Desigualdad: La más grande tragedia humana

“2014: consagra un mundo cada vez más desigual”. En la edición, todavía impresa, de La Prensa Libre, correspondiente al pasado lunes 29 de diciembre de 2014, se publicó una noticia con dicho titular.

Dos días después, el 31, en La República, nos encontramos esta otra nota de prensa: “Millonarios agregan $92 mil millones a su patrimonio en 2014”. Sencillamente espeluznante. En realidad, la más grande tragedia humana de nuestro tiempo.

¡Sí! La hegemonía del neoliberalismo en el planeta nos ha conducido a la más grande tragedia humana de nuestros tiempos: la desigualdad. Es imposible dejar pasar “desapercibidas” semejantes noticias puesto que tal estado de cosas ha dejado al planeta “partido en dos”, prácticamente: los que lo tienen todo, una minoría atroz; los que no tienen nada o lo poco que tienen lo están perdiendo: la inmensa mayoría de la Humanidad.

Ambas noticias proceden de fuentes “libres de toda sospecha”; es decir, ni la menor pizca de simpatías para con los movimientos sociales y cívicos del planeta que luchan todos los días contra esta tragedia humana que tiene nombre: se llama la globalización neoliberal; la de “el imperio de los mercados”.

Ésta, la globalización neoliberal, es la que está arrasando con toda legislación de corte humanista a favor de las mayorías; es la de la reversión de derechos laborales que genera esclavitud obrera, precarizando empleos, reduciendo salarios y pensiones, aboliendo los sistemas de seguridad social, aumentando la informalidad…; es la que corrompe gobiernos, políticos, sistemas judiciales…; es la del narco y la de las guerras.

Tales fuentes noticiosas, “libres de toda sospecha”, son, en el caso de La Prensa Libre, la agencia española de noticias EFE. Y, en el caso de La República, BloombergNews, un medio de prensa global de noticias de negocios que se dan en el marco de “el imperio de los mercados”.

Esta desigualdad, que conceptuamos como la más grande tragedia humana de estos tiempos, nos arroja estos datos impresionantes, indignantes, prácticamente imposibles de creer. Pongamos cuidado.

En el año que acaba de terminar, 2014, los más ricos del planeta, aumentaron sus fortunas en ¡92 mil millones de dólares! Ni siquiera nos planteamos cuántos miles de millones de colones costarricenses, son ¡92 mil millones de dólares! No creemos que haya una calculadora que haga tal conversión porque de seguro “se revienta”, “se quema”.

De ese grupo de “super-super” ricos, los primeros 400 del ranking diario de la riqueza de BloombergNews, tienen un tesoro personal conjunto de $4,1 billones de dólares. Creemos que se lee así: Cuatro billones 100 mil millones de dólares.

Otro dato. De esas 400 personas, las más “multi-multi” millonarias, son 85, ¡sí! Ochenta y cinco. Juntas estas 85 personas tienen tanta plata, como toda la plata de la mitad más pobre de la humanidad: alrededor de unas 3 mil millones de personas.

Esta espantosa concentración de la riqueza, según la agencia española EFE, es tan ofensivamente escandalosa que está generando reclamos en voz alta de las propias entidades internacionales al servicio de la globalización neoliberal y de “el imperio de los mercados”.

Imagínese usted, tal como lo indica la noticia de La Prensa Libre que “la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha advertido que la desigualdad de ingresos tiene ‘un efecto negativo y estadísticamente significativo en el crecimiento’, por lo que reducir la brecha no solo se traduciría en sociedades menos injustas, sino también más ricas”.

¡Escuche bien, usted! Si se reparte mejor la riqueza, si ésta deja de concentrarse, si se reduce la brecha entre ricos y pobres, las sociedades serán “más ricas”. Y eso lo dice la OCDE, a la cual Costa Rica quiere ingresar.

También está “pegando el grito al cielo”, una de las entidades más emblemáticas, “sacrosantas”, de la globalización neoliberal, la de “el imperio de los mercados”: el mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Quién lo diría? Ahora resulta que el FMI le pide a los países elaborar “políticas fiscales redistributivas, eficientes y propicias para el crecimiento”, haciendo énfasis en “el carácter perjudicial de la desigualdad”.

Se ha publicado recientemente un libro que está dando mucho de qué hablar, una obra monumental del escritor francés Thomas Piketty”, con el sugestivo título de “El capital en el siglo XXI”.

Esta obra, “El capital en el siglo XXI”, “…ha despertado animadas polémicas en prácticamente todo el orbe, en parte por reintroducir entre académicos, políticos, comentaristas y público en general la preocupación sobre las desigualdades sociales; en parte por su propuesta de establecer políticas fiscales de alcance global que moderen la disparidad, impuestos a la riqueza y a la herencia; en parte por su visión amplia de lo que deben ser hoy las ciencias sociales, y en parte porque ofrece argumentos sólidos, frescos, para que gobiernos y sociedades combatan de manera frontal el flagelo de la desigualdad. Por todo ello, la de Piketty es hoy una voz imprescindible en los tiempos que corren”.

Este comentario es un extracto del resumen de presentación de esta obra, según el sitio web “casadellibro.com”. Este “librazo” (para emplear un vocablo popular que dimensione su impacto actual), se ha publicado en español por la prestigiosa entidad editorial Fondo de Cultura Económica de España.

Por supuesto que en nuestro caso personal, solamente hemos leído algunos comentarios sobre esta obra pero que ayudan a comprender la magnitud de la perversidad de esta tragedia humana que es actualmente la desigualdad; y los gigantescos retos que significa combatirla. (Por cierto, ¿alguna universidad pública no quiera “ayudarnos” a estudiar esta obra con un seminario, por ejemplo?)

En nuestra realidad costarricense de hoy, hace tiempo lo venimos planteando, la desigualdad es el problema número uno. Si bien la violencia en todas sus manifestaciones, la corrupción pública y privada (con ropaje legal o sin él), así como la drogadicción y la penetración del narcotráfico en nuestra sociedad (“por arriba y por abajo”, intermediando el crimen organizado); son, los tres, gigantescos problemas que carcomen la democracia, lo real es que, de una manera u otra, es la creciente desigualdad la que los nutre, potencia, preserva y desarrolla.

Los datos que les acabamos de comentar; el impacto que está generando el libro del señor Thomas Piketty; y que ahora entidades multilaterales al servicio de la globalización neoliberal, la de “el imperio de los mercados” (como el FMI, la OCDE, el Banco Mundial y otras), estén “gritando contra la desigualdad”; nos indican que la lucha social y sindical nacional, rica y multidiversa resistiendo la “neoliberalización” total de Costa Rica, no sólo ha tenido mucho sentido, sino que debemos potenciarla todavía más hasta que logremos que la otra hegemonía, la del bien común y la de la justicia social, imperen en el país.

Por eso es que, entre otras cosas, es que nos hemos partido el alma durante los últimos años por leyes como la Reforma Procesal Laboral (RPL); y por eso es que, seguimos peleando por una verdadera justicia con nuestra propuesta “Hacia una reforma fiscal para el desarrollo y la reactivación del empleo”. ¡A seguir luchando!

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