Juventud y política

Son los tiempos de Facebook, de Twitter, de las redes sociales. Los tiempos del iPod, del iPad, de la tableta, el smartphone y la Internet en todas sus dimensiones y potencialidades. Sí, claro, avance tecnológico, comunicacional impresionante. Y aquí, innegablemente, miles y miles de jóvenes, de muchachos y de muchachas, de estudiantes de todos los niveles del sistema educativo, público y privado, conectados a plenitud.

Pero, también, son los tiempos de la desigualdad, de la corrupción, de la concentración de la riqueza, de la depredación ecológica y ambiental. Pero, a este nivel, pareciera que entre más “conectada” está la juventud, más alejada parece estar de su entorno, de su realidad más mediata y de largo plazo.

Si bien es cierto, la corriente sindical y social, en la cual militamos, ha proclamado su total independencia con respecto a los partidos políticos del sistema, los unos y los otros, ello no quiere decir que estemos alejados de la política, de lo político.

Una cosa es la independencia político-partidista, especialmente para lo electoral; y otra cosa muy distinta es que seamos indiferentes a esta realidad. Partidos políticos existirán siempre, gústenos o no y, naturalmente, lo que se avecina en febrero del 2014, gústenos o no, tiene que ver con cada uno y con cada una de las personas ciudadanas costarricenses, de todas las edades, aún de aquellas que no tienen todavía una cédula de identidad para el ejercicio pleno de su ciudadanía.

No sabemos quién lo dijo. Si fue en Costa Rica o en otro país: que lo malo que tiene la política es que la gente buena no se mete en ella. Obviamente es una generalización injusta y que no puede sostenerse. Pero la frase, su contexto, su contenido, es emblemática de lo que nos está pasando como sociedad en estos tiempos de la desigualdad.

Que de cada cuatro costarricenses, tres estén diciendo que no les interesa ningún partido político; y que poco más de la mitad no esté pensando en serio en relación con las elecciones del 2014, no es algo que pueda dejarse pasar sin provocar alguna reflexión.

Es en tal sentido que, modestamente, queremos poner un granito de arena para que, de una forma o de otra, no nos sea indiferente la naturaleza del desafío electoral que está por venir, que ya, más bien, está en desarrollo. Y por ello es que, si hoy tenemos el inmenso honor de que una persona joven nos lea, queremos llegarle a su alma, a su corazón, a su espíritu cívico y patriótico para que la política, lo político, no le sea indiferente.

Para que se comprenda que la política, que lo político, ha dejado de ser un monopolio de la figura jurídica de partido político; y que la política, lo político, también se ejerce, también se puede desarrollar, desde las diversas formas de organización social y cívica, como, por ejemplo, los sindicatos. ¡¡¡Sí!!!, los sindicatos, satanizados al máximo por la esfera de poder hegemónica imperante en el país, pero que son entidades con una estatura jurídica de altísimo peso: constitucional, legal y de derechos humanos.

La circunstancia de que estemos pensando en relación con febrero del 2014 de que “todos son lo mismo”, aparte de injusta, solamente ha de potenciar el poder (al menos, el formal), de quienes ya lo tienen.

Si nos seguimos alejando de la política, de lo político, esa gente, que es minoría, se seguirá empoderando más y, por tanto, nos seguirán empobreciendo más, a la mayoría. Porque la verdad sea dicha: que estemos en un escenario de desigualdad no tiene más significado que el empobrecimiento de la mayoría por parte de esa minoría que sí ejerce la política, lo político y que se sienta segura en su propia zona de confort porque la mayoría no está interesada en lo político, en la política.

Los y las jóvenes de hoy, los y las estudiantes, la muchachada que ya tiene la suerte de tener un empleo o que está sufriendo el estar sin trabajo, o que está, entonces, “pulseándola” en la informalidad; deben hacer una irrupción fuerte en la política, en lo político: en torno a los partidos políticos y /o en torno a las organizaciones sociales como los sindicatos, los buenos sindicatos, por supuesto.

Las herencias patrimoniales e institucionales que nos fueron legadas, pese a lo maltrechas que están algunas de ellas, todavía juegan fuertemente para luchar contra las desigualdades y por la justicia social. Y gracias a muchas personas que eran jóvenes en los años 60´s, en los 70’s, en los 80’s y en los 90’s, que han venido luchando en todos estos años contra el ataque neoliberal a esas herencias y a esos patrimonios, la actual generación juvenil del país tiene banderas para levantar que muchos (que hemos andado en esto) quisiéramos trasladarles. Sí, aún en estos tiempos de las redes sociales, del Facebook, del Twitter y similares, la lucha contra las injusticias, contra todas formas de injusticia, sigue siendo tan válida como la de hace varias décadas pasadas.

Por eso es alentador reconocer que en varias de las corrientes sindicales que se mueven en el país, se hacen grandes esfuerzos por incorporar a la juventud a la lucha sindical. La verdad sea dicha: el sindicalismo de hoy es, básicamente, “adultocentrista” y la gente “roquemis” como uno, tenemos que hacer todo lo posible y más allá de ello, para que haya una juventud sindicalista activa y con peso político en las organizaciones que están matriculadas en un esfuerzo tan estratégico.

Porque si esa juventud, o gran parte de ella, no está interesada en lo político, en la política, según se mira en los partidos políticos; sí puede hacerse política, sí podemos estar en lo político, desde una esfera sindical, luchando por la justicia social. Y es que, al menos en Costa Rica, ciertas organizaciones sindicales tienen una concepción de país mucho más elaborada y consistente que algunos de esos partidos políticos fantoches del sistema, que surgen para una elección determinada o para desarrollar una vanidad individual de sesgo personalista.

Entonces, juventud: Sí hay espacio para ustedes en la política, en lo político y si lo prefieren, desde un ámbito sindical serio y con propuesta de país. A la hora de las elecciones de febrero del 2014, la corriente sindical en la que militamos se prepara para un emplazamiento a las diversas candidaturas que pedirán nuestro voto. Nada más propicio que tal emplazamiento sindical fuera un grito de juventud exigiendo ¡alto ya!, en todas sus dimensiones, a la perversa desigualdad que nos está minando como sociedad y como institucionalidad. Y si un partido político exhibe un mejor planteamiento que otros en este asunto, hasta deberíamos llamar a votar por sus candidaturas.

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