Custodios del OIJ tomarán medidas de presión por ser contratados como personal administrativo

Custodios de cárceles del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) anunciaron través de su Seccional ANEP-Cárceles OIJ en conferencia de prensa, que tomarán medidas de presión tanto legales como de manifestación pacífica, si el Consejo Superior y los departamentos del Poder Judicial no solucionan el problema con los contratos laborales.

De acuerdo con la Seccional ANEP-Cárceles OIJ, los custodios son contratados como personal administrativo. Sin embargo, desempeñan funciones y tienen horarios policiales sin que sean reconocidos rubros como el riesgo policial, peligrosidad y variación de la jornada laboral; estos incentivos los perciben los policías del OIJ.

Asimismo, otros de los aspectos al ser contratados como personal administrativo es la inseguridad jurídica que enfrentan cada vez que deben actuar como policías esto por el uso de dispositivos reglamentarios (armas, chalecos antibalas y demás instrumentos).

Los custodios de cárceles del OIJ esperan desde el 2010 que se cumpla la resolución Nº 2010-000686 de la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia la cual ordena la compensación de un tiempo no remunerado y la readecuación de los roles y jornadas para estos trabajadores. La misma fue ratificada por cinco magistrados y la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Zarela Villanueva.

Es por esto que si la situación no ha sido esclarecida al 17 de abril, la seccional presentará las acciones legales correspondientes, así como la convocatoria a una manifestación pacífica.

José Poveda, presidente de la Seccional ANEP-Cárceles OIJ, detalló que cuando son contratos administrativos la jornada de trabajo es de ocho horas diarias cinco días a la semana, es decir, se debe cumplir con 40 horas laborales.

Mientras que en la función policial trabajan 12 horas diarias durante cinco días a la semana, cumpliendo 60 horas laboradas.

“Nosotros no nos oponemos a trabajar las 12 horas diarias siempre y cuando se nos reconozca ese tiempo laborado. En este momento, a los custodios no nos pagan las horas extras, ni los otros incentivos. En noviembre del 2016 el Consejo Superior estableció el cambio de la jornada de 8 a 12 horas diarias”, comentó Poveda.

Aunque la Seccional ANEP-Cárceles OIJ ha intentando establecer canales de diálogo es evidente el irrespeto a los derechos laborales y a la falta de respuesta.

La administración ha generado confusión por un documento DJ.AJ-1220-2017 donde se establece la necesidad de un estudio que determine si el personal de cárceles, son funcionarios administrativos o policiales. Pese a este documento, jerarcas de la Corte Suprema de Justicia mantienen a los custodios trabajando en jornadas policiales.

“La Seccional por su parte agradece el apoyo de director del OIJ, Wálter Espinoza. El Consejo Superior debe saber que es sencillo: si somos policías, que nos paguen como policías (reconociendo disponibilidad, riesgo y variación de la jornada) y si somos administrativos apliquen las jornadas y los horarios que se tenían antes de agosto del 2016”, agregó Poveda.

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Discurso del Papa francisco a los participantes en el seminario «Derecho Humano al Agua”

Queridos hermanos y hermanas, buenas tardes.

Saludo a todos los presentes y les agradezco su participación en este Encuentro que aborda la problemática del derecho humano al agua y la exigencia de políticas públicas que puedan afrontar esta realidad. Es significativo que ustedes se unan para aportar su saber y sus medios con el fin de dar una respuesta a esta necesidad y a esta problemática que vive el hombre de hoy.

Como leemos en el libro del Génesis, el agua está en el comienzo de todas las cosas (cf. Gn 1,2); es «criatura útil, casta y humilde», fuente de la vida y de la fecundidad (cf. San Francisco de Asís, Cántico de las Criaturas). Por eso, la cuestión que ustedes tratan no es marginal, sino fundamental y muy urgente. Fundamental, porque donde hay agua hay vida, y entonces puede surgir y avanzar la sociedad. Y es urgente porque nuestra casa común necesita protección y, además, asumir que no toda agua es vida: sólo el agua segura y de calidad, siguiendo con la figura de san Francisco: el agua «que sirve con humildad», el agua «casta», no contaminada.

Toda persona tiene derecho al acceso al agua potable y segura; este es un derecho humano básico, y una de las cuestiones nodales en el mundo actual (cf. Enc. Laudato si’, 30; Enc. Caritas in veritate, 27). Es doloroso cuando en la legislación de un país o de un grupo de países no se considera al agua como un derecho humano. Más doloroso aun cuando se quita lo que estaba escrito y se niega este derecho humano. Es un problema que afecta a todos y hace que nuestra casa común sufra tanta miseria y clame por soluciones efectivas, realmente capaces de superar los egoísmos que impiden la realización de este derecho vital para todos los seres humanos. Es necesario otorgar al agua la centralidad que merece en el marco de las políticas públicas. Nuestro derecho al agua es también un deber con el agua. Del derecho que tenemos a ella se desprende una obligación que va unida y no puede separarse. Es ineludible anunciar este derecho humano esencial y defenderlo —como se hace—, pero también actuar de forma concreta, asegurando un compromiso político y jurídico con el agua. En este sentido, cada Estado está llamado a concretar, también con instrumentos jurídicos, cuanto indicado por las Resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 2010 sobre el derecho humano al agua potable y al saneamiento. Por otra parte, cada actor no estatal tiene que cumplir sus responsabilidades hacia este derecho.

El derecho al agua es determinante para la sobrevivencia de las personas (cf. ibíd, 30) y decide el futuro de la humanidad. Es prioritario también educar a las próximas generaciones sobre la gravedad de esta realidad. La formación de la conciencia es una tarea ardua; precisa convicción y entrega. Y yo me pregunto si en medio de esta «tercera guerra mundial a pedacitos» que estamos viviendo, no estamos en camino hacia la gran guerra mundial por el agua.

Las cifras que las Naciones Unidas revelan son desgarradoras y no nos pueden dejar indiferentes: cada día mil niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua; millones de personas consumen agua contaminada. Estos datos son muy graves; se debe frenar e invertir esta situación. No es tarde, pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para el bien de la humanidad.

El respeto del agua es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos (cf. ibíd., 30). Si acatamos este derecho como fundamental, estaremos poniendo las bases para proteger los demás derechos. Pero si nos saltamos este derecho básico, ¿cómo vamos a ser capaces de velar y luchar por los demás? En este compromiso de dar al agua el puesto que le corresponde, hace falta una cultura del cuidado (cf. ibíd., 231) —parece una cosa poética y, bueno, la Creación es una «poiesis», esta cultura del cuidado que es creativa— y además fomentar una cultura del encuentro, en la que se unan en una causa común todas las fuerzas necesarias de científicos y empresarios, gobernantes y políticos. Es preciso unir todas nuestras voces en una misma causa; ya no serán voces individuales o aisladas, sino el grito del hermano que clama a través nuestro, es el grito de la tierra que pide el respecto y el compartir responsablemente de un bien, que es de todos. En esta cultura del encuentro, es imprescindible la acción de cada Estado como garante del acceso universal al agua segura y de calidad.

Dios Creador no nos abandona en este trabajo para dar a todos y a cada uno acceso al agua potable y segura. Pero el trabajo es nuestro, la responsabilidad es nuestra. Deseo que este Seminario sea una ocasión propicia para que sus convicciones se vean fortalecidas, y salgan de aquí con la certeza de que su trabajo es necesario y prioritario para que otras personas puedan vivir. Es un ideal por el que merece la pena luchar y trabajar. Con nuestro «poco» estaremos contribuyendo a que nuestra casa común sea más habitable y más solidaria, más cuidada, donde nadie sea descartado ni excluido, sino que todos gocemos de los bienes necesarios para vivir y crecer en dignidad. Y no olvidemos los datos, las cifras, de las Naciones Unidas. No olvidemos que cada día mil niños, cada día, mueren por enfermedades en relación con el agua.

Muchas gracias.

El Derecho Humano al Agua – Declaración final

Asimismo, se refiere a las consecuencias negativas de sequías e inundaciones en la producción de alimentos, la prevalencia de enfermedades relacionadas con la contaminación y nos alerta frente a una “economía verde” que, con frecuencia, es verde no porque sea ecológica sino porque su mercancía es la naturaleza.

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ANEP acusa al Presidente de la ANDE ante instancia sindical internacional

Esta situación puso en seriesísimo riesgo político-jurídico y sindical-social a la ANEP, legendaria agrupación del movimiento sindical costarricense y que va a cumplir 60 años de existencia en el 2018, funcionando la misma al amparo de la Constitución Política del país, nuestro Estado de Derecho y la normativa jurídica internacional sobre la Libertad Sindical y los tratados internacionales en la materia.

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ANEP presenta Recurso de Amparo contra Ministerio de Justicia y Paz

El recurso presentado por la ANEP indica que desde hace más de un año se solicitó a la autoridad recurrida que girara la orden de ejecución de las vacaciones de los amparados y que procediera a verificar que las respectivas jefaturas acataran la orden.

El amparo indica que en las listas que fueron proporcionadas por el propio ministerio recurrido, consta que a todo el personal de seguridad no se le ha concedido las vacaciones correspondientes a 2 o más períodos (tanto anuales, como las profilácticas), en el tiempo que les corresponde.

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