ANEP solicita información sobre Mandato Negociador con sectores políticos y sociales

San José, 12 de abril del 2007.

Doctor
Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República

Señor
Bruno Stagno Ugarte
Ministro
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto

Gobierno de la República
Poder Ejecutivo
Sus Despachos

Estimados señores y distinguidas autoridades de la República de Costa Rica:

Tenemos informes de que el pasado 14 de marzo del 2007, se aprobó en el Pleno del Parlamento Europeo el Informe de Recomendación al Consejo sobre las negociaciones para un posible Acuerdo de Asociación entre, la UE-América Central (Mandato de Negociación).

Es de nuestro conocimiento, además, que en la construcción de ese Mandato de Negociación, hubo participación activa de las organizaciones sindicales y movimientos sociales europeos, como es lo propio en las democracias más avanzadas del mundo.

En todo caso se debe entender que los firmantes no entendemos un Tratado o Acuerdo de Asociación, si éste no está en función del fortalecimiento y profundización del Estado Social de Derecho.

Por tanto y conforme a lo estipulado en el numeral 27 de la Constitución Política y el artículo 32 de la ley de Jurisdicción Constitucional, le solicitamos respondan las siguientes inquietudes.

Si Costa Rica, una democracia centenaria y con un gobernante que además y para renombre nacional ostenta el digno nombramiento de Premio Nobel de la Paz, va a contar con su propio Mandato Negociador: de tal suerte que la ciudadanía y los mismos negociadores tengan claras las reglas sobre los alcances y límites de su poder de negociación; condición que, en principio, evitaría que no pasáramos de nuevo por situaciones de alta tensión y confrontación social como la que se da en estos momentos con el asunto del TLC con Estados Unidos, por el uso de potestades sin control y en total abuso del equipo negociador costarricense.

Si Costa Rica va a contar con este instrumento, cómo se ha diseñado la participación ciudadana y de los sectores sociales en la construcción de ese Mandato Negociador.

Si su Gobierno, en lo que podría concebirse con una acción nugatoria el Artículo 9, inciso i) de la Constitución Política, no va a construir con la ciudadanía un Mandato Negociador, solicitamos se nos informe de los razonamientos y argumentos en que se funde tal decisión.

Para terminar, solicitamos se nos indique si el Gobierno ha realizado gestiones ante los parlamentos y gobiernos centroamericanos, para que toda la región cuente con un solo mandato negociador, como si lo tienen los europeos.

Sin más y agradeciendo su atención se suscriben,

Albino Vargas Barrantes
ANEP

Xiomara Rojas Sánchez
SITECO

Luis Chavarría Vega
UNDECA

Fabio Chaves Castro
ASDEICE

Roberto Rosich Cruz
SITEPP

Renier Canales Medina
FENAC

Aquiles Rivera Arias
COSUR

Wilberth Vargas Ulate
AUATD

Gilberth Bermúdez Umaña
COSIBA

Édgar Morales Quesada
PSCC-CR

Jenny León González
SUPPAS

Luis Serrano Estada
Central Social “Juanito Mora Porras”

Luis Calderón Campos
ESPAAL

C.c. Consejo de Gobierno de la República de Costa Rica.
C.c. Jefaturas de Fracción, Asamblea legislativa, República de Costa Rica.
C.c. Parlamento Europeo.
C.c. Consejo Económico y Social Parlamento Europeo.
C.c. Sr. Carlos Abadía, Representante Comercial de la Unión Europea para Costa Rica y Panamá.
C.c. Cuerpo diplomático de la Unión Europea acreditado en Costa rica.
C.c. Coordinador del Cuerpo Diplomático de la Unión Europea en Costa Rica.
C.c. Organizaciones Sindicales y Movimientos Sociales y Políticos, amigos, en Centroamérica y la Unión Europea.

Interpelaciones ineludibles

En verdad el voto 790-E-2007 abre un nuevo capítulo en el desarrollo republicano costarricense. Es la primera vez en nuestra historia contemporánea en que se hará efectivo el instrumento de participación popular que contempla el artículo 105 de la Constitución Política: el referéndum.

De ahora en adelante transitaremos por nuevas avenidas democráticas y caminaremos por senderos nunca antes recorridos. Si bien se vislumbran radiantes horizontes donde el ciudadano podrá expresarse en forma directa y sin intermediarios; también surgen interrogantes sobre la forma en que se materializará la consulta popular.

Resulta infausta, por su evidente oportunismo, la reacción del Presidente de la República frente al voto del TSE. Después de negarse por casi un año a considerar esta opción ahora acude, en forma reactiva y tratando de capitalizar políticamente lo que es un traspié en su estrategia, al procedimiento del decreto ejecutivo para convocar la consulta y tratar de fijar las reglas del juego.

En estas circunstancias ¿qué criterios tomará en cuenta el TSE para decidir el procedimiento a seguir para la convocatoria: el de la recolección de firmas, ya autorizado por el propio Tribunal, o el de un decreto que posiblemente aprobará la Asamblea Legislativa en los próximos días? El Artículo 10 de la Ley 8492 indica que las consultas se acumulan, pero no explicita los criterios para resolver, lo cual otorga una amplia discrecionalidad al instituto electoral.

Pero sin duda alguna, el tema más trascendente que se han planteado en estos días es el que tiene que ver con el control de constitucionalidad previo al referéndum.

Destacados juristas nacionales han señalado aspectos específicos del TLC que violan el ordenamiento constitucional costarricense. De igual manera, una comisión nombrada por la rectora de la Universidad de Costa Rica “ha encontrado aspectos que aparentemente riñen con lo establecido por la Constitución de la República. Por tanto, es un imperativo una consulta preceptiva del Tratado a la Sala Constitucional”.

Uno de los principios básicos del ordenamiento jurídico es la “razonabilidad”. Las normas del derecho positivo deben ser sensatas y lógicas. Si bien la legislación vigente es omisa en cuanto a una consulta de constitucionalidad que anteceda al referéndum, resulta razonable pensar que:

(a) no sería ético convocar a los ciudadanos a una votación, con el costo económico y emocional que conlleva, para que luego la Sala IV señale que lo consultado es inconstitucional,

(b) la determinación del porcentaje de votantes requeridos para que el referéndum sea vinculante no es materia electoral, sino constitucional, por lo que el dictamen de la Sala constituye un imperativo, y

*(c)*si las leyes antes de su aprobación legislativa requieren una consulta preceptiva, también deberían requerirla, por analogía, cuando el procedimiento es por votación popular.

Sin duda el TSE tendrá que tomar decisiones que irán conformando el marco concreto de la democracia participativa costarricense. Es una gran responsabilidad. Esperamos que esas decisiones respondan no solo a la letra de la ley, sino también a su espíritu y a principios jurídicos fundamentales.

4/20/2007

Referéndum Ejecutivo es extemporáneo

Esta vez, el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, forzado por las circunstancias del momento en que el Tribunal Supremo de Elecciones acogió la petitoria del ciudadano José Miguel Corrales, de dirimir por medio de un referéndum de INICIATIVA CIUDADANA, el controversial TLC con Estados Unidos; anunció como respuesta a lo dispuesto por dicho Tribunal, que el Poder Ejecutivo se apresta a enviar decreto a la Asamblea Legislativa para que se llame a un REFERÉDUM EJECUTIVO sobre el TLC. Pero, ¿quién nos asegura que la Asamblea Legislativa apruebe la propuesta de convocatoria a referéndum?

Nuevamente muestra el gobierno de los señores Arias inconsistencias en su pensamiento y actuación. Primero, ellos manifestaron que la reelección presidencial debía ser revisada por la Asamblea Legislativa. Nos hicieron creer que solo a ella se dirigirían, pero ya todos conocemos cómo la lograron. Ahora, con el “Tratado de Libre Comercio República Dominicana, Centroamérica, Estados Unidos”, nos dijeron que los diputados como representantes del pueblo, son los únicos con potestad para aprobarlo o rechazarlo. Ante la Resolución del Tribunal Supremo de Elecciones cambian de parecer, y lo hacen violentando nuevamente la Constitución (Art. 99), cruzándose en el camino tomado por el máximo órgano en materia electoral.

Al convocar a un Referéndum Ejecutivo, el gobierno estará creando un conflicto de competencia o atribuciones entre el Ejecutivo y el Tribunal Supremo de Elecciones, (Art. 109 LJC), pues éste ya inició el proceso para la realización del referéndum de INICIATIVA CIUDADANA. Voto No. 790-E-2007. No puede ahora el Ejecutivo venir a decirle al Tribunal Electoral, que su resolución no es válida, y que la iniciativa ciudadana debe hacerse a un lado, para que el pueblo acuda al referéndum al ritmo y al modo que dicta el gobierno. Ya los señores Arias han estado gobernando por casi un año.

Tiempo de sobra tuvieron para sopesar la conveniencia de esta posibilidad de abrir el camino a una solución pacífica y verdaderamente democrática. La acción del Ejecutivo está fuera de lugar, es extemporánea. El TSE ya resolvió que será el pueblo costarricense, por medio de la democracia participativa o directa quién decida el destino del TLC con Estados Unidos, y que esta vez no será a través de la democracia representativa.

Abril 16, 2007

Fuente: Tribuna Democrática

Expertos advierten sobre los riesgos del TLC en reunión de la ONU

.- En una reunión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) realizada este mes, expertos advirtieron que los tratados de libre comercio provocan con frecuencia una importante pérdida de espacio político para los países en desarrollo, además de situar en desventaja a sus bancos, industrias, agricultores y consumidores.

Los tratados de libre comercio (TLC) entre países en desarrollo pueden ayudar a fortalecer la cooperación regional, pero cuando se celebran entre un país industrializado y poderoso y países en desarrollo, pueden provocar muchos problemas para los consumidores, agricultores e industrias de estos últimos.

Esta preocupación se planteó en Ginebra, en una reunión sobre la conexión entre el sistema multilateral de comercio y los acuerdos regionales de comercio, organizada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Los acuerdos regionales Sur-Sur (como el de la ASEAN en el sudeste asiático y el Mercosur en América del Sur) se realizan entre países vecinos con grados similares de desarrollo, mientras que en los TLC Norte-Sur, el país rico está tan aventajado económicamente que sus mercancías y empresas pueden avasallar a la economía de la otra parte.

Lakshmi Puri, directora de la división de comercio de la UNCTAD, señaló que los nuevos acuerdos regionales de comercio trascienden el comercio para abarcar servicios, inversiones, competencia y propiedad intelectual. Sin embargo, excluyen a los subsidios agrícolas, que son una herramienta fundamental de protección para los países industrializados.

Esta cuidadosa selección de los temas, tratada por los expertos reunidos en Ginebra, refleja el desequilibrio de tales acuerdos. En estos se incluyen cuestiones como la inversión y la propiedad intelectual, que benefician a los países desarrollados, y se excluyen las que más podrían beneficiar a los países en desarrollo, como la eliminación de los subsidios agrícolas del Norte, por insistencia de los países más poderosos.

Ransford Smith, subsecretario general de la Commonwealth, dijo que los países en desarrollo tienen razón en preocuparse por los acuerdos regionales de comercio Norte-Sur, como el que negocian actualmente la Unión Europea y los países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). En tales acuerdos, los países en desarrollo deberían reclamar un trato especial y la facilitación del movimiento de sus trabajadores hacia los países industrializados.

Yash Tandon, director del South Centre, señaló que hay algunos acuerdos regionales en que predomina la solidaridad y el apoyo a los socios más débiles. Pero otros, que involucran a países en desarrollo e industrializados, tienen una “estructura forzada” en que una parte impone los términos y la otra debe limitarse a tomarlos o dejarlos tal como están, dijo.

Tandon hacía referencia a lo que se denomina una “plantilla”, es decir, un
modelo de acuerdo con cuestiones y demandas fijas de los países industrializados. Solo hay espacio para una variación muy limitada. Si el país en desarrollo discrepa, no hay acuerdo. Y si se firma el tratado, el país en desarrollo acepta un arreglo desequilibrado y debe implementar políticas con frecuencia perjudiciales.

La influyente organización Oxfam afirmó que los TLC que involucran a Estados Unidos o a la Unión Europea y a países en desarrollo despojan a estos del espacio político que precisan para gobernar eficazmente sus economías.

Los TLC con Estados Unidos retardan la introducción de medicamentos genéricos, advirtió Celine Chaveriat, directora comercial de Oxfam. En Colombia, los costos de los fármacos aumentarán 919 millones de dólares para 2020 debido a su TLC con Estados Unidos. Con ese dinero se podría tratar a 5,2 millones de pacientes, dijo.

Los TLC que involucran a Estados Unidos o a la Unión Europea, agregó Chaveriat, exigen al país en desarrollo que apruebe una ley para derogar el derecho de los agricultores a guardar o compartir semillas, lo que aumenta la vulnerabilidad de ese sector.

Estados Unidos y la Unión Europea también desean abrir, a través de TLC, los servicios financieros en el Sur. Por otro lado, los países en desarrollo liberalizan esos servicios en la esperanza de lograr una mayor eficiencia, pero ocurre lo contrario. Recientes estudios de la ONU y del Fondo Monetario Internacional (FMI) demuestran que la apertura del sector bancario lleva a los bancos extranjeros a elegir solo a los clientes más lucrativos y a dejar a los clientes más pobres y riesgosos a los bancos nacionales, con lo cual la rentabilidad de estos se reduce.

En México, tras la firma de su TLC con Estados Unidos y Canadá, la propiedad extranjera de los bancos aumentó a 85 por ciento entre 1994 y 2000, pero los créditos a empresas mexicanas cayeron de 10 por ciento a 0,3 por ciento del producto interno bruto en el mismo período.

Los países en desarrollo también son presionados para que eliminen sus aranceles a los productos agrícolas y manifacturados, mientras que los países industrializados se niegan a negociar sus subsidios agrícolas, que perjudican gravemente a los agricultores del Sur, observó Chaveriat.

La experta citó un estudio según el cual, en Colombia, los ingresos podrían reducirse 57 por ciento y el empleo 35 por ciento en nueve sectores agrícolas, como resultado del TLC con Estados Unidos.

Oxfam exhortó a revisar las normas de la Organización Mundial del Comercio y de los acuerdos regionales de comercio, así como a promover un cambio de mentalidad de los grandes actores acerca de sus políticas comerciales hacia los países en desarrollo.

David Vivas, del International Centre for Trade and Sustainable
Development, también destacó que Estados Unidos utiliza sus TLC para
proteger los intereses de sus empresas, insistiendo en disposiciones sobre propiedad intelectual que van más allá de las actuales normas
internacionales. Los países en desarrollo tendrán más dificultades para
proteger el interés público a medida que la expansión de los derechos de
propiedad intelectual reduzca su espacio político para hacerlo. Por lo
tanto, deben ser cuidadosos al aceptar esas condiciones, añadió.

Funcionarios de varios bloques regionales, incluida la ASEAN, estuvieron
presentes en la reunión, así como representantes de distintos gobiernos.

Enviado por Alvaro Madrigal Mora

La conquista democrática del Referéndum y el futuro del TLC

* Profesor asociado
Escuela de Ciencias Políticas
Universidad de Costa Rica

El referéndum sobre el TLC es un triunfo del movimiento social anti-TLC

Más allá del intento del presidente de la República de apropiarse de la iniciativa democrática del referéndum sobre el TLC, no se debe obviar que su realización es un triunfo del movimiento social, político y ciudadano anti-TLC y no de quienes apoyan el tratado.

Esa decisión no es una graciosa concesión de un político que repitió una y otra vez que el país tiene capitán, que ha dicho que no era necesario un nuevo referéndum porque ya había habido uno en las elecciones presidenciales y que, además, dijo que la instancia que tenía que aprobar el tratado era la asamblea legislativa donde contaba con una clara mayoría de 38 votos, la denominada coalición de la mayoría automática.

Estas son evidencias suficientes que demuestran que la convocatoria al
referendum no es resultado de la convicción democrática del gobierno sino un intento de ponerle al mal tiempo buena cara. Además, de muy mal gusto el intento oportunista del presidente de quitarle la iniciativa de convocar el referéndum a los grupso sociales y a la ciudadanía, pero esto no es nuevo, ha sido una actitud permanente del bipartidismo.

Lo que no se puede permitir es que la actitud oportunista gubernamental opaque lo fundamental: el triunfo popular y ciudadano que es que, a instancia de un grupo de ciudadanos encabezados por José Miguel Corrales, el Tribunal Supremo de Elecciones se haya visto obligado a convocar al referéndum para resolver una decisión tan fundamental como el TLC.

Dicho sea de paso, cabe recordar que fueron los grupos empresariales conservadores de este país los que repitieron, una y otra vez, que el tratado no se podía resolver por medio de un referéndum porque contenía tema fiscales, argumento que también fue utilizado por altos funcionarios del gobierno.

Una pregunta clave

Para que no nos arrebaten el significado de esta victoria popular tenemos que responder la siguiente pregunta: ¿por qué el gobierno del capitán Arias y sus 999 tripulantes se vió obligado a convocar al referéndum? Esta es la cuestión. En esa línea, tenemos que analizar la trayectoria de la lucha contra el TLC y contra el proyecto neoliberal-transnacional que empujan de manera desesperada los grupos de poder que Arias representa, tomar consciencia de cuál era nuestra situación y la de ellos al iniciar esta lucha nacional y dónde estamos ahora, para entender el cambio de estrategia del grupo dominante.

En ese sentido, un primer elemento a recordar es que, después de la derrota del Combo en el 2000, los grupos de poder dominantes aprendieron la lección y decidieron rearticular una alternativa que les permitiera imponer de manera definitiva sus intereses y su visión excluyente y polarizante del desarrollo nacional.

Coyunturalmente, enfrentaron la elección de 2002 impulsando la candidatura de Ábel Pacheco, una figura de transición que ellos imaginaron dócil y trataron como un títere hasta que les salió güero, particularmente a partir del momento en que don Ábel entendió la jugadita que le hicieron con una negociación del tratado que incluyó la entrega del ICE y del INS, cosa que él de manera explícita había dicho que no sucedería. A partir de ese momento, empezó a patear la pelota hacia adelante, con jugadas hábiles como la de la Junta de los Notables, para retrasar el envío del nefasto tratado a la asamblea. A esta altura del partido, se podría imaginar que la lógica de don Ábel fue la de aquél dicho popular que dice “quien quiere celeste, que le cueste”. Es decir, si el tratado le serviría de forma tan descarada a un grupito tan pequeño y poderoso en detrimento de las grandes mayorías y del Estado Social de Derecho, pues que fueran ellos los que pagaran el costo político de la aprobación de ese tratado. Por supuesto, hubiera sido más digno que don Ábel hubiera tenido el valor de decir que los negociadores incumplieron el mandato que él les dio y que, por tanto, no aceptaba el tratado, pero eso no es obstáculo para reconocer que el retraso en el envío permitió que el TLC se transformara en un tema de la campaña presidencial, lo cual cambió de manera sustancial la dinámica electoral y política del país.

La apuesta de los grupos dominantes

Sin embargo, los grupos dominantes siempre trabajan en la configuración de varios escenarios pues no están dispuestos a ceder sus privilegios por iniciativa propia o gratuitamente y, mucho menos, están dispuestos a ser derrotados por la gente común, por la ciudadanía, por lo popular.

Entonces, utilizando toda su capacidad de influencia, lograron que la Sala IV eliminara la prohibición de la reelección para permitir el lanzamiento del candidato perfecto, miembro de alcurnia de los grupos de poder, con un Nóbel de la Paz a sus espaldas, un gran prestigio internacional y una alta valoración positiva en los estudios de opinión nacionales. Es decir, un candidato invencible. Oscar Arias y el TLC eran el combo perfecto, una apuesta ganadora para lograr mesa gallega e imponer el triunfo definitivo de los grupos de poder en la orientación del desarrollo nacional.

Parafraseando al famoso Fukuyama, arribaríamos al fin de la historia costarricense pues de allí en adelante todo sería un para siempre más de lo mismo con un solo grupo de ganadores hasta el final de los tiempos.

Era tan evidente la sensación de triunfo ante tan magistral jugada que el periódico de los grupos de poder, La Nación, tituló una vez sí y otra también, que la ventaja de don Oscar era tan abrumadora, tan contundente, que la cosa ya estaba resuelta, el capitán ya estaba en Zapote aún cuando la campaña electoral ni siquiera había arrancado formalmente. Es más, para qué molestarse en ir a votar.

Que el triunfo anunciado se confirmaría el primer domingo de febrero de 2006 lo garantizaban dos campañas paralelas, la de Oscar Arias (Sí Costa Rica) y la del grupo Por Costa Rica (Sí al TLC), que parecían tener capacidad financiera ilimitada. En todo caso, desde la lógica de ellos valía la pena esa inversión porque la apuesta era muy alta; en realidad, no era una apuesta más, era la apuesta definitiva.

La respuesta ciudadana

Pero la manipulación mediática tiene límites y, afortunadamente, la gente tiene mucho más sabiduría política y sentido común que lo que los grupos de poder y la clase política tradicional imaginan. Afortunadamente, a los grupos de poder su prepotencia les ciega y les impide reconocer que el país cambió y que la gente ya no se deja manipular burdamente. Eso contribuye a explicar lo que sucedió en las elecciones presidenciales: poco a poco la campaña fue calentando, el tema del TLC se fue posicionando y las redes sociales contrarias al tratado se activaron, la voz se fue pasando, hubo un trabajo tipo celular, de hormiga, persona a persona, con los grupos juveniles utilizando medios novedosos vinculados a internet y las organizaciones sociales utilizando medios alternativos, miles de acciones y micro-movimientos que permitieron que se generara una creciente resistencia política contra Arias, que terminó siendo capitalizada electoralmente por el candidato Ottón Solís del PAC, quien fue el que mejor logró posicionar el tema del rechazo al TLC.

El resultado electoral sorprendió a muchos, incluyendo a los grupos de poder que apoyaron al candidato invencible y seguro que a él también. El resultado final fue una diferencia del uno por ciento, menos de tres votos por mesa electoral, ni más ni menos que el resultado más ajustado de las elecciones contemporáneas en un proceso que, además, generó suspicacias y serios cuestionamientos por las debilidades en la fiscalización por parte del TSE e inconsistencias en muchas urnas y que parecían favorecer al partido del candidato reeleccionista.

La metáfora de la casa dividida

Una vez consolidado el resultado, pareció que el presidente Arias había entendido que su victoria fue pírrica, pues al inicio utilizó la metáfora de la casa dividida. El reconocimiento de que el país estaba polarizado debió haber obligado al presidente, en buena ley, a retirar el factor de conflicto, el TLC, y a crear un espacio democrático de verdadera negociación sobre el futuro del desarrollo nacional. Sin embargo, hizo todo lo contrario e inició un discurso prepotente que señalaba que era indiferente ganar por un voto o por muchos, el presidente manda y hace lo que quiere; que el país ya eligió capitán; que el TLC debe aprobarse porque lo apoyó en campaña y punto; que para eso se tiene una coalición de 38 votos en la Asamblea Legislativa. Luego empezaron las descalificaciones y acusaciones contra los sectores opuestos al TLC, con la colaboración de los medios comerciales de siempre, algo que se convirtió en una suerte de campaña neo-machartista de intimidación y de criminalización de los grupos sociales opuestos al tratado, en particular, de las organizaciones estudiantiles y universitarias.

Es decir, empezaron a actuar como si hubieran ganado con el 60% de los votos y sin abstención; como si hubieran obtenido un mandato político tan fuerte y legítimo como para transformar radicalmente el país. En política, eso solo se puede cuando se hace una revolución (don Pepe en el 48) o cuando se gana por una mayoría contundente de votos (como la que obtuvo Calderón Guardia y el Bloque del Triunfo en el 40). Obviamente, este no es el caso de don Oscar, quien ganó con un porcentaje menor al que obtuvo en su primera elección 20 años atrás y en la elección más reñida de las últimas cuatro décadas.

La realidad del poder y el veto ciudadano

Pero la realidad del poder se impone, de tal suerte que las promesas y predicciones del gobierno de que el TLC y su agenda complementaria se iban a aprobar rápidamente (a más tardar en febrero de este año) se fueron desvaneciendo poco a poco. Por un lado, la prepotencia pronto les hizo cometer graves errores de procedimiento que fueron rechazados por la Sala IV, lo que les retrasó el ya de por sí lento avance en la discusión del tratado. A ello se suma la resistencia parlamentaria realizada por los partidos PAC, PASE y Frente Amplio, que terminaron por evidenciar que en el parlamento la aprobación del tratado iba para rato.

Sin embargo, el puntillazo más fuerte a la estrategia gubernamental de aprobación del tratado lo dio la movilización social con la gigantesca marcha del 26 de febrero. Esta impactante demostración de fuerza fue posible porque es resultado de un proceso que empezó a organizarse desde antes de que se negociara el TLC y que ha venido en un proceso ascendente de acumulación y articulación social. La marcha demostró, de forma contundente, que la oposición al tratado no era de un sector minoritario del país y que la causa contra el TLC tenía gran capacidad de organización y convocatoria. Este evento tuvo un efecto inmediato en el parlamento, con el endurecimiento de la oposición al TLC y el desánimo de la mayoría mecánica; posiblemente algo tuvo que ver con el pronto dictamen negativo de la Sala IV a la aplicación del artículo 41 bis al tratado, que intentaba la coalición parlamentaria pro TLC y, sobre todo, tuvo que haber generado en el gobierno la percepción de que la aprobación del tratado tendría un costo político muy alto.

Son estos factores los que explican el hecho de que el gobierno de Arias decidiera cambiar radicalmente de estrategia de la asamblea al referéndum y eso, tenemos que celebrarlo. También tenemos que celebrarlo porque estamos logrando una profundización de la democracia participativa.

Ningún país del resto de Centroamérica o de América Latina y menos Estados Unidos, ha tenido un movimiento social que, gracias a su resistencia, haya obligado al gobierno respectivo a consultar de manera directa a la ciudadanía para decidir sobre la aprobación de un tratado que compromete de forma definitiva y radical la orientación del desarrollo nacional.

Celebrar pero…

Celebrar no quiere decir que se asuma que la situación está resuelta favorablemente. Por supuesto que hay cabos sueltos que se tienen que amarrar. Menciono algunos en los que hay que insistir:

Primero, que se respete la iniciativa popular en la convocatoria al referéndum. Sino se respeta el orden de solicitud (primero en llegar, primero en derecho), el gobierno y la clase política siempre estarán en ventaja en la convocatoria al referéndum pues los mecanismos que ellos tienen son sumamente fáciles de cumplir, no así el de la iniciativa ciudadana.

Segundo, previo al referéndum debe hacerse la consulta sobre la constuticionalidad del tratado a la Sala IV. Si no se hace de previo, no habría cuando hacerlo y existe un mandato constitucional de que todo tratado internacional debe ser consultado antes de ser votado.

Tercero, debe haber financiamiento público y equitativo para la realización de las campañas del sí y del no al tratado. De hecho, debería prohibirse todo financiamiento privado, nacional o extranjero y realizarse solo con financiamiento estatal, para garantizar igualdad de condiciones.

Cuarto, debe suspenderse la discusión de la agenda complementaria del TLC mientras se hace el referéndum pues son proyectos derivados del tratado o, desde otro punto de vista, son parte del combo TLC.

Quinto, debe abrirse la fiscalización del proceso de votación a la participación ciudadana y no solo a los partidos políticos, sobre todo después de los problemas e inconsistencias que se presentaron con este tipo de fiscalización en la recién pasada campaña electoral.

Sexto, vigilar y exigir de manera estricta la no participación del gobierno en la campaña y en la movilización de votantes.

De David y Goliat; de Pinochet, el Sí y el No

Más allá de las condiciones mencionadas, muy posiblemente el referéndum se va a desarrollar en condiciones de desigualdad en acceso a recursos económicos y mediáticos que favorecerán a quienes apoyan el TLC. Sin embargo, de ninguna manera eso significa que el Sí ganará la batalla.

Creo lo contrario, que la perderá y de manera rotunda.

Esta batalla es más David contra Goliat que burro amarrado contra tigre suelto. Posiblemente se parece más al plebiscito a favor o en contra de la dictadura de Pinochet en la que el Sí tenía la plata, pero el No tenía la organización, la mística, la dignidad, los argumentos y la justicia a su
favor, haciendo que al final la verdad prevaleciera. Pienso que lo mismo
sucederá con el TLC.

Si bien ellos tienen la plata y los medios comerciales, ¿cuánto más pueden decir que no hayan dicho ya en estos años?

En cambio, el movimiento anti-TLC ha ido revirtiendo gradual pero consistentemente la ventaja que llevaba el Sí en las encuestas y hoy
prácticamente están empatados. Es más, si se analizan los indecisos, se
encontrará que tienden a inclinarse contra el TLC más que a favorecerlo,
un fenómeno similar al de las elecciones presidenciales en las que las
personas indecisas terminaron votando mayoritariamente contra Oscar Arias.

Otro elemento inédito favorable es que en el referéndum no habrá divisiones partidarias en el bloque anti-TLC y no pesarán tanto las lealtades personales. Por ejemplo, muchos liberacionistas contrarios al tratado que votaron por Arias podrían votar ahora contra el TLC sin problemas. Es decir, más allá de las diferencias sobre métodos, consignas, perspectivas políticas e ideológicas, todos los grupos sociales y partidos políticos contrarios al tratado podrán trabajar conjuntamente para derrotarlo.

Otro elemento importante es que, aunque con seguridad se establecerán
importantes niveles de coordinación político y social, es un proceso en
que cada ciudadano que se sienta activo y preocupado por la eventual
aprobación del tratado podrá movilizar a su entorno inmediato. El referéndum, a diferencia del proceso electoral partidario, no necesita los
niveles de centralismo que requiere la campaña electoral y, por el contrario, es un buen escenario para la movilización del enorme tejido
social anti-TLC que funciona como una efectiva red para la movilización
ciudadana.

El entierro democrático del TLC y el avance hacia un desarrollo solidario

En síntesis, ¿qué tiene el bloque del sí? Dinero y medios comerciales de comunicación. ¿Qué tiene el bloque del No? Mística, compromiso, gente y organización.

Como me dijo un amigo y excelente analista sobre la convocatoria del
referendum: tenemos que celebrarlo en grande. El referendum se ganará hablando con la gente, argumentándole, convenciéndole. El Sí tiene nada más que publicidad. Nosotros hace tres años talvez teníamos 20 personas que podían pararse ante un grupo a hablar contra el TLC, hoy tenemos muchos. Yo agregaría que posiblemente sean miles, si se entiende que la gran mayoría de personas que participaron el 26 de febrero en la marcha son gente consciente, con capacidad de argumentar y de convencer.

Todas estas razones me llevan a creer que en el referendum se enterrará
democráticamente al TLC y al neoliberalismo en Costa Rica y se iniciará
una nueva etapa del desarrollo nacional, más democrático, incluyente y
solidario.

Panamá y Estados Unidos: ¿TLC para qué?

Fecha: abril 8, 2007

Lo segundo es que se ha cambiado la denominación de tratado de libre comercio (TLC) por la de tratado para la promoción comercial (TPC). Este eufemismo es el reconocimiento de que este tipo de acuerdos ha caído en el desprestigio total.

“Por sus hechos los conoceréis”, esto es aplicable a los TLC. Véanse los efectos Nafta sobre México, que ha visto la destrucción de millones de puestos de trabajo en el sector agrícola, además de perder la autosuficiencia alimentaria en productos como el maíz, del que ahora depende de las importaciones norteamericanas.

Este tratado se ha firmado por insistencia no de EU, sino del gobierno panameño, cuando el presidente Bush, agobiado por la derrota electoral y los costos de la fracasada invasión a Irak, ya había desestimado un acuerdo cuya aprobación por el Congreso es dudosa.

¿Qué ha logrado el gobierno panameño? Pues, casi nada. Ninguna ventaja comercial que no tuviera ya Panamá como parte de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que data de los años 80. Dan Christman, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, se regodeaba en decir que su país logró que el 88% de los productos de consumo e industriales y más del 50% de los agrícolas entrarán a Panamá sin pagar aranceles inmediatamente, tras la entrada en vigor del TLC; mientras que el resto de los gravámenes se eliminarán progresivamente. En cambio, Washington tendrá que variar mucho menos su política aduanera, pues los productos panameños ya disfrutan de un acceso privilegiado al mercado de EU (El Panamá América, 20 de diciembre de 2006).

Refiriéndonos al apartado agrícola, Panamá sólo logró un pequeño éxito en las exportaciones de azúcar de caña y sus derivados (ron y etanol), al aumentar en 6,500 toneladas nuestras exportaciones. Bien por los Del Valle, Chiari, Virzi, Varela y Martinelli. En todos los demás rubros agrícolas y agroindustriales (como avícola y porcinos) Panamá pierde con este tratado.

Todos los rubros tienen un plazo fatal: 20 años, que se cumplirán en 2028, cuando los productos norteamericanos podrán inundar el mercado panameño sin ningún tipo de restricciones y libre de impuestos. Así que, si usted es un productor o trabajador del sector, y soñaba que sus hijos y nietos seguirían en el negocio, mejor que los prepare a mudarse a uno de los suburbios pobres del área metropolitana en calidad de desempleados.

“Entre los productos que Estados Unidos se beneficia de una cuota de
acceso a nuestro mercado tenemos: poroto, tomate procesado, maíz, papa fresca, papa troceada, cebolla, aceite de maíz, productos lácteos, cerdo, arroz, muslo y encuentro de pollo”
. Como dicen los abogados, “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

Hay otros aspectos negativos, como el acuerdo de patentes, que puede tener fuertes implicaciones para la salud pública en cuanto a restringir
medicamentos genéricos, más baratos, para beneficio para beneficio de las grandes farmacéuticas; las licitaciones públicas, en las que podrán
competir empresas norteamericanas con todos los derechos de las panameñas.

Por todo ello, desde el Partido Alternativa Popular (PAP) estamos
exigiendo: 1. Que se publique el texto íntegro del tratado para que la
nación panameña lo conozca; 2. Que el mismo no sea ratificado por la
Asamblea Nacional; lo cual no se producirá, si 3. Las organizaciones
populares y productores no nos unimos y movilizamos juntos en las calles, como ha hecho el pueblo de Costa Rica.

http://www.radiolaprimerisima.com/articulos/1179

Fuente: Diario La Prensa, de Panamá.

TLC, un año y pocos beneficios

Germán Briceño // gbriceno@laprensa.hn

Lo dijo la presidenta de la Fundación para la Promoción de Inversiones y Exportaciones, Fide, Vilma Sierra, durante el Foro de Exportadores 2007 realizado en la capital: los resultados del Cafta o el TLC con Estados Unidos no son halagadores.

Sierra fundamentaba su frase en el pobre crecimiento de las exportaciones entre 1994 y 2006, que ronda el 10 por ciento debido a la falta de valor agregado de los productos.

“No me sorprende que al momento no tengamos un despegue gigantesco, pero esperamos que se vaya creciendo a finales de año”
.

El campanazo sobre el tema lo había dado unos meses antes la presidenta del Banco Central de Honduras, BCH, Gabriela Núñez, quien hizo un llamado a los productores nacionales a incrementar las exportaciones y evitar una posible devaluación del lempira a causa del crecimiento de las importaciones.

Una mirada a los sectores donde se suponía iba a impactar mayoritariamente el TLC deja ver que los beneficios son pocos: las exportaciones hacia EUA sumaron 675 millones de dólares en 2006, cifra menor a los 677 millones del año previo, y las importaciones aumentaron de 1,605.7 a 1,865.2 millones de dólares.

El sinsabor que dejan las cifras en el primer año de vigencia del TLC, que se cumplió el domingo, lo comparten también los representantes de los sectores productivos consultados por LA PRENSA.

La industria

Para el presidente de la Asociación Nacional de Industriales, Andi, Adolfo Facussé, el TLC no ha traído los niveles de inversión esperados. “Muchas condiciones internas deben cambiar para que eso se produzca. Honduras es muy hostil a la inversión extranjera porque se le ponen muchos requisitos y trabas”.

Las telecomunicaciones, la explotación minera o maderera son algunos ejemplos puestos por el industrial como muestra de esa “inseguridad” que impide la inversión. “Tenemos que decidir si queremos que la gente invierta y se genera empleo o si mejor les decimos que se vayan”.

El industrial adujo que los sectores que más han tenido éxito son la agricultura, el filete fresco de tilapia y las verduras orientales. “Pese a ello, la situación desastrosa del agro sigue pesando sobre la economía”.

Desde el campo

“De acuerdo a las estadísticas del 2006, hemos visto que el sector no crece como se esperaba”, explicó el presidente de la Federación de Asociaciones de Productores y Exportadores Agropecuarios y Agroindustriales de Honduras, FPX, Medardo Galindo.

En el agro tampoco hay buenas noticias. Las exportaciones agrícolas no tradicionales se frenaron “y eso no necesariamente por el TLC, sino porque los mercados ya han madurado y los precios se estancan”, dijo.

Productos como melones, hortalizas, piñas, toronjas y los mariscos como el camarón cultivado crecieron un cinco por ciento entre 2005 y 2006, mientras que en años anteriores crecían en un 16 por ciento.

El sector agrícola tradicional, que venía creciendo entre un cinco y siete por ciento, cayó al uno por ciento. “Lo que se necesita es diversificar la canasta de exportación y buscar nuevos productos para entrar al mercado. El efecto del TLC era incrementar las exportaciones, pero no se han buscado los productos para hacer eso posible”.

Galindo considera que hasta ahora el producto más exitoso ha sido la tilapia, pero es un producto que lleva 15 años en el mercado y ya es necesario buscar otros. “Los productos nostálgicos no repercuten en los índices económicos”.

La microempresa

Hace un año los microempresarios presagiaban un fuerte impacto en su sector. Ahora, 365 días después, el TLC no ha tenido el impacto negativo que se esperaba pero tampoco ha ayudado a mejorar la situación.

“No hemos sacado provecho al TLC, ya que no estábamos preparados”, adujo José Fernández, presidente de la Asociación Nacional de la Mediana y Pequeña Industria de Honduras, Anmpih.
Fernández dijo que para revertir esa situación se está dando hasta ahora el primer paso: capacitación.

“Luego de capacitar a la gente debemos buscar el dinero y por eso hemos hablado con Banpais y el Cohep. Ambos han puesto dinero a nuestra disposición”. En cuanto al tema de reconocimiento de nichos de mercado, se ha pedido la colaboración de la Cámara de Comercio Hondureño Americana.

“Sabemos que el TLC trae sus desventajas pero tenemos que remontar porque no podemos cerrar para dejar de ser productores y pasar a ser comerciantes”.

En el período 2005-2006 unas cinco mil mipymes cerraron sus puertas o cambiaron de rubro. “Al 2007 no hay datos, pero sabemos que el sector más golpeado ha sido el calzado porque hay mucha competencia con mejor calidad”.

El representante señaló que, sin embargo, las proyecciones son buenas debido a los contactos con el Gobierno para aprovechar la Estrategia de Reducción de la Pobreza para impulsar a la mipymes. “También nos reuniremos con el embajador Charles Ford para buscar su ayuda”.

La maquila

Si bien en toda Centroamérica, a excepción de Nicaragua, las exportaciones de maquila disminuyeron en 2006, el presidente de la Asociación Hondureña de Maquiladores, AHM, Jesús Canahuati, aseguró que la segunda parte del 2007 compensará el difícil inicio del proceso.

“Las expectativas para la maquila son favorables para este año y hay nuevas inversiones en Quimistán, Choloma y Choluteca, lo que permitirá revertir el decrecimiento del año anterior”.

La industria maquiladora espera cerrar este año con un valor exportado superior a 3,100 millones de dólares. En 2006 ese sector económico reportó 2,816.1 millones de dólares, menor a los 2,874.1 millones del 2005.

Con ese panorama y aunque es prematuro evaluar, Honduras cierra el primer año del TLC. En el aire hay muchas más inquietudes que el año anterior y se proponen muchos más retos al Gobierno.

Claves del proceso

1. Agricultura
Los agricultores esperan desarrollar en los próximos años la zona oriental del país y afianzar las alianzas entre ellos.

2. Madera
Algunas mipymes han aprovechado la calidad de la maderas nacionales para exportar productos a EUA de forma exitosa.

3. Biocombustibles
El consumo de caña y maíz para generación eléctrica ha levantado las expectativas de ambos sectores.

A corto plazo

A favor

La llegada de la empresa brasileña Santista a Honduras supondrá no sólo generación de empleo sino también la inversión de unos 100 millones de dólares. La construcción del plantel iniciará este mes.

La inversión generada por el proyecto Bahía de Tela impulsará el rubro del turismo, una de las áreas económicas que presenta mayor estabilidad en un futuro cercano.

En contra

El déficit de 100 megavatios de energía anunciado para el próximo año inquieta a los sectores productores del país debido a la inestabilidad que genera y a la mala imagen que representa para los inversionistas extranjeros.

El tema de la inseguridad, especialmente en lo referente a los secuestros, constituye un obstáculo para el desarrollo de proyectos empresariales que se desean ejecutar en nuestro país.

Fuente: Empresarios Pro Costa Rica
Fuente: www.laprensa.hn

El perro que se muerde la cola

Nada en la historia del capitalismo respalda la idea de que el libre comercio propicie el tránsito exitoso hacia el desarrollo. Pero ese no el único gran obstáculo que se interpone. Otro ejemplo importante: las obligaciones sobre propiedad intelectual.

Las normativas primigenias en esta materia datan de muchos años atrás. En todo caso, lo relevante es constatar que en los últimos 25 años se ha dado lugar a un movimiento agresivo de ampliación y endurecimiento de esta legislación. Ampliación porque cada vez abarca ámbitos más extensos y diversificados, incluso la vida misma. Endurecimiento porque las_ “protecciones”_ son cada día más abusivas e irrazonables, y el rango de las obligaciones represivas y punitivas que se asignan a los poderes públicos cada vez más draconianas.

En el caso de las tecnologías de la información, y en especial el software, este movimiento da inicio en Estados Unidos en los primeros años ochenta. Coincide, y no por casualidad, con el ascenso mundial del neoliberalismo y, para el caso de la industria farmacéutica, con la aprobación de leyes federales que han propiciado su constitución en una enorme fuerza de depredación de los intereses públicos. En el proceso, y con el avance de la biotecnología, incluso los genes humanos son “apropiables”.

Con la culminación de la Ronda Uruguay en 1994 se establece la Organización Mundial del Comercio (OMC) y, como parte de ésta, el Acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). Este último constituye un paso decisivo en este proceso, particularmente desde el punto de vista de la imposición, a nivel mundial, de una normativa uniforme, la cual, y muy sintomáticamente, tiende a reproducir los énfasis que se venían imponiendo en Estados Unidos desde inicios de los ochenta. Así, va desapareciendo la flexibilidad con que esta materia era tratada en diferentes contextos y, con ello, se va suprimiendo, de forma progresiva, la relativa variabilidad entre países. Éstos pierden la capacidad para regular tales normativas en función de sus necesidades de desarrollo.

En parte, este movimiento regresivo responde a las características propias de las tecnologías informacionales. Estas posibilitan la copia, sin límites, sin pérdida de calidad y prácticamente a un costo cero. Lo mismo sin son programas de software, música o películas, libros digitalizados o fórmulas químicos de un medicamento. Pero esta es solo una parte de la historia. Sin duda la otra la aporta el contexto ideológico y político del capitalismo neoliberal, caracterizado por una voracidad enfebrecida y una sensibilidad tan fina como la de un trozo de acero.

La mezcla de estas dos cosas da lugar a un movimiento terriblemente regresivo: el de una normativa sobre propiedad intelectual hipertrofiada y absolutamente abusiva que, paulatinamente, se quiere reforzar mediante el desarrollo de otras tecnologías cuyo fin es evitar justo aquello que las tecnologías de la información llevan inherente: la posibilidad de la copia. Son como al modo de “tecnologías contra-informacionales” en guerra con las tecnologías de la información. Constituyen, incluso, una amenaza contra la arquitectura horizontal, paritaria y de doble vía que ha sido base fundamental y rasgo distintivo de la Internet.

Las corporaciones transnacionales, obsesionadas por la ganancia, creen que ésta se ve amenazada por la copia. Sin embargo, esta es una hipótesis que ha sido seriamente cuestionada por diversos estudios. El desarrollo del software libre y de código abierto, demuestra, además, que éste puede ser comercialmente redituable sin necesidad de recurrir a las bárbaras restricciones que están siendo impuestas.

Quieren justificar tales atropellos asegurando que ello es necesario para incentivar la innovación. Esto es simplemente falso. Acontece justo lo inverso: la innovación se frena, y el amiguito de Arias y su Microsoft dan buen ejemplo de ello: sus nuevas versiones del Windows son puros cachiflines publicitarios sin nada relevante que aportar, como no sea el creciente cúmulo de restricciones que limitan el uso de las propias tecnologías. Igual con los medicamentos, en su mayor parte versiones “nuevas” de medicinas viejas, no más eficaces que éstas pero sí más caras.

Este es un mecanismo perverso: frena el libre flujo de información y conocimiento con lo que, a su vez, frena el desarrollo ulterior de ese conocimiento. Así, el capitalismo neoliberal, como el perro chistoso, pero sin la gracia de éste, se muerde a sí mismo la cola. Bloquea su propio proceso de desarrollo al destruir las bases de la innovación tecnológica. Lo peor es que con ello atropella la libertad de expresión y busca ahogar la creatividad y la imaginación, pero, también, pretende construir sociedades donde compartir sea un acto delictivo.

Abril 07, 2007

*Fuente:* Tribuna Democrática

Nuestro futuro por la borda: Cómo socavan el desarrollo los tratados de comercio e inversiones entre países ricos y pobres

Resumen

Los países ricos, liderados por EEUU y la UE, están poniendo un empeño sin precedentes en lograr tratados de libre comercio regionales y bilaterales. Esto está ocurriendo lejos de la fanfarria de las cumbres mundiales y de la prensa internacional. Unos 25 países en desarrollo han firmado ya tratados de libre comercio con países desarrollados, y más de 100 están embarcados en negociaciones. Cada semana se firman como media dos acuerdos bilaterales de inversiones. Prácticamente ningún país, por pobre que sea, se ha quedado fuera.

Los países ricos están utilizando estos ‘tratados de libre comercio’ (TLC) y acuerdos sobre inversiones bilaterales y regionales para lograr concesiones que no son capaces de conseguir en la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde los países en desarrollo pueden unirse y negociar unas reglas más favorables. EEUU llama a este enfoque ‘liberalización competitiva’ y la UE expresa su intención de utilizar los acuerdos bilaterales como ‘los peldaños hacia futuros acuerdos multilaterales’.

La UE sostiene que esta nueva generación de tratados bilaterales y regionales es vital para que los países en desarrollo de África, Caribe y el Pacífico mantengan su acceso a los mercados europeos de una manera compatible con las normas de la OMC. También ha reiterado a los países pobres que no tiene intereses comerciales ‘ocultos’ en las negociaciones y que habrá periodos de transición amplios para la aplicación de los acuerdos. Sin embargo, el alcance de las propuestas y la agresividad de los planteamientos parecen contradecir estas declaraciones.

El avance inexorable de estos tratados sobre comercio e inversiones, negociados en gran medida a puerta cerrada, amenaza con socavar la promesa de que el comercio y la globalización servirían como motores para reducir la pobreza. En un mundo cada vez más globalizado, estos acuerdos buscan beneficiar a los exportadores y a las empresas de los países ricos a expensas de agricultores y trabajadores pobres, con graves consecuencias para el medio ambiente y el desarrollo.

Lo peor de los acuerdos es que privan a los países en desarrollo de su capacidad de dirigir la economía nacional y proteger a sus ciudadanos más pobres. Al ir más allá de las disposiciones negociadas a nivel multilateral, imponen reglas de mayor alcance y difícil marcha atrás que desmantelan de manera sistemática las políticas nacionales de promoción del desarrollo.

EEUU y la UE están imponiendo reglas sobre propiedad intelectual que reducen el acceso de las personas pobres a medicinas que les salvarían la vida, aumentan los precios de las semillas y de otros insumos agrícolas poniéndolos fuera del alcance de los pequeños productores, y dificultan el acceso de las empresas de los países en desarrollo a las nuevas tecnologías. El tratado de comercio propuesto entre EEUU y Colombia, por ejemplo, aumentaría el coste de las medicinas en 919 millones de dólares para el año 2020, cantidad suficiente para prestar atención sanitaria a 5,2.

Nuestro futuro por la borda, Documento Informativo de Oxfam,
marzo de 2007, 2 millones de personas en el sistema de salud público. Con el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, República Dominicana y América Central (DR-CAFTA en inglés) se espera que los precios de los productos agroquímicos se disparen.

Las reglas sobre liberalización de servicios contenidas en los TLC amenazan con dejar fuera de juego a las empresas locales, reducir la competitividad y aumentar el poder de monopolio de las grandes compañías. Cuando México, por ejemplo, liberalizó en 1993 los servicios financieros con antelación al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en siete años el 85% del sistema bancario quedó en manos extranjeras, y los préstamos a las empresas mexicanas cayeron del 10% del Producto Interior Bruto (PIB) al 0,3%, dejando así a las personas pobres de las zonas rurales sin fuentes de crédito esenciales.

Estas nuevas reglas suponen también una posible amenaza para el acceso de las personas pobres a los servicios esenciales. En algunos TLC con EEUU, los países en desarrollo se comprometen a permitir la entrada en los servicios públicos de inversores extranjeros si abren el sector a las empresas privadas nacionales. La filtración de una versión de las directrices de la UE para la negociación de los TLC con la ASEAN, India, América Central, los países andinos y Corea del Sur permite ver la intención de la UE de introducir disposiciones similares para el agua y otros servicios públicos.

Las nuevas reglas sobre inversiones contenidas en muchos de estos tratados impiden a los gobiernos de los países en desarrollo exigir a las empresas extranjeras la transferencia de tecnología, la formación de trabajadores locales o la adquisición local de insumos de producción. Con estas condiciones, las inversiones extranjeras no establecen vínculos en el país, no generan empleo de calidad, y no mejoran tampoco los salarios; sirviendo en cambio para agravar las desigualdades.

Los capítulos sobre inversiones de los TLC y de los acuerdos bilaterales sobre inversiones abren la puerta a posibles demandas de compensación por parte de los inversores extranjeros en caso de que se promulguen nuevas leyes que se consideren perjudiciales para los intereses del inversor, incluso si han sido promulgadas en el interés público. Se calcula que las actuales demandas contra Argentina por las medidas de emergencia adoptadas durante la crisis financiera de 2001/2002 ascienden a 18 mil millones de dólares.

Los tratados de libre comercio a menudo imponen una liberalización arancelaria acelerada, poniendo en peligro el medio de vida de los pequeños productores e impidiendo a los gobiernos el uso de políticas arancelarias para promover la producción. Por ejemplo, mediante los Acuerdos de Partenariado Económico la Unión Europea pretende obligar a los países más pobres del mundo a eliminar gran parte de sus aranceles.

Los TLC no abordan, sin embargo, los efectos negativos que los subsidios en los países ricos tienen sobre los países pobres al generar prácticas desleales de dumping, ni abordan tampoco la plétora de barreras no arancelarias que siguen impidiendo a éstos el acceso a los mercados de los países ricos. 3 Nuestro futuro por la borda, Documento Informativo de Oxfam, marzo de2007.

El efecto global de estos cambios en las reglas es el progresivo desmantelamiento de la gobernabilidad económica, transfiriendo poder de los gobiernos a las empresas multinacionales y privando a los países en desarrollo de las herramientas que necesitan para desarrollar sus economías y lograr una posición favorable en los mercados mundiales.

Aun cuando los gobiernos de los países en desarrollo se han mostrado cada vez más firmes en la OMC y en algunos acuerdos regionales y bilaterales, el equilibrio de poder en las actuales negociaciones sigue fuertemente sesgado a favor de los países ricos y las grandes e influyentes corporaciones. Además, las pequeñas empresas, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, los grupos de mujeres y las poblaciones indígenas de los países en desarrollo disponen de escasos mecanismos de participación, y sus derechos y necesidades son en gran medida ignorados.

El comercio y las inversiones son esenciales para el desarrollo, y por tanto deben abordarse con urgencia los desequilibrios que caracterizan y distorsionan las reglas de comercio e inversiones a escala mundial. Pero los tratados de libre comercio y los tratados bilaterales de inversiones desiguales y abusivos, que impiden la aplicación de las políticas que los países en desarrollo necesitan para luchar contra la pobreza, no son el mejor medio para poner el comercio y las inversiones al servicio del desarrollo, ni tampoco de construir un mundo más seguro y más justo.
Para conseguir un cambio de dirección y poner el comercio y las inversiones al servicio del desarrollo, Oxfam Internacional sostiene que las reglas comerciales, sean multilaterales, regionales o bilaterales, deben:

  • Reconocer el trato especial y diferenciado que requieren los países en desarrollo para promover su desarrollo.
  • Permitir a los países en desarrollo adoptar legislaciones flexibles sobre propiedad intelectual que garanticen la primacía de la salud pública y de los medios de vida rurales, y que protejan los conocimientos tradicionales y la biodiversidad.
  • Excluir de los compromisos de liberalización los servicios públicos esenciales como la educación, la salud, el agua y el saneamiento.
  • Reconocer el derecho de los gobiernos a regular la entrada de inversores extranjeros con el fin de promover el desarrollo y generar empleo de calidad, e incluir compromisos de aplicación de los estándares laborales básicos para todos los trabajadores y trabajadoras.
  • Asegurar la existencia de mecanismos que permitan la participación plena en el proceso de negociación de todas las partes interesadas, con un total acceso público a la información, incluyendo los resultados de evaluaciones de impacto independientes.

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