Chisporroteos

Porque la verdad es que la campaña está tomando ciertos giros muy peligrosos y totalmente inaceptables. Y, lo digo sin tapujos. Principalmente por parte de los del SI, que más que a favor del tratado parecen estar dedicados a combatir a Albino y demás líderes sindicales, y han llegado al hediondo extremo de ilustrar sus páginas con imágenes de Fidel Castro, Daniel Ortega y Hugo Chávez.

Eso es pura resurrección de las viejas Voces del Odio (algunos recordamos la indecente campaña que hicieron para ligar a Daniel Oduber con Fidel Castro) en lo cual los secunda con singular entusiasmo La Machaca-McCarthy.

La verdad es que desde que el tema se planteó, los defensores del SI han venido eludiendo el debate serio y formal. Recordemos si no la actitud del candidato Osear Arias durante la campaña del 05, que se negó rotunda y sistemáticamente a discutir el tema con sus adversarios. En el curso de ese año recuerdo haber asistido a tres debates que se anunciaron entre los negociadores del TLC y los que lo objetaban desde entonces, y a ninguno de ellos llegaron los negociadores.

Y de paso, esto ha venido acompañado de un intento, no por disimulado menos evidente, de silenciar a la Universidad de Costa Rica, que cumplió con su obligación evacuando la consulta que le hizo la Asamblea Legislativa sobre el tratado, y a la que se ha querido impedirle que divulgue, propague y publicite la opinión que emitió, alegando algunos (¡Dios los bendiga!) que dentro de la Universidad hay profesores y estudiantes que discrepan de lo que la institución emitió como opinión oficial de acuerdo con las leyes, los antecedentes y la costumbre.

Un debate en serio, que pudo sostenerse en la prensa, es para que cada parte exponga sus puntos de vista, la contraparte los combata, y se discuta. Pero buscando desprestigiar a don Albino, publicando fotografías de Fidel Castro y ligando al PAC con los líderes marxistas, nada se avanza y Costa Rica retrocede.

Mientras tanto seguirán apareciendo encuestas, unas que dicen una cosa y otras que dicen cosa distinta, y cada quien procurará desprestigiar la que arroje conclusiones distintas a su esperanza. Alguien me preguntó si creo en ellas.

Contesté que sí, que creo en las encuestas y creo en los encuestadores, pero no creo en los encuestados. El tico responde lo que el otro quiere oír. ¿O es que hemos dejado de ser ticos tioconejos?


Fuente: La República

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