Injusticia salarial

Se supone que la fijación del salario mínimo es para que los trabajadores y sus familias tengan lo suficiente para cubrir sus necesidades y tener un nivel de vida adecuado.

No obstante, según informa el Instituto Nacional de Censos y Estadísticas (INEC), en Costa Rica un 31,5% de la población ocupada recibe menos del salario mínimo, lo cual repercute directamente en los índices de pobreza y en la desigualdad.

Se trata de 474.108 ciudadanos que reciben menos de lo estipulado por Ley. Las razones de esta situación son variadas, aunque el Ministerio de Trabajo reconoce que la capacidad de tutelaje a cargo de la Dirección Nacional de Inspección es una de ellas.

Según se informó, esa instancia administrativa “ha visto mermada su capacidad inspectora, por un estático número de inspectores” para atender la fuerza de trabajo actual.

De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, si bien los salarios mínimos pueden favorecer mayor igualdad y menor pobreza, la superación de ambas pasa necesariamente por la generación de más y mejores empleos.

Por otro lado, se informó que actualmente, en promedio, un hogar en el cual los ocupados perciben el salario mínimo, “pueden satisfacer con el mismo sus necesidades básicas alimentarias y no alimentarias, alejándose del límite de pobreza para el 2015 en ¢31.559,45”.

Sobre el tema del pago que deben recibir los trabajadores, la Iglesia se refiere más bien al Salario Justo, pues la remuneración de la persona depende de diversos factores. Eso lo menciona la Encíclica Rerum Novarum en el numeral 17: “Para establecer la medida del salario con justicia, hay que considerar muchas razones”.

El fruto legítimo del trabajo es el salario que, según la Iglesia, debe proporcionar a la persona una vida digna, tanto en lo material como en lo social, cultural y espiritual.

¿Qué hacer?

Es claro que una manera de evitar este tipo de incumplimientos legales es que haya un mayor crecimiento económico y los ciudadanos cuenten con una mayor capacitación y formación académica.

Por otro lado, el Ministerio de Trabajo reconoce que es necesario poner en marcha programas o mejorar los relacionados con aumento de la productividad y superación de la informalidad, principalmente dirigidos a las micro y pequeñas empresas.

Entre las acciones más importantes a implementar se mencionaron: suministrar créditos blandos, transferencia de tecnología, asistencia técnica, formación profesional, capacitación para el trabajo y vinculación de su oferta productiva al sector formal.

También la cartera de Trabajo admite que es necesario promover cambios en la legislación laboral para establecer sanciones y, en el caso de los patronos reincidentes establecer multas en sede administrativa.

Otra de las gestiones sería un aumento en los recursos de inspección y mejorar su efectividad, así como dirigir sus acciones hacia actividades, tipos de empresa y áreas geográficas con mayor incidencia de irrespeto de los derechos laborales.

Un aspecto que podría ayudar a la labor del Ministerio de Trabajo sería una mayor coordinación con otras instituciones como Caja Costarricense de Seguro Social, Instituto Nacional de Seguros (INS), Dirección General de Migración y Extranjería.

Iglesia pide salario justo

Ante todo, al trabajador “hay que fijarle una remuneración que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia, ajustándose a las cargas familiares, de modo que, aumentando éstas, aumente también aquél” (Rerum Novarum, 71).

La Doctrina Social de la Iglesia pide que no se ligue salario con productividad, sino que se busque un salario justo y remunerado equitativamente en busca del bien común.

“Se equivocan de medio a medio quienes no vacilan en divulgar el principio según el cual el valor del trabajo y su remuneración debe fijarse en lo que se tase el valor del fruto por él producido”, dice el numeral 68 en Quadragesimo Anno.

El Papa Pío XI también hace mención de un detalle: “cuando los ingresos no son lo suficientemente elevados para poder atender a la equitativa remuneración de los obreros, porque las empresas se ven gravadas por cargas injustas o forzadas a vender los productos del trabajo a un precio no remunerador, quienes de tal modo las agobian son reos de un grave delito, ya que privan de su justo salario a los obreros, que, obligados por la necesidad, se ven compelidos a aceptar otro menor que el justo”.

Papa Francisco: “es pecado”

Sobre este tema, el Papa Francisco en diferentes oportunidades se ha pronunciado. Incluso indicó que es “un pecado gravísimo” utilizar a Dios para cubrir la injusticia y ha puesto el ejemplo de aquellos empresarios que van a Misa cada domingo o envían un cheque a la Iglesia pero luego pagan en negro a sus empleados.

“Si uno va a Misa todos los domingos y recibe la comunión, se le puede preguntar: ¿Y cómo es tu relación con los empleados? ¿Les pagas en negro? ¿Les pagas un salario justo? ¿También depositas las contribuciones para la jubilación y para el seguro sanitario?”, preguntó en una de sus habituales homilías en Santa Marta.

De esta forma, el Papa explica que “no es un buen cristiano el que no hace justicia con las personas que dependen de él” y puntualiza que no se puede “hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo e ignorar a los pobres”.

Danny Solano Gómez
dsolano@ecocatolico.org

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