Gracias a las convicciones democráticas del Diario Extra, en el campo del respeto a la Libre Expresión, ANEP publica, semanalmente, en días miércoles, esta columna.
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Aunque suene excesivamente simplista, tal desafío se resume en el siguiente dilema ante la elección venidera: ó “ellos”… ó la gente. Hoy nos referiremos a “ellos”, que son minoría en cantidad. La semana próxima hablaremos de la Gente, así en mayúscula, que es la mayoría.
¿Quiénes son “ellos”? Estamos hablando del pequeño pero poderoso grupo político-ideológico en el poder, de filosofía neoliberal y anticristiana. Se trata de una secta que adoptó como norma cotidiana de comportamiento político el fundamentalismo de mercado y que, entre otras alianzas, estableció nexos profundos con los más sangrientos capitales centroamericanos, hoy de gran peso en la política nacional.
El poder de esta secta es de tal magnitud que pudo reestablecer la reelección presidencial para darle impulso a su proyecto ideológico de mercado desbocado y deshumanizado. Además, ha demostrado gran capacidad para comprar y/o cooptar diputaciones, magistraturas (judiciales y electorales) y periodistas desclasados, amanuenses y que han desarrollado ya espuela en la práctica del periodismo indecente, carente de toda ética.
Esta secta logró instituir en los últimos años, el “asalto jurídico” (concesiones, exenciones, incentivos), de los más suculentos negocios con los servicios públicos para el beneficio de reducidos grupos, algunos que ya tenían poder económico y otros que lo obtuvieron por tal vía.
Ejemplo de ello son los certificados de abono tributario y forestal, la revisión técnica vehicular, el contrato del principal aeropuerto del país, la concesión de muelles en el Pacífico, los incentivos turísticos mal habidos, la reparación de caminos y carreteras, la evasión fiscal de los sectores financieros, entre otros.
Ahora se alistan para incrementar su riqueza por ese camino del “asalto jurídico” en su nueva fase (el “frauderéndum” sobre el TLC y su “agenda de implementación”), con los riquísimos negocios públicos de telecomunicaciones, seguros comerciales, muelles del Atlántico, medicinas de la CCSS, entre otros.
Todo este entramado de negocios y el poder que conlleva se debe a la fusión que ocurrió en nuestro sistema institucional: la alianza de la “gran prensa” neoliberal, con el empresariado egoísta y renegado y con la mayoría de la clase política tradicional podrida que funge como peonada de dicha secta en diversos espacios decisorios de la institucionalidad republicana vigente (parlamento y judicatura, por ejemplo).
Hasta en el diario oficial de la secta, el periódico oficialista del régimen, una de las poquísimas plumas “independientes” que publica en él, admitió que toda esta circunstancia nos tiene con una “democracia devaluada”, a raíz de “la concentración del poder, la banalización política y la disfuncionalidad de un Estado que, cada vez más, responde a clanes financieros familiares y no al interés de la sociedad en su conjunto”. Es claro que hemos estado planteando el problema correctamente: la división de poderes desapareció y la Constitución clama por su restauración, luego de que la clase política podrida al servicio de la secta abjuró de nuestra Carta Magna.
“Ellos”, la secta, ya están trabajando para promover su candidato (o candidata) para el 2010. La secta se da el lujo de poner sus fichas en varios bandos a la vez. Usted ya está oyendo nombres. Ponga cuidado. Por encima del bipartidismo tradicional que han controlado (PLN-PLUSC), más sus turecas de paso; “ellos” ven la elección próxima como estratégica: sería su consolidación absoluta en el poder, luego de veinte o un poco más de años de forcejo con los sectores sociales, patriotas y cívicos, la Gente, quienes no comulgamos con la ideología de esta secta porque hemos defendido a capa y espada, el concepto de desarrollo inclusivo y solidario. Sobre esto hablaremos la semana próxima.





