. Además, en muchas empresas se tiene la vergonzosa, humillante y antihumana práctica de realizar listas con los trabajadores que hayan osado organizarse en sindicatos, para distribuirlas en todas las empresas, a fin que nunca más sean contratados, por “cabezas calientes”, como usted nos llama en el artículo de comentario.

Ciertamente, cualquier ciudadano o ciudadana que se prestigie de respetar y tutelar los derechos humanos, como parte intrínseca de la vida en democracia, no puede más que sentir una profunda vergüenza por la violación de este derecho humano fundamental; y por los abusadores instrumentos de que se valen los patronos para prohibir el ejercicio de la libertad sindical.

Así las cosas, don Armando, para nosotros en ANEP significa todo un privilegio contar en nuestras filas con más de dos mil afiliados y afiliadas del Sector Privado (todos y todas de forma clandestina, claro está), pues en estas condiciones es sumamente difícil que un trabajador se arriesgue a integrarse a un sindicato, de manera abierta y transparente.

Como vemos, el ejercicio de este derecho fundamental (Libertad Sindical) pone en claro riesgo otro derecho humano fundamental: el derecho al trabajo y esto en una democracia que realmente se precie de serlo, necesariamente resulta un cruel contrasentido.

A usted don Armando le molesta que nuestras organizaciones sindicales, que no representamos nada, salgamos a la calle y tengamos el apoyo de una gran mayoría ciudadana.

Y se confunde usted, por desconocimiento o simple mala fe (en realidad es por esto último), cuando señala que tomamos las calles para defender beneficios. Como si la defensa del derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a los servicios de energía y telecomunicaciones, el derecho al agua, el derecho a los seguros, no fueran derechos de toda la población.

Como si repudiar y denunciar la corrupción, el monopolio de RITEVE, la escandalosa forma en que se ha llevado la privatización del INCOP, el agravioso e insoportable alto costo de la vida, la política de salarios decrecientes, los negocios que se tejen con las instituciones del Estado más rentables, de llegarse a firmar el “TLC”, no fueran asuntos de carácter e interés nacional.

Por otra parte usted se queja, se lamenta y acusa a dos Expresidentes de la República de ser nuestros inspiradores e instigadores, que nos dan aliento y doctrina “caduca”.

Sí, don Armando Guardia, no le quepa ninguna duda: Las tesis patrióticas, constitucionales y democráticas que defienden estos Expresidentes de la República son una de las fuentes de nuestra inspiración, pues representan la tradición democrática construida por Costa Rica en el último medio siglo. Tradición forjada en las ideas sociales de la Iglesia Católica, en los principios de la socialdemocracia y en el ímpetu y espíritu del comunismo, a la criolla, que enseñó el Partido Comunista. Lo de instigadores, por la forma burda, malediciente, irrespetuosa, mal intencionada, e instigadora, con que usted utiliza el término no le damos ningún merito. O tal vez, usted quisiera que nos inspiramos en algún político de confianza de la ANFE, que defiende las tesis neoliberales que han echo aguas en todo el mundo y en especial en nuestra América Latina. Para que tome nota sobre falsos argumentos y doctrinas caducas, le recomendamos darse un vistazo por la Argentina, Bolivia y el Ecuador privatizados y si con eso no le

basta, dese una vuelta por el México del NAFTA. Ahí se puede encontrar con el más grande bazar de falsos argumentos y doctrinas caducas, con que políticos neoliberales embaucaron y estafaron a sus pueblos.

Seguramente, usted quisiera que los sindicalistas nos inspiráramos en alguno de los expresidentes que hoy están cuestionados por sus posibles acciones u omisiones en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones (actos de corrupción); dado que estos señores son defensores y propulsores de las ideas privatizadoras contenidas en el TLC. No sería de extrañar que por esos méritos, la ANFE, se dignara premiar con una distinción a alguno de esos “próceres de la patria”.

Para terminar le ruego revisar los años que tenemos de dirigir la ANEP, que usted llama con el nombre de camarillas vitalicias. Le aseguro que quizás muchos de los dirigentes sindicales de las cámaras patronales, nos superan por mucho en estos menesteres, por lo demás constitucionales. Y en todo caso, pero con todo respeto, nos es el Presidente de la ANFE quien esté legitimado para decidir cuánto tiempo puede ocupar o no un dirigente en un cargo sindical.

Eso es competencia de los afiliados y afiliadas de cada organización y no tiene porqué responder a la prepotencia del Presidente de la ANFE, que por lo visto deseara meter mano hasta en la elección de quiénes deben ser los representantes de los trabajadores y poner dirigencias a su antojo, como lo hacen los patronos en otras organizaciones de carátula laboral, lamentablemente sometidas a sus designios.

En todo caso don Armando, su discurso refleja el ocaso ideológico de la asociación que usted representa (ANFE) y aquí nos viene al dedo, el sabio decir del pueblo “cuando se acaban las ideas aparecen los insultos”.

Édgar Morales Quesada
Secretario General Adjunto

San José, 20 de junio del 2005.

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