Sistema Político y Ciudadanía: creciente distancia entre ambos

Concretamente, ante una pregunta periodística sobre la reciente agitación social que estamos presenciando, dijimos que “_el sistema está alejado de las necesidades de la gente. Es por eso que hay tanto malestar e indignación en ascenso_”.

Esta opinión generó que el ministro de Comunicación del Gobierno, don Roberto Gallardo Núñez, se nos viniera “_a patada limpia_”, insultándonos, con un ataque al cuerpo, indigno para un jerarca de su nivel y que, en términos generales, lo que hace es mostrar una pobreza argumental para entender el entorno sociopolítico que se mueve a su alrededor, de lo cual parece que él no se da cuenta cabal. Pero bueno, ese es el problema de él y el de su gobierno, si éste no quiere ver cómo se está moviendo el suelo que pisan.

Lo interesante de nuestra apreciación acerca de que el sistema político se divorció de la ciudadanía, también es compartida por ilustres personas que, ni por la más mínima, son sindicalistas; y que desde otras perspectivas también están notando que el “_estado actual de las cosas en Costa Rica no está nada bien_”, puesto así, “_en bonito_”, para ver si el indicado ministro puede “_digerir_” mejor lo que a su alrededor está ocurriendo, aunque es notable que tiene limitaciones para apreciar su significado real.

Don Luis Mesalles Jorba, economista de renombre en los círculos empresariales, escribió en su columna de “_La Nación_” que “_nuestra democracia va en retroceso_”; que “el Estado costarricense ha perdido capacidad de implementar políticas que aseguren bienestar y eficiencia económica”; que “_la cantidad de pobres va en aumento y la brecha de ingresos entre ricos y pobres va en aumento_”; que “la poca efectividad del Estado para resolver los problemas de la ciudadanía es evidente”; que “_en campaña política los candidatos prometen, casi mesiánicamente que ellos tienen la solución. Pero, cuando llegan al Gobierno, nos entregan otra realidad_”; que “_ante las promesas incumplidas, la ciudadanía se decepciona cada vez más; que a este paso, nuestra democracia va para el despeñadero_”.

Más o menos lo que nosotros venimos planteando desde hace ya bastante tiempo. Pero el ministro Gallardo Núñez no agarrará “_a patadas_” al señor Mesalles Jorba por lo que dijo. Al sindicalista sí, porque es eso, un “_sindicalista_”, entre comillas, porque es así, despectivamente, como la gente igual a él concibe el trabajo que se hace desde las tiendas del movimiento sindical.

Sigamos. Otro ilustre señor, ligado al partido oficialista, muy respetado en esos y similares círculos, don Enrique Obregón Valverde, recientemente publicó, en el mismo periódico mencionado, un artículo titulado “_Algo nos están robando_”. Este costarricense tiene un palmarés impresionante pero dentro del mismo no incluye ser “_sindicalista_” (para “_ventaja_” de él).

Sin embargo, lo que don Enrique ahora dice, ya muchos otros, desde hace tiempo, lo venimos diciendo. Veamos: que “_…alguien puso en un platillo la ley de los mercados, y en otro la ley de la democracia, pero excluyendo el derecho de los pueblos a escoger_”; que “_los pueblos democráticos del mundo están siendo sometidos a una nueva forma de opresión_”, a raíz de que se nos impuso “_un sofisticado proyecto que allana los caminos para la más amplia libertad empresarial, aun cuando tengan que destruir totalmente las bases de la democracia_”; que “_la democracia tiene como sustento la educación, la moral y la cultura, y estos valores (principios o bienes del alma colectiva) se desvanecen arrasados por las privatizaciones, los mercados y las desregularizaciones_”. Que “_la democracia…, desde los tiempos griegos, se decía que era el ‘gobierno con ventaja de los pobres’, en contraposición de la oligarquía que era el ‘gobierno con ventaja de los ricos’… Entonces, nos encontramos, al cabo de veinticinco años, con un sistema que cambia la forma de gobernar con ventaja para los pobres, por otro que desborda ventaja para los ricos_”.

Bueno, don Enrique lo que nos está diciendo es que nuestro sistema político tradicional se ha divorciado de la ciudadanía porque es más que notorio que “_desborda ventaja para los ricos_”. ¡Ah!, pero el ministro Gallardo Núñez, ¡jamás!, se le iría a patadas a tan destacado ciudadano porque no es “_sindicalista_”.

Cuando nosotros planteamos que hay un divorcio creciente entre el sistema político y la ciudadanía es porque, como dice don Enrique, “_es preciso regresar a la idea de la defensa de lo público, de lo que pertenece al pueblo_”. Las protestas sociales de estos días, las que vendrán en el “_enero caliente_” que se avecina, las que puedan darse aisladamente, las que podamos ayudar a articular multisectorialmente a través de una agenda de lucha compartida… nos indican de que estamos en tiempos en los cuales el sistema político se divorció de la ciudanía, por más que esta apreciación le moleste al ministro Gallardo Núñez. Con tal visión seguiremos desarrollando nuestro trabajo de sindicalistas, así, sin comillas… a mucha honra.

Un comentario sobre «Sistema Político y Ciudadanía: creciente distancia entre ambos»

  • HERNANDO SALGUERO FLOREZ dice:

    Leí con detenimiento su comentario. Allá, como aquí, como acullá, el mismo eco retumba en el confin del mundo. El sistema político que se está usando en los diferentes paises que conforman el mundo, HA FRACASADO. Es una verdad de perogrulllo: las clases dominantes dueñas éstas del dinero, de todo cuanto existe en sus paises, de los ejercitos que lo respaldan, por no decir las armas, de todos los valores existentes en sus diferentes naciones, tienen el omnimodo poder.
    Vea: En Colombia, hay un potencial de 25 millones de personas en mayoría de edad aptas para sufragar, de ellas sólo nueve de unas 13 millones que votan eligen presidente y cuerpo legislativo en general. Los 12 millones restantes no votan.
    Se sabe que de las 13 millones nueve son las que suben al presidente de turno, el resto pertenece a la izquierda, pero esta es una izquierda que está haciendo turno para meterse en la derecha, es decir, en esos nueve millones de electores.
    Estas nueve millones de personas son las propietarias de todo cuanto existe en Colombia, tierra, industrias, casas, vehiculos, etc.
    Me viene a la mente que lo que pasa ahora en Colombia ocurre en la nación de la cual es usted oriundo y en las demás que conforman el planeta tierra.
    Agregado, estas nueve millones de personas eligen el poder legislativo.
    El gobierno colombiano tiene unos 800 mil hombres adscritos en sus Fuerzas Armadas, para represar a bala a 35 millones de pobres de solemnidad, hombres dipuestos a matar para defender el Sistema que aquí impera, a imperará, además. Este mismo sistema opera, sin excepción, en todos los paises que conforman el orbe directa o indirectamente.
    ¿Qué hacer?
    Es imperativo liderar un cambio de sistema político en el mundo, pues si sólo se hiciera en la nación en donde usted o yo vivimos serían aplastado por “la comunidad” internacional.
    Esta es y será la única solución para vivir decentemente en este planeta.
    Qué debe incluír ese cambio de sistema es cuestión de los entendidos, pero no los entendidos que eligen ahora a los gobernantes, sino de los que no tienen ni voz ni voto en ninguna parte.
    ¿Usted qué piensa?
    De los siete mil millones de personas que moramos en la Tierra, mas del sesenta por ciento no tenemos sino el dia y la noche. Pero si nos propusieramos aplastariamos el sistema operante por la razón o la fuerza, así sea haciendo una huelga de hambre mundial.
    Esto suena a locura, pero piénselo bien amigo mio y verá que tengo algo de razón. HERNANDO SALGUERO FLOREZ PERIODISTA COLOMBIANO hernandosalguero@hotmail.com

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