Elecciones 2018: el próximo parlamento

Decidimos postergar la cuarta entrega de la serie de “El Cementazo” que venimos publicando en este mismo espacio, pues nos pareció oportuno y necesario compartirles nuestras primeras impresiones de cómo vemos nosotros podría estar conformada la próxima Asamblea Legislativa, que se elegirá en los comicios diputadiles de 2018. Algo de ello ya comentamos en nuestro artículo semanal para La Prensa Libre (digital), publicado el pasado miércoles 19 de setiembre.

Todo indica que la agenda político-estratégico del gran capital neoliberal imperará en el próximo parlamento. Especialmente esa parte de tal agenda que tiene una gran potenciación a partir de la “información” de contenido editorializado de la prensa que refleja, difunde y promueve la ideología del mercado absoluto y enemiga acérrima del sector público que está comprendida en tal agenda.

La esencia de esa agenda tendrá relevantes vocerías parlamentarias que funcionarán como su peonada política, aunque con ropaje partidario de diversos colores. La fracción legislativa, de facto, que tendrá el capital neoliberal en la venidera Asamblea Legislativa mostrará un poderío considerable.

Tanto en los partidos del bipartidismo clásico como en el del cambio, el gran capital neoliberal logró colocar sus fichas principales promotoras de esa agenda en puestos legislativos decisorios.

Patético resultó el episodio de la asamblea de candidaturas diputadiles del partido del “cambio”, pues a partir de ese tipo de notas periodísticas de contenido editorializado, la dictadura mediática ordenó una exclusión.

Los partidos pequeños que logren algún escaño diputadil funcionarán como furgón de cola y procurarán sacar algún provecho, personal y de corto plazo, para viabilizar la tramitación de la agenda del capital neoliberal, ordenada por la dictadura mediática de que nos habla el ilustre costarricense, historiador y académico de renombre, don Oscar Aguilar Bulgarelli, en su reciente libro “Costa Rica ¿Dictadura mediática, o Tiranía en Democracia?”.

Lo que algunos llaman progresismo o “progresía”, al parecer, perderán espacio parlamentario y la ausencia de una articulación estratégica entre las opciones electorales que todavía lo reivindican con los movimientos sociales agravará más la situación, pues es más que obvio que éstos, en sí mismos, están totalmente desperdigados.

Por tanto, los contenidos de una agenda popular y cívica, con aspiraciones de presentar resistencia contrahegemónica, tendrán verdaderos valladares para ser considerados; y si acaso algunos logran beneplácito de ese capital neoliberal para avanzar, podría ser a cambio de que acepten los representantes diputadiles que logren colarse en el nuevo parlamento, concesiones sistémicas claves como la de reformar el reglamento legislativo.

Como ya es sabido, se ha estado escenificando un combate de clase desde hace ya bastante tiempo entre los impulsores de esa agenda estratégica del capital neoliberal, hoy bien posicionado en, prácticamente, la totalidad de los partidos que van a las elecciones de febrero entrante; y todos aquellos sectores sociales, cívico-patrióticos, obrero-laborales y populares que nos resistimos al desmontaje total de lo que queda del Estado Social de Derecho para entregárselo a sus ansiosos depredadores que quieren ver la totalidad de la cosa pública convertida en fuente de lucro privado.

Lo que falta en apertura en electricidad, instaurar el mercado privado de la refinación de combustibles, acabar con la empresa pública de telecomunicaciones vía su estrangulamiento por parte del duopolio transnacional; pulverizar la banca pública con base en sus errores producto de las componendas y corruptelas internas; impedir que el agua sea conceptuada como derecho humano fundamental para imponer su mercantilización total como bien de mercado; bloquear cualquier modificación para transformar el sistema tributario y seguir robando y evadiendo; obligar a la clase trabajadora (especialmente la del sector público) a que se haga responsable del déficit fiscal y de la prácticamente impagable deuda pública; ampliar el poder de la dictadura mediática con la introducción de la televisión digital; fomentar el máximo extractivismo, la sobreexplotación agrícola y cero controles ambientales; la reducción de derechos salariales y laborales; el hundimiento de los servicios diversos de seguridad; son parte de los contenidos esenciales de la agenda estratégica del capital neoliberal que, repetimos, tendrá una numerosa fracción parlamentaria a su servicio a partir de mayo de 2018.

Y, ¿qué haremos quienes estamos del otro lado de la acera? La acera del bien común, la acera de la lucha contra la creciente desigualdad, la acera por la promoción de la inclusión y de la movilidad sociales, la acera de la transformación tributaria estructural, la acera desde donde se defiende el empleo y el trabajo decente, la acera desde la cual se debe combatir la corrupción… ¿Qué haremos?…

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