¡A votar, sí! pero ¿por quién?

El destacado académico e intelectual costarricense, Dr. Henning Jensen Pennington, rector de la Universidad de Costa Rica (UCR), nos pide que “Salgamos a votar” (Semanario Universidad del 22 de enero del 2014); indicándonos que “…existen problemas que el Estado no ha resuelto y más bien se han agudizado, con las negativas consecuencias que ello tiene sobre la vida de las personas”.

Dice el rector de la UCR que “…tenemos una creciente desigualdad social que agobia a la colectividad; no hemos avanzado en un sistema tributario progresivo que garantice justicia y equidad (algo que en muchos países sería natural); enfrentamos obstáculos en la creación de empleo, lo cual vuelve muy estrecho el horizonte de esperanza de nuestra juventud; la inversión en infraestructura, necesaria para dinamizar la economía y mejorar la relación entre las personas y su entorno urbano, ha sido postergada por décadas; la calidad de las instituciones de educación pública, primaria y secundaria, está sumida en una crisis cuyo fin no visualizamos a corto plazo, a pesar del innegable aumento de la inversión estatal en este campo; no hemos logrado conciliar los requerimientos de desarrollo con la legítima vocación de proteger y preservar nuestra diversidad biológica, a todo lo cual se suma el clamor por un mayor respeto por la diversidad de género, étnica, sexual y cultural”.

¡Qué excelente “guía” para decidir cuál de los 13 candidatos presidenciales merece nuestro voto! Además, dado nuestro desenvolvimiento cotidiano en el campo de la lucha social, a lo que está indicando tan ilustre ciudadano, nosotros le agregamos algo de lo apuntado, en materia laboral, por el decimonoveno Informe del Estado de la Nación: de cada diez personas trabajadoras asalariadas, solamente a 4 de ellas se le respetan todos los derechos laborales fundamentales y básicos del Código de Trabajo; y tenemos casi un 10 por ciento de la fuerza laboral sin ningún tipo de derecho, es decir, prácticamente en condición de trabajo “esclavo”.

Se comprenderá que resulta imposible votar por aquellas candidaturas presidenciales que, de un modo u otro, representan responsabilidades sistemáticas en el seno de la actual hegemonía política dominante, como para que tal estado actual de las cosas en nuestro país, según acabamos de indicar, haya llegado al punto en que estamos, con grandes dificultades para tener una vida digna afectando a las grandes mayorías populares. Además, tomemos en cuenta que para la Conferencia Episcopal de Costa Rica (Cecor), “Costa Rica está en proceso de cambio. En Latinoamérica, y nuestro país no es la excepción, se está abriendo paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias, caracterizado por el desconcierto general que se propaga por permanentes confrontaciones sociales y políticas…”. Además, los obispos ticos apuntan que “…nos preocupan diversos factores que siguen obstaculizando el camino hacia una Costa Rica más inclusiva y solidaria”. (Documento “Rehabilitar la Política”).

Finalmente, nos basamos en nuestra Constitución Política que, en su artículo 50, consagra: “El Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza”. ¡Ya sé a quién darle mi voto!

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