¡Fantaseemos!: un “gran” acuerdo nacional sobre el déficit fiscal

Como ellos no paran de hablar del llevado y traído tema del déficit fiscal, por medio de su prensa afín, sus editorialistas, articulistas, amanuenses, politicastros y similares; no queda más que desde este lado de la acera, tengamos que seguirlo haciendo nosotros.

En nuestro caso, modestamente y según nuestro entender de sentido común (aunque a veces resulta ser éste el menor de los sentidos). Además, con base en nuestras propias lecturas y con la ayudadita de personas de buena fe que sin ser sindicalistas, sí consideran que el histerismo de quienes creen que en esto del déficit estamos “en el fin de los tiempos”, nos está llevando a niveles de peligrosa confrontación, mediando la polarización que ya está en desarrollo.

Adicionalmente, dadas nuestras responsabilidades sociopolíticas y laborales por estar aportando en la dirección de una de las corrientes sindicales más importantes y representativas del país en los actuales momentos; entendemos que no podemos honrar nuestro cometido a base de consignas huecas, muletillas “ideológicas” gastadas y desacreditadas, apelaciones panfletarias y lenguaje “revolucionario” pero que camufla el más rancio comportamiento corporativista-gremial.

Como esto del déficit fiscal, según nuestra visión, tiene interconexiones de gran impacto social, estamos planteando tres ámbitos para nosotros básicos si nos ponemos a fantasear que puede ser posible construir, mediando el diálogo social con los más relevantes actores políticos, sociales y productivos, un “gran” acuerdo nacional sobre el déficit fiscal.

Conforme a nuestra visión que, por supuesto, ni es dueña de la verdad ni pretende ser objetiva: hay tres ingredientes asociados a esta discusión: el tema del empleo, particularmente el público; el tema del carácter altamente regresivo de la tradicional estructura tributaria costarricense; y, todo el mundo reconoce que el problema de la desigualdad en el país, si no es el número uno (como lo pensamos nosotros), es de los de mayor relevancia, gravedad y preocupación, con base en nuestra realidad actual como nación. Los indicados tres ámbitos para buscar ese “gran” acuerdo nacional son a nuestro juicio éstos:

PRIMERO: Fantaseemos que nos ponemos de acuerdo en el monto del porcentaje de déficit fiscal con el cual podemos vivir como sociedad y en el monto con el cuál no podemos vivir como sociedad. Si ya estamos cercanos al 6% de PIB: ¿podemos decidir, juntos, que viviremos con 3% y, en consecuencia, buscar cómo resolver sobre el otro 3%, habida cuenta de que: a) el déficit cero es una quimera y una utopía completa; b) siempre hemos vivido con déficit fiscal; c) siempre estaremos endeudados como país, como lo están las personas?

SEGUNDO: Fantaseemos que, finalmente, decidimos juntos buscar cómo resolver esos 3 puntos con los cuales no podemos vivir como sociedad. Sobran alternativas. a) aprobar los proyectos de ley contra el fraude fiscal, contra el contrabando, la regulación-revisión de las exenciones-exoneraciones, la restauración del impuesto a las sociedades. b) Establezcamos la renta global. c) Aprobemos el proyecto de pensión-consumo. d) Aprobemos un proyecto de contingencia fiscal (como se hiciera en la administración 2002-2006), mientras se propician acuerdos-país con visión de largo plazo en materia de fiscalidad tributaria. e) Aprobemos un proyecto de ley para poner una especie de peaje a todas aquellas transacciones financiero-bancarias superiores a los 10 mil dólares, si consideramos la multimillonaria cantidad de dinero de dudosa procedencia que está transitando en el sistema financiero costarricense; amén de la censura y el señalamiento internacional que estamos recibiendo como paraíso fiscal.

TERCERO: Fantaseemos que se instituirá un moderno sistema de medición de la excelencia en el desempeño del empleo público; el cual destierre la mediocridad y potencie la máxima satisfacción usuaria; posibilitando: a) el combate a la corrupción y al tráfico de influencias; b) debilite el empoderamiento abusivo y excesivo de mandos medios “tecnocráticos” que atrofian el cumplimiento de las supuestas buenas promesas de campaña a favor del bien común de quienes ganan elecciones; c) sistemas de estabilidad laboral flexibles en zonas sensibles del empleo público, para que no inmovilicen la toma de decisiones ante evidentes violaciones a la ética en la función pública; d) una ley general de salarios para la alta tecnocracia político-burocrática del Estado, en todos sus niveles (presidente, ministros, presidencias ejecutivas, gerencias, reguladores, superintendentes, defensores, alcaldes y similares). ¿Cuándo empezamos…?

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