¿Por qué Recope no?

Las estaciones de servicio somos el eslabón final de un complicado engranaje de la entrega de combustibles a la flota vehicular costarricense, nos corresponde la responsabilidad de clarificar los conceptos fundamentales acerca de este mercado.

Reconocemos asimismo que hay una serie de ideas arraigadas en la mente de los habitantes acerca de este conglomerado de instituciones que tienen participación en la actividad del suministro de hidrocarburos, siendo una de ellas Recope, blanco de críticas de una parte de la ciudadanía costarricense que, arrastrada por la propaganda negativa, clama por destruir el patrimonio institucional, sin reparar en las fatales consecuencias que una acción de ese tipo tendría para todos, consumidores, instituciones, ciudadanía en general.

En primer lugar, se viene gestando una campaña de animadversión hacia el monopolio del Estado costarricense en la distribución de combustibles, movida por el repudio a una convención colectiva. Es decir, desaparezca Recope para desaparecer los beneficios laborales de sus empleados.

Estaremos realmente dimensionando la problemática o simplemente nos unimos a una idea, solo por que sí, es decir cuando uno discute sobre pequeñeces, es probable que la acción colectiva no sea un problema; pero cuando se tratan temas de esta dimensión, ninguna discusión o análisis es banal, por el contrario, es necesaria y obligatoria.

Las dos dimensiones de mi comentario se centran en Recope como institución y Recope como empleador.

Como institución Recope pasa con creces el examen. Su forma de operar mediante un minucioso proceso para seleccionar las mejores opciones de combustibles a nivel internacional que hagan competitivo su precio y aporten una excelente calidad para el rendimiento automotor y sujeto a la normativa costarricense la ha calificado históricamente como la mejor empresa centroamericana.

Recope sigue siendo un factor de equilibrio en un mercado que ha demostrado ser confuso y controversial en otras latitudes donde impera la presencia de empresas transnacionales, los precios están a la libre y las condiciones para comercializar los hidrocarburos están caracterizadas por potenciales conflictos que se puedan suscitar entre gobiernos y las compañías foráneas.

Si Recope desaparece, no solo perdemos un patrimonio valiosísimo, sino que estaremos a las puertas de perder el orden que ofrece un mercado regulado con la inevitable afectación en los precios y la pérdida de la seguridad para el usuario de contar con un valor justo por el bien que consume, pues hoy se opera al costo, quienes vengan seguro que no lo harán de esa manera.

Los que tenemos la enorme responsabilidad de distribuir a los consumidores el alimento diario para sus vehículos no queremos que ese bien salga de las manos del Estado. El costarricense aún no ha medido en su justa dimensión el problema que acarrearía no tener a Recope y casarse con una apertura comercial de la cual no conocemos el grado de confianza y seguridad que nos puede aportar la llegada de nueva competencia en ese campo.

Recope como empleador ha recibido la carga de las decisiones políticas que a lo largo de la historia se han venido tomando en torno a beneficios laborales, beneficios que en el siglo pasado eran necesarios e imprescindibles dadas las condiciones imperantes en ese momento.

Hoy se hace necesario revisar la convención colectiva y realizar la catarsis que el ciudadano pide. Los sindicatos no pueden obsesionarse en petrificar derechos cuestionados, sobre todo en aquellos donde, claramente renunciar a ellos, le traerá un beneficio a la prestigiosa institución que es Recope. Se ha podido comprobar que esos factores, aunque no disparan el precio final, sí desvían la atención de la valiosa gestión de Recope y distraen de las acciones estratégicas que hoy todos los ciudadanos debiéramos estar analizando para beneficio de Costa Rica y no de transnacionales que, por demás, han salido del mercado latinoamericano porque no les interesa operar con bajos rendimientos.

Pensemos por un momento en el valor que significa un abastecimiento seguro de combustibles y el ominoso peligro que se cierne si dejamos ese suministro en manos de un oligopolio regional, representado por empresas multinacionales que podría resultar un problema de mayor calado para la administración de la factura petrolera nacional.

Hacemos incluso un llamado para que se abra un debate nacional sobre el tema que esclarezca mitos enraizados en el desconocimiento técnico, que ayude a desterrar ideas sin sustento y que nos permita un espacio para la reflexión profunda, ayuna de pasiones egoístas y pletórica de planteamientos serios para que, de verdad, salgan a flote la mesura y el equilibrio para tomar decisiones en esta materia y nos preguntemos finalmente por qué Recope no.

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