¿Dónde quedan los derechos de los policías?

Los policías somos seres humanos con necesidades, no somos “robots”

El mismo Presidente de la República, reconoció en presencia de los Ministros de Trabajo, y de Seguridad Pública, que los policías trabajan jornadas laborales extenuantes; inclusive, en muchos casos de más de veinticuatro horas continuas.

Se ha considerado a la Fuerza Pública dentro de un régimen de excepción. Esa condición hace que se establezca como “ordinaria”, la jornada de trabajo de doce horas diarias. En el tiempo, ante la falta de criterios técnicos, se han establecido roles de servicio al antojo del jerarca de turno; inclusive aquellos que van en detrimento de la salud de las personas. Por ejemplo: de 14:00 horas a 02:00 horas (jornada mixta) y el 2×2×2, que según estudios emitidos por entes técnicos (Salud Ocupacional y Consejo de Salud Ocupacional), provocan serios deterioros en la salud de las personas.

En este momento, ante la situación de inseguridad ciudadana, producto de la incursión del crimen organizado, y del narcotráfico en nuestra sociedad, hemos visto como el Ministro de Seguridad Pública, levanta la vos para solicitar más recursos; eso está bien, es posiblemente lo que considera necesario. Nosotros la levantamos por los derechos de nuestros policías.

Acaso habrán olvidado nuestras autoridades, que posterior al evento de Monteverde (asalto bancario), se reprochó la fatiga que presentaban los policías. Pues resulta que, en la actualidad, muchos policías están con una altísima fatiga, producto de las cargas de trabajo y de roles de servicio, absolutamente contrarios a la salud.

Las estadísticas dan cuenta, de que en el año 2015, se presentaron 73 casos de violencia intrafamiliar, en hogares de policías. En este año, se registran 32 casos. ¿Qué se hace institucionalmente para atender la desintegración familiar? Nada. Se instauran procesos disciplinarios, se sanciona a los policías “porque no deben estar en casos de violencia intrafamiliar”. Eso es cierto, pero, ¿cuánto le toca a la administración, que no muestra el mínimo intereses por las necesidades de los policías y de sus familias?

Siguiendo con las estadísticas, entre los años 2014 y 2016, se conocieron 321 casos de supuesto abuso de autoridad. ¿No serán la fatiga, el estrés, las malas condiciones, la ausencia de liderazgo, detonantes para que no se tomen las mejores decisiones? Nuevamente debemos cuestionar ¿Qué se hace para atender esta situación? Nada, se inician procesos disciplinarios, que luego terminan en una recomendación de despido, que el Ministro avala, dejando en indefensión a un funcionario que muchas veces es víctima del “sistema”, y que puede ser que únicamente necesitara de ayuda para manejar el temperamento, e inclusive, para resolver sus propias frustraciones. Puede que alguien considere que son excusas, pero quienes hemos estado en los zapatos de un policía, sabemos de las muchas situaciones adversas con las que se debe lidiar todos los días.

Los policías no somos robots, somos seres humanos con necesidades; los policías no contamos con un régimen especial de pensión; por ello miramos compañeros y compañeras, adultas mayores, uniformados y brindando seguridad ciudadana; combatiendo una criminalidad mucho más sofisticada; combatiendo delincuentes “atléticos y descansados”, cuando deberían estos oficiales estar con absoluta justicia, disfrutando de sus nietos, jubilados en sus casas.

Por ello, ante el incremento en la actividad delictiva, el incremento en el riesgo físico y jurídico, ante la incertidumbre jurídica y la demanda de más policías, ¿Dónde quedan los derechos y necesidades de los policías?

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