Elecciones de segunda ronda: ¿habrá algún cambio?

El Gobierno saliente, por boca de su Ministro de Planificación, don Roberto Gallardo Núñez, se ha “preocupado” mucho por analizar los programas de gobierno que le han presentado al electorado, los dos partidos que, finalmente, “se verán las caras” (así entrecomillado porque uno de los dos candidatos, dizque “tiró la toalla”), en segunda ronda electoral presidencial, este próximo domingo 6 de abril.

El Ministro Gallardo Núñez se ha esforzado muchísimo para indicar que entre ambas propuestas, “No hay diferencias dramáticas” (Diario Extra, martes 1 de abril de 2014, página 16, sección especial “Decisión 2014”).

Pareciera que el Ministro Gallardo actúa como el heraldo más “acreditado” para que la hegemonía del capital que controla la cosa política de nuestro país, no tenga nada de qué preocuparse con relación a quién saldrá electo presidente este domingo 6; especialmente, para esa parte de tal hegemonía, la del capital financiero-bancario neoliberal que es la que, realmente, tiene “la sartén por el mango” en las últimas administraciones. En síntesis, la esencia de tal mensaje es éste: ¡Hey, tranquilidad, tranquilidad!… Todo sigue igual”.

Con el pomposo nombre de “Sistematización del Programa de Gobierno”, Mideplan analizó los programas del PLN y del PAC, pero los tiene escondidos, sí, ¡escondidos! Al momento de escribir este artículo, ayer martes por la mañana, llamamos al despacho del Ministro Gallardo y ante nuestra solicitud de tener acceso a ambos documentos, se nos dijo: a) no están disponibles en físico, en papel; 2) se subirán a la página web de Mideplan, “un día de estos, tal vez antes de Semana Santa”.

Nos preguntamos, ¿para quién los preparó Mideplan?… ¿para varias de las más poderosas cámaras empresariales del país?… ¿para la embajadas gringa, china y/o de la Unión Europea? Porque, repetimos, la esencia de nuestro cuestionamiento: ¿a quién se quiso tranquilizar de que en las votaciones de segunda ronda del domingo venidero, “da lo mismo Juana que Chana”? (refrán popular para enfatizar en que “da lo mismo una u otra opción”).

Si el triunfador, como muchos lo auguran, es el señor Luis Guillermo Solís Rivera, ¡menuda tarea le espera! en el sentido de que su prédica de “cambio”, si bien no implicaría una ruptura sistémica estructural, deberá impulsar una serie de acciones en varios órdenes, de forma tal que el mencionado “cambio” pudiera ser percibido por la mayoría ciudadana en un mejoramiento sustancial de sus condiciones de vida; en un salto cualitativo en contra de la corrupción (pública y privada); en decisiones políticas de alto calibre para mejorar la redistribución de la riqueza; en el desarrollo de reales mecanismos de participación ciudadana que no estén contaminados de la “seminaritis light”; y de que, efectivamente, esa hegemonía del capital, especialmente la del capital neoliberal, empiece a sentir que la intensidad de su control de la cosa política del país podría haber comenzado a transitar una pendiente en descenso.

Estamos absolutamente convencidos de que es tal férreo control que ejerce la hegemonía del capital, que algunas intenciones sanas de un eventual gobierno del señor Solís Rivera, para impulsar directrices, decretos y hasta legislación que apunte hacia la restauración del bien común como eje central de toda la política pública (y todavía más fuerte, hacia la integración y la movilidad sociales); deberá concitar un apoyo multisectorial desde la sociedad civil organizada de los grupos de la “gente de abajo”, porque será feroz la resistencia de esa hegemonía del capital, la de la “gente de arriba”… y si se da la circunstancia de que él, ya Presidente, decida enfrentar a la misma.

Varios escenarios de confrontación se avecinan si se trata de potenciar decisiones en esta línea, hacia “los y las de abajo”, que es la abrumadora mayoría y que es la que está sufriendo en carne propia la gravedad del problema más grande que nos dejan los tiempos de TLC’s, los gobiernos de la tecnocracia financiera del capital neoliberal, los dos últimos gobiernos neoliberales liberacionistas: el sistemático crecimiento de la desigualdad, el ensanchamiento de la brecha social, con sustanciales incrementos en violencia, corrupción, crimen organizado y narcotráfico.

Además, según esa hegemonía política dominante, se nos deja con un “altísimo” déficit fiscal cuya naturaleza “perversa” (según ellos), es culpa de las remuneraciones salariales de quienes laboran para el sector Público; convirtiendo a la clase trabajadora del Estado en una especie de “criminales sociales”, implantando en la sociedad una generalización injusta que iguala el miserable salario de un señor que vigila las instalaciones educativas públicas, con el de un alto gerente bancario-estatal.

Pueden ser varias las áreas sensibles para el desafío al status quo sistémico vigente, sobre el cual Mideplan afirma que nada tiene que temer el mismo, porque “no hay diferencias dramáticas” entre el PAC y el PLN.

Pese a lo que diga el Ministro Gallardo Núñez, si el señor Solís Rivera, de ganar la Presidencia, ¿se animará a impulsar una recuperación de la función socio-productiva del sistema financiero?, como para que se perciba el “cambio”. ¿Se animará él a tomar decisiones para garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria y el empleo agropecuario; mediando iniciativas presidenciales para el fomento productivo y comercialización a la pequeña producción agrícola y pecuaria productora de alimentos?… Esto sí sería “cambio”.

O, veamos este otro “cambio”: impulsar una legislación para un establecimiento gradual de la prohibición del ejercicio privado de la profesión médica en lo privado si, a la vez, se trabaja para la Caja. Otro “cambio” ¿Se propiciaría una legislación para que todas las intervenciones quirúrgicas en seres humanos, tanto las que se hacen en la Caja como en los hospitales privados, se tengan que registrar y acreditar ante, por ejemplo, el Ministerio de Salud?…

O, este otro elemento de “cambio”: Modificar la ley para que a los alquileres sólo se les aumente la inflación anual y no el 15 % como sucede ahora; o, la regulación de las tarjetas de crédito. O, también, un impuesto a las transacciones financieras cotidianas luego de cierto monto para no afectar a los sectores de la clase media, para “reducir” el llevado y traído déficit fiscal sin golpear más los servicios públicos sociales… Esto sí sería “cambio”.

No puede interpretarse nuestro comentario desde una perspectiva decisoria electoral personal. Por el contrario, es que la naturaleza de las tareas que implica haber convertido como eje central de campaña presidencial, el tema “cambio”, implica una serie de desafíos estratégicos que si, en verdad, habrá “cambio”, provocarán la furia de esos poderosísimos intereses del capital hegemónico en nuestra sociedad; mismos que son los culpables de la crisis más profunda de toda su historia del otrora socialdemócrata PLN. Esa furia necesita del debido contrapeso. He aquí la dimensión de la construcción del mismo… si es verdad que el domingo “habrá cambio”.

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