La política exterior se decide en Llorente no en Zapote

El distinguido ciudadano costarricense, hombre profundamente honesto y muy respetado en amplios círculos nacionales, don Federico Picado Gómez, acaba de ser destituido como embajador de nuestro país en la hermana república latinoamericana de Venezuela, por órdenes del periódico La Nación.

Con base en la profunda honestidad que le caracteriza y la transparencia de toda una vida de servicio público, don Federico “le dio la pala a su propio sepulturero”, hablándole claro a dicho periódico de unas percepciones propias de lo que está pasando actualmente en Venezuela y que él se había forjado luego de su instalación diplomática en Caracas, según lo consigna la entrevista que le concediera a ese medio y que éste publicó el pasado domingo 22 de marzo…

Y empezó de seguido la gritería mediática usual en este tipo de periodismo, destacándose algunas voces parlamentarias que le sirven de “peonada política” a la actual hegemonía política dominante.

Inmediatamente, los “modernos” seguidores de Torquemada fueron a buscar los escritos políticos de don Federico con los cuales encendieron la hoguera en la cual debía ser “quemado vivo”.

Pocas horas después y en el mismo día en que se publicaron declaraciones del Presidente Solís Rivera al respecto, dejando entrever tímidamente y con cierto temor, la posibilidad de que la hoguera ideológica tipo “quema de brujas” encendida para liquidar al citado y novel diplomático tico, podría no lograr su sacrificio final en la pira del capital; el latifundio mediático neoliberal indicado editorializaba exigiendo que se le destituyera, simplemente porque el señor embajador Picado Gómez emitió algunos criterios de la realidad política venezolana que son los mismos que tienen numerosas personalidades políticas latinoamericanas, numerosos organismos internacionales y entidades civiles y sociales de muchas partes del mundo.

El Presidente Solís Rivera dio así una muestra más de cómo viene dilapidando el capital político que recibiera en las votaciones presidenciales de hace un año, pues muchos esperamos que el tal “cambio” incluiría una multidiversidad de vínculos internacionales en función de la creciente multipolaridad que está mostrando la geopolítica mundial y regional actualmente.

Esta injusta e indigna destitución, como las dos anteriores en los casos de la señora embajadora en Bolivia, doña Patricia Gómez Pereira; así como el de don Luis Roberto Zamora Bolaños, en Corea del Sur (estas dos últimas generadas por la novela política más reciente que tuvo como figura estelar a la procuradora del gran empresariado); nos llevan a estimar que es desde Llorente, sede del citado periódico, y no en Zapote, donde queda la Casa Presidencial, el lugar desde el cual están saliendo las “líneas maestras” de la política exterior costarricense del presente gobierno.

Al igual que don Federico, doña Patricia y don Luis Roberto fueron destituidos a partir de la gritería mediática que acostumbra orquestar ese periódico para mantener el “control” de aspectos sensibles de “su” agenda nacional, cuya ideología corporativa inspira su visión-país.

Pero es el caso de don Federico el que manifiesta con más claridad la docilidad del Presidente Solís Rivera en este aspecto de tanta controversia internacional como lo es la situación de Venezuela; cuya verdadera realidad no está disponible para las mayorías ciudadanas costarricenses dado el bloqueo del gran latifundismo mediático que nos impide tener información alternativa y complementaria como para constatar, con equilibrio informativo, el real peso de las visiones encontradas de la cuestión sociopolítica en la tierra de Simón Bolívar.

Nuevamente, para fortuna de la real Democracia, existe internet; y, a nivel de prensa escrita masiva, existe el Diario Extra, el de mayor circulación nacional y que nos permite publicar lo que usted está leyendo.

Prácticamente en los mismos momentos en que don Federico era “quemado vivo”, con el Presidente Solís Rivera encendiendo el fuego de la hoguera ideológica construida por la intolerancia fundamentalista neoliberal; el gobierno venezolano y el propio Presidente Maduro Moros, recibían una honrosísima visita: la de la señora Alicia Bárcena Ibarra, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), prestigiosa y respetada entidad de este continente, adscrita a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Dicha funcionaria internacional, libre de toda sospecha de ser “chavista”, se dejó decir esta “monstruosidad”: “…que la Cepal reconoce los logros de Venezuela con respecto a la reducción de la pobreza extrema que bajó de 21% en 1999 a 5.4% en 2014. Este descenso se debe a las políticas de protección e inclusión del Gobierno Revolucionario, y sobre todo a las Bases de Misiones Socialistas”. Primera “herejía”.

Segunda “herejía” cometida por la señora Bárcenas Ibarra, al decir lo siguiente: “Los países de la región deben avanzar en la profundización de una arquitectura contracíclica que permita vencer la dependencia a la importación de las materias primas y las transacciones utilizando el dólar”… “Eso se puede lograr como lo ha venido haciendo Venezuela, reconstruyendo el tejido social, igualar para crecer y crecer para igualar, logrando que la gente sea el motor principal de la economía”.

Además, tuvo la “osadía” de decir esta otra gran “barbaridad”: “Ustedes están universalizando una serie de derechos como la salud, la educación, la vivienda. Venimos a trabajar con el equipo técnico del Instituto Nacional de Estadística (INE) y con la Vicepresidencia de Planificación y Conocimiento para trabajar ese tema”.

Y ya como para que la señora Bárcena Ibarra quede “lista” para ser llevada a la misma pira en que ha sido “quemado vivo” don Federico, dijo lo siguiente: “Cuente señor Presidente con la Cepal, porque nos interesa el trabajo que hizo Venezuela en Petrocaribe como una forma nueva de mirar la cooperación sur-sur, solidaria, de iguales y de intercambiar no sólo dinero, sino experiencias y capacidades”.

¡Vea, señora Secretaria Ejecutiva de la CEPAL!: No se le ocurra venir a Costa Rica porque con tales declaraciones se ha convertido usted en candidata a ser “quemada viva”; y, quiera Dios que no, pero hasta el mismo Presidente Solís Rivera, si se lo ordenan, podría ser “el que le prenda fuego a su hoguera”.

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