Miedo, autoritarismo y compra de conciencias

Generador como lo ha sido de la espantosa deuda pública que hoy está estrangulando a la sociedad, debido a esos 30 mil millones de dólares que son prácticamente impagables; ahora lo apuesta todo a un paquetazo de impuestos que, por un lado, ni el menor asomo de solución integral representa para el grave problema fiscal del país; por otro, solamente generará más exclusión, más desigualdad, más corrupción, más concentración de riqueza, más violencia social, más empobrecimiento obrero-salarial y social.

Llama la atención que ante la creciente resistencia de amplios sectores de la sociedad que se oponen al actual paquetazo de impuestos, sus promotores ideológicos intensifican el uso de tres herramientas políticas muy usuales cuando “los de arriba” tienen problemas para controlar a “los de abajo”.

El miedo es una de ellas. Los conceptos-criterios de que ese paquetazo de impuestos es la única salida ante la “hecatombe” fiscal que está en puertas, de que estamos en el abismo, de que ha llegado “el fin de los tiempos”, impide un abordaje lo más racional posible del problema que afecta a toda la sociedad pero que la mayoría de quienes la integran, no lo generaron.

La señora ministra de Hacienda, doña Rocío Aguilar Montoya, nos mete miedo todos los días y por todo lado de que, si ese combo fiscal no se aprueba, el ajuste habrá que hacerlo con dolor; y, específicamente, despidiendo cientos y cientos de empleados públicos.

Pero, ¿de qué tipo de dolor nos habla doña Rocío como si ya no existiese dolor en los hogares con hambre, en los hogares de altísimo endeudamiento salarial, en los hogares del salario mínimo o que ni siquiera lo alcanzan, en los hogares del desempleo, en los hogares de la informalidad, en los hogares que ya no sienten seguridad alguna por el futuro (ni siquiera el de corto plazo)?

El autoritarismo es otro instrumento político de quienes abanderan para la sociedad que esta se regule por el “todo mercado, nada Estado”. Se lamentan de que exista una institucionalidad, de que existan instituciones sociales, de que existan regulaciones y controles… de que exista Democracia.

Lo fundamentalísimo son los mercados (pero los financieros), no la gente. Lo fundamentalísimo en honrar la deuda que irresponsablemente generaron poniéndola a pagar a quienes no son responsables por ella. Lo fundamentalísimo es la seguridad del inversionista, no la inclusión social.

El autoritarismo lo vimos cuando la indicada jerarca firma la chequera pública y paga, sin mediar ni parlamento ni ley, casi 200 mil millones de colones para honrar pagos de bonos de cortísimo plazo.

El autoritarismo lo vimos cuando el gobierno pasado deciden esconder datos graves de faltante fiscal y le ocultan a la ciudadanía información sensible sobre la realidad de las finanzas públicas.

El autoritarismo lo imponen cuando ponen al parlamento contra la pared para que este apruebe “su” solución al problema y se señala a aquella persona legisladora que se les salga del escenario ideológico-totalitario para abordar el desafío del déficit.

El autoritarismo lo imponen cuando niegan los beneficios democráticos del diálogo político, atropellando otro principio constitucional como el de la democracia participativa.

Y con respecto a la compra de conciencias, el tema es de enorme alcance, también. Las experiencias latinoamericanas abundan cuando se han impuesto ajustes fiscales de signo neoliberal, como el que estamos enfrentando en estos momentos en nuestra Patria.

Tanto en lo político como en lo social, siempre habrá sujetos en posiciones relevantes cuyo voto y/o aquiescencia resulta vital para imponer y/o para vulnerar la resistencia de la razón y de la democracia misma.

En los actuales momentos críticos que estamos viviendo, no tenemos certeza de que esta compra de conciencias pudiera estar ocurriendo, pero indicios sobran.

Seguimos absolutamente convencidos que el miedo, el autoritarismo y la compra de conciencias son derrotados con la Democracia misma a través de su legítimo mecanismo de la movilización organizada y pacífica de la ciudadanía. A eso estamos apelando en los actuales momentos.

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