La llegada del nuevo año 2020 y el inicio de
la tercera década del Siglo XXI; es más, en la proximidad de la celebración de
los 200 años de la independencia política del país con respecto a España, el
Bicentenario; da pie para compartir con quienes nos dan el gran honor de leer
esta columna, algunas impresiones nuestras con relación al futuro inmediato y
mediato del sindicalismo costarricense.
Partimos, para tal efecto, de nuestro
planteamiento anterior en cuanto a que en Costa Rica no existe un movimiento
sindical en el amplio concepto del término: ni en lo filosófico-ideológico ni
en lo político-social. Tan solo, una especie de archipiélago de sindicatos, con
procesos unitarios casuales-coyunturales, pero no estructurales.
Aunque en algunos casos hay contenidos
programáticos y postulados diversos, todos muy valiosos, éstos son subordinados
al preponderante factor del gremialismo corporativista que marca el accionar
cotidiano de los sindicatos; quedándose esos contenidos y esos postulados tan
sólo para declaraciones políticas, muy “bonitas”, en los planos nacional e
internacional.
Si consideramos que en la corriente sindical
en la cual desarrollamos nuestra actividad, esa circunstancia no nos ha sido
ajena; creemos que es perentorio apostar por trascenderla y propiciar al
máximo, una concatenación entre el discurso y la práctica; de modo tal que sea
el interés obrero-social que decimos defender el que marque nuestras decisiones
a todo nivel; y no el interés de firmar un acuerdo con las instancias del poder
para que éstas nos certifiquen que estamos “vigentes” en el plano de la cancha
de la institucionalidad democrática donde nos toca jugar, de manera lastimera,
en no pocas ocasiones, sin el menor asomo de dignidad.
La más reciente fijación de incremento
salarial por costo de vida valedera para el sector Público, impuesta con
beneplácito sindical en diciembre anterior, fue un nuevo episodio en esta
lamentable circunstancia de ese sindicalismo de alto sesgo
gremialista-corporativista.
Si no es ese sindicalismo de corte
gremialista-corporativista lo que ya no estaría a la altura de los
acontecimientos en la sociedad de la desigualdad de hoy en día, entonces, ¿cuál
es la alternativa?
Nuestra apuesta está centrada en la
posibilidad de una acción sindical que, sin dejar de lado su
naturaleza esencial de corte corporativista gremial, asuma posiciones políticas
fuertes para articular agendas multisectoriales y para propiciar un polo de
contrapoder; mediando propuesta, vocación negociadora real (de respeto y
respetable), sin renunciar a la movilización cívica y pacífica; para confrontar
en amplio sentido y vías, las políticas de la preponderante clase tradicional
en el gobierno y en el poder que no está interesada ni en el bien común ni en la
inclusión social.
Al respecto, consideramos lo siguiente, dentro
de varias afirmaciones que, por supuesto, no son todas ni son las únicas
posibles en un debate cívico al respecto. Veamos las siguientes tres:
UNO: La clase hegemónicamente dominante, apoyada
en sus latifundios mediáticos practicantes del periodismo de odio, tiene el
control absoluto de los partidos Liberación, Unidad y PAC. La gestión
político-ejecutiva y legislativa que sus respectivos gobiernos han venido
realizando, para nada pone en riesgo el control real del poder que ejerce esa
clase. Por el contrario, han decidido exterminar la posibilidad del desafío
organizado desde los sectores populares.
DOS: Prácticamente, de parte de tales partidos
no existe una opción que le genere confianza plena a la gente que está
sufriendo la exclusión social y económica en sus múltiples manifestaciones. Por
otra parte, los partidos evangélicos tienen una agenda económica prácticamente
afín a la de la clase hegemónicamente dominante. Y los partidos que presumen de
una proclividad socialdemócrata consecuente, tirando hacia la izquierda, han
desperdiciado las oportunidades recibidas por parte de un electorado que les
apostó todavía soñando en algo distinto.
TRES: La deuda social y económica se ha acrecentado,
tanto como se ha acrecentado la concentración de la riqueza, la deuda pública,
el déficit fiscal y el endeudamiento personal. El detestado combo fiscal no
funcionó, tan sólo para sacarle más plata a los que menos tienen. No
menos notable es el crecimiento del enojo, la frustración, la impotencia, la
indignación; sin embargo, esto no adquiere, todavía, mayores niveles de
expresión contundente y desafiante.
En las bases de los sindicatos y de las
diferentes corrientes que les agrupan, hay una gran comunidad de visión sobre
el estado actual de nuestra sociedad y de nuestra Democracia. Las directivas,
las dirigencias y los liderazgos de tales organizaciones con las excepciones de
rigor, han venido bloqueando esas potencialidades de articulación desde las
bases.
El modelo sindical tico, caracterizado por el
verticalismo, la jerarquización y hasta por el machismo, se convirtió en un
muro de contención para el desarrollo de la expresión popular desafiante de
este orden socioeconómico y excluyente. Este muro debe romperse.
Nosotros mismos somos portadores y promotores
de tales circunstancias que, repetimos, ya no están a la altura de un desafío
sindical en las nuevas condiciones de espacio y de tiempo que acaban de
comenzar. Vamos a ver si podemos redimensionarnos nosotros mismos y apuntalar
el cambio que creemos necesario. Haremos lo propio.
Es ésta la gigantesca tarea que nosotros
mismos hemos querido asumir para la actual circunstancia sociohistórica y
económico-social de nuestra Patria: construcción de ese gran contra-poder
cívico-social con aporte sindical; con una agenda de fuertes medidas de
inclusión social y económica, bloqueadoras del crecimiento de la desigualdad,
pero factibles de imponerse, precisamente a ese contra-poder de constatación real.
Aquí no se agota el tema y le lanzo como una
provocación al debate en el seno del archipiélago sindical tico y para el mundo
ciudadano que, pese a todos nuestros defectos, pleitos y problemas, tiene la
fuerte convicción de que “no hay democracia que se precie de serlo sin
sindicatos; y sin sindicatos no hay democracia”.