Impuestos

“A nadie le gusta pagar impuestos”. Todo el mundo está de acuerdo con esta expresión. Por eso cuando un gobierno lo plantea, la lógica reacción es de enojo, reclamo, crítica y, por supuesto, oposición.

Ahora bien, ninguna sociedad que se precie de civilizada puede vivir sin impuestos. La controversia fundamental es qué tipo de impuestos debe haber en la sociedad y quién debe pagarlos.

Fundamentalmente, hay dos grandes clases de impuestos. Genéricamente, los impuestos regresivos, o indirectos: y los impuestos progresivos, o directos. Por supuesto que estamos haciendo una gran simplificación explicativa para efectos de este comentario, buscando que su honrosa lectura del mismo, logre transmitirle la esencia de nuestro planteamiento. Discúlpennos cualquier impericia técnica.

Los impuestos regresivos, o indirectos, son los que se les aplica a todo mundo, sin importar su ingreso. Según los especialistas, el más injusto de todos ellos, es el impuesto sobre las ventas, mismo que el actual Gobierno pretende que se transforme para convertirlo en el impuesto al valor agregado (IVA).

Pero, pensamos nosotros, seguirá siendo injusto; es más, todavía más injusto. Tan es así que están proponiendo “devolverle” a la gente más pobre que no podrá dejar de pagar el IVA (si se aprueba), unos 44 mil colones, en promedio, de “reintegro” al mes. ¡Menudo lío! Hay tanta gente pobre en nuestra Patria y no nos imaginamos cómo sería la estructura burocrática para esa “devolución”.

Dentro de los impuestos progresivos, o directos, están los que se aplican, por ejemplo, a personas que tienen más ingresos que el resto y que, por tanto, pueden pagarlos, con base en un principio fundamental de Justicia Tributaria.

Dentro de los impuestos progresivos, el más “emblemático” es el de las rentas al capital, a las grandes fortunas, a las riquezas, especialmente las abusivas y excesivas. También, el presente Gobierno está proponiendo algo al respecto pero parece que de manera muy “liviana”.

El caso costarricense, en términos generales, muestra que el sistema tributario está volcado, totalmente, hacia lo regresivo en materia de impuestos: pagan más, proporcionalmente hablando, los que tienen menos que, además, son la mayoría de la población.

El reto estratégico de nuestra sociedad actual, en consecuencia, es “darle vuelta a la tortilla”; es decir, cambiar esa injusta estructura tributaria regresiva para que “pase al otro lado”. O sea, para que empieza a ser una estructura tributaria progresiva: que paguen más los que más tienen y que, son la menor parte de la población. Por tanto, con leyes rigurosas, se les podría cobrar más los impuestos que, realmente, deberían estar pagando en función de que tienen más, de que acumulan más.

Este tema de impuestos regresivos vs. impuestos progresivos está muy estudiado. Por ejemplo, a nivel de la región, el prestigioso centro de investigación especializado en esta materia, el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), ha indicado que “la política fiscal centroamericana continúa carente de una visión de largo plazo y sin el cumplimiento de los principios básicos de la justicia tributaria”.

Dice el ICEFI que “el 70 % de los impuestos son indirectos, provienen de los que tienen menos en función de sus recursos, los que más tienen pagan menos y los sectores económicos más pujantes no pagan impuestos, más bien se premian con exoneraciones”.

Recientemente, estos y otros datos y comentarios sobre la gran injusticia tributaria que azota a los pueblos de nuestra región, fueron expuestos durante la presentación que hiciera el Director Ejecutivo del ICEFI, el señor Jonathan Menkos, en Tegucigalpa, Honduras: “Perfiles macrofiscales de Centroamérica”.

Así es en Costa Rica. Por lo general, esos pocos que tienen muchísimo, son los que reciben exoneraciones. Como las de las zonas francas. Por lo general, esos que tienen más, son los que evaden impuestos, eluden el pago de sus tributos y, descaradamente, se los roban, dañando a toda la sociedad.

Por tanto, los cambios tributarios estructurales que ocupa nuestra Patria son en función de la progresividad, no de la regresividad.

Creemos, en consecuencia, que la actual Asamblea Legislativa debe aprobar los proyectos que el Gobierno actual le está demandando, por ejemplo, en estos aspectos: regulación de las exenciones y de las exoneraciones, contra el contrabando y contra el fraude fiscal, la restauración del impuesto a las sociedades anónimas. Quienes no robamos impuestos, especialmente el segmento laboral del país (tanto el que tiene empleo y salario fijo, como el que está en la informalidad y en el desempleo), debemos respaldar estas iniciativas de las más diversas formas.

Sin embargo, es por el lado de las rentas al capital donde sí deben crearse los tributos necesarios. Por ejemplo, establecer la renta global, para que se sumen todas las diversas fuentes de ingresos que tenga una persona o una corporación y así se sepa la realidad de su capital para imponerle los tributos del caso. O bien, un impuesto a las transacciones financiero-bancarias luego de cierto monto para gravar el enorme flujo de movimientos de capital que se dan en el sistema bancario nacional diariamente. Pero, hay mucho más de qué hablar en estos temas de impuestos…

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