Campaña por la defensa de los Derechos Humanos Sindicales

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El entorno laboral en que trabaja la clase obrera industrial y de plantaciones, sobre todo de los enclaves transnacionales y en las zonas francas, y la fuerte arremetida a sus derechos laborales que sufren los empleados del sector público costarricense contradicen en mucho al régimen de democracia formal existente en el país.

Tras el portón de las empresas y de las plantaciones y en el seno de las instituciones y dependencias del Estado desaparecen las más elementales posibilidades para el ejercicio del derecho ciudadano fundamental de un trabajador o trabajadora: la libertad de organizarse en un sindicato o en una asociación laboral para ampararse y defenderse ante la situación de desigualdad y sujeción frente a la voracidad empresarial y neoliberal.

El deterioro de la libertad sindical en el país no solo es vergonzoso sino que es una afrenta a la dignidad de la persona en su condición de trabajador y trabajadora.

A la situación de explotación en que laboran miles y miles de trabajadores y trabajadoras –tanto costarricenses como inmigrantes- y de las empleadas y empleados públicos, se suma una obstinada y permanente campaña en contra de la organización sindical, de los sindicatos y de la dirigencia sindical, que no se detiene ante la injuria ni la ofensa al buen nombre de las personas.

Ejemplos tenemos a diario, baste poner un poco de atención a los editoriales de algunos de los diarios de mayor circulación, de la radio y la televisión, o a las informaciones y denuncias infundadas en contra de los sindicatos y de sus dirigentes.

Al criticar y atacar diversos aspectos de las convenciones colectivas suscritas en el sector público, se busca a la vez que minar su organización sindical y acabar con conquistas legítimas, crear un cinturón preventivo que impida a toda costa su traslado al sector privado.

Esta campaña contra la organización sindical tiene las siguientes características:

• Tiene un trasfondo ideológico clasista que surge desde las cámaras empresariales y de las esferas del poder económico.

• Es permanente y omnipresente y se realiza especialmente por medio de las empresas de comunicación de masas.

• Se realiza en condiciones de gran desigualdad en cuanto a la posibilidad de replica por parte de las personas y organizaciones que son aludidas.

• Recurre a los mecanismos de dominación ideológica más sutiles y a la mediatización de la organización sindical por medio del solidarismo.

• Es contraria a las leyes laborales y a las garantías sociales existente en el país.

• Es contraria a los tratados y convenios internacionales suscritos por el país en materia laboral.

• Es contraria a la doctrina social de la Iglesia y la doctrina social que dio fundamento al Estado Social de Derecho y a la legislación laboral.

• En casos extremos se recurre a mecanismos más directos de adoctrinamiento ideológico (como cuando se realizaron charlas y seminarios en las empresas y en la sede de la Unión de Cámaras previo a la movilización de miles de obreros industriales de todo el país que fueron llevados a desfilar en apoyo al TLC con los Estados Unidos).

• Al cercenar derechos adquiridos, busca el abaratamiento de la mano de obra nacional de cara a la entrada de las transnacionales en el marco del TLC con los Estados Unidos.

• Busca crear un muro ideológico y de prejuicios entre los trabajadores y trabajadoras del sector público y los del sector privado. En ese afán busca es satanizar a los primeros, a los que se relaciona con el gigantismo estatal y con la_ “burocracia”_, culpable de la corrupción y del “despilfarro de los recursos que además pagan todos y todas las costarricenses”.

Los ejes de esa campaña contra los sindicatos son los siguientes:

Los sindicalistas y dirigentes de los gremios son corruptos
Los sindicalistas son vagabundos
Los sindicalistas defienden sus propios intereses.
Los derechos sindicales, especialmente los salariales, atentan contra la estabilidad económica del país y de las empresas.
Los sindicalistas son “cabezas calientes”, no son democráticos.
Los derechos sindicales y laborales, expresados en las convenciones colectivas, son prebendas y privilegios.
Los reclamos de los sindicalistas atentan contra la competitividad del país.

Los públicos meta de dicha campaña son, en primer lugar, los propios trabajadores y trabajadoras que se ven afectadas por la falta de libertad sindical.

En una mezcla de terror psicológico y venta de un mundo de ilusiones se pretende vacunar al trabajador y la trabajadora contra la organización sindical mediante diferentes mecanismos de corte paternalista.

También es un público meta de dicha campaña la llamada opinión pública, con la cual se alude a una amorfa masa cambiante de receptores de mensajes, pero que en determinados momentos conforman corrientes de opinión moldeadas desde los grandes medios de comunicación.

Finalmente, en el otro extremo, son objeto de su campaña los patronos independientemente de si son grandes o pequeños empresarios, a los que se busca unificar ideológicamente bajo el paraguas del neoliberalismo.

El sector patronal más oligárquico y poderoso actúa igualmente en otros escenarios como el institucional, donde ha contado con la complicidad cada vez más descarada de la Sala Constitucional, ejerce presión sobre las autoridades del ministerio de Trabajo y los tribunales laborales; además de la Asamblea Legislativa desde donde se ha pretendido variar la legislación laboral para promover la flexibilización laboral y legalizar las prácticas antisindicales.

II.- Una realidad que debemos cambiar

El resultado concreto y más elocuente del ambiente represivo en que se desenvuelve la lucha sindical se resume en los siguientes hechos y realidades:

Eliminación de aspectos puntuales de convenciones colectivas suscritas por los sindicatos del sector público por parte de la Sala IV. La cual se ha extralimitado en sus facultades y ha actuado como punta de lanza de la ofensiva contra los derechos de ese sector, dentro de los planes neoliberales de privatización de los servicios y empresas públicas.

La casi inexistencia de sindicatos en las empresas industriales, principalmente concentradas en la Gran Área Metropolitana, GAM, y el fuerte debilitamiento del movimiento sindical bananero, otrora bastión del movimiento sindical costarricense.

La complicidad de los tribunales laborales y Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha sido a tal punto que actualmente hay más de 30 quejas por prácticas antisindicales y por violación al derecho a la concertación de convenciones colectivas ante el Comité de Libertad Sindical de la Organización Internacional de Trabajo.

En muchas empresas y plantaciones las condiciones de salubridad son infrahumanas, los trabajadores y trabajadoras están expuestas a químicos nocivos para la salud, su trabajo es riesgoso y las normas de seguridad laboral no se cumplen; además de que los salarios no llegan a los mínimos de ley.

En términos de seguridad social, se incumple parcial o totalmente el pago de las cuotas obreras (aunque muchas veces se les rebaja del salario) o patronales a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) y la póliza de riesgos del trabajo al INS (Instituto Nacional de Seguros).

Además de represiva, la política antisindical del sector neoliberal es discriminatoria con respeto de las mujeres. La fuerte represión antisindical en las empresas tiene una de sus peores consecuencias en la superexplotación ejemplo en las maquilas del textil, y en la discriminación salarial de las mujeres.

Esa discriminación laboral de la mujer es una triste realidad que en las esferas de los gobiernos y de la sociedad se silencia de manera vergonzosa. Las mujeres sufren en mayor proporción el desempleo, en la menor calidad de su empleo, el acoso sexual y la violación de la jornada laboral.

También las minorías sufren una discriminación adicional, como los inmigrantes especialmente nicaragüenses ilegales y los que provienen de los pueblos indígenas ticos y panameños, los cuales suelen ser víctimas de una súper explotación laboral.

Neoliberalismo y TLC

En las últimas décadas, a la campaña ideológica contra el sindicalismo y las asociaciones laborales, se suma la riada neoliberal que ha iniciado el desmantelamiento del Estado Social de Derecho y que afecta de manera directa las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera costarricense.
El neoliberalismo justifica los cambios con argumentos relacionados con la necesidad de permitir el funcionamiento libre del mercado y la autonomía de las partes.

Se afirma que el salario y el nivel de empleo deben ser fijados a partir el libre juego de las fuerzas del mercado y que impedir el último afectará negativamente los primeros.

La protección contenida en la legislación laboral es presentada por los neoliberales como una rigidez que resta flexibilidad al mercado laboral y encarece artificialmente, el costo del factor trabajo impidiendo el empleo pleno.

El Banco Mundial por su parte plantea que “la legislación sobre salario mínimo, las regulaciones que restringen la capacidad de los empleadores de contratar y despedir y otras intervenciones similares tienden a aumentar los costos, a reducir la competitividad y a limitar el crecimiento del empleo”.

La ofensiva neoliberal en las empresas se sustenta en dos argumentos básicos: la flexibilidad laboral y la desregulación. Con ambos se busca elevar su competitividad a costa de los y las trabajadoras.

En el TLC con los Estados Unidos se concretan toda esta filosofía que se puede resumir en la frase: el TLC es la renuncia a ser una nación soberana convertida en un enclave de mano de obra barata para las transnacionales.

Nuestras banderas

1. Frente a esa realidad adversa los participantes de este encuentro levantamos las banderas de la libertada sindical como un Derecho Humano Fundamental, persuadidos de que no puede haber democracia sin sindicatos.

2. Levantamos la bandera de la defensa de las convenciones colectivas de trabajo y denunciamos y repudiamos el papel vergonzoso que realiza la Sala IV de gendarme y punta de lanza de la ofensiva contra el movimiento sindical que es el principal valuarte en la defensa de las condiciones de vida de miles y miles trabajadores y trabajares del país.

3. Levantamos la bandera de la lucha contra el TLC que significaría la muerte de nuestro Estado Social de Derecho del cual forma parte consustancial la legislación laboral y los convenios laborales internacionales suscritos por nuestro país.

Nuestro llamamiento

Llamamos a todas las fuerzas y organizaciones que expresan diferentes derechos y sensibilidades, como los grupos feministas, ambientalistas, y a los que representan a grupos de la sociedad que son discriminados, relegados u olvidados.

Llamamos a la Iglesia que hoy retoma con fuerza los principios de la justicia social y que bajo el liderazgo de Monseñor Víctor Manuel Sanabria fue actora indiscutible de la reforma social de los años 40.

Llamamos al movimiento contra el TLC que se nutre desde muchos sectores, como el estudiantado, las organizaciones del magisterio y del sector público, la intelectualidad progresista, las universidades, el estudiantado y los trabajadores de la cultura.

Llamamos a los movimientos y partidos políticos progresistas y al movimiento sindical en todas sus corrientes ideológicas.

Llamamos a todas las sensibilidades que actúan y articulan con mayor frecuencia sus agendas y en su conjunto conforman un movimiento social que en el enfrenamiento al modelo neoliberal siente la necesidad de construir su propio proyecto de país.

A todos y a todas las que se indignan ante las injusticias, hacemos el llamado a asumir la consigna de la libertad sindical como una aspiración que no solo es de los sindicatos sino de toda la sociedad.

Llamamos en fin a emprender esta campaña por la Libertad Sindical como Derecho Humano Fundamental.

San José, 10 de julio de 2006
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¿Qué es la “flexibilidad” laboral?
Campaña Regional contra la Flexibilidad Laboral

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