Catolicismo social, no anticomunismo reformista

La obra de Iván Molina “Anticomunismo reformista” no puede aceptarse como una interpretación válida de la reforma social impulsada por la Iglesia Católica de 1940 a 1943, culminación de un esfuerzo iniciado a finales del siglo XIX. Dado el prestigio de Molina, bien ganado en otros trabajos, este libro merece una crítica serena pero firme, pues desnaturaliza la realidad histórica.

La creación de la CCSS, el Código de Trabajo y las Garantías Sociales conforman un acontecimiento de primera magnitud en la historia patria, solo comparable con la Campaña Nacional contra el filibustero.

“Anticomunismo reformista” afirma como idea central que “la reforma costarricense de la década de 1940 tuvo, en esencia, un origen anticomunista” (p. 200), que el comunismo costarricense produjo un anticomunismo socialmente reformista.

Para llegar a tan arbitraria conclusión, don Iván ha tergiversado el sentido de varios acontecimientos y procesos de nuestra historia y, más grave, no ha visto su concatenación.

El primero, la carta pastoral del obispo Bernardo A. Thiel, “Sobre el justo salario de los jornaleros y artesanos y otros puntos de actualidad que se relacionan con la situación de los destituidos de bienes de fortuna” (1893), adaptación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII a la realidad costarricense.

Esta carta se inscribe dentro de las pretensiones electorales del Partido Unión Católica, surgido para defender los derechos de una Iglesia a la que se le había expulsado el obispo, prohibido la vida religiosa masculina y femenina, despojado de bienes materiales, expulsado de la enseñanza oficial y colocado prácticamente en la ilegalidad. Desde luego, no todas las medidas de los liberales eran nocivas.

Me refiero a la legalización del divorcio, el matrimonio civil y la supresión de la cláusula del Concordato – anacrónica e indefendible – que permitía al obispo supervisar la enseñanza, incluida la universitaria. Ahora bien, para modernizar al país no hacía falta arremeter contra la Iglesia copiando los métodos del liberalismo guatemalteco. Bastaba con buscar un nuevo acuerdo con Roma.

El obispo Thiel, quien fallece en 1901, no hizo de la carta “Sobre el justo salario” el eje de su pastoral (lo hubieran expulsado de nuevo). Sin embargo, esta carta y el Partido Unión Católica marcaron nuestra historia, pues en política nada se desvanece en la nada. No podía esfumarse un partido que obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones de primer grado, viéndose los liberales en la necesidad de poner en la cárcel al candidato católico y en la presidencia a Rafael Iglesias.

El segundo acontecimiento, consecuencia del anterior, acaece en 1902 cuando nace el periódico “La Justicia Social”, donde escriben Jorge Volio, Rafael Otón Castro (en 1927 primer arzobispo de San José), Rafael Á. Calderón Muñoz (padre de Calderón Guardia), entre otras personalidades. El periódico conoce 466 ediciones.

El tercer acontecimiento es el Partido Reformista de Jorge Volio. Iván Molina resta toda importancia a que ese partido haya sido fundado en 1923, nueve años antes que el Partido Comunista, con el apoyo de la Confederación General de Trabajadores. Molina parece ignorar que del reformismo salieron importantes dirigentes del Partido Comunista, entre ellos Manuel Mora, y que el “Programa Mínimo del Partido Comunista” (1932) es casi una copia de los “Propósitos del Partido Reformista”. Se puede afirmar que el reformismo fue la cuna del comunismo a la tica.

El partido de Volio superó el 20% de los votos en las elecciones de 1924 y eligió cinco diputados, pese a la desinformación de la prensa, los obstáculos financieros y las interferencias clericales. El reformismo sembró en el pueblo la noción de que el Estado debe promover el bien común en áreas abandonadas por el liberalismo como los accidentes de trabajo, la educación universitaria, la distribución de la tierra, la nacionalización de las riquezas del subsuelo, la justicia tributaria, etc. Volio nunca dejó de ser “un soldado de Cristo” (son sus palabras) y la masa de sus seguidores unió, como nunca antes ni después, la fe religiosa con la lucha por la justicia social.

En cuarto lugar, numerosos clérigos impulsaron la justicia social, conscientes de los atropellos laborales. No constituían la mayoría de su estamento, pero ofrecieron un respaldo pastoral a* ciertos políticos católicos ubicados en partidos liberales.* Mark Rosenberg, en su trabajo sobre el Seguro Social (1983), menciona a los médicos Mario Luján y Rafael Á. Calderón Muñoz, junto con Carlos María Jiménez, José Albertazzi Avendaño y Guillermo Padilla Castro. Algunos llegaron a formar parte del gobierno de Rafael Á. Calderón Guardia. (Urgen nuevas investigaciones sobre la labor paciente, silenciosa y tenaz de ese grupo que actuaba desde lo interno de los partidos liberales, a lo largo de los tres primeros decenios del siglo XX, que culminó con Calderón Guardia como presidente).

La preparación mencionada de modo esquemático culmina con el arribo simultáneo del doctor Rafael Á. Calderón Guardia a la silla presidencial y de monseñor Víctor Sanabria a la Catedral de San José,* yunta de la reforma social.* A Calderón lo amaban multitudes citadinas y rurales. Por su parte, Sanabria lideraba una Iglesia que abarcaba más del 90% de la población. El clero apoyó las iniciativas del Arzobispo de forma casi unánime hasta 1943 y disponía de un influjo sobre el pueblo hoy difícil de concebir. Además, Sanabria consiguió en 1942 la complacencia del Papa Pío XII con el proyecto del presidente Calderón, a quien felicitó por establecer los fundamentos de la verdadera y estable paz social. (Gustavo Soto, “La Iglesia costarricense y la cuestión social”, p. 311). Soto ha demostrado la orientación doctrinal netamente católica de la reforma.

Alianza. Durante las luchas por la aprobación definitiva del Código de Trabajo y de las Garantías Sociales se intentó un golpe de Estado, algo rutinario, diríase, en una Latinoamérica adversa a los gobiernos reformadores. Bajo la inminencia del complot se produjo la triple alianza entre el calderonismo, la Iglesia y el comunismo, incomprensible de no existir la amenaza golpista. Puesto que la Iglesia y el Partido Comunista no pueden ser aliados por discrepancias filosóficas y teológicas de fondo, se hizo necesario llegar al acuerdo del 13 y 14 de junio de 1943.

El Partido Comunista cambia de nombre (en adelante se denominará Vanguardia Popular), y Manuel Mora escribe y firma, en un papel membretado de la Arquidiócesis, que “El Partido apoya la política social del Presidente Calderón Guardia, basada en las encíclicas papales y declara que esa política enmarca sin contradicciones en los planes del Partido para la organización económico-social del país”. Así se entiende que la Santa Sede aprobara los términos del acuerdo. El movimiento popular salió fortalecido pues los católicos podían ingresar al Vanguardia Popular y sus sindicatos. Uno de los motivos de la guerra civil del 48 fue destruir esa alianza, pero esa es otra historia.

No han faltado “negacionistas”, tanto de la amenaza golpista como del acuerdo entre monseñor Sanabria y el Lic. Manuel Mora, por motivos ideológicos, políticos y teológicos, pero han sido sobradamente rebatidos. Los desfiles multitudinarios, organizados por Vanguardia Popular, sumaron la fuerza necesaria para lograr la aprobación final de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo.

Queda demostrado que el catolicismo social fue el principal motor de las conquistas de la primera mitad del decenio de los cuarenta, y que actuó con base en sus propios principios doctrinales. Carece de sustento que fuera el anticomunismo el factor primordial. Se sabe que en países vecinos sobreabundó el anticomunismo, pero no hubo reformas comparables con las costarricenses. La diferencia estriba en que nuestro país tiene una historia de catolicismo social desde el siglo XIX.

Cualquier transformación socio-económica futura tendrá que contar con el entendimiento entre un sector de la Iglesia Católica y otro de los movimientos populares, de ahí la importancia de narrar las cosas como fueron. Son los antecedentes del futuro.

La “alianza opositora” está detrás del palo en el tema fiscal

  • Entre finales de 2014 y finales de 2015, según lo muestran los datos del INEC, el empleo en el sector público se redujo en 14.032 personas, equivalente a una reducción del -5%.
  • Entre inicios de 2012 –a mediados del gobierno de Chinchilla– y finales de 2015, la reducción es de 59.468 puestos de trabajo menos en el sector público: una reducción del -18,2%
  • Entre inicios de 2014 y fines de 2015 el empleo público se redujo en 54.461 puestos de trabajo, o sea, un -17% menos. Sin duda, toda o la casi totalidad de esta reducción ha sido ejecutada por la administración Solís Rivera.
  • Entre marzo 2015 y marzo 2016, el gasto total del Gobierno Central creció 1,5%, incluyendo un aumento de 3,4% en la parte de remuneraciones y un recorte de -28,5% en la compra de bienes y servicios. El gasto corriente aumenta un 4,3% pero ese incremento se explica casi totalmente (un 80%) por el aumento en los pagos de intereses.
  • Para ese mismo período se registra una reducción de -17% en la inversión pública (-26,4% si comparamos con marzo 2014).
  • Si se excluye el pago de intereses, el gasto se reduce en -1,9%.
  • Valga enfatizar: los intereses son, con mucho, el rubro que más crece y cada vez a mayor velocidad. En el año comprendido entre marzo 2015 y marzo 2016 crecieron casi 24%, mucho, pero muchísimo más que ningún otro rubro. Como proporción del gasto total los intereses pasaron de representar un 13,3% en marzo de 2015 a representar un 16,2% en marzo de 2016. O sea, 2,9 puntos porcentuales en tan solo un año. Respecto de marzo 2014 (dos años atrás) el aumento es de casi 4 puntos porcentuales.
  • Al proyectar al año 2016 los datos correspondientes al primer trimestre, nos encontramos con un déficit del Gobierno Central que potencialmente sería del -5,2% del PIB. Sin incluir intereses de la deuda, el déficit sería de tan solo -2,0%. Esos intereses por sí solos provocan un déficit del orden del -3,2%.
  • La reducción en el empleo público, en la compra de bienes y servicios y en la inversión pública a que el gobierno ha recurrido para atenuar el déficit tiene graves consecuencias sobre la economía; contribuye a ralentizarla justo cuando más necesitada está de recibir un estímulo positivo originado en el sector público. Ello además agrava los de por sí agudos problemas del empleo en un doble movimiento: directamente al reducirse el número de servidores públicos e indirectamente al recortarse la demanda de bienes y servicios y la inversión por parte del Estado.
  • En la medida en que el déficit se origina hoy en el pago de intereses, con ello asimismo se pierde el efecto estimulante que ese déficit debería tener sobre la economía. Una parte de esos pagos (aproximadamente el 16%) va a la propia institucionalidad pública, lo que equivale, sin más, a sacar dinero de un bolsillo para pasarlo a otro. Pero, sobre todo, el pago de intereses redistribuye ingresos a favor de sectores rentistas muy poderosos y privilegiados: el propio sistema financiero en primer lugar (alrededor del 21%) y el sector privado en general (32,4%), lo cual corresponde, sobre todo, a gente de muy altos ingresos. Poco o nada de eso revertirá en demanda de nuevos bienes y servicios, por lo que el efecto positivo sobre la economía se diluye hasta prácticamente desaparecer.
  • En resumen: el gasto total del gobierno, excluidos los intereses, está decreciendo. El total de gasto corriente, así como las remuneraciones, crecen levemente, mientras las compras de bienes y servicios y la inversión pública se reducen drásticamente. El total del empleo público viene también reduciéndose en forma muy sostenida y significativa. O sea, y en resumen: estamos viviendo un proceso de desmantelamiento e inutilización de la institucionalidad pública, con consecuencias dañinas a corto plazo para la economía y el empleo, y con perniciosos efectos de largo plazo para el buen desarrollo de nuestra sociedad.
  • La histeria austeritaria –recorte y mutilación del sector público– que la tal “alianza opositora” quiere imponer desde la Asamblea Legislativa, es, en rigor, una pelea contra fantasmas, pero de ninguna manera una pelea inocente. No hay tales excesos de gasto, excepto en el rubro de intereses. Los fantasmas simplemente son una justificación para encubrir sus afanes ideológicos contra la institucionalidad pública, contra el Estado costarricense e, incluso, contra algunos fundamentales derechos laborales.
  • Nada de lo anterior niega que no sea necesario hacer un máximo esfuerzo para mejorar la calidad de los servicios públicos y para corregir y sanear vicios y excesos que efectivamente existen. Pero el proceso de mutilación del que la institucionalidad pública está siendo víctima –y que la alianza opositora quiere profundizar– imposibilita radicalmente introducir las mejoras y correcciones a que aspiramos. Una institucionalidad pública mutilada es una institucionalidad pública inutilizada, así de simple y doloroso.
  • Si el problema principal es, con mucho, el pago de los intereses, sobre esto debe necesariamente actuarse. Y esencialmente son tres las vías para hacerlo: a) hacer que bajen las tasas de interés en el mercado interno, lo cual pasa por exigir más eficiencia y menos rentismo por parte de la banca; b) reactivar la economía, incluyendo en esto una vigorosa reanimación de la inversión pública, y una amplia gama de otras medidas muy necesarias (incluyendo tipo de cambio); c) una reforma tributaria justa y equitativa y el combate tenaz al fraude fiscal que provea nuevos ingresos y contribuya, primero, a recuperar esa institucionalidad pública en proceso de derretimiento y, segundo, a frenar el crecimiento de la deuda pública.

Diputada Rosibel Ramos también recibió pluses

La diputada Rosibel Ramos
Quiere rebajar los salarios
Cuando se benefició de los pluses
En el Instituto de Desarrollo Agrario.

Ella era funcionaria
En esa institución,
Y recibió los beneficios
De una convención.

En aquel momento
Era secretaria,
Ahora es diferente
Porque es parlamentaria.

Después que llego
A ser diputada,
Se le olvidó
Que era asalariada.

Que la tenía que pulsear
Para ganarse el salario,
Ahora se codea
Con los millonarios.

Señora Rosibel
Revise su vida,
No olvide que fue
Funcionaria del IDA.

Reto público de la ANEP a la diputada Rosibel Ramos Madrigal

La diputada socialcristiana Rosibel Ramos Madrigal, presidenta de la comisión parlamentaria de Asuntos Hacendarios, destaca (junto a su colega legislativo de similar ideología, Otto Guevara Guth), como parte del conjunto de las figuras políticas de mayor “virulencia” que se han venido manifestando en la actual Asamblea Legislativa, en contra del Empleo Público y en contra de la clase trabajadora asalariada del Estado.

En una pose de matonismo político, muy característica del pensamiento neoliberal, la indicada legisladora la arremetió contra aquellos colegas suyos en el seno del bloque opositor al Gobierno, que pudieran pensar diferente a ella en el debate parlamentario sobre el empleo público que ya empezó.

Los términos por ella empleados, “canillera” y “pendejada”, para catalogar eventuales posiciones distintas a la suya en materia de empleo público en el seno del grupo parlamentario de la oposición, expresan conceptos intimidatorios que se utilizan cuando no se tienen los argumentos suficientes para sostener una determinada tesis.

En tal sentido, la legisladora Ramos Madrigal no se diferencia mucho de quienes emplearon términos de agresión verbal inaceptables que se pronunciaron días atrás en las barras legislativas contra congresistas de signo neoliberal como lo es ella.

Así que la ANEP, de manera pública y respetuosa, reta a la diputada Rosibel Ramos Madrigal para que saque un poquito de tiempo de su apretada agenda (eso sí, tramitando el debido permiso) y realice, aunque sea por algunos instantes, las siguientes tareas de servicio público ejecutadas por empleados públicos cargados de “privilegios” por los pluses salariales que reciben.

En caso cada caso, le recomendamos preguntar por el salario total (base más pluses) que devengan esas personas empleadas públicas y cuántos años de servicio acumulan para haber llegado a tener tal nivel salarial.

Para la ANEP será un gran honor acompañarle a cada visita, con nuestros personeros y dirigentes respectivos, a fin de facilitar su importante presencia. Eso sí, si ella lo tiene a bien.

De seguido le presentamos doce sugerencias para que conozca, más integralmente, el fondo del problema del empleo público. Hay muchas más situaciones como las que se ejemplifican a continuación. Si aparte de las citadas, puede haber otras de su interés, háganoslo saber. ¡Aquí van las primeras!:

PRIMERO: Móntese en una radiopatrulla de la Fuerza Pública y acompañe a los policías en un recorrido por un barrio marginal capitalino cargado de pobreza, droga, crimen organizado, niñez en riesgo, gente desempleada y viviendas destartaladas. Luego del recorrido, ellos le compartirán un poquito de la alimentación que reciben en la delegación policial de pertenencia.

SEGUNDO: Visite La Reforma, súbase a un fortín, acompañe al policía penitenciario por un ratito como vigía y ojalá no le den ganas de ir al servicio en ese momento. O bien, pase unas dos horas en un módulo de reclusión de la cárcel de San Sebastián, en total hacinamiento, para ayudar a atender la dinámica de los privados de libertad en una mañana cualquiera.

TERCERO: Acompañe a un policía migratorio en algún puesto fronterizo y ayúdele unos minutos en tareas administrativas porque ahora este oficial debe hacer las dos tareas por un único salario. Usted puede trasladarse en avioneta o helicóptero para que no gaste mucho de su valioso tiempo.

CUARTO: En ese mismo medio de transporte, vaya a un parque nacional o área protegida y colabore con el oficial guardaparque en una persecución, aunque sea cortita, a un cazador furtivo. Mejor no le pedimos que ayude a enfrentar una situación con el narco de las muchas que se dan en el área verde del país.

QUINTO: Acompañe a un oficial de tránsito en una carretera de alto volumen vehicular, ojalá a hora pico y ayúdele, al menos, a llenar la boleta por infracción o una colisión que le toque presenciar. Ya no los mandan en pareja por falta de efectivos.

SEXTO: Coordine para que le participen de un operativo policial de defraudación fiscal y aunque sea por unos instantes, sea testigo de lo que es robo de impuestos en tiempo real, en concreción concreta y cómo hace falta más personal.

SÉTIMO: Podría visitar, por ejemplo, el CEN-CINAI de Los Cuadros de Guadalupe, ayudándole un ratito a la servidora que cuida los chiquitos de las madres solas jefas de hogar que se dejan en ese centro de servicio público. Tal vez en su visita usted podría ayudar a repartir el almuercito de los niños.

OCTAVO: Acompañe a un trabajador de AyA a efectuar una corta de agua, a una familia pobre o que está en problemas para pagar el recibo; ojalá no le toque a ir a una barriada típica del fenómeno de exclusión social. La gente se enoja mucho cuando le cortan el agua y la emprende contra los trabajadores.

NOVENO: Acompañe a un asistente de pacientes en un hospital metropolitano de la Caja, a asear a los enfermos, a darles el baño personal en su propia cama de convalecencia, en la pura mañanita y porque esa persona no puede moverse.

DECIMO: Haga un pequeño recorrido junto a un camión recolector de basura, con los empleados municipales que luego de varios años de exposición a la intemperie, en especial ahora que por el cambio climático la exposición a los rayos solares es más peligrosa, esperan recibir una cesantía compensatoria de una pensión que les quedará bajita.

ONCEAVO: En avioneta puede usted trasladarse a un poblado de la zona atlántica y acompañe al personal de campo del Ministerio de Salud, a un recorrido de combate al dengue, al zika, a la chikungunya.

DOCEAVO: Tal vez le interese estar cerca de un operativo delicado de combate al tráfico de drogas, ahora que el país está inundado por la actividad del narcotráfico. Los oficiales de la Policía de Control de Drogas, con seguridad, le compartirán la naturaleza peligrosa de su tarea.

En esto de los pluses salariales en el empleo público, las generalizaciones son tremendamente injustas. Todos estos meses, desde que ella llegó a la curul parlamentaria, miles y miles de empleados públicos han sido víctimas de una cruel campaña político-mediática de agresión psicológica y de “terrorismo ideológico”, culpabilizándoles del déficit fiscal, lo cual no es cierto. En cada uno de los doce casos mencionados (y los muchos más que no podemos citar ahora), los servidores públicos son pagadores de impuestos rigurosos y responsables, no se los roban. Los pluses salariales que devengan no tienen ninguna característica de privilegio.

Quedamos en espera de la respuesta de la diputada Rosibel Ramos Madrigal.

San José, viernes 16 de setiembre de 2016.

Albino Vargas Barrantes
Secretario General ANEP

Impuesto “Robin Hood”: justicia tributaria

En el mundo de hoy, caracterizado por una brutal desigualdad, la importancia estratégica de la lucha obrera y social es inobjetable. Es el caso de la amplia gama de organizaciones sociales y sindicales de la más diversa naturaleza que en el seno de los países de la Unión Europea (UE), libran una gigantesca epopeya para contrarrestar los nefastos efectos de un neoliberalismo criminal que ha venido arrasando con la otrora famosa “Europa social”, la de los estados benefactores que fueran ejemplo de inclusión y movilidad sociales.

Acabamos de conocer la importante noticia de que diez países de la UE han logrado un primer acuerdo para poner el impuesto más justo y necesario que se pueda pensar en los tiempos del gobierno de los banqueros, en esa zona geográfica de nuestro planeta: el impuesto conocido popularmente como “Robin Hood”.

Éste no es más que un pequeño tributo que se deberá pagar por ese gigantesco movimiento de capitales bancarios que se dan día a día, en un océano de operaciones de corte financiero que movilizan miles y miles de millones de dólares, de euros y de otras monedas “fuertes”, como parte de la desenfrenada globalización económica neoliberal.

Con el impulso, nada más y nada menos que de los gobiernos de Alemania y de Francia, el pasado 6 de mayo los ministros europeos de Finanzas acordaron, paulatinamente, el establecimiento del impuesto “Robin Hood”, también conocido como “Tasa Tobin” (por el apellido de quien lo ideó).

Con este impuesto se obtendrían sumas multimillonarias para fortalecer las arcas públicas y, por ende, los servicios sociales en esos países que tienen a sus clases trabajadoras en estado precario al decidirse el desmontaje de muchos de los programas del famoso “Welfare State” (Estado de Bienestar) que venía existiendo en esas naciones, hasta la ofensiva de los bancos, con la crisis financiera global de los años 2008-2009.

Esta tasa a las transacciones financieras (FTT, por sus siglas en idioma inglés), surge por la presión sistemática de una ciudadanía activa europea que en movilización organizada y junto a una compleja articulación de entidades de la sociedad civil (entre ellos, los sindicatos), generaron las condiciones políticas para que los detentadores del poder real en esas sociedades del “viejo continente”, aglutinadas en la UE, aceptaran, aunque tímidamente, el establecimiento del impuesto “Robin Hood”.

Quienes han venido luchando por el impuesto “Robin Hood”, ven en él la oportunidad de recursos frescos para proteger puestos de trabajo, revitalizar alicaídos servicios públicos, mejorar condiciones de vida; e, incluso, extender programas a regiones y lugares de los más pobres del planeta.

Este impuesto, que caerá sobre los grandes capitales exhaustos de su propia reproducción obscena, gravará a partir de 2015, por ejemplo, todas las operaciones de compra-venta de acciones en España, Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Austria, Portugal, Grecia, Estonia, Eslovaquia y Eslovenia. Su más fuerte opositor, el Reino Unido, sufrió una derrota tratando de impedir su avance, pues el tribunal de justicia europeo rechazó sus argumentaciones en contra de la Tasa Tobin.

Evidentemente, la victoria de la ciudadanía europea al respecto es apenas un paso del largo camino que han andado al respecto. Les falta mucho más y nos causa mucho orgullo estar desde esta tierra costarricense involucrados en esta noble cruzada por la justicia social, en tiempos crueles de la globalización neoliberal criminal. Saludamos a nuestras organizaciones sindicales hermanas de la Internacional de Servicios Públicos (ISP), que en el seno de la UE libran esta histórica batalla. Es un extraordinario ejemplo que queremos aplicar en Costa Rica.

Déficit fiscal y precariedad policial

El extremismo ideológico de corte neoliberal que impregna el proyecto “Ley para racionalizar el gasto público”, resulta inadmisible desde cualquier punto de vista, tratándose de servicios públicos esenciales para la paz como los policiales.

Como se recordará, el pasado 1 de mayo en la Asamblea Legislativa se dio la elección de su nuevo directorio para el período constitucional 2016-2017, quedando el mismo totalmente contaminado de esa enfermiza aversión patológica contra todo lo que tiene que ver con el sector Público, con base en la tesis apocalíptica de que el déficit fiscal es de tal magnitud que ya estamos llegando al “fin de los tiempos”.

Hemos optado por catalogar al proyecto “Ley para racionalizar el gasto público”, con un concepto que realmente significa su real contenido. Para nosotros se trata, en realidad, del proyecto “Ley para aniquilar el Sector Público”, pues las reglas fiscales que contiene llevará a una importante cantidad de servicios públicos a niveles de altísima precariedad, radical ineficiencia, brutal ineficacia y expondrán a mayor y gran peligro a quienes trabajan para los mismos. Es el caso de los servicios policiales del Estado central los cuales, por el contrario, urgen de más recursos, más personal, más tecnología, más infraestructura, etc.

Es totalmente incomprensible y peligrosamente extremista que este tipo de servicios públicos, como los policiales, sean víctimas de la “regla de superávit primario para el Gobierno Central”, o de la “regla de límite al crecimiento del gasto público”; ambas incluidas en la “Ley para aniquilar el sector Público”.

La realidad institucional, la realidad de salud ocupacional, la realidad salarial de las y de los policías costarricenses es, sinceramente, de altísima explotación y remuneraciones no acordes con el riesgo y exigencias de su labor, creciente estrés, alto riesgo físico y de sus propias vidas, desintegración familiar, desarraigo social-comunal y deterioro de su situación socioeconómica.

Los y las policías no deben ser sometidos a la lógica del “integrismo fiscalista” contra los salarios del sector Público que contiene la “Ley para aniquilar el sector Público”. Todo lo contrario, el país debería tener un específico sistema salarial para todo el estratégico cuerpo de servidores públicos del Estado.

La Fuerza Pública requiere de un fortalecimiento estratégico, dentro del cual destaca la erradicación de los tugurios que representan la mayoría de sus sedes: altamente insalubres, de bochornoso hacinamiento y de escasa privacidad personal, para mencionar una pequeñísima parte del grave entorno sociolaboral que afecta el trabajo del mayor cuerpo policial costarricense.

Las comunidades demandan mayor presencia en materia de seguridad ciudadana, especialmente aquellas en las cuales la exclusión y la desigualdad social, junto a la pobreza y a la precariedad, están nutriendo el negocio del narcotráfico con sus secuelas de violencia y de pérdidas de vidas inocentes.

Específicamente, la Policía de Control de Drogas (PCD), como parte esencial de la Fuerza Pública, requiere que se le tenga como parte fundamental, debidamente fortalecida, ante este creciente papel del narcotráfico en nuestra sociedad; negocio sucio que según el Gobierno de los Estados Unidos está moviendo unos 4.200 millones de dólares, ¡al año!, es decir, poco más de 8 puntos porcentuales de PIB.

Además, la gran ventaja económica para el país del creciente turismo, conlleva riesgos y la expansión de la infraestructura aeroportuaria que se está planteando, nos indica que la Policía Aeroportuaria del país debe considerarse para su expansión y fortalecimiento.

La Policía Penitenciaria urge de casi mil plazas más. El actual personal sumamente explotado ya, no da abasto en la labor de contención de seguridad ante el incontenible hacinamiento carcelario y de ahí que esté al rojo vivo la polémica de si la salida correcta a este problema sea la liberación irrestricta de personas privadas de libertad que no han sido debidamente preparadas para ello.

La “matazón” en las carreteras nacionales, especialmente la de motociclistas, en parte tiene relación con un debilitamiento del cuerpo de oficiales de la Policía de Tránsito. El país no está atendiendo de manera adecuada los desafíos de seguridad vial que implica un parque vehicular excesivo y con contenido de altísimo estrés por parte de los conductores ante el caso vial nacional. ¡Hacen falta unos 1.300 policías de tránsito!

Estamos perdiendo el control de los parques nacionales y de las áreas de conservación ante la escasez de personal guardaparques. La cacería furtiva y el negocio sucio del narcotráfico se están apoderando de estas estratégicas zonas del territorio nacional y estamos quedando en ridículo ante la comunidad internacional, pues se cae a pedazos la imagen de “país verde” que asegura tener protegido el 25% de su territorio nacional para efectos de conservación ecológica, lo cual está dejando de ser cierto porque ya casi no hay personal especializado que se encargue de esta tarea.

El fenómeno migratorio nos tiene ya rebasados. Una debilitada aunque muy sacrificada policía migratoria no puede, por más que quiera, realizar verdaderas tareas estratégicas de contención de la ola migratoria que nos azota, sin caer en xenofobias de ningún tipo. La dolorosa cuestión social de las personas cubanas y africanas, últimos episodios de esta tragedia humanitaria que es el tráfico internacional de personal, nos retrató de cuerpo entero en cuanto a la imperiosa necesidad nacional de fortalecer la Policía Profesional de Migración y Extranjería de Costa Rica.

Un país como Costa Rica con un porcentaje de robo de impuestos en todas sus formas de 8.5 puntos porcentuales de Producto Interno Bruto (PIB), no puede tener una Policía Fiscal con tan poquísimo personal. Los éxitos que últimamente hemos visto en la prensa sobre ataque a la defraudación de impuestos nos muestran las potencialidades que este cuerpo policial expresa como para no entrarle a su fortalecimiento estratégico. Es más, el combate a la evasión fiscal en todas sus dimensiones y a la elusión tributarias de distinto orden, deben ser un asunto de emergencia nacional y la Policía Fiscal acrecentar fuertemente su rol en ello.

El Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la policía judicial costarricense enfrenta un creciente desafío ante el poder de la criminalidad que estamos presenciando y viviendo; pero, paradójicamente, ya están viviendo diversos problemas de operatividad por las severas restricciones presupuestarias que se le están aplicando y sus oficiales están denunciando situaciones de sobreexplotación laboral inadmisibles en un poder del Estado como el Judicial.

La situación para los distintos cuerpos policiales de las municipalidades no es la mejor en este escenario de “integrismo fiscalista”. El sector municipal está incluido con la ““Ley para aniquilar el Sector Público”, con lo cual sus estrictas reglas de contención salarial les afectará en cuanto a los sistemas de dedicación exclusiva y de disponibilidad, por ejemplo. Aparte de que tal legislación representa una flagrante violación a la autonomía constitucional del régimen municipal.

Como vemos, los señores diputados y las señoras diputadas que se juntaron con su colega Otto Guevara Guth para impulsar la aprobación del proyecto nefasto “Ley para racionalizar el gasto público”, que en realidad es el proyecto “Ley para aniquilar el Sector Público”, han caído en irracionalidades peligrosísimas para la paz social y para la estabilidad de la Democracia misma.

El caso de los cuerpos policiales del Estado central es muestra fiel de que tales extremismos fiscalistas son disparadores de la violencia y de la exclusión social, con mayor crudeza y peligrosidad.

Hacemos una vehemente instancia a las agrupaciones gremiales de estos cuerpos policiales a que se reúnan con urgencia para analizar toda esta grave situación y llamar la atención diputadil para que la Asamblea Legislativa “no juegue con fuego”.

Trabajadores del BANHVI se unen a la ANEP y conforman seccional

El pasado 13 de septiembre la ANEP recibió la grata noticia de que varios trabajadores del Banco Hipotecario de la Vivienda (Banhvi) depositaban la confianza en nuestra organización para defender sus derechos laborales y conformar la seccional.

Por tal motivo un equipo de la ANEP se reunió en las cercanías de Barrio Dent para conversar con estos trabajadores y detallar más afondo los beneficios de afiliarse a nuestra organización.

Durante espació de casi dos horas el Secretario General de la ANEP, Albino Vargas Barrantes y el Promotor Alvaro Valverde atendieron consultas de los trabajadores a la vez que le brindaban detalles del actual escenario que vive el empleo público y la situación fiscal que atraviesa el país, resaltando que los empleados públicos no son responsables de la crisis fiscal si no que esta responsabilidad recae totalmente en los evasores de impuestos.

Luego de la reunión desarrollada los nuevos trabajadores afiliados a la ANEP decidieron conformar la Junta Directiva de la Seccional ANEP-BANHVI, resultando como presidente electo Allan Calvo García.

Para Calvo ser parte de la ANEP les brindará el impulso para luchar por mejores condiciones laborales y un mejor funcionamiento de la institución.

“Es un largo historial, el BANHVI ya cuenta con más de 20 años en el mercado de vivienda y con el paso de los años se han ido acumulando una serie de malos procesos que pareciera ha sido un poco por negligencia de la administración, pese a que los trabajadores hemos intentado por varios medios lograr acuerdos, acercarnos y realizar propuestas en beneficio de la institución no se ha logrado; de ahí la intención de unirnos para ser tomados en cuenta para el bien común y de los usuarios”, dijo el Presidente de la nueva Seccional.

En la ANEP le damos la bienvenida a la nueva seccional ANEP-BANHVI y nos comprometemos a luchar.