Huracán, solidaridad y empleo público

Expresamos nuestro más sincero pésame a las personas familiares de la bebita de un año y ocho meses, de los niños de 8 meses y de 11 años, de los siete adultos que perdieron la vida a raíz de la tragedia generada por el paso del huracán Otto por nuestro país.

Al parecer, dos personas más estarían fallecidas pues no han aparecido al momento de escribir este comentario. Con toda seguridad, Dios, Nuestro Señor, Cristo Jesús, el Grande, el Todopoderoso les ha dado el Cielo y a Él le pedimos gran consuelo y paz para los y las dolientes.

Según los entendidos y los expertos, teníamos como país más de cien años de no enfrentar un evento natural de este tipo, un huracán; y, mucho menos, de uno de la envergadura de Otto que ha devastado varias comunidades costarricenses como los cantones de Upala (principalmente), de Bagaces y otros pueblos.

Cada minuto que ha venido pasando nos ha permitido, vía medios de comunicación colectiva (especialmente los televisivos), constatar la magnitud de la tragedia tanto en pérdidas de vidas humanas como materiales en los más diversos órdenes.

Debemos reconocer que el Gobierno de la República y el propio Presidente han actuado a la altura de las circunstancias, pese a la ausencia total de experiencia nacional en este tipo de eventos naturales; y, pese a la incursión en ciertos errores y en algunas descoordinaciones que algunos de buena fe y otros con no tanta, han estado puntualizando en las últimas horas.

El balance es positivo para la gestión político-ejecutiva al más alto nivel en cuanto al abordaje integral, multidisciplinario e interinstitucional de la tragedia y de la emergencia.

Sinceramente y sin ninguna prosternación aduladora, es gratificante que la primera figura ejecutiva del país esté, constantemente, brindando detalles en conferencias de prensa, mostrando una acción colectivo-grupal de gestión de alta jerarquía política y hasta asumiendo las consecuencias del error ante la opinión pública. ¿Por qué ser mezquinos y no reconocer que esta actitud presidencial merece un amplio reconocimiento ciudadano?

En realidad es condenable que la politiquería, esa que tan descreditada está ante la ciudadanía, se inserte en medio del dolor de tanto compatriota y que alguien pretenda ganar adeptos electorales señalando con el dedo acusar cuando ni una gota de barro producto de la tragedia ha impregnado sus zapatos.

Otro factor que está impactando mucho es constatar la fuerte y humanitaria actitud solidaria de miles y de miles de compatriotas que están atendiendo los llamados a donar agua, alimentos básicos, artículos elementales de aseo personal, comida preparada, etc., etc., con base en la gran variedad de iniciativas que al respecto están siendo impulsadas por la más amplia gama de entidades del más diverso origen.

Uno no tiene idea si la tragedia está siendo instrumentada por alguna marca corporativa con propósitos de posicionamiento en el mercado y en detrimento de otra competidora; sin embargo, conmueve que aunque sea por esta circunstancia tan dolorosa y que está afectando a tantos compatriotas, podamos como costarricenses darnos cuenta que el dolor del otro, la desventura del prójimo, la desgracia del compatriota no nos es ajena.

Parece que esa frase tan conocida de una canción del compositor argentino León Gieco, cuya compatriota cantante Mercedes Sosa le hiciera una versión memorable, “Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente”, está en nuestro inconsciente colectivo y que todavía en el alma nacional anida un pedazo no carcomido por la cruzada a favor del individualismo extremo que nos está imponiendo la lógica perversa del mercado sin control que impulsa la globalización neoliberal. Da ánimo, da esperanza, da ilusión constatar de que tenemos reservas humanitarias de carácter solidario para rato.

Nos reservamos para el final de este comentario mencionar el gran papel que en la tragedia han venido asumiendo gran cantidad de empleados públicos y de empleadas públicos de diversas instituciones.

¡Sí! Estas personas trabajadoras asalariadas del Estado tan vilipendiadas, tan vituperadas, tan difamadas, tan calumniadas, tan estigmatizadas durante meses y meses con el desarrollo de la más infame campaña de agresión psicológica y de terrorismo ideológico de toda la historia del empleo público.

¡Qué rol más estratégico están jugando! Pues sí, hay una paga salarial de por medio y órdenes jerárquicas que atender. Pero hay vocación de servicio, hay entrega, hay compromiso, hay sensibilidad, hay responsabilidad, hay desprendimiento… ¡hay solidaridad!

El personal de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), el de salud (médicos, enfermeras, asistentes y otros, tanto de la Caja como del Ministerio de Salud); el personal policial (básicamente el de la Fuerza Pública y también el policial migratorio, el de Tránsito y hasta el penitenciario, sin dejar el lado el de las policías municipales); el personal municipal, el de acueductos y alcantarillados (A y A), el del ICE (electricidad y telecomunicaciones); el personal del IMAS y del PANI, del INAMU y de la Casa Presidencial-Ministerio de la Presidencia; el personal asalariado de la Cruz Roja (empleo público, también), destacando el voluntariado de la benemérita; los bomberos, el del MOPT y el del Conavi; además el personal de otros sectores institucionales de la política pública que ya están teniendo o que tendrán relación mediata, directa y/o indirecta en la reconstrucción, representan el empleo público en situación de crisis y en acción bajo la coordinación ejecutiva al más alto nivel.

Todas estas personas trabajadoras asalariadas del Estado que han intervenido antes, durante y después del paso del destructor huracán Otto por nuestro país se convierten en héroes y en heroínas del servicio público ciudadano, demostrando la imposibilidad real y material de que el empleo público desaparezca de la vida institucional de la República.

Además, hay que resaltar que los salarios que devengan todas estas personas del empleo público interviniente en el trabajo operativo-solidario de atender la tragedia y la emergencia, no tienen salarios de privilegio, ni gozan de pluses salariales abusivos, ni van a recibir pensiones de lujo.

El papel del sector Público y de quienes laboran en el mismo es indiscutible para la vida política, social y económica del país y, aunque sea por esta triste y dolorosa circunstancia que representa el paso del huracán Otto por suelo nacional queda más que certificado, refrendado y acendrado.

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