La aberrante, espantosa y criminal desigualdad

“Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global”, es el titular de una de las más recientes publicaciones de la prestigiosa organización no gubernamental Oxfam International.

Leemos en su sitio web oficial (www.oxfam.org/es) que “Oxfam es una confederación internacional de 20 organizaciones que trabajan junto a organizaciones socias y comunidades locales en más de 90 países. Trabajamos proporcionando ayuda de emergencia, llevando a cabo proyectos de desarrollo a largo plazo y haciendo campaña por un futuro más justo. Creemos que la pobreza no es inevitable. Es producto de la injusticia. Nuestro objetivo es restablecer el equilibrio para que las personas tengan acceso a recursos necesarios para mejorar sus vidas y medios de subsistencia, y para que puedan participar en la toma de las decisiones que afectan a sus vidas”.

En varias ocasiones y en este tipo de publicaciones, nosotros hemos mencionado a Oxfam International para referirnos a este enorme flagelo de nuestro tiempo, el de la desigualdad. La autoridad moral, ética y el prestigio global que tiene Oxfam International le llevan a exhibir una inobjetable credibilidad para los más diversos ámbitos sociopolíticos planetarios que están relacionados, directa o indirectamente, con estas justas causas del noble ideal de que “Otro mundo es posible”.

Como es bien sabido, la corriente sindical costarricense en la cual militamos tiene en el tema de la lucha contra la desigualdad en el país su eje estratégico fundamental. Y cientos de veces hemos señalado que la desigualdad es el problema número uno que tiene la sociedad tica de la actualidad.

Volvamos a la cruzada de Oxfam International contra la desigualdad. En el reporte “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global”, leemos información como la siguiente:

“La crisis de desigualdad es mucho mayor de lo que se temía. El Banco Mundial ha alertado de que no se conseguirá el objetivo de acabar con la pobreza extrema para 2030 a menos que los Gobiernos redoblen sus esfuerzos para combatir la desigualdad a nivel global”.

“Las grandes multinacionales y los milmillonarios, que se han reunido recientemente en el Foro Económico Mundial, en Davos, desempeñan un papel crucial en esta crisis de desigualdad. Estos ‘súper ricos’ utilizan una intrincada red de paraísos fiscales para eludir el pago de los impuestos que les corresponden, devalúan los salarios de sus trabajadores y los precios que se pagan a los productores e invierten cada vez menos en sus empresas. También utilizan su dinero e influencia para que leyes y políticas se vuelvan a su favor”.

En Costa Rica, buena parte de la clase pudiente y excesivamente adinerada calza muy bien con tal caracterización.

Continúa el indicado reporte de Oxfam International señalando lo siguiente: “Existe una enorme brecha entre los súper ricos y el resto de la humanidad que está sumiendo a millones de personas en la pobreza, fracturando nuestras sociedades y debilitando la democracia. Cada vez más personas viven con más miedo y menos esperanza”.

En Costa Rica este fenómeno, con las adaptaciones lógicas y concretas, lo estamos viviendo en estos momentos.

De seguido les compartimos, de manera textual, estos “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global”, leemos datos como los siguientes:

Uno: “Actualmente, tan solo ocho personas (concretamente ocho hombres), poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas. Aunque algunos de estos súper ricos han obtenido su fortuna gracias a su talento o duro trabajo, más de la mitad de los milmillonarios del mundo ha heredado su fortuna o la ha acumulado gracias a su participación en industrias en las que la corrupción y el nepotismo son prevalentes”.

Dos: “Siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años”. Costa Rica no es la excepción. ¡Ahí están los datos objetivos!

Tres: “Si los más ricos siguen este ritmo sobrecogedor de acumulación de riqueza, podría haber el primer ‘billonario’ del mundo en tan sólo 25 años. Es decir, esta persona necesitaría derrochar un millón de dólares al día durante 2.738 años para gastar toda su fortuna”.

Cuatro: “La desigualdad extrema tiene un enorme impacto en las vidas de las mujeres, sobrerrepresentadas en los sectores con peores salarios y que sufren mayores niveles de discriminación en el ámbito laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Al ritmo actual, llevará 170 años alcanzar la igualdad salarial entre hombres y mujeres”.

Cinco: “La evasión y elusión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de, al menos, 100 mil millones de dólares cada año en ingresos fiscales, dinero suficiente para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar, o servicios sanitarios que podrían evitar la muerte de, al menos, seis millones de niños y niñas cada año”.

Esta crudísima realidad, desde la perspectiva de un real y radical Humanismo Cristiano no puede pasar desapercibida sin que hagamos algo, sin que aportemos algo. Ello motiva a la acción obrero-social que en el plano continental despliega la Confederación de Trabajadores y de Trabajadoras de las Américas (CSA), con su campaña “Alto a la codicia corporativa”, misma que reivindica dos ejes fundamentales: protección social universal y un salario mínimo digno.

Durante los días 5 y 6 de este mes de octubre, representantes sindicales nacionales afines a la CSA y con la facilitación de la FES plantearon, mediando un gran esfuerzo de análisis y programación, la concreción de esta campaña a nuestra realidad socio-laboral y sindical del presente. En nuestro caso, agradecemos a la compañera socióloga María Laura Sánchez Rojas su compromiso de representación para con la corriente sindical que conjunta nuestros esfuerzos de lucha.

Tal campaña tiene rango global, pues viene promovida desde la Confederación Sindical Internacional (CSI, por sus siglas en español), cuya vertiente en nuestra región es, precisamente, la CSA.

Dejar una respuesta