Directorio acude a Fuerza Pública para poner orden en la Asamblea

Artículo de La Prensa Libre, 13 de febrero de 2007
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Esteban A. Mata Fonseca
emata@prensalibre.co.cr
Fotos: Luis Morales Castro

Manifestantes de diversos sectores contrarios al TLC llegaron con rótulos ofensivos a la barra de Público del Congreso, situación que provocó un zafarrancho.

Mudos que gritaban.

Así lucían al otro lado de la vidriera de la barra de público del Congreso. Gesticulaban y en sus caras se veía la rabia; una rabia ahogada a los lados de las pancartas con bromas, burlas e insultos para el Presidente de la República y los diputados. Al otro lado del vidrio, en el Plenario, los legisladores guardaban la compostura. Hacían como si nada pasara, y esto atizaba más a los asistentes de la barra.

Los ánimos se tensan, y en cámara lenta se ve a los manifestantes levantando los puños, amenazantes, de todo les gritan, aunque no les oyen, todo tipo de insultos traen los rótulos.

El directorio gira una directriz casi imperceptible al principio. Hay algún movimiento de parte de los encargados de la Seguridad de la Asamblea.

Los diputados se mueven inquietos en sus curules, mientras la tensión va tomando segundo a segundo el recinto parlamentario. Entra uno y dos y tres agentes, que se mueven con dificultad entre los manifestantes que siguen mudos en la barra de público. Un manoteo, un empujón, y la línea de dominós empieza a caer.

Los mudos gritan

Un guardia alto y corpulento como un ropero toma de golpe el rótulo donde hablan de un “Papá Pitufo”, otro intenta despegar el cartón que increpa a las bancadas como tiburones hambrientos. “No al TLC”, dice otro.

Hay forcejeo, alguien se tropieza o lo empujan. Es la Asamblea Legislativa, es la barra de público, aunque parece la barra de sol de algún estadio de cuyo nombre no me acuerdo. Todo se agita, la prensa corre, se acerca, los mudos dejan de ser mudos y gritan, y se oyen sus consignas, los insultos, alaridos.

El subjefe de seguridad, Carlos Herrero, pide calma, mientras el secretario de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), Albino Vargas, se debate en el tumulto. “Esto es Costa Rica”, dirá después el presidente del Congreso, Francisco Antonio Pacheco, mientras espera a que lleguen los refuerzos.

La barra de público recupera algo de calma. Los encargados de seguridad señalan que cumplían órdenes de retirar los rótulos que insultan al mandatario Arias, pero no, los empujaron, forcejearon, y ellos de acuerdo con el reglamento no pueden agredir a nadie, solo restaurar el orden.

“¡Que nos despeguen los rótulos, los volvemos a pegar. Aquí hay derecho de libre expresión!”, “¡No al TLC!”. De libre expresión…

Vargas y Xiomara Rojas se disputan el micrófono para gritar que se violentan sus derechos y que se usa al personal de seguridad para callar sus “verdades”.

“Tranquilos muchachos, ustedes son empleados, como nosotros”, vocifera Rojas, dirigiéndose a los encargados de seguridad de la Asamblea, para darles a entender que no es con ellos la discusión.

Un hombre enorme suda bajo su traje azul y mira de reojo a Rojas.

“No te atengás al cuerpo”, grita otro. “Si no le gustan a Papá Pitufo (los carteles) ¡que nos demande!”, grita Albino Vargas.

“No nos pueden quitar los rótulos, mandaron a los guardas a pelearse con nosotros”, señala Rojas.

Los micrófonos los apuntan, los lapiceros vuelan sobre el papel, los gritos se reanudan “¡No, No, No al TLC!, ¡No, No, No al TLC!, ¡No, No, No al TLC!”, el viejo piso de madera de la barra de público vibra, el eco golpea las paredes, no son tantos, si acaso 30, pero es como si fueran más.

Las consignas contra el Presidente del Congreso y los diputados salen disparadas de las bocas enardecidas. Los guardas miran a espaldas de los periodistas.

“Denunciamos tráfico de influencias. ¿Por qué se ocultó el escándalo del tráfico de visas de chinos? ¡Porque eran votos para el TLC!”

Las consignas se reanudan, los micrófonos y las cámaras vuelven al otro lado, a la barra de prensa, todo vuelve a la normalidad, no se quitan todos los rótulos. Hay uno grande, con las caras de varios diputados que dice: “Conozca a los traidores de la Patria”, esto aún no termina.

Huele a tensión, el aire es espeso y algo se mueve.

Interludio

En tanto, la sesión parlamentaria continúa. Se discute la aprobación de un convenio que pretende proteger a las especies migratorias, los diputados siguen su rutina de escuchar a los congresistas que hacen uso de la palabra. Sin embargo, la puerta principal del Congreso está cerrada, nadie sale y nadie entra por ahí.

Se rumora que viene la Fuerza Pública, refuerzos para quitar de una vez por todas los rótulos que tratan al presidente de la Asamblea de “pitufo” y al Presidente de la República de “diablo”. Francisco Antonio Pacheco ha salido del Plenario, camina por uno de los pasillos del Castillo Azul y se refiere a la situación con parsimonia.

“Yo pedí que quitaran los rótulos. A mí no me molesta que me digan pitufo, eso me deja fresco y tranquilo. Es más, me gusta”, dice el filósofo y presidente del PLN, quien señala que la directriz de que se muevan las pancartas obedece a una decisión discrecional que le confiere el Reglamento, y que busca que se respete la figura del Presidente de la República y de los legisladores.

Pacheco recalca que si la seguridad de la Asamblea no puede controlar la situación, habrá que “revalorar” el tipo de medidas por aplicar.

Defiende la actuación de la seguridad, y señala que más bien fueron empujados por los manifestantes que se han atrincherado en la barra de público y no quitan los rótulos con insultos. Luego camina, avanza y se pierde a la vuelta del pasillo. El viento de la tarde trae las consignas que se gritan en la barra, el Castillo Azul brilla con las últimas luces de una tarde de verano.

Ahí están

En doble fila bajan las gradas. Estos no son los policías que generalmente se apostan en las esquinas del Parque Central. Estos son altos, y los chalecos antibalas los hacen verse más cuadrados. Primero pasan 16, luego otros 20, por el otro lado, avanzan hacia la barra de público unos más, se decreta un receso y los diputados miran casi en silencio.

En un abrir y cerrar de ojos la Asamblea es tomada por cerca de medio centenar de policías. En las afueras del Congreso se apostan vehículos de la Fuerza Pública y un efímero alboroto se ve en la barra de público. Los carteles son removidos, lentamente se despeja la barra de público, que enmudece. Se reanuda la sesión.

A favor y en contra

Respecto a lo sucedido, las reacciones de los diputados fueron diversas, desde la censura al Directorio, hasta la desaprobación de ambas partes.

“Lamentable, por ambas partes, me parece lamentable en vista de que esto más bien exalta los ánimos”, dijo el diputado de Unión Nacional, José Manuel Echandi.

Por su parte, el subjefe de fracción del Movimiento Libertario, Luis Antonio Barrantes, señaló que aunque está de acuerdo “en la libre expresión, se les fue la mano (con los insultos). El Directorio debe velar por la seguridad del Parlamento.

En tanto, la diputada de Acción Ciudadana Andrea Morales recalcó que la actitud del Presidente del Directorio no fue la mejor. “Yo no entiendo por qué reaccionó de esta forma (Pacheco). Me preocupa que sean estrategias que buscan demostrar que el público de la barra es agresivo.”
Mientras tanto, la jefa de fracción del Partido Unidad Social Cristiana, Lorena Vásquez, señaló que si los sindicalistas y opositores al TLC quieren convencer a alguien de algo, la de ayer fue una forma “absurda. Me parece que hay sectores no todos, que buscan ir calentando el ambiente para provocar”.

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