“¡Oh!… ¿y ahora, quién podrá defendernos?

¿La recuerdan? La mítica frase del célebre e inolvidable programa del cómico mexicano Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, pronunciada en esos memorables episodios donde intervenía el querido personaje de “El Chapulín Colorado”, nos sirve para reflexionar acerca de lo que le puede esperar a las mayorías trabajadoras de nuestro país, sin importar cuál de los dos señores Alvarado gane la elección de segunda ronda, el próximo domingo 1 de abril: “¡Oh!… ¿Y ahora, quién podrá defendernos?

Ambos han “jurado” ante “el altar del mercado”, portarse bien y no arriesgar, para nada, el favorable entorno de acumulación de los macro-negocios que deja el presente Gobierno (salvo el problema del déficit fiscal que ya venía de las administraciones anteriores), con varios indicadores muy positivos sobre el crecimiento de la economía; lo que ha permitido a los magnates del alto corporativismo empresarial del país, impulso e intensidad al ya sistemático proceso de concentración de la riqueza y de aumento sostenido de la desigualdad.

Según hemos podido observar en los últimos días y con ocasión de las pasarelas políticas de las candidaturas de don Fabricio y de don Carlos, los equipos económicos de ambos muestran una afinidad ideológica, una misma escuela de pensamiento y una fracasada práctica de política pública para la inclusión y la integridad sociales; cuando los elementos más notables de dichos equipos estuvieron gobernando bajo las banderas del viejo PLUSC, Liberación y Unidad; siendo esas figuras principales responsables y gestoras de unas políticas económicas que desdibujaron la sociedad de inclusión y movilidad sociales que se había construido en nuestro país.

Particularmente, en ambos equipos económicos se “infiltró” gente con enorme responsabilidad en el impagable endeudamiento-país que nos estrangula con su inmisericorde carga de pago de intereses anuales, base fundamental del no menos grave y escandaloso déficit fiscal.

Derrotados, electoralmente hablando, en primera ronda electoral, tanto Liberación como la Unidad han desplegado unas jugadas estratégicas que a más de uno (incluidos nosotros mismos), nos han dejado atónitos; transmutándose y/o camuflándose uno, en el partido de don Fabricio (Liberación); y el otro, la Unidad, en el de don Carlos, el PAC. “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud” (frase histórica cuya autoría está en controversia todavía). ¡Así es!, el viejo PLUSC no “murió” el pasado 4 de febrero.

Nosotros no queremos entrar en el abordaje de la vertiente de fondo que distancia a un candidato Alvarado del otro candidato Alvarado: la cuestión de la política y la religión, pues debemos anotar que en no pocas bases laborales y en el seno del pueblo trabajador, la (inducida) polarización de primera ronda, perversamente nos ha estado confrontando como país, como sociedad y hasta en el seno de nuestras propias familias.

Tampoco es dable entrar a analizar otros ámbitos de política pública para puntualizar de cuánta profundidad serían las diferencias de gestión en uno o en otro caso. Por tanto, es la cuestión económica lo que concita nuestra mayor atención y preocupación.

Lastimosamente, la gravedad del problema número uno de nuestra sociedad, a nuestro modesto juicio, la desigualdad, no emergió con toda su potencia como para poder establecer una diferenciación radical entre una opción y otra; si se trata de ver este problema de la desigualdad contrastado en el marco de la inequidad en cuanto a la distribución de los beneficios del crecimiento económico.

Comprometidos ya los dos con un ideario económico que no es, necesariamente, el de la promoción del bien común, se han juntado ideológicamente para potenciar cambios tributarios que golpearán a quienes menos tienen, a quienes están más endeudados, a quienes tienen salarios congelados en la práctica, a quienes dependen de frágiles programas sociales, introduciendo rigidices fiscalistas que, en el corto y mediano plazo, harán colapsar la prestación de esos programas precisamente destinados a atender y/o resolver problemas sociales angustiantes de atención cotidiana y urgente.

Los dos sintonizaron en un mismo canal sus gestiones de política económica y tributaria, mismas que no pondrán en riesgo alguno los intereses defendidos por las personas que integrarán sus respectivas gerencias ejecutivas, de un mismo equipo económico-ideológico de dos cabezas.

No es posible calibrar la intensidad del potencial conflicto social en uno u otro caso a partir del próximo 1 de mayo. Por un lado, los sectores excluidos que catapultaron una de las dos opciones; y, por otro, los que al venir tal situación de exclusión le apostaron a la otra alternativa dada la vulnerabilidad de su actual estado social (empleados públicos, por ejemplo), podrían sentirse estafados electoralmente en uno u otro caso; dado que la matriz económica unificada que ambos candidatos defenderán desde la Presidencia, es para la acumulación no para la distribución. Por eso es que, en ambos sentidos, conviene que nos cuestionemos a lo “Chapulín Colorado”: “¡OH!… ¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

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