La Caja es del pueblo trabajador… No de los sindicatos

Don Nelson Saint Hilaire, médico anestesiólogo, da la oportunidad a este cristiano de a pie, que no tiene sangre azul, de comentar en estas mismas páginas, como Derecho de Respuesta, las alusiones que de manera directa nos hizo en su artículo “La marca de tarjeta de Albino Vargas”, que se publicase en estas mismas páginas, el pasado sábado 6 de abril de 2013.

No hay mayor causa que defender en estos momentos de la historia nacional, que la de preservar para las generaciones venideras, la existencia de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la más importante institución pública del país y las más emblemática del ser costarricense. Para la generación presente, la Caja es la vida misma, como lo será para las futuras. Todavía no hemos sido lo suficientemente justos con aquellos costarricenses que la visionaron hace siete décadas; sin embargo, luchar por ella es la mejor forma de honrar tan gigantesco legado, insólito en la vida latinoamericana y quizás más allá.

La Caja es del pueblo trabajador. La Caja no es de los sindicatos. La Caja ha estado secuestrada por intereses corporativos de corte gremialista, tanto internos como externos. La reacción del ilustrado galeno don Nelson Saint Hilaire, es típica ante lo que hicimos: romper un tema tabú en nuestra sociedad: hablar de la naturaleza de los desafíos para salvar a la Caja, incluyendo los correspondientes al gremio médico.

Provocamos una especie de “conmoción política” en el mundillo sindical del país, de cortísima visión estratégica por cierto (con las honrosas excepciones de rigor) por haber sido partícipes del proceso multisectorial “Diez medidas para comenzar a ordenar la Caja”; pero, afortunadamente, aún estamos sorprendidos del impacto que causamos en amplísimos sectores de la sociedad y, especialmente, en el seno de importantes grupos de la clase trabajadora, la de a pie, en esencia.

Tenemos profundo respeto por el honorable cuerpo médico nacional. Somos enemigos de las generalizaciones, por lo general, injustas y totalitarias. Pero sí hay que reconocer que en el país hay una especie de “realeza médica” que ha hecho “clavos de oro” con la Seguridad Social, léase la Caja. Nos parece que la envergadura del problema de la Caja no merece ser rebajado a la circunstancia de una “marca de tarjeta”; sin embargo, no debería haber discriminación en cuanto a controles de asistencia que se establecen en una relación de trabajo asalariado, mucho menos en una entidad de la cual dependen miles de personas a diario. Cualquier trabajador de la Caja de otros ámbitos distintos a los de las ciencias médicas, tiene absoluta claridad de ello. Eso lo garantizamos.

Indudablemente que los problemas de la Caja no son responsabilidad única del gremio médico. Lo que sí hemos afirmado en las Diez medidas para comenzar a ordenar la Caja es que en el seno de la misma y en la base de todos sus problemas hay tres conflictos de interés que la tienen postrada:

1) El conflicto entre el interés público y los intereses político-partidistas; 2) el conflicto entre el interés público y los intereses mercantiles de quienes hacen jugoso negocio con la salud (o más bien, con la enfermedad) de las personas; 3) el conflicto existente entre el interés público y el interés gremial.

A partir de tal diagnóstico, hemos lanzado la indicada propuesta. Es injusto que se pretenda minimizar al máximo este gran esfuerzo multisectorial, poniéndolo como un asunto de un individuo. Es parte de la soberbia que caracteriza a la “realeza médica” que considera a los demás mortales como seres inferiores.

Las Diez medidas para comenzar a ordenar la Caja, han sido construidas con el aporte de entidades tan serias como cooperativas de gran peso en la Economía Social del país: Coopealianza, Coopeagri, Coopesantos, Coopetarrazú; con entidades nacionales de agricultores como Upanacional y Upiav; como el importante gremio Sindicato Nacional de Enfermería (Sinae); entre otras entidades de la sociedad civil que, de un modo u otro, tienen plena claridad de lo que se juega para el país en este asunto de la Caja. Igualmente, la calidad de los aportes individuales de especialistas en la materia, sin cobrar un solo centavo, han sido extraordinarios.

Las Diez medidas para comenzar a ordenar la Caja no es “la” propuesta. Se trata de un esfuerzo transparente, bienintencionado, profesional e impregnado de profunda solidaridad. Sabemos de otras propuestas igualmente sanas.

Por ejemplo, no es posible que el país siga careciendo de especialistas en el más amplio quehacer del saber científico de la medicina, solamente porque la formación de los mismos está controlada pon intereses corporativos de cortísimo plazo y de gran cálculo financiero individualista. El país tiene que retomar el control de la formación de los especialistas y sacarlo del ámbito de influencia gremial. Que esto ha sido un tema tabú, ¡claro que sí!; y que lo respalde un sindicato, pues sí, suena a herejía. Ni modo. La Caja es un asunto nacional, de todos, del pueblo… y de los gremios también.

Con gusto, invitamos, públicamente, al Dr. Saint Hilaire a tomarnos un café. A que conozca a cada costarricense de este proceso. No le costará trabajo encontrarnos. Finalmente le indicamos que aunque nosotros no marcamos tarjeta, sí firmamos todos los días un registro de asistencia, a la entrada y a la salida. Donde estamos a cada minuto de nuestra labor diaria, es posible saberlo. Nuestra presencia en el trabajo no es fantasmal.
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La marca de tarjeta de Albino Vargas

Le sugiero a don Albino que busque otras causas que “defender”

NELSON SAINT-HILAIREDICO ANESTESIÓLOGO nelsonsc@costarricense.cr

Por diferentes medios de comunicación nacional, el señor Albino Vargas Barrantes y un grupo multisectorial de organizaciones sociales dieron a conocer una propuesta intitulada “Diez Medidas para Ordenar la Caja”, con el fin de salvar de la crisis a la institución.

Como paladín y salvador de las finanzas de la CCSS, don Albino propone el control del horario de trabajo de los(as) profesionales en Ciencias Médicas (médicos, farmacéuticos, microbiólogos, enfermeras y odontólogos), o sea, la llamada “marca de tarjeta”. La marca de una tarjeta no ha probado ser, en la práctica, sinónimo de eficiencia y productividad. Conozco muchos empleados de otras categorías de trabajo que marcan tarjeta y su efectividad no es la mejor. La verdad es que si don Albino desea buenos índices de salud, estos descansan sobre el trabajo de los profesionales en Ciencias Médicas.

También sugieren disminuir el pago de tiempo extraordinario. Esta sugerencia simplemente ignora el número de médicos especialistas no alcanza para dar cobertura a los turnos ordinarios en las diferentes especialidades. Un ejemplo es que desconocen que la cantidad de médicos anestesiólogos del San Juan de Dios solo sirve para cubrir el tiempo ordinario y vespertino. También desconoce que solo existe un total de dos cirujanos de tórax para cubrir la disponibilidad.

En noviembre del 2011, La Nación me publicó un artículo que intitulé: “No es culpa de los médicos”. Demostré que estaban mal orientados quienes pretendían encontrar culpa en un cuerpo médico corrupto. El préstamo español y el finlandés no habían sido “chofereados” por los médicos. Tampoco fue culpa de los médicos el vencimiento de 880 toneladas de medicinas, ni el robo de 178 kgs. de Pseudoefedrina que estaba resguarda en un búnker. Fue culpa de la introducción de la política en la administración de la Caja en la persona de un presidente ejecutivo la responsable de la creación de 11.164 plazas en el período del 2005 al 2010.

Eso es lo que hacen los políticos: cumplir promesas de campaña electoral aunque sea a costa de la estabilidad financiera de la noble institución de la Seguridad Social. Tampoco es culpa de los médicos que los puestos administrativos, gerenciales y directivos sean nombrados por los partidos en el poder, ni de la falta de formación de especialistas, ni de que en julio de 2011, el Ministerio de Salud haya clausurado, por insalubres, 15 salas de operaciones del Hospital San Juan de Dios; ni de la saturación de los servicios de emergencias, ni de las presas de cirugías, ni de las citas a largo plazo. Acusan a los médicos de todo esto, pero exoneran a los verdaderos culpables que andan impunes y libres de culpa.

Desde 1995 la Unión Médica Nacional se pronunció ante unas denuncias de incumplimiento de horario de algunos médicos: que si incumplían con su excelsa labor, las autoridades los sancionaran, pero que no enlodaran a la gran mayoría del gremio.

No sé si don Albino “marca tarjeta”. Yo marqué tarjeta solo en los dos primeros años de mi carrera y doy fe de que trabajé igual con o sin marcar tarjeta. Cumplí mi tarea en los casi 38 años de servicio en los hospitales de Liberia, Nicoya y San Juan de Dios, y de la calidad de mi trabajo pueden dar fe mis superiores, entre los cuales incluyo a la Dra. Ileana Balmaceda, directora del Hospital San Juan de Dios durante mi gestión de jefe de Servicio de Anestesiología. En la actualidad estoy pensionado, pero ocasionalmente presto mis servicios gratuitos en el Hospital Blanco Cervantes en calidad de voluntario.

Como anestesiólogo, tampoco sé qué tipo de anestesia le dieron hace 30 años, que hoy se despierta oponiéndose a los logros de los sindicatos médicos por la Ley de Incentivos Médicos, oposición que tiene la renuencia, repulsa y renuncia de su agremiada Sra. Vivian González Vargas, presidenta de la seccional de ANEP Salud-Turrialba, quien dice que “con esta actitud, está tratando de provocar la división del movimiento sindical de nuestro país en momentos de crisis”.

Le sugiero a don Albino que busque otras causas que “defender”. Y a los sindicatos de profesionales en Ciencias Médicas les sugiero que no le hagan caso a don Albino, pero que defiendan su noble profesión.

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