Más sobre las “Diez medidas para enfrentar la crisis…”

Gracias a las convicciones democráticas del Diario Extra, en el campo del respeto a la Libre Expresión, ANEP publica, semanalmente, en días miércoles, esta columna.

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Es absolutamente claro, contundente e irrebatible que la crisis económica no fue generada ni por nuestro país, ni mucho menos, por su clase trabajadora; es más, ni por la clase trabajadora de los Estados Unidos, nación cuyo sector hegemónico de carácter financiero y oligopólico es el culpable único y hasta ahora impune, de tan descomunal agresión a la vida y a la humanidad de la gente.

Ante tal situación teníamos delante dos alternativas para responder a los desafíos que una injusticia de tal calibre plantea a la clase trabajadora en su amplia dimensión. Especialmente y en lo específico, en la parte de la misma que está organizada en su expresión natural, los sindicatos; entendidos éstos como la expresión más genuina de los anhelos por y las esperanzas de una mejor calidad de vida para quienes debemos vivir de un salario del cual depende nuestra propia subsistencia y la de nuestras familias.

La primera alternativa era la más “cómoda”. Elaborar y gritar consignas contra el capitalismo neoliberal explotador y lanzar proclamas a favor del poder obrero, anunciando su largamente esperado advenimiento; y así, desde una posición principista, mantener una virginidad ideológica aunque gerontológica, contrarias a la luz de la diversidad de experiencias latinoamericanas de hoy día que enfrentan al neoliberalismo en decadencia.

La otra alternativa, era la más compleja. Desde una posición de principios, no solamente entender que la crisis es producto de ese capital financiero neoliberal, de carácter explotador, corrupto y antihumano; sino que, había que salirle al frente, formulando una propuesta a la crisis que él mismo generó, pero con otra perspectiva; la perspectiva de quienes no tuvimos ninguna culpa en tal desastre.

Así, la estatura ética y moral de nuestros planteamientos sería de tal nivel que, con seriedad y profesionalismo, impresionaría a los más diversos sectores políticos, hasta aquellos cercanos, directa o indirectamente, a ese capital financiero neoliberal, de carácter explotador, corrupto y antihumano. Así ocurrió el pasado viernes 24 de abril de 2009.

Pero además, al optar por la segunda alternativa nos dimos cuenta que se podía coincidir (rebasando las fronteras sindicales pero sin renegar de, ni esconder, nuestra pertenencia al Movimiento Sindical); con una serie de sectores de la más diversa índole, hasta productivos, los cuales están duramente afectados por una crisis de la cual tampoco son responsables.
Además, la propuesta está impregnada de esa “magia” de la construcción de la particular identidad costarricense, que nos heredó una particular idiosincrasia ajena a toda clase de extremismos y principismos.

La crisis de la cual no somos culpables, nos abre un sinnúmero de oportunidades para, precisamente con base a nuestra herencia de identidad y a esa particular idiosincrasia tica, quitarle la hegemonía política a ese capital financiero neoliberal, de carácter explotador, corrupto y antihumano.
La propuesta “Diez medidas para enfrentar la crisis económica con inclusión social y productiva”, demuestra, además, una gran madurez de una importante cantidad de organizaciones de lo que hemos conocido como los movimientos sociales; grupo de sectores sociales cuya incidencia es de tal calidad que no puede pasar desapercibida.

En la mesa nacional hay una oportunidad. De las trece organizaciones sociales originalmente firmantes, hoy hay más y sigue creciendo la adhesión a la indicada propuesta.

Esta nueva articulación por la esperanza, por la vida, por la democracia, por la inclusión social y productiva, indica cuánta validez sigue teniendo la lucha de tanta gente, a lo largo de todos estos años, por una nueva Costa Rica.

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